descubrimiento

Publicado el 2020-10-21 In Columna - Ignacio Serrano del Pozo, José Kentenich

Contexto de descubrimiento y contexto de justificación en el carisma de Schoenstatt

Ignacio Serrano del Pozo •

Cuando se explican los motivos del exilio del P. José Kentenich, uno suele pensar que la razón última de las medidas aplicadas tiene relación con la incomprensión de parte de la Iglesia Católica hacia el mensaje profético del fundador de Schoenstatt. —

Yo, por contrario, cada vez me convenzo más de que, si bien esta tesis tiene algo de verdad, la razón de fondo para el destierro tiene que ver menos con su propuesta carismática y más con las ideas provocativas o revolucionarias en que nuestro padre fundamentó sus aciertos o sus descubrimientos: la crítica al pensar mecanicista en el obispado alemán, el apoyo del principio paternal y los actos filiales de sus comunidades, y la importancia del subconsciente para el catolicismo.  No digo que esta provocación haya sido innecesaria o imprudente, pero creo que debe distinguirse entre los hechos generados por la propuesta kentenijiana y lo esencial de esta propuesta en sí. Para explicar lo señalado puede ayudar una distinción sacada del ámbito de la filosofía de la ciencia, como es la diferenciación entre el “contexto del descubrimiento” y “contexto de la justificación”.


El descubrimiento como fruto de la casualidad o la inpiracion genial

Se cuenta que el médico inglés Alexander Fleming descubrió el efecto antibiótico de la penicilina por casualidad: observó que el hongo penicillium que había crecido espontáneamente en su desordenado laboratorio era capaz de destruir el cultivo bacteriano con el que estaba trabajando.  Más fortuito aún fue el descubrimiento del químico alemán August Kekulé, quien, incapaz de resolver el misterio de la estructura molecular del benceno, se quedó dormido mientras viajaba en su carruaje.  En medio de esa inesperada siesta, Kekulé soñó con una extraña cadena de monos danzarines que se agarraban de las manos y con una serpiente que se devoraba su cola. Increíblemente fue esa imagen onírica la que le permitió resolver el enigma que hasta entonces lo atormentaba: la naturaleza de los enlaces de carbono.

Estos curiosos acontecimientos en la historia de la investigación no solo han venido a cuestionar la supuesta linealidad lógica del método científico, sino que han impulsado a distinguir entre el “contexto del descubrimiento” y el “contexto de la justificación”. Por una parte, están los sinuosos procesos biográficos, psicológicos y sociales que han llevado a generar determinadas ideas, eventos que bien podrían ser casualidades accidentales o inspiraciones geniales; y por otro lado está la capacidad de una teoría para corroborar su veracidad o demostrar su efectividad ante la comunidad científica.

¿Qué tiene que ver esto con Schoenstatt o con el P. Kentenich?  

¿Qué tiene que ver esto con Schoenstatt o con el padre Kentenich?   Me parece que esta distinción entre un “contexto del descubrimiento” y un “contexto de la justificación” puede resultar iluminadora para diferenciar entre aquellas intuiciones kentenijinas fraguadas en la polémica con sus interlocutores o en sintonía con los suyos durante el tiempo de las visitaciones, y aquellos elementos carismáticos que permanecerán en Schoenstatt como un tesoro para la Iglesia.

Tres ejemplos concretos

Kentenich Me explico con ejemplos concretos.   José Kentenich descubrió en el informe del visitador de la diócesis alemana de Tréveris, el obispo Bernhard Stein, la enfermedad que corroía la cultura occidental: el denominado pensamiento mecanicista.  Y, por el contrario, creyó encontrar en la cultura latina una mentalidad orgánica sana y originaria.  ¿Qué sucedería si en realidad se reconsiderara que Stein no era tan mecanicista como se lo imaginó Kentenich, o se reconociese que los latinos no resultan ser tan orgánicos como los idealizó nuestro padre?  Me parece que pasaría poco. Pues ese es el “contexto del descubrimiento”.  Lo importante es que Schoenstatt encierra un mensaje que se justifica a sí mismo por su verdad: existe una mentalidad racional, idealista, separatista o desintegradora que se ha instalado en la cultura secular, impidiendo comprender el cristianismo como un encuentro personal con el Dios de la vida; y existe una mentalidad orgánica, natural, que puede dar cuenta de que las creaturas son expresión simbólica de los atributos del Creador.

