Publicado el 7. agosto 2016 In schoenstattianos, schoenstattianos en red

«Las traducciones fueron su alegría diaria»: María Tedeschi

Por Maria Fischer •

«Querida María, perdóneme pero debo dejar de traducir por un tiempo, por prescripción médica. Quería avisarle para que se organice con otra persona. Finalmente, no hago ‘Dietro i passi di Padre Kentenich…’ (Por las huellas del Padre Kentenich). Lo siento mucho pero por ahora es imposible…

Un abrazo grande, María».

Es el último mail que recibí, el 5 de julio, de Maria Tedeschi, esta gran aliada, luchadora, colaboradora incondicional y amiga fiel, que no solo tradujo para schoenstatt.org sino que vivió schoenstatt.org como una gran misión al servicio de la familia. Su trabajo para la página era su alegría diaria. El 4 de agosto a las 12.30 hs., rodeada por su familia y rezando el rosario en italiano, su querida lengua natal, volvió a la Casa del Padre, de la mano de su querida «Madonnina». El 11 de mayo había cumplido 91 años.

Su último mail habla de cómo era María Tedeschi: su responsabilidad, su cariño, su inquietud de que su querida página schoenstatt.org en italiano no sufriera daño por su ausencia. En lo que escribe, se nota su tristeza de tener que dejar «por un tiempo» lo que fue la misión y alegría de su vida en estos últimos 12 años: sus traducciones.

Una mujer de un compromiso fiel y alegre

maria-tedeschi-2Ya había dejado su tarea el año pasado, debido a una enfermedad que le complicaba mucho en la coordinación sensorio-motora. Cuando la visité en abril de 2015, junto a Claudia Echenique y Cecilia Mata del equipo de schoenstatt.org, nos contó que le costaba un poco levantar los diccionarios para realizar su tarea y que se sentía realmente muy mal por no poder contribuir con su ritmo habitual de seis, siete artículos ¡por semana! Para mejorar cada día, estuvo ejercitando sus dedos en el teclado traduciendo un libro, como para volver al ruedo pronto. Antes de despedirnos, se comprometió a traducir «aunque sea un artículo por semana». Volvió a hacerlo la semana siguiente, con la alegría de un niño, y en vez de «un artículo por semana» que le había pedido, enviaba dos o tres. El 2 de marzo de este año, otra vez renunciaba, a causa de los dolores fuertes al estar sentada frente a la computadora… y gran sorpresa, cuando el 4 de marzo recibí una nueva traducción.

Pero lo del 5 de julio fue serio. Su hija Ángela me contaba el 1 de agosto, cuando supe que su estado era muy delicado:

«Estimada María: mamá está en cama hace una semana a partir de una caída e infección de los hematomas. Poca fuerza le queda pero mantiene la conciencia. No habla, hoy llega mi hermano Ludovico. Siempre leo las oraciones a la Mater para ella y me sigue abriendo los ojos cada tanto. Le ruego la tenga presente en sus oraciones».

Un día después, al saber de la ola de oraciones que surgió desde tantos países, donde los colaboradores de schoenstatt.org recibieron la noticia, Ángela escribió:

«Gracias María por el afecto y las oraciones. En estos días hablamos mucho de su actividad y la dedicación que usted tiene. Desde que ella renunció a las traducciones, comenzó este camino de entrega; eran su alegría diaria y se sentía útil a la obra del Movimiento. La oración la fortalece, está serena. Ya no se puede comunicar con la palabra pero comprende todo lo que hablamos.

Cariños, Ángela».

