Publicado el 2020-10-22 In Temas - Opiniones

Abusos en Schoenstatt: un asunto para debatir

Luciana Rosas, Brasil •

A la luz de todas las discusiones sobre las acusaciones que involucran al padre Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt y principalmente sobre la forma en que se desarrolló el tema en varios círculos en Schoenstatt, incluida la Presidencia internacional, es absolutamente necesario abrir el diálogo y la discusión sobre el tema ‘abuso’ en Schoenstatt, de manera abierta, transparente y con objetividad. Hasta ahora, se habla mucho de abuso sexual – lo cual es cierto, por las consecuencias en la vida de las personas y por involucrar, en general, a menores de edad, lo que implica sanciones civiles-, mas poca importancia se le da a los abusos de poder y la manipulación de conciencia en Schoenstatt y en la Iglesia en general; por un lado, por las dificultades de caracterizar y probar dichos abusos y por otro, por parecer que no son tan devastadores como el abuso sexual.

 

Creo que es importante aclarar los objetivos iniciales que orientan este artículo y las razones por las que es necesario ampliar (o quizás iniciar) la discusión sobre los abusos que ocurren dentro de la estructura de Schoenstatt.

  1. El sentimiento de “agua en calma” que existe en relación al tema de las denuncias realizadas contra el P. José Kentenich, en cuanto al avance de los trabajos y las primeras impresiones sobre los documentos a los que se accede en el archivo vaticano;
  2. Mucho ya se ha escrito, hablado y debatido sobre el tema, pero siempre con una mirada «externa», es decir, de personas que analizan la situación de forma crítica y analítica, pero sin haber sufrido personalmente una situación de abuso. Creo que puede ser un aporte importante – y necesario – analizar el tema desde la perspectiva de quienes lo han sufrido en Schoenstatt;
  3. Empezamos a abordar el tema del ‘abuso’ no solo desde una perspectiva sexual, que en general involucra a las comunidades masculinas -sin restringirse a ellas-, sino a los abusos de poder y manipulación de la conciencia, la dificultad para encontrarlos y probarlos, su amplitud y alto grado de impacto en quienes lo sufren, también – y especialmente – en las comunidades femeninas. Necesitamos hablar de esto.

Partiendo de una experiencia personal

El 1 de julio de 2020 cayó como una bomba sobre mí. Llegó la información de que al día siguiente se publicarían graves acusaciones contra el padre Kentenich, sobre abuso sexual, de poder y de conciencia. De hecho, todo el foco estuvo en el llamado “abuso sexual” que supuestamente habría sido denunciado, sin dar demasiada importancia a los demás abusos que estarían contenidos en el material a ser publicado.

Puede parecer narcisista y hasta egoísta la expresión de que fue una bomba para mí, porque de hecho fue una bomba para toda la familia de Schoenstatt. Esto ya ha sido discutido y abordado en varios artículos valiosos aquí en schoenstatt.org. Para mí se convirtió en un remolino de sentimientos, que justo llegaba en un momento cuando yo misma estaba abordando los abusos de poder y la manipulación de la conciencia que había sufrido en Schoenstatt, y sentí en la piel las dificultades de hacerlo a mediados de 2020. Por eso, me gustaría presentar un aporte sobre este tema desde la perspectiva de quien lo experimentó.

Todo se volvió potencialmente más grande a medida que el tema se desarrollaba en los diversos círculos de Schoenstatt. Pedidos de transparencia por todas partes. Transparencia. Apertura. Mirar a los ojos de cada uno y ser capaz de decir los hechos con veracidad. Sin velos. Respeto a la Familia, que debe traducirse en compartir asuntos delicados dentro de la misma familia, y no que nos sorprendan las noticias dadas por otros. Muchos de nosotros nos sentimos traicionados. Yo también

Después de más de tres meses de este temblor inicial, me parece que hemos avanzado poco en este tema. La petición – por qué no decir la demanda – de transparencia parece no haber sido escuchada completamente. Hace pocas semanas que el postulador, P. Eduardo Aguirre, está trabajando en los archivos del Vaticano y aun son pocas las noticias al respecto.

También llama la atención el excesivo enfoque en la canonización del Padre Kentenich, como si, de hecho, más que el esclarecimiento de los hechos, lo más importante fuera mantener el proceso como tal. El proceso de canonización es una consecuencia de la vida vivida por el fundador de la Obra y de asumir la misión, en plenitud, de los herederos de la misión de Schoenstatt. Con esto en mente, además del esclarecimiento histórico y la apertura y presentación de los análisis y conclusiones (y por supuesto de los documentos necesarios en los que se basan), debemos aprovechar esta puerta abierta de par en par por la Divina Providencia para discutir qué elementos en Schoenstatt no han sido suficientemente debatidos y comprendidos – y cuáles han sido presentados por la Iglesia – que pueden llevar a distorsiones en la aplicación de principios que son en sí mismos absolutamente válidos.