Un segundo ejemplo en la misma línea: la experiencia del P. Kentenich con la incorporación de las Hermanas de María en la corriente del Jardín de María, así como los actos filiales y actos de seguimiento de sacerdotes fieles, fue indispensable para que él descubriera que las personas requieren experiencias de paternidad sensible para restablecer los procesos de religación con Dios, y halló que las mismas comunidades necesitan recrear en su seno un principio paternal/maternal de conducción.  ¿Significa esto que los actos filiales o el mismo principio paternal tan cuestionados por el visitador vaticano Sebastián Tromp son partes indispensables del carisma de Schoenstatt? No me parece. La cuestión relevante está más bien en reparar en el hecho de que en nuestra espiritualidad las vivencias de autoridad paternal sacerdotal y familiar experimentadas desde la fuerza del amor juegan un rol indispensable, pues son ellas las que nos proporcionan arraigo y la posibilidad de contacto con un Dios personal. Cuando faltan buenos padres y madres en el plano natural, es Dios mismo el que se ausenta y el mundo se enfría.

Un último y tercer ejemplo: Las devastadoras experiencias de las guerras mundiales y los campos de concentración le permitieron descubrir a José Kentenich la insuficiencia de una religión intelectual o ritualista, y la necesidad de un catolicismo que penetrase hasta los estratos preconscientes o esferas subconscientes.  En esa línea, las mismas corrientes de psicología profunda de los años 30 le confirmaron al fundador de Schoenstatt que era en el mundo del subconsciente y en la biografía de los primeros años donde se jugaba buena parte del desarrollo de la personalidad.  ¿Significa eso que nuestro carisma está orientado por esas ideas freudianas tan cuestionadas por la Iglesia preconciliar y tan criticadas por muchas corrientes psicológicas actuales?  No me parece.  La propuesta de Schoenstatt es por un hombre cristianizado hasta las raíces más profundas de la personalidad, las que bien pueden denominarse esfera subconsciente en terminología psicoanalítica o “fibras del corazón” en lenguaje bíblico.

La verdad del carisma

Llegados a este punto, alguien podría señalar que mi distinción entre “contexto del descubrimiento” y el “contexto de la justificación” aplicado a una espiritualidad como la de Schoenstatt no corresponde, pues termina desarraigándola de su tierra nutriente, silenciando las voces del tiempo y del alma de sus protagonistas, quedándome solo con algunos frutos ideales, más que con la corriente de vida que le dio forma. Efectivamente, puede que yo haya exagerado con propósitos de clarificación la distinción entre las circunstancias que dieron origen a una realidad y la cuestión de la validez o legitimidad de esa realidad. Pero creo que estas distinciones son útiles para separar el aspecto histórico que desató las visitaciones y provocó el exilio, y la propuesta evangelizadora de Schoenstatt y el mensaje del mismo P. Kentenich. Quizás hasta podamos descubrir que el Santo Oficio tuvo también buenas razones para cuestionar los fundamentos con los que Kentenich sustentó parte de su mensaje: su diagnóstico del mecanicismo intraeclesial a partir del informe de Stein, su defensa de las prácticas de filialidad o su insistencia en nociones freudianas.  Pero esos puntos en conflicto se relacionan más bien con cuestiones causales contingentes, y no contaminan la verdad de su carisma.

Estoy convencido que Schoenstatt sobrevivirá mil años más, pero no porque hayamos podido defender el contexto de descubrimiento. Ese fue solo el impulso que usó la Divina Providencia con José Kentenich para que él alzase su voz profética -misión por la que tuvo que pagar un alto precio. Schoenstatt sobrevivirá, más bien, porque se irá revelando como un camino privilegiado para reconducir al hombre hacia Dios. La verdad de esta oferta carismática se ha visto comprobada en aquellos hijos que han empezado a canonizar a su padre espiritual: José Engling, Karl Leisner, Hna. Emilie, Mario Hiriart, Hernán Alessandri, João Pozzobon, y muchos santos silenciosos más. Es esta propuesta la que justifica nuestra existencia al interior de la Iglesia.

Schoenstatt schoenstatt.org

 