No hacen falta más palabras para mostrar lo que schoenstatt.org significaba para María, y lo que María significaba para schoenstatt.org. Ella fue y sigue siendo, para todos nosotros, un ejemplo de compromiso con la misión de schoenstatt.org (algo que no tiene que ver con la cantidad de lo que hizo sino con su actitud incondicionalmente fiel y su entusiasmo). Vivió un compromiso que nunca abandonaba, ni en momentos de enfermedad, ni en tiempos cuando pertenecer a schoenstatt.org significaba ser atacado y cuestionado, ni en momentos de mucho trabajo, ni cuando hubo críticas porque no había nadie que se tomara el tiempo para revisar las traducciones de ella (sabía que su italiano estaba un poco oxidado, desactualizado, después de tantos años fuera de su país). Su preocupación más grande siempre fue que, en el momento en que ella no pudiera seguir más, tendríamos que abandonar la página en italiano. Tantas veces me pidió buscar traductores… Aún no lo logré, a pesar de intentar todo.

«¿Cree que no soy capaz de tomarlo directamente de la página?»

Cinco historias reales que muestran quién era Maria Tedeschi:

  1. Corría el año 2004 y se trataba de la primera traducción que ella iba a hacer para schoenstatt.org. Como María ya tenía casi 80 años, le ofrecí copiar el texto de la página y enviárselo en formato Word. Le escribí esta propuesta en mi entonces bien deficiente castellano, con un respeto enorme por ella y a la vez, con algo de preocupación con otra analfabeta técnica… La respuesta fue clara y para siempre: «¿Cree que no soy capaz de tomarlo directamente de la página?». Adelantándose a mi segunda pregunta, me aclaró: «María, usted tiene tanto trabajo, no se le ocurra pensar que tiene que avisarme cuál de los artículos tengo que traducir. Yo los busco y si no puedo hacer todo, decido yo según el criterio de lo que más sirve a mis compatriotas en el Movimiento de Italia». Así lo hizo durante los 12 años. Su criterio siempre fue excelente. Años más tarde, cuando hablamos en una de nuestras muchas y siempre inspiradoras, largas y alegres conversaciones vía Skype, me comentaba: «Desde el primer momento, quise dejar en claro tres cosas: No necesito niñera, no quiero darle trabajo sino servir, y quien quiere trabajar para una página en internet, debe entender internet».
  1. Al comienzo, ella insistió mucho en la corrección de sus traducciones, sabiendo que su italiano tenía algo «de edad». Les pedimos a dos italianos, muy dispuestos a colaborar… Un día, en 2005, al ver que había más de 15 artículos traducidos, aún sin corrección, las dos perdimos la paciencia, casi en el mismo momento. Más allá de la decisión «aliada» de publicar sin corrección desde este momento, fue un encuentro alegre y divertido entre dos personas con el mismo temperamento fuerte y la misma falta de paciencia… Un momento que fue el inicio de una amistad profunda y sincera.
  1. En un momento, creo que fue en 2012 o 2013, ante la constante búsqueda de traductores al italiano que un día podrían asumir la tarea de Maria, ella encontró a una italiana que vivía en su ciudad, La Plata, dispuesta y capaz de hacerlo. Sólo unas semanas después, María me llamó con urgencia. Me pidió miles de disculpas por su error en recomendar a esta persona, pues «ella no es capaz de servir desinteresadamente, y nunca va a captar el espíritu de schoenstatt.org. Maria, por favor, deje de pedirle tareas, pues una actitud de falta de servicio hace daño a nuestro schoenstatt.org». No solo, en este caso, su intuición fue 100 % correcta sino que en nuestra última conversación, el 31 de mayo, ella me felicitó por haber entendido «finalmente» que su intuición sobre otra (ex) colaboradora fue correcta y la salida de esta persona, una bendición…
  1. Conocí a varios de sus nietos y bisnietos vía mail y skype, pues ante cualquier problema con su PC o con la conexión de Internet, le pidió siempre a alguno de ellos que me avisaran, para saber que habría una demora. Una vez uno de sus bisnietos me comentó: «Antes de abrir su valija en Bariloche, adonde viajamos para las vacaciones, ella preguntó por la conexión y tuve que arreglarla, pues no deben faltar las traducciones…». El secreto detrás de tanta disposición: el enorme cariño a ella y … «spaghetti della nonna».
  1. Un 12 de septiembre, fiesta del Dulce Nombre de María, la felicité por el día de su santo. Ella, emocionada y feliz, me contestaba: «Nadie nunca me felicita en este día, no son muchos los que celebran este día, pues son pocos los que se llaman solamente María… Celebran en otra fiesta, del Rosario, de la Merced… O celebran el 8 de diciembre o el 8 de septiembre… ¿Cómo sabía usted que yo lo celebro hoy?». Le confesé que era también el día de mi santo. Desde ese año, las dos nos felicitamos cada 12 de septiembre y lo disfrutamos como un hermoso secreto compartido.

Así la recordamos…

Maria Tedeschi

Seguramente está rezando en italiano en el Cielo, con esa mirada pícara, simpática y brillante. Recién vengo de la Misa que dio su hijo, el P. Ludovico, en el Santuario de la Liberación, de La Plata, para sus familiares y un grupo de amigos schoenstattianos. María se fue rezando en italiano. Hasta ayer estuvo consciente y pudo escuchar Misa en italiano y la siguió moviendo las cejas. Ya hoy a la mañana no estaba consciente. Partió a la Casa del Señor a las 12.30 hs. mientras el P. Ludovico le rezaba el rosario en italiano. El Padre contaba hoy en la Misa que rezaba dos rosarios diarios: uno por la familia y otro por el P. Ludovico. Yo tuve la dicha de conocerla desde hace más de 50 años (fui compañero de colegio de uno de sus hijos), y doy fe de su grandeza como persona (a pesar de ser pequeña físicamente), era el baluarte de la familia, siempre estaba atenta a las necesidades de sus seres queridos y de quienes la cuidaban.

Colaboró durante muchos años con el lavado y planchado de los manteles y paños del Santuario y como es conocido por todos, traducía al italiano en la página de schoenstatt.org. Mañana, viernes 5, habrá una Misa de cuerpo presente en la Parroquia San José de La Plata. Como dijo el P. Ludovico, su madre tuvo una linda muerte y en paz.

Carlos Ricciardi, La Plata, Argentina

Estamos unidos en oración desde Roma. Maria Tedeschi es para nosotros, los italianos, un modelo inolvidable de compromiso con Schoenstatt. Durante todos estos años, tradujo muchos textos del Padre Kentenich, y estamos muy agradecidos por ella.

Pamela Fabiano, Roma, Italia

Hace décadas que la conozco, siempre una gran dama, siempre sirviendo anónimamente y en silencio. Durante varios años, se ocupó de lavar y planchar los pequeños ornamentos de uso diario en el Santuario de La Plata. Tenía la llave del armario donde se guardaban, y ocultamente se llevaba la bolsita con los que estaban usados y la traía de nuevo con todo impecablemente limpio y planchado. Al ofrecerse para esta tarea tan importante, me dijo que ella no podía comprometerse más con Schoenstatt en ese momento, porque tenía que acompañar a su esposo en sus frecuentes viajes de trabajo. Agregó que ella sabía cómo debían tratarse estos «pañuelitos de Jesús». ¡Ni falta hacía que lo dijera! Con solo verla, se notaba la nobleza, el respeto por lo sagrado, la dignidad en toda su persona.

¡Querida María! Cuánto la extrañamos en el Santuario de La Plata cuando no pudo hacer más esta tarea. Muchas veces le pidió a su nuera (también schoenstattiana comprometida) que la reemplazara durante sus ausencias…

Rezo por y con ella. Seguramente, las oraciones de ella lograrán que aparezcan traductores al italiano…

Hna. M. Andrea, Tandil, Argentina

Se nos ha ido al cielo una santa y allá han hecho una fiesta para recibirla con los brazos abiertos: Dios Padre Uno y Trino, su Santísima Madre, todo el Dreamteam, el Padre Kentenich, los santos y las muchas personas que la quieren y han enriquecido sus vidas gracias a ella.

Kiki Tagle, Santiago, Chile

Las Puertas del Cielo se abren para recibir a «una gran dama» (como dijo Carlos Cantú). ¡Gracias, Señor, por el regalo de haberla conocido el año pasado! Nuestro Dreamteam y nuestra Familia internacional tienen ahora una «gran aliada» junto al Padre.

Claudia Echenique, Buenos Aires, Argentina

Doy gracias a Dios por una vida plena y un espíritu de servicio a los demás, a Schoenstatt, y en los últimos años con schoenstatt.org. Ella fue la fuerza de la página en italiano. ¡Un gran regalo!

Realmente María está cerca de la Mater y Jesús en el cielo, empezando una vida nueva, eterna junto con Dios y los ángeles. Gracias Dios por habernos regalado a María todos estos años.

Sarah-Leah Pimentel, Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Siempre admiré su disposición y entusiasmo aún a su avanzada edad. Con el P. Ludovico hablábamos de ella y su entrega a schoenstatt.org. ¡Que se haga la voluntad del Padre!

Silvia Losada, Tucumán, Argentina

Ofreceré la Misa por ella, en agradecimiento al regalo que fue también para los que no la conocimos sino por sus obras.

Carmen Rogers, Santiago, Chile

Me impresiona la fidelidad a toda prueba, y con seguridad que la fidelidad de María Tedeschi a schoenstatt.org será recompensada en el cielo con grandes gracias. Acompaño con mi oración y capital de gracias a María T. y a toda su familia y le agradezco su inmenso trabajo para nuestra página. Con seguridad, ella se ocupará de hacernos llegar la persona justa para traducir tantas cosas lindas que publicamos en schoenstatt.org

¡Uniti a voi en Alianza Solidaria, cara María!

Tita Andras, Viena, Austria

Voy a rezar por ella. La verdad es que, desde que la conocí por este medio y con las pequeñas cosas que nos ibas contando sobre ella, sentí un profundo cariño y admiración.

Me consuela pensar que está rodeada de su familia y confortada a la distancia por nuestras oraciones. Un cariño grande para ella y su familia, que sepan que María ocupa un lugar especial en nuestro corazón.

Susana Stanley, Asunción, Paraguay

Se nos ha ido una frágil (ya) gran dama que ha dado muchísimo al mundo. Y allá en el cielo, debe ser una fiesta. ¡Gratitud por todo lo que nos ha legado!

Kikito Vázquez, Asunción, Paraguay

El año pasado, cuando estaba verificando unos párrafos de un artículo del español al italiano, me di cuenta de que faltaba uno. Se lo comenté a María Fischer y me dijo: ‘Puede escribirle a María Tedeschi para pedirle que se lo mande; puede suceder, María T. ya tiene 89 años…’. Ya no seguí leyendo lo que venía después. Quedé paralizada. No puede ser, debo de haber leído mal. Revisé la frase… 89 años. Le escribí a María T, no sabía cómo hacer, ¡lejos estaba yo de «reclamar» nada! Y aproveché la ocasión: ‘Me gustaría conocerla’, le dije. Y, después de disculparse por el olvido (¡como si hiciera falta!), me dijo: ‘Pero vamos a esperar que mejore un poco el tiempo’.

Cecilia Mata, Buenos Aires, Argentina

Estos son algunos pocos testimonios de todos los recibidos desde el equipo de los colaboradores de schoenstatt.org, que también desde Burundi, Inglaterra, Alemania, Portugal, España expresaron su agradecimiento y su profundo dolor.

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Visita anhelada: Maria Fischer, Claudia Echenique, Maria Tedeschi, Cecila Mata, abril de 2015

Sus pasos misioneros

Durante el año de la corriente misionera, en preparación al jubileo de la Alianza de Amor (2012), María Tedeschi contestó a la pregunta sobre sus «pasos misioneros» en ese año:

«En este Año de la Corriente Misionera, con mis traducciones busco mostrar a mis compatriotas cómo y cuánto se trabaja en Schoenstatt. Quisiera que los muchos artículos los entusiasmen y aprendan a amar a «la nostra Madonnina» y a trabajar por Ella. No tengo otro modo, a mi edad, de colaborar. En nuestro Santuario de La Plata, la gente espera que cada semana yo lleve al Santuario los artículos en español…».