Este tipo de conducción de los asuntos importantes y conflictivos nos introduce en un punto delicado y causa de varios conflictos en Schoenstatt, el llamado secretismo schoenstattiano.

El secretismo en Schoenstatt

Para los que pertenecemos hace mucho tiempo a Schoenstatt, ciertamente no es novedoso el uso del término ‘secretismo’. Según la historia y la experiencia de cada persona en Schoenstatt, en algún momento nos encontramos con un (o varios) tema “tabú”.

Como se describe en el artículo ‘Siete tesis en torno a la actual discusión sobre el Padre José Kentenich’, el primer punto abordado se llama ‘Abrir en lugar de esconder’.  Los secretos que se guardan bajo la alfombra, cuando salen a la superficie, siempre despiertan consternación y desconfianza. Este fue el caso de las acusaciones contra el padre Kentenich y seguirá siéndolo hasta que los dirigentes de la Familia entiendan que los tiempos han cambiado, que el tratamiento de los asuntos debe adaptarse a los tiempos actuales. Ya no es posible guardar ‘secretos’ como hace 50 años. La facilidad de acceso a la información, así como las investigaciones y las presiones para acceder a los documentos públicos del P. Kentenich – que hoy en día circulan solo en comunidades absolutamente restringidas y en general, en alemán – nos obligarán a abrir cofres que hasta ahora permanecen ocultos.

Así también, las denuncias de abusos sufridos dentro de la estructura de Schoenstatt no pueden ser tratadas como tabús o como asuntos que deben ser ‘escondidos’ o susurrados en voz baja, con el fin de proteger la imagen de una comunidad, delante de los demás en Schoenstatt o incluso de la Iglesia y la sociedad. Tratar los documentos de una investigación de abuso como un documento interno, sin dar a las víctimas el acceso a toda la información recopilada con el argumento de que “estas son las reglas”, ya no responde a los desafíos actuales. Reglas. Esto no responde a la vida. El secretismo no se sostiene y mucho menos se sostendrá en el futuro.

Como bien resumen los autores Wilfried Röhrig y Klaus Glas, “la información y la transparencia son esenciales para una comunidad”. Especialmente para una familia.

De este secretismo schoenstattiano surge una corriente que yo suelo llamar “catacumbas de Schoenstatt”. ¿Y qué serían estas catacumbas? Son esos lugares “escondidos” donde la gente se siente libre de expresar sus opiniones. Aún quedan muchos comportamientos, posturas y opiniones que se dan en un ámbito institucional para luego ser contradichas en escenarios ocultos, o incluso que solo se comparten en estas catacumbas.

Como colaboradora de este canal de información abierto de Schoenstatt, ya he experimentado cómo hay una falta de libertad interior en las cosas más simples, como comentar un artículo y expresar una opinión. “¿Qué pensará mi superior? ¿Mi asesor, mi coordinador? ¿No me va a regañar?  Y en las llamadas catacumbas hay un intercambio de opiniones y aportes. Schoenstatt, reino de la libertad. Al parecer, la libertad del vecino.

Secretismo es falta de libertad interior. El Schoenstatt del hombre nuevo en la nueva comunidad no podría, por su propia estructura, necesitar de catacumbas en las que se susurren opiniones.

Los puntos de atención del visitador Stein y la realidad actual de Schoenstatt

En vista de la primera motivación de este artículo, al pensar en las denuncias presentadas y toda la discusión que siguió, la primera pregunta que siempre me viene a la mente es: ¿Bernhard Stein realmente entendió algo sobre Schoenstatt? ¿Fue efectivamente infectado por el «bacilo del mecanismo» como se puede leer en la Epístola Perlonga escrita por el Padre Kentenich? Responder a estas preguntas no es tarea fácil, pero es necesario abrir este punto de discusión y no recibirlo solo como un “no entendió Schoenstatt”, como muchas veces hemos escuchado en nuestros círculos o como un juego en el que está el equipo del P. Kentenich y el equipo de Stein (Iglesia).

 

1 Principio vs. Aplicabilidad

En un charla dada por Ignacio Serrano del Pozo (Federación de Hombres de Schoenstatt) a la familia da Rancagua, Chile, en la que trató de explicar el contexto histórico de las acusaciones, se presentan los puntos principales destacados en el informe del visitador Bernhard Stein, visita que tuvo lugar entre el 19 y el 28 de febrero de 1949. Al leer lo que se describe en el informe, se entiende perfectamente que la crítica no está en el principio, ni siquiera en el principio pedagógico, sino en su aplicabilidad y en las tergiversaciones que puedan resultar de ello, como bien señala Ignacio en su explicación.

“El ‘problema de Schoenstatt’ no es principalmente de carácter dogmático-doctrinal, sino pedagógico-práctico. (…) es necesario llamar la atención sobre algunos peligros, desviaciones y malformaciones que pueden plantearse, y que de hecho se plantearon, como resultado de la aplicación práctica de principios pastorales dogmáticos y pedagógicos que son, en sí mismos, irreprochables” (Informe de la primera visita de Bernhard Stein).

Esto debería llamar nuestra atención cuando actualmente nos enfrentamos a varios informes de abuso por parte de los herederos de la misión del Padre Kentenich. No se trata de condenar el principio, sino de la forma en que este principio se aplica en las relaciones entre personas, entre autoridad y miembros de comunidades, entre asesores y miembros de la familia de Schoenstatt.

La falta de comprensión de este principio o, mejor dicho, su uso indebido, puede conducirnos inexorablemente a actitudes autoritarias y abusivas por parte de las personas que tienen el poder, ya sea institucional (como superiores de comunidades), o moral (cuando se dan relaciones de confianza entre quien conduce y quien se deja conducir).

Sin embargo, la comprensión de este tema solo puede darse en la medida en que Schoenstatt en su conjunto esté abierto a discutir el tema. No hay forma de trabajar, esclarecer y luchar para que no se repitan situaciones de abuso, si no hay una apertura institucional para la discusión abierta de este delicado punto. Esto se debe a que, la formación de asesores – por ejemplo – en ambientes abusivos, puede conducir a la repetición del patrón en la conducción de las ramas de la Familia de Schoenstatt.

2Paternidad vs. Libertad Interior

Otro punto importante señalado por el visitador Stein es la relación del padre Kentenich con la entonces comunidad de las Hermanas de María, claramente porque ésta era la más numerosa y mejor constituida en ese momento. En esta relación se cuestiona el principio de paternidad, así como la centralidad de la persona del P. Kentenich en la vida comunitaria de las Hermanas de María, lo que puede conducir a una falta de libertad interior, ya que todo estaría sujeto a la voluntad del “padre”.

Como schoenstattianos siempre decimos que somos parte de una familia y, como tal, debe tener la figura del padre y la madre. Desde el punto de vista del principio, si está bien formulado y aplicado, no debe dar lugar a distorsiones, pero la falta de comprensión del principio puede llevar a la asociación de infalibilidad, sea del padre o de la madre, es decir, obediencia absoluta, incuestionable, ciega y completa falta de libertad para cuestionar y presentar otro punto de vista. ¿Cómo se llama esto? Falta de libertad interior, como señala Stein en el extracto de su informe aquí abajo:

Una y otra vez se encontró con la característica falta de libertad interior, la falta de autonomía y la inseguridad de las Hermanas de María. De hecho, generalmente son personas valiosas y una buena parte de ellas también tienen una gran capacidad intelectual. Sin embargo, su unión con la fascinante personalidad del director del Movimiento es tan poderosa y estrecha que sus decisiones y criterios significan para ellas, en la práctica, la última regla. Esta actitud radica, en parte, en la convicción real de la infalibilidad personal del P. Kentenich, y en parte también, en una ‘ filialidad ‘ primitiva y malsana (Informe de la primera visita de Bernhard Stein).

Por lo tanto, vale la pena ampliar y profundizar la discusión sobre la visitación, viendo a través de los velos que a menudo se nos ponen o incluso revisando la posición de que, por un lado, está el padre Kentenich y por el otro la Iglesia, en la persona del visitador Stein.

 

El abuso espiritual

Lleva mucho tiempo darse cuenta de que estás sufriendo un abuso espiritual.  Este concepto está desarrollado en el libro El sutil poder del abuso espiritual, de David Johnson e Jeff Van Vonderen. Especialmente cuando la comunidad – la familia – no actúa para proteger y prevenir que los abusos no ocurran.

En este libro, los autores abordan la dificultad de percibir el abuso sufrido y la dificultad para denunciarlo:

  1. En un sistema abusivo se dice que tú eres el ‘problema’ cuando adviertes un problema;
  2. Reconocer el abuso en voz alta genera la sensación de que estás siendo desleal a la familia, a la Iglesia e inclusive a Dios;
  3. Cualquiera que haya experimentado el abuso espiritual como algo ‘normal’ ha perdido la noción de lo que es realmente normal, por lo que llamar a la situación sufrida como ‘abuso’ puede sonar exagerado;
  4. La negación humana también es un factor de dificultad. La negación es una habilidad que Dios da a retrasar la impresión de un fuerte dolor emocional, psicológica o espiritual;
  5. Represión, porque lo que experimentas está más allá de cualquier cosa que tengas la capacidad de procesar conscientemente;
  6. La vergüenza de asumir que uno mismo se haya permitido permanecer en un ambiente claramente abusivo.

Me arriesgo a agregar dos elementos más: miedo y rechazo. Contrariamente a lo que muchas veces se lee sobre acoger a las víctimas, el miedo a la denuncia y el rechazo que sufren los que provocaron y permitieron el abuso – que en muchos aspectos tienen una responsabilidad mayor que el propio abusador – son factores de dolor increíblemente profundo.

