Hugo Gómez, funerales

Publicado el 2024-03-13 In schoenstattianos, Vida en alianza

Un amigo fiel: Hugo Gómez

ARGENTINA, Quitito Asencio, Héctor Ríos, María Fischer •

El 7 de marzo, Hugo Gómez, uno de los primeros aliados de la Madre tres veces admirable de Schoenstatt en Paraná, Argentina, peregrinó a la Casa del Padre, donde ahora está junto a Cristo y la MTA y a su Beby querida, quien falleció hace tres años, el 10 de marzo de 2021. Un fundador. En 1959, Quitito Asencio, Hugo Gómez y Elvio Gómez fundaron el primer grupo de Schoenstatt en Paraná. —

Beby Asencio y Hugo Gómez son parte de la historia de fundación de Schoenstatt Paraná, del Santuario de La Loma, y son los padres de dos Padres de Schoenstatt, los padres Martín Gómez y Beltrán Gómez, quien en la actualidad trabaja en Roma, Italia. Ambos lograron estar con él en el momento de su fallecimiento.

Beby y Hugo Gómez llevando ofrendas en una Fiesta de Sion

Beby y Hugo Gómez llevando ofrendas en una Fiesta de Sion | Foto: Claudia Echenique

Este continente que no se puede abarcar en un solo comentario”

“¡Descanse en paz! Gran hombre del Schoenstatt argentino, además de un gran padre y esposo”, comentó el P. José María García al enterarse del fallecimiento de Hugo Gómez.

Héctor Ríos no solo sacaba fotos durante el sepelio, sino que pidió a su amigo y cuñado Quitito Asencio, otro de los fundadores, un testimonio sobre Hugo. El resultado es un escrito precioso de 15 páginas, titulado: Un amigo fiel. En la primera página, el autor dice:

“La persona de Hugo no puede expresarse solamente con palabras, y lo compartido ayudará a brindar destellos y sombras, y los ojos de cada uno podrán contemplar este continente que no se puede abarcar en un solo comentario. También es una mezcla de lo mío y de lo suyo y un tiempo rico en historia… Lo que pasa es que 63 años de dedicación al Movimiento no se pueden resumir”.

Si, Quitito, no se pueden resumir 63 años de dedicación a Schoenstatt, 63 años de Alianza de Amor, toda una vida para Cristo, toda una historia sagrada de alianza. Gracias, sin embargo, porque por este relato podemos saber de este amigo fiel. Compartimos, en gratitud, nostalgia y fe, el relato de Quitito – resumido por Héctor Ríos para este artículo y también en su versión completa como pdf.

Quitito Asencio

Quitito Asencio en la tumba de Hugo Gómez | Foto: Héctor Ríos

El relato de Quitito 1: lo que Hugo tenía claro

Se conocieron en trabajos apostólicos y sociales, encendidos con un fuego que urge a salir. En 1956, en el proyecto Emaús construyeron ranchos para los pobres, despues Hugo estaba como referente principal de la Juventud de Acción Católica de la diócesis de Paraná.

“Hugo es de los que van al grano y, más que el conocimiento y la doctrina de la fe, le interesaba el encuentro personal del joven con Jesús y que realizaran obras concretas dentro de la iglesia. Decía “No se calientan sillas ni se sirve de monaguillo mientras el comunismo avanza, se debe emprender con audacia y valentía un obrar similar”.

¿Cómo hablarle a alguien como Hugo de Schoenstatt? ¿Cómo plantear la misión de Schoenstatt, mis dificultades para expresarlo y qué mostrar? Lo de Emaús era palpable y concreto, pero esto era bla, bla, bla… Fue la amistad fue la que permitió la apertura y también que Beby -mi hermana y futura esposa de Hugo- participara; por ahí creo que estuvo el desenlace, no por lo hablado ni lo mostrado, sino la sencilla filialidad de mi hermana, hizo trizas el caparazón de Hugo”.

Recuerdo, escribe Quitito, “que Hugo tenía claro lo siguiente:

  • El concepto del capital de gracias a través de la vida
  • La Mater instalada en un lugar
  • El vínculo al hermano y la hospitalidad
  • Los ideales al tope
  • La misa diaria.

Yo me enredaba tratando de explicar el hombre mecanicista versus el hombre orgánico y él me traía una y otra vez a López Jordán, Rosas y Artigas (NR: próceres de la historia de Argentina y Uruguay) y muchos otros hombres de la Argentina que admiraba apasionadamente. Todo era como extender un espinel con brazoladas, pero sin carnada, no había señuelos, solo la fe pelada de que algo sucedería”.

Hugo Gómez

El relato de Quitito 2: los viajes a Córdoba

sepelioAsí también llega su hermano Elvio y los tres marchamos el 15 de agosto de 1959 desde Paraná a Villa Warcalde, en la Provincia de Córdoba (450 km). La casa era muy vieja, casi una tapera, piezas con murciélagos, oscuridad total, por la noche, no había luz. Al mediodía del día siguiente, los muchachos de la juventud de Córdoba nos trajeron empanadas que calentamos en una vieja cocina a leña; no las retiramos a tiempo y las mismas quedaron quemadas. Esto se constituyó en la primera visita de Paraná a la Ermita y algo habrá visto Ella que podía hacer con nosotros acá en Paraná. Le llevábamos toda la pobreza acumulada de Emaús y también la nuestra que era mucho mayor, pero Ella en ese lugar tan simple, pobre y humilde nos impactó y creo que especialmente a Hugo por el tiempo corajudo y constante que le dedicó años después a la búsqueda del lugar para la Mater en Paraná.

A los pocos días, 17 y 18 de agosto, llegó también a Villa Walcalde un grupo de chicas, y se completó así el grupo de arranque del Movimiento de Schoenstatt en Paraná.