Mi Madonnina

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Una vez, una sola vez en todos estos 12 años de colaborar y caminar juntas en el servicio de schoenstatt.org, logré convencerla (o más bien persuadirla) de escribir un artículo, un testimonio. Lo tituló «Mi Madonnina». Lo compartimos aquí:

«Soy una antigua misionera, que desde hace 20 años llevo ‘mi Peregrina’, de familia en familia. Hoy deseo contar cómo María me acompaña siempre, y cómo estuvo siempre junto a mí en las dificultades para que no me sintiera sola.

Ese año, era un tiempo muy difícil para dos de mis hijos y yo llegaba cada día al Santuario para que la Madonnina los iluminara y me diera la fuerza de soportar mi impotencia frente a sus problemas.

Hacía varios días que veía una imagen de la Virgen Peregrina apoyada en la balaustrada delante del altar. Por lo tanto, se me ocurrió preguntar a la Hermana Andrea, en aquel entonces nuestra asesora, a quién pertenecía esa imagen. Me miró perpleja y me contestó: ‘No sé. Está aquí desde el día que la han bendecido y nadie la retira’. ‘¿La puedo hacer peregrinar yo?’, pregunté y ella me contestó con entusiasmo que sí. Así es que la llevé apretada junto a mi corazón. Desde ese momento, me acompaña y juntas transcurrimos dificultades y alegrías.

Durante mi jornada, a cada momento hablo con Ella, aún cuando está visitando a las familias. Quién sino Ella sabría escucharme con tanto amor y paciencia, quién sabría responderme en lo íntimo de mi corazón, calmar mi temperamento explosivo, mi rebelión frente a un mundo tan diferente a mi mentalidad. Quién mejor que Ella lograría hacerme callar, enseñándome que sólo con el ejemplo, la dulzura, la comprensión se puede corregir y sobre todo hacer reflexionar a los jóvenes, muchas veces alejados del valor verdadero de la vida. Vida que Dios nos regala, no para ser desperdiciada, ensuciada, sino para vivirla buscando mejorarnos, para ser modelos con hechos, no con palabras y disquisiciones inútiles; demostrar que el amor al prójimo, comenzando por nuestra familia, es la misión que Dios nos encomienda.

Hace veinte años (1990) que caminamos juntas, hace once (1999) que enviudé, en un viaje junto a mi esposo a nuestra ciudad natal, Italia. Allí desde el 1300, sobre una colina está el hermoso Santuario de la Virgen María. Cada vez que iniciábamos el regreso a «casa» corríamos a visitarla. Era la Madonnina de la infancia, de la adolescencia cuando subía al amanecer tres kilómetros a pie rezando el rosario completo para asistir a la primera Misa del día y pedir ayuda en tiempo de exámenes o bien agradecer haberlos aprobado.

También ese día, en auto (ya ancianos) nos dirigíamos a saludarla. A mitad de camino, por un infarto masivo, nuestra Madonnina lo llevó junto a Ella. Pero supo abrazarme en mi dolor, muy junto a Ella, y darme mucha fuerza para caminar sola sin el compañero maravilloso que Dios había elegido para mí. Me enseñó entonces a dedicarme aún más a mi familia, a mis hijos y a mis nietos. Así fue que logré seguir adelante, con momentos de tristeza, pero rodeada por un gran cariño y por mi Madonnina reencontré la razón de vida, que me pareció haber perdido con la muerte repentina de mi esposo.

A veces quisiera decir, en alta voz, a las jóvenes que encuentro en el Santuario: Amen a María y escúchenla. Recuerden que Ella, como nosotros, sufrió tantas pruebas en la vida, pero siempre siguió hacia adelante con la cabeza en alto y una sonrisa, una palabra justa y una mano tendida para ayudar.

¡Gracias, Madonnina!»

¡Gracias, querida María!

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6 de agosto de 2016: la foto de Maria Tedeschi en el Santuario Original  – Foto: Maria Fischer

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