Es absolutamente necesario hablar del abuso de poder y la manipulación de la conciencia en los círculos religiosos, en Schoenstatt, también porque es a partir de estos abusos que, más tarde, ocurren los abusos sexuales que son denunciados. Es por la plena confianza de una persona en que el abusador es una representación de lo divino, que permite que se realicen estos abusos. Y también el sentimiento de culpa que proviene de la persona que sufrió el abuso.

Por lo tanto, hay un claro llamado a extrapolar las denuncias al P. Kentenich – que deben ser aclaradas de forma documental y contundente – para comprender y discutir qué puntos planteados por la Iglesia, fueron poco explorados y estudiados en Schoenstatt y que hoy permiten distorsiones de la aplicabilidad del principio pedagógico de Schoenstatt.

¿Familia?

A menudo me he preguntado: ¿realmente somos parte de una familia? ¿O somos tratados como niños pequeños, infantiles, que no tienen la capacidad crítica para recibir y procesar cierta información? ¿Cuáles son los criterios -y quién los determina- para que a ciertos asuntos tengan acceso, y a otros no, los miembros de la Familia de Schoenstatt?

Si somos familia, pertenecemos a un círculo de confianza en el cual estos cuestionamientos son acogidos y discutidos en el amor, la libertad y el respeto mutuos. Tapar cualquier tema no lo resuelve, al contrario, genera más desconfianza y desinformación. Si nos presentamos con Familia, necesitamos ejercitar más los principios básicos del entorno familiar: tranquilidad de ser quienes somos, confianza en presentar nuestros problemas (sean los que sean) y transparencia en el tratamiento de los asuntos.

 

Oportunidad para revisar la forma en que actúan los herederos espirituales del Padre Kentenich

Al abordar con distancia y madurez las denuncias presentadas contra el P. Kentenich – y de las cuales seguimos esperando una posición formal sobre el progreso del trabajo actual – podemos percibir una invitación de Dios para que nosotros, herederos de la misión, podamos revisar nuestra forma de actuar. De manera especial, aquellos que tienen cargos y responsabilidades en la conducción de personas en Schoenstatt.

Creo que hay una invitación directa de la Providencia al respecto. Tal vez, podríamos quitar un poco la atención de la causa de canonización del fundador (que más que causa, es una consecuencia), y aprovechar este momento para crecer y madurar como familia de Schoenstatt.

Asumiendo que el problema no está en el principio, sino en la práctica, podemos ver claramente que hay un largo camino por recorrer, en este sentido, en Schoenstatt. Espero que la invitación que Dios nos hace sea aceptada y experimentada plenamente. Que seamos un bello lugar donde reine el principio de la verdad y de la transparencia.


Luciana Rosas tiene 39 años y vive en Curitiba, Brasil. Es economista y aspirante a psicóloga. Es traductora y Social Media Manager de schoenstatt.org.
Es miembro del Movimiento de Schoenstatt desde 1994. Trabaja en temas relacionados con la defensa de la mujer, la inclusión de las minorías y los derechos humanos. Actualmente está investigando el impacto de las cuestiones de frontera en la Iglesia, especialmente las cuestiones de abuso de poder, moral, sexual y conciencia.
Es soñadora y luchadora. Apasionada por Schoenstatt y la libertad.

 

 

 

Original: Portugués, 22.10.2020. Traducción: Claudia Echenique, Buenos Aires, Argentina @schoenstatt.org

 

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23 Responses

  1. Por parte de la redacción de schoenstatt.org les agradecemos a todos los comentaristas.
    Pedimos no abusar de este espacio que ofrecemos para comentar este mismo articulo.
    En este articulo no se habla de lo que el P. Kentenich hizo o no, ni menos sobre las denuncias de la Sra Teuffenbach. Hay muchos otros articulos sobre estos temas donde pueden comentar.
    Comentarios con links externos y especialmente a textos que no aparecen en ES, se borran.
    Muchas gracias.

  2. Si tuviera confianza con Luciana y no temiera invadir su intimidad, me gustaría preguntarle (ya que lo menciona) qué situaciones concretas de abuso de poder y manipulación de la conciencia ha sufrido en Schönstatt. No porque dude de su testimonio, sino para terminar de comprender a fondo el artículo, por otra parte muy bien escrito. La «manipulación» y «abuso» en el sentido espiritual se ejercen en un terreno más sutil que el abuso sexual y entrañan una dimensión subjetiva: para valorarlo con objetividad hay que tener en cuenta: qué edad tenía yo cuando fui ( o me sentí) manipulada, qué vínculo afectivo tenía con quien me manipuló, sobre qué temas se ejerció ese poder o manipulación, cuánto me afectó o perjudicó en mi vida futura e incluso cómo es mi sensibilidad. Con esto NO ESTOY MINIMIZANDO lo que le puede haber sucedido. Que quede claro. Pero no te preocupes, Luciana, que si no querés entrar en detalles, no te los voy a pedir: estás en tu derecho.
    Nora Pflüger Totti
    La Plata, Argentina