El desenvolvimiento o comportamiento de esta “tribu” (así nos llamaban) generaba dudas y rispideces. No teníamos asesores, no teníamos lugar fijo, no se sabía de qué hablábamos y además el fundador estaba sancionado por el santo Oficio y recluido en Estados Unidos. [Con estas y otras dificultades] Hugo estaba en “su salsa”, cuanto más desafío mejor, lo difícil lo atraía y él continuaba con su vuelo apostólico. Ella sabía elegir bien a quienes quería para expandir su obra. Aparece el Pablo de Tarso en Hugo, y a cuantos tiene a su lado los enciende por esta aventura de un hombre nuevo enfrentado al pensar y obrar mecanicista. Así convence a Horacio Sosa y con él se produce el efecto dominó en el Colegio La Salle: Los Irigoyen, los Martínez Garbino, los hermanos Royano, Sallenabe, Yosbiac, Coll, Tandesky, Tabani, Lucio Uranga y muchos otros.

Los viajes que mensualmente se hacían a Villa Walcalde para visitar la Ermita, cubriendo todos los gastos de traslado, la nafta de la lancha, los recursos que se necesitaban para atender a uno u otro que nos visitaba, todo eso salía de los ingresos del trabajo en la fábrica Quilmes y también del auto ahorro que se impuso al suprimir el gasto del cigarrillo. En él, no había medias tintas, ni desafíos cajoneados; era encarador, decidido, aunque a veces pisara callos y doliera su relación.

Todos los días lo teníamos ocupado en la vinculación con unos u otros que iban llegando y esta intensidad en los vínculos fue generando el inicio de una familia, aunque no disponíamos aun del lugar común.

Estos vínculos también se entrelazaron en relaciones afectivas, que contribuyeron al sostenimiento de esta pequeña comunidad. Muchos de los matrimonios iniciales derivaron de estos flechazos que dieron lugar a estos intercambios: Hugo, Maldonado, Reynoso, Penas y otros. La vida afectiva ayudó a construir la comunidad inicial, lo digo sabiendo que se puede levantar “polvareda”, pero es la descripción de lo vivido.

El relato de Quitito 3: Quema tu vida y levantarás el Santuario

Los Padres Martín y Beltrán Gómez

Los Padres Martín y Beltrán Gómez

Un día nos visitó el Padre Bodo Erhard y estando con Joaquín Lavini vieron a la distancia unos eucaliptus enormes. La distancia era como de unos 300 metros y entre ellos comentaron “aquel puede ser el lugar para el Santuario”. Nosotros no lo teníamos ni visto, pero sucedió todo en forma sorpresiva y acelerada. El lugar era la antigua chacra de la familia Bersano y el propietario de ese momento era el señor Pizzola. El tema avanzó, a pesar de nuestra incredulidad y pobreza. El señor Pizzola tenía organizado allí la venta de lotes y también una fracción con una casa antigua y galpones hortícolas con una superficie de 1.4 hectáreas. Las hermanas Marianas, de Florencio Varela, adquirieron esa fracción y los laicos de la comunidad adquirieron los lotes que estaban frente a ese terreno para ampliar la superficie, como protección del lugar.

Se pudo construir el Santuario por la ayuda y solidaridad de la familia nacional y la mano generosa de otros carismas de la Iglesia. Detallo algunos de estos gestos que recuerdo:

  • Madera del techo: Comunidad de Oberá.
  • Puerta de acceso: Monjes Benedictinos de los Toldos
  • Bancos: Comunidad de Mendoza
  • Campanario: Monjes Benedictinos de Victoria
  • Altar: Hermanos de María, de Brasil
  • Hugo junto a Jorge Fabro realizaron una contribución importante: buscar el retablo en Uruguayana (Brasil), pasarlo a Paso de los Libres (Argentina) y traerlo hasta Paraná. Nadie tenía camioneta. El constructor del Santuario, señor Giggi, nos facilitó su camioneta Ford F100. Había que pasar dos aduanas y Hugo llevaba una nota de Monseñor Tortolo para que las mismas permitieran el ingreso al país. Para las aduanas se trataba de obras de arte, además no se llevaba dinero en efectivo para pagar aranceles. Hugo tenía vínculos del lado de Paso de los Libres porque había trabajado allí como empleado de la DGI (NR: Dirección General de Impuestos) y conocía el lenguaje y la manera de conducirse frente a estos controles. Siempre la Providencia nos iba dando sorpresas y era visible su presencia, llegábamos con los pesos justos para los pagos de cada quincena, no nos faltó ni nos sobró absolutamente nada.

Este tiempo fue vivido con un lema preciso y concreto, desafiante: “Quema tu vida y levantarás el Santuario”. Hugo lo vivió.

El relato de Quitito 4: Amigo

Los Padres Martín y Beltrán Gómez

Los Padres Martín y Beltrán Gómez

Al término de este escrito, debo decir que somos muy distintos en gustos y pareceres, y como es la verdad hay que decirla:

  • Sus héroes y referentes no son normalmente los míos
  • Sus ironías a veces me irritan o duelen
  • Su intransigencia me bloquea
  • Sus intolerancias hacia personas cercanas o próximas me perturban
  • La dificultad para el diálogo fraterno para con otros que tiene distinta manera de pensar

Sin embargo: Amigo del alma

  • Por roca
  • Por su fidelidad incondicional
  • Por su autenticidad e integridad medular
  • Por su nobleza
  • Por su fe expresiva de pocas palabras

¡¡Hugo, gracias por toda tu vida!!

 

Beby y Hugo Gómez

Hasta siempre

Un amigo fiel

Etiquetas: , , , , , ,

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *