Publicado el 16. diciembre 2019 In Hoerde, Temas - Opiniones

¿Por qué la sinodalidad se puso de moda?

Fernando Besser Mahuzier, Chile, Federación de Familias •

En Schoenstatt, en octubre de 2019, se desarrolló un Simposio (un poco escondido) para intercambiar sobre Sinodalidad, entre otros temas importantes. —

Ignacio Serrano estuvo allá, defendiendo su ponencia y nos cuenta:

Entre el 2 y 4 de octubre se llevó a cabo en la facultad de Teología de los Padres Palotinos de Vallendar, el simposio «Federatividad-descentralización-sinodalidad«.  Si bien la ocasión estaba dada por los 100 años de Hoerde, la situación de la Iglesia universal y alemana y este nuevo «kairós de la sinodalidad» patrocinado por el Papa Francisco, hacían más propicio el evento. El encuentro reunió a más de 45 participantes y 10 ponentes, pertenecientes a distintas comunidades y procedentes de países de habla alemana (Suiza, Austria y Alemania) y de lengua española (Argentina, Chile, Costa Rica), los dos idiomas oficiales. Entre los invitados externos a Schoenstatt se destacó la presencia del filósofo argentino Juan Carlos Scannone SJ (fallecido poco después, el 27/11/19) y la teóloga Emilce Cuda, quienes se refirieron a la Teología del Pueblo que orienta la reflexión del actual Pontífice. “Despertad y despertaos mutuamente”, señaló el padre fundador en 1919, ese puede ser el mismo espíritu que se vivió en este simposio”.

“Sinodalidad” – el Dios conmigo y el Dios con nosotros

Fernando Besser

Para hacer presente a nuestra Federación de Familias, con sus experiencias, mandé una ponencia: “Desde Fidelidad Creadora, experiencias de Chile”. Para compartir con Vínculo y ahora con Schoenstatt.org tan importante evento, preparé este resumen de mi ponencia sobre Sinodalidad. Si alguien la quiere completa, puede pedírmela a [email protected].

Hoy, la sinodalidad se hace central. Busca colaboratividad y compromiso. Busca, especialmente compartir el Dios conmigo y el Dios con nosotros. Esa experiencia personal de vivir infinitamente despreocupados en los brazos de Dios y esa hermosa experiencia comunitaria de vivir y compartir al Dios con nosotros.

La propuesta de la sinodalidad es antigua en la iglesia, pero a nivel de obispos. Ahora se lleva a nivel de laicos y se globaliza. Esta es una forma muy usada, con otras palabras, en otros ámbitos de la sociedad, para buscar acuerdos, apoyos y gobernabilidad. Basta revisar las antiguas costumbres suizas (01Ago1291) de sus permanentes referéndum[1] consultando masivamente asuntos propios de cada cantón o de la confederación de cantones suizos para comprender el valor y la importancia de trabajar desde consensos, desde decisiones de apoyo colectivo que efectivamente permiten que las mayorías empoderadas hagan valer su Bien Común y sean capaces de calmar a las mayorías disidentes. (Suiza es una república federada de 26 estados, llamados cantones). Hoy son comunes las encuestas y tenemos poderosas herramientas para desarrollarlas. Creo que en Schoenstatt debiéramos usarlas masivamente porque impulsar una idea y encuestarla para lograr apoyo de la mayoría es mejor, más grande y encuentra más adhesión. No hacerlo es interpretado como falta de transparencia y manipulación de poder.

Schoenstatt es sinodal

Schoenstatt, como toda la Iglesia, es fundamentalmente sinodal, o sea, crece en la medida que va encontrando consensos que conmueven y gestan nuevas corrientes de vida o “hilillos” de vida que, sumándose, podrán llegar a ser corrientes de vida. Los consensos son esa capacidad de lograr acuerdos que apoya la mayoría y las minorías no se oponen. La condición previa es la capacidad de conversar para acordar, abrirse para acoger y servir, empatizar para misericordiar.

Schoenstatt, como cualquier familia, es esencialmente descentralizado para servir a la vida que surge en cada fundación, como la vida de cada individuo de una familia que es propia, irrepetible, individual y está llamada a unirse y hacerse social para fecundarse y multiplicarse. La originalidad de cada fundación, de cada Santuario, de cada corriente de vida de peregrinos, como la Virgen Peregrina, los Madrugadores, es la resultante creadora de la irrupción de Dios que sigue al soplo de vida que en sus iniciativas, va sembrando en lugares y tiempos, así como lo hace en cada hijo que engendra, nace y crece en una familia.

Schoenstatt, además, como movimiento laico, fue creado federativamente en Hoerde. Desde sus orígenes está marcado por un profundo criterio federativo que lo entiende como la asociación y unión de dirigentes schoenstattianos para que, despertándose y animándose unos a otros, conduzcan un movimiento apostólico que facilite el nacimiento de un Hombre Nuevo en una Nueva Comunidad que están por nacer en este tiempo.

La federatividad de Schoenstatt es descentralizante y sinodal

La federatividad de Schoenstatt es descentralizante y sinodal. Lo es, porque busca servir a corrientes de vida favoreciendo que la vida de las personas surja frondosamente, desde su adhesión personal. Esta manera pedagógica lo compromete radicalmente en la medida que sea su decisión libre e iluminada porque “sé lo que quiero, amo lo que sé y hago lo que quiero y amo”. Es una extraordinaria simbiosis de razón, afecto y voluntad. Esta manera de hacerlo asegura que la persona se hace cargo de lo que emprende, actuando oportuna y activamente, según su propio impulso. Este hacerse cargo personalmente compromete y cultiva el espíritu de la persona favoreciendo, todo lo posible, su libertad con el mínimo de obligaciones -imprescindibles- para la convivencia con otros que están buscando hacer lo mismo desde su originalidad. Cada uno busca realizar plenamente su Ideal Personal y hacerlo según su modo para alcanzar su santidad personal y estas acciones individuales se van sumando y acoplando para generar corrientes de vida. Esto es lo qué pasa a los que emprenden construir un matrimonio, desde la individualidad de un hombre y una mujer, cuyos hilillos de vida se suman para formar una corriente que se transformará en hogar, y luego en familia y en familias de familias que son el fundamento y la corona de la obra de Schoenstatt. Es descentralizante porque cada familia busca que el hombre sea más él mismo, busca que la mujer sea más ella misma y en este aparente diferenciarse se complementan y se hacen más uno mismo… un matrimonio.

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Estamos en una nueva ERA: colaborativa, ecológica y digital.

En los últimos 40 años, hemos descubierto la colaboración como un don, la ecología como una urgencia y lo digital como una herramienta. Cualquiera puede reconocer estos tres cambios irresistibles, según mi interpretación, coincidentes con Schoenstatt y su propósito.

Estamos en una nueva ERA: colaborativa, ecológica y digital.

Desde una era individualista y competitiva a una COLABORATIVA y colectiva

Pasamos desde una era individualista y competitiva a una COLABORATIVA y colectiva. Numerosos descubrimientos de lo humano -especialmente por la psicología moderna y la neurociencia- nos han mostrado una nueva concepción sistémica de nuestra vida, en nuestro lenguaje schoenstattiano orgánica. Hemos descubierto la sinergia, el trabajo en equipo, el foco, la gestión y la capacidad de conducir procesos objetivos y subjetivos, especialmente el aprender unos de otros. Seguramente ya ha cambiado un 30% de nuestros procesos y es el cambio más profundo que estamos viviendo, presionados por los derechos de las minorías que exigen su visibilización y consideración.

Pasamos de una era desechable a una era ECOLÓGICA

Pasamos de una era desechable a una era ECOLÓGICA. En parte, por la amenaza del cambio climático, en parte por numerosas iniciativas de productividad contra lo desechable, en parte por numerosas iniciativas culturales, como la del Papa Francisco en su encíclica Laudato Si. Seguramente ya ha cambiado un 40% de lo desechable a ecológico y estamos en un profundo cambio de huella de carbono, cambio de uso y generación de energía no contaminante y libre de petróleo y gas.

Pasamos desde una era analógica a una era DIGITAL

Más masivamente pasamos desde una era analógica a una era DIGITAL. Nos ha traído computadores y robotización, smartphone y globalización, con todos los fenómenos de las migraciones. Seguramente ya ha cambiado más de un 70% de lo analógico a lo digital, con motores de aumento de la productividad.

Estas tres eras: digital, ecológica y colaborativa surgieron alrededor del año 2000, se sinergizaron, tienen motores rentables de productividad y vinieron para quedarse. Son parte de nuestro entorno y debemos tenerlas en cuenta para el ejercicio de nuestra filialidad como para nuestra fe práctica en la Divina Providencia.

Los tres cambios de ERA son un bien, se fundamentan en un orden de ser nuevo y positivo, que debe servirnos para colaborarle a Dios y juzgar, desde nuestras conciencias iluminadas, nuestras tareas y acciones.

Foto: iStockGettyImages, ID 913582690, metamorworks

[1] es convocado por la ciudadanía a diferencia del plebiscito que lo hace el presidente del ejecutivo

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