  3. Gracias por el artículo primero y las contestaciones, soy Queca Espinoza de Lima-Perú, pertenezco al movimiento desde el año 2000 en la Rama de Madres y en la Corriente de la Virgen Peregrina. Soy viuda, tengo un hijo de 35 años y yo tengo 63. – Somos humanos y podemos fallar de muchas formas en nuestro comportamiento, confío en la inocencia de nuestro fundador, porque muchas veces fue visto en su vida la presencia de un Dios, que todo lo ve, que todo lo escucha, que ve la intención en el fondo del corazón de las personas, y Él lo salvó, y se comprueba que era voluntad de Dios sus acciones. Y la Santísima Virgen lo acogió y acogió a toda su Familia. Eso es lo que me importa, se que voy en el camino correcto dentro de la Santa Iglesia que tanto amó y respetó el Padre Kentenich, en mi estadía en Schoenstatt habré tenido dos roces con personas que no entendieron mi intención, pero estuvo en mí hacer que eso no duela, que eso no me aleje de lo aprendido en Schoenstatt, -la libertad de decir, proponer y ejecutar acciones-. Las personas más entendidas que se dediquen a aclarar en encontrar la verdad que tanto clamamos muchos, pero mientras eso sucede, yo vivo feliz con mi aprendizaje en Schoenstatt. He tenido la oportunidad de ser Jefa de la Rama de Madres, y quizás en mi actuar puede haber habido situaciones que quizás no gustaron, o que fueron mal entendidas pero para eso existe el diálogo, que es lo que nos hace tanta falta hoy. «Dios de pautas tuertas, hace renglones derechos». agradezco la oportunidad que nos da esta página oficial para expresar nuestro sentir. Saludos, quedamos en eso – permanecemos fieles.

  4. HMA nos comparte su experiencia en el movimiento, de años. Muchas gracias. Yo también quiero compartir mi experiencoa, de muchos menos años. Yo participé en la naciente Federación de Hombres de Chile. Tenía frecuentes dificultades para expresar mis opiniones, siendo muchas veces acallado. No fue esta la razón por la que me retiré: pero cuando surge esta posibilidad de que en Schoenstatt pueda existir abuso de poder o de consciencia, (lamentablemente) creo que es plausible y que hay que darle atención y no desestimarlo.

  5. Además del artículo, también leí los comentarios con mucha atención. Encontré un claro denominador común entre ellos. Llevo 42 años en el Movimiento y también tengo una historia que contar sobre el rechazo por «atreverse» a poner el dedo en las heridas que estaban «cubiertas» con vendas… Estoy muy agradecida por todo lo que he experimentado y aprendido en Schoenstatt, que, por haber entrado a una edad temprana, me ayudó a formarme y a echar una mirada diferente a la vida del mundo que me rodea. No olvidemos que en Portugal la revolución del 25 de abril fue reciente y todo lo que había sido prohibido y escondido hasta entonces se volvió muy cool, lo que llevó a muchas buenas personas a tomar caminos que agradezco no haber seguido. Hay muchas cosas que encontré en Schoenstatt que me gustaron mucho: Libertad en la medida de lo posible, sólo las ataduras necesarias (odio que me obliguen a hacer cosas que o bien mi corazón no eligió hacer o que ya había decidido hacer yo misma). El concepto de padre (tuve un padre extraordinario en la tierra, pero sentir y vivir la paternidad del Fundador fue siempre un bálsamo para mí). Ser familia (tengo muy buenos amigos pero, la familia es esencial para mí. Los mejores amigos que tengo son los que considero mi familia). Para no ir más lejos en las consideraciones, a partir de estos tres puntos el único pilar que ha permanecido sólido e inquebrantable es la paternidad del Fundador. Ser schoenstattiana no ha sido nada fácil, he vivido el búnker de Coblenza, el infierno de Dachau y el destierro de Milwaukee… Ya en los años 90, en la Familia a la que pertenezco, defendí la idea de mirar «hacia dentro» para poder debatir estos temas a los que se refiere el artículo… No funcionabamos como una familia, era mejor callarse que atreverse a levantar la voz, etc. Etc. Nunca se hizo. Con este artículo y los comentarios que ha planteado, estoy segura de que todo esto es transversal al mundo de Schoenstatt extendido por todo el mundo. Pero, conscientemente, no quiero tomar la nube por Juno. También está la otra cara de la realidad de un mundo schoenstattiano lleno de gente que sólo quizo seguir los principios pedagógicos de Schoenstatt en su pureza y que siempre actuaba correctamente y que incluso eran verdaderos santos ya en la tierra. Cuando en 1999 en Chile, durante las celebraciones del 50 aniversario del 31 de mayo, en la Misa del 30 de mayo, vi los rostros de nuestros santos (muchos de ellos completamente anónimos) entrar en procesión, sentí algo incapaz de ser explicado: una plenitud, un temblor interior…
    Siempre he tratado de que todo lo que he sufrido por el abuso de conciencia no limite la continuación de la Misión dentro de Schoenstatt para la Iglesia y para el mundo. No trabajo para la gente que «ordena» sino para Dios Padre, para la Madre Bendita, para Jesús con la ayuda del Espíritu Santo. Si no lo creyera, habría cerrado la puerta hace mucho tiempo. Fueron Ellos los que me llamaron a Schoenstatt, sólo Ellos pueden sacarme de allí. Y cada vez que dudo, le pido a la Virgen que me muestre el camino… hasta la fecha nunca me ha mostrado el camino de salida de nada… hace unos días le hice esta petición, y cuando estaba muy triste, me llegó una señal de que tengo mi lugar aquí en las diferentes instancias. Pueden silenciar mi voz, actuar de forma poco elegante conmigo, si Ellos quieren, me quedo. Creo que hoy tenemos una tremenda oportunidad de corregir muchas cosas que en Schoenstatt no funcionan, todos somos responsables del estado de las cosas, no sirve de nada señalar a nadie si, no me señalo a mí mismo para descubrir dónde he actuado mal (o he pecado por omisión para no tener molestias) y para revertir las situaciones. Mirar a la conciencia… hacer un trabajo de corrección interior… tener el coraje de disculparse… y sólo entonces salir para la discusión global. Schoenstatt, la Iglesia y el mundo merecen y esperan esto. Nos cum prole pia…

  6. Comparto lo manifestado por Sandra Caro Rodríguez: me hierve la sangre cuando leo acusaciones de secretismo, falta de transparencia, abusos de autoridad y psicológicos… Por la misericordia de Dios, pertenezco a la FAMILIA (con mayúsculas) de Schoenstatt desde el 10 de mayo de 1957, cuando integré un grupo de la juventud femenina. Hace 58 años que, también por la infinita misericordia de Dios, pertenezco al Instituto secular de las Hermanas de María. Puedo afirmar que nunca, jamas, en ninguna circunstancia he sido víctima de algún abuso, aunque haya tenido jefas o dirigentes con defectos humanos bastante marcados. Por el contrario, he manifestado siempre mi opinión con absoluta franqueza, hasta con dureza… y no recibí ninguna «sanción» por ello. Y mi opinión se tomó en cuenta cuando se la consideró oportuna y acertada.
    He escuchado infinidad de testimonios de quienes convivieron con el Padre Kentenich, destacando su respeto absoluto a las personas, a su libertad, a su idiosincrasia… Reconociendo que aprendía mucho con el aporte de cada uno y disculpándose cuando reconocía haberse equivocado.
    Quienes hablan de «secretismo» no vivieron los años del exilio, cuando cualquier imprudencia podía ocasionar la prohibición del Movimiento por parte de los obispos.¡Esto sucedió realmente en países de América Latina! ¡Hay que entender que la historia tiene su inercia!… no se podía mencionar al Fundador… para comenzar a revertir esto, el P. Joaquín Alliende recorrió el mundo para motivar la participación en el primer encuentro internacional de la Familia de Schoenstatt en 1985, con ocasión del centenario del nacimiento del Padre y Fundador.
    Es alarmante, increíble, que se crea a pie juntillas en las manifestaciones del visitador (no «visitante» como dice el título), sin ubicarse en el contexto histórico. Posiblemente no experimentaron a la Iglesia ANTES del Concilio… En ese entonces Schoenstatt era otro mundo, el mundo de los vínculos, de la libertad, de lo orgánico ¡eso fue lo que me cautivó en 1957! ¡¡¡Es claro que Mons. Stein no comprendió Schoenstatt!!!
    Tampoco se toma en cuenta el derecho a la privacidad de cualquier persona, familia, comunidad religiosa o social… Esto no es secretismo ¡es un derecho a la intimidad, a la libertad personal!
    Es muy doloroso, muy triste, que se tome partido por las acusaciones sin conocer previamente todo el contexto, que se tome como única referencia el testimonio de quienes se consideraron abusados, sin considerar que somos miles quienes amamos Schoenstatt (¡a pesar de los schoenstattianos!) que nos sentimos totalmente libres, confiables, y creemos, con fundamento, en la absoluta integridad del Padre y Fundador de la Familia.
    Por último (aunque no es lo último), recordar el consejo evangélico: si tu hermano peca, díselo en privado. Si no cambia, hazlo delante de dos testigos, y si tampoco te escucha, dilo a la asamblea… Aquí parece que en esta «asamblea» virtual se puede acusar de cualquier cosa al Fundador y a la Familia, haciendo de casos personales (muy respetables, por cierto) la vara con que se nos mide a todos. No lo acepto. Pero cuenten con mi diaria oración en el SANTUARIO DEL PADRE.

    • Cuando un sacerdote abusa de un niño lo regañamos en privado, cuando abusa del segundo niño lo enviamos a otro lugar. Cuando se enteren de que ha abusado de decenas de niños, será demasiado tarde para pagar sus crímenes. Es tiempo de cambiar!

      • Aquí no se trata de ningún abuso de niños ni de adultos. Se lo está acusando al Padre Fundador basándose en lo manifestado por el visitador, que NUNCA mencionó abusos sexuales. Esto lo introdujo von Teuffenbach. ¿Que tal si se basan en lo determinado por Roma en la rehabilitación total del Padre Kentenich? No hay peor ciego que el que no quiere ver. Aparte, me gustaría ver el nombre de quien responde, ¿»secretismo?»

        • ….¿y su nombre, Hermana?

        • Estimada «nombre en clave HMA», en todos estos meses desde julio no he leído que ningún schoenstattiano haya dado excesivo crédito a las acusaciones publicadas por Von Teuffenbach, en todo caso inquietud -a veces mucha- y apertura a conocer mejor la verdad histórica. Sí se repite en cambio, muy a menudo, la queja por la falta de transparencia en el tradicional relato de los hechos.

          Pero están surgiendo testimonios de personas que han sufrido en épocas relativamente recientes (últimas décadas) abuso de conciencia en Schoenstatt. El foco ya no es el Padre Fundador, sino las prácticas abusivas -esperemos que excepcionales- de algunos de sus hijos e hijas.

          Luciana cita en su artículo un libro (El sutil poder del abuso espiritual) en el que se enuncian varias dificultades, la primera de ellas: «En un sistema abusivo se dice que tú eres el ‘problema’ cuando adviertes un problema». Esto es exactamente lo que Vd está haciendo.

          Dice Vd: «¿Que tal si se basan en lo determinado por Roma en la rehabilitación total del Padre Kentenich?»

          ¿Podría facilitarnos por favor el documento donde se determina esa rehabilitación total? Porque lo que los historiadores schoentattianos han reconocido, el P. Strada el primero, es que no existió -injustamente- ningún decreto de rehabilitación.

          • Según el postulador de la causa de beatificación del Padre Kentenich (lo escuché en una charla dada desde Roma) la Iglesia nunca, nunca produce un documento de rehabilitación. Por eso no existe tal documento para el Padre Kentenich.

        • Ni yo ni la autora del artículo mencionamos abusos de Kentenich. La Dra. Teuffenbach necesita aclarar las acusaciones con documentos, al igual que el nuevo grupo de Trier debe acomodar estos nuevos documentos en el proceso, pero no es esto de que hablamos.
          No estamos condenando, sino diciendo que es necesario hablar del tema.
          Mi comentario sobre el abuso infantil se refiere a las denuncias en Chile, donde la cantidad de sacerdotes de Schoenstatt presuntos o probados ya está más allá de los dedos de una mano, es decir, no es un caso aislado,la enfermedad de un individuo, pero puede ser un patrón replicado dentro de una estructura que facilite el abuso. Francisco José Cox encabeza la lista y, si no conoces los nombres de los demás, debes buscar información.
          Queremos que este tema deje de estar bajo la alfombra. Cuando se transfiere un asesor juvenil sospechoso de abuso, quiero poder hablar con mis hijos al respecto, preguntarles si lo han pasado. No se está evaluando SI hay abusadores en Schoenstatt, HAY, han sido denunciados. Hay abuso en Schoenstatt, eso es un hecho, necesitamos encontrar una mejor manera de enfrentarlo para proteger nuestra Iglesia, movimiento y familia.

  7. Luciana, tu artículo me pareció muy bueno. Señalás los riesgos de la aplicación de los principios y, sobre todo, el riesgo de la pérdida de la libertad interior mediante el abuso de conciencia.
    Es verdad que es una tentación muy fuerte la de usar el poder para que otros hagan lo «que YO quiero» y nadie está exento porque pecadores somos todos. Muchas veces me he preguntado si en verdad no hemos hecho de «ese reino de libertad tan ardientemente anhelado» una quimera para poder manipular y desacreditar a otros sin darles la oportunidad de expresarse. O también para aceptar acríticamente lo que el P. X o la Hermana Y o el Jefe de Rama dicen. O incluso, recurriendo a un falso esprit de corps, buscar las herramientas dialécticas para sostener esa posición, pasando por alto sobre la vida y los procesos orgánicos.
    Ha llegado la hora -y la Providencia lo pone en blanco sobre negro- de empezar a escuchar más, a respetar los procesos vitales y realmente servir desinteresadamente a la vida ajena y no servirse de ella para los propios fines. No podemos seguir ignorando las voces del tiempo. Tanto el Papa Francisco como lo que ocurrió con los artículos sobre el Padre Kentenich nos invitan a hacernos cargo de esto y a pedir con humildad que desde lo alto nos den la gracia de la verdadera libertad de los Hijos de Dios.

  8. Lo cierto es que respeto tu punto de vista, pero no me interpreta en absoluto. Creo en la santidad del P. José Kentenich y creo en la filialidad frente a Dios Padre y frente al P.K. como su causa segunda. Llevo más de 50 años en el Movimiento en Chile y nunca he sentido abuso de autoridad ni por parte de Hermanas ni de Padres. Schoenstatt me ha educado en la libertad de los hijos de Dios. Seguiré siendo una hija fiel de nuestro Fundador y trataré de hacer vida su misión que es la mía: ser una mujer libre, apostólica y vivir coherentemente mi Ideal Personal y de Rama en la medida de mi pequeñez. No creo en los teóricos de Schoenstatt, creo en quienes dan un testimonio vivo, no a través de charlas y papeles que se los lleva el viento… Las Hermanas son pequeñas Marías y, por favor, no las ofendan con sus comentarios irrespetuosos y ofensivos. Me hierve la sangre, cuando leo a personas que no titubean al manchar el honor de mi Fundador, de las Hermanas de María y el mío como schoenstattiana.

  9. Querida Luciana, muy buen artículo, muestra la realidad de lo que está pasando en el
    Interior de la familia de Shoenstatt, la poca transparencia, el abuso de poder y de Conciencia de quienes están a cargo, es real, lo viví en carne propia, y es tan limitante como el abuso sexual, por supuesto en distintos sentidos… es muy difícil salir de esa manipulación de conciencia, hace que la culpa se sienta directamente en quien es el principal afectado, espero que como familia de Shoenstatt podamos llegar a una plena transparencia y libertad interior, no como muchos asesores lo entienden, sino como real libertad, que deja las decisiones a cargo de la propia persona y no manipulada para decidir lo que quienes están a cargo desean. Saludos

    • La plena transparencia que reclama indicaría que no corresponde ser «Anónimo» 🙂

    • ¿Por qué el anonimato? No es ser una persona adulta responsable de lo que se dice el esconderse en el anonimato. Esto muestra falta de libertad interior y miedo no sé a qué o quién

      • El anonimato es siguramente por tener en cuenta las pressiones. Ciertamente una persona que tiene una experiencia diversa de ustedes. UNA COSA OBVIA!!!!

    • Está claro que ni Sandra Caro ni HMA (que si no es un Anónimo, se le parece mucho) no son capaces de hacerse cargo de lo que significa haber sufrido abuso, ni comprenden que eso pueda llevar a no decir el nombre propio en público, y lo convierten en motivo de nuevo escarnio. Y esto a mí sí que me hace hervir la sangre.

  10. Estimadas Luciana, infinitas gracias por gran buen trabajo. Con un fino visturí fuiste entrando en los temas de fondo que necesitamos redimir como Movimiento. Has tocado temas muy centrales que requieren una mirada menos complasciente y mas rigurosas. A veces le damos mayor valor al abuso sexual que al de consciencia, parece ser de menor importancia, cuando es el más común, el que abusa de la libertad de las personas, el que manipula en lo mas intimo del ser y termina en muchos casos en el abuso sexual.
    Es cierto que en nuestra familia, no hemos sido realmente muy familias. Los laicos hemos sido tratados como niños incapaces de conocer toda la verdad que está reservada solo a algunos. Sin duda, que hay mucho que trabajar con los Institutos al respecto.

  11. Querida Luciana, no te conozco, pero te escribo así, «Querida Luciana».

    FELICIDADES por tu valentía para escribir este magnífico artículo, que suscribo punto por punto.

    Un fuerte abrazo.

  12. Querida Luciana, Muchas gracias por tu columna. Efectivamente los abusos sexuales o de conciencia (de algunos asesores) son de esas cuestiones que creíamos que les pasaban a las comunidades de al lado, pues en Schoenstatt reinaba la libertad y una sana educación de los afectos que nos eximiría de estos problemas. Parece que no es así, y nos traicionó el orgullo o faltó humildad. De todas formas, que tu escribas en una página de Schoenstatt, y que lo puedas hacer desde adentro, es algo que a mí me da esperanza, mucha. No hemos dejado de ser Familia.

  13. Luciana muchas gracias por lo que considero una gran aportación y ojalá ayude a abrir un debate transparente y sincero en el seno de la familia de Schoenstatt.

    Como bien indicas, somos muchos los que nos sentimos traicionados por todo lo ocurrido y nos ha generado una gran desconfianza hacia determinadas personas y hacia la propia institución. En este sentido el debate que debe tener lugar, debería de tener en cuenta qué hay que hacer para recuperar la confianza de aquellos que la han perdido o al menos la sienten dañada.

    Enhorabuena y felicidades

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