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

4 Responses

  1. Estimado Ignacio Serrano del Pozo:
    Probablemente, como usted, y los otros comentaristas de su artículo, he dedicado (y continúo haciéndolo) mi vida al mundo académico, pero en particular a la investigación científica. Lo que paso a desarrollar tal vez este muy imbuido de mi experiencia personal, pero creo que debo decirlo.
    Con toda humildad creo que la única explicación del desarrollo de la ciencia es el de interpretar los mensajes de la divina providencia inscriptos en la historia personal y del objeto de nuestro diario quehacer e investigar.
    Mucha gente criticaba a Pasteur diciendo que sus descubrimientos fueron fruto de la casualidad y el respondía con un simple ejemplo, “Manzanas se cayeron desde que el mundo es mundo, solo a Newton lo llevo a desarrollar la Ley de la Gravedad.
    A cada hombre el Buen Dios lo prepara en su vida para que pueda comprender verdades que otros no llegan a ver. Y esto es plenamente cierto en el Padre Kentenich. Nada pasó en su vida por casualidad. Todo fue obra de la Divina Providencia.
    En la plática del 31 de mayo el Padre lo resume con sencillez asombrosa, él mismo sufrió en su carne la enfermedad generada por el virus del mecanicismo, y fue el amor a la Virgen quien le permitió superar esta enfermedad reinterpretando todo lo ocurrido, no solo como una anécdota personal, sino como un compendio de la Crisis de Occidente. Fue la Fe Practica en la Divina Providencia la que le fue develando el Pensar Vivir y Amar Orgánicos.
    Todo lo ocurrido entre el 20 de septiembre de 1941 y el 20 de enero de 1942 el caer de la manzana Newtoniana que le permitió ver la totalidad del Plan de Dios para su Obra, la Iglesia y el Tiempo.
    El tiempo de Dachau fue el lugar donde lo existencial corroboró su “Intuición Profética”. Leer los escritos del Padre durante su tiempo en Dachau, o durante los 4 años que precedieron a la Proclamación de la misión del 31 de mayo nos permiten ver el desarrollo de este nuevo Paradigma, el de su mensaje Profético. Cada experiencia nueva, sus viajes a África, Sudamérica y los Estados Unidos le mostraron realidades muy diversas. A veces como el contemplar distintos estadios evolutivos de un mismo desarrollo (tal vez por eso pensó en la realidad sudamericana como una forma de bautizar el desarrollo del pensar de Occidente). Otras como originalidades nuevas, pero que, a pesar de ellas, o a causa de ellas mismas, abonaban la universalidad del Pensar Vivir y Amar Orgánico para todas las culturas y para los tiempos más nuevos.
    Quiso el Buen Dios que probara su tesis en las condiciones más adversas: las de la incomprensión, la difamación y las restricciones del exilio mismo. Fue su fecunda vida en Milwaukee y la de toda la familia durante ese tiempo, la corroboración de que su profecía era real pues manifestaba el querer de Dios para Nuestra época.
    Tal vez por eso su comentario luego de la Entrevista con Pablo VI fue el de sentirse como un peregrino que había llegado a su meta.
    Interpretar el descubrimiento del Pensar y la Justificación de este como fruto de la especial serendipia del Padre no llega siquiera a rasgar la superficie de un mensaje que hemos heredado para desarrollar y plasmar una Nueva Cultura en todas sus dimensiones, y en eso coincido plenamente con Ignacio del Pozo, que durará mil años.

  2. Ignacio, muy sugerente tu análisis, como siempre.

    No obstante, lo cierto es que no me termina de «cerrar». Me quedo con la sensación de que lo importante es el mensaje final de Schoenstatt (contexto de justificación), y que la forma de llegar a él, más o menos anecdótica (contexto de descubrimiento), es muy secundaria y menos «vinculante» para nosotros.

    Pero tú mismo te das cuenta de que «alguien podría señalar que mi distinción entre “contexto del descubrimiento” y el “contexto de la justificación” aplicado a una espiritualidad como la de Schoenstatt no corresponde, pues termina desarraigándola de su tierra nutriente». Pues, honestamente, es lo que me ha pasado a mí.

    Y justamente por eso no me siento a gusto con la conclusión, que apuntas como posible: «Pero esos puntos en conflicto se relacionan más bien con cuestiones causales contingentes, y no contaminan la verdad de su carisma.»

    No creo que podamos asumir que los conflictos se circunscriben al contexto de descubrimiento. En el contexto de justificación, creo que todavía debemos permanecer abiertos a la necesidad de ejercer el discernimiento en la presencia de Dios sobre la todalidad del carisma recibido del Fundador y que nos ha sido transmitido.

    Saludos cordiales.

  3. Ignacio, interesante postura. A la vez, podría mirarse desde el impacto emocional provocado entre los interlocutores, ya que el «setirse agredido» provoca sentimientos negativos frente a los argumentos racionales del otro. Baja el nivel de empatía y refuerza actitudes de rechazo emocional-argumentativo. La relación queda en dos canales diferentes, lo cual produce un diálogo improductivo y de conflicto.

  4. Muy valioso, interesante y brevísimo análisis; es una veta que comparto. Nuestro PJK revolucionó buena parte por descubrimiento de serendipity mas que por casualidad. Su ser hondamente orgánico en un curioso equilibrio pragmático, que lo conmovía, y dogmático, exigencia autoimpuesta por la búsqueda de la verdad para la justicia. Creo que, además del psicoanálisis (1900, Europa, Freud) y el conductivismo (1900, USA, James/ Pavlov/ Watson) contemporáneos del PJK; siguiéndolo a él, es necesario avanzar al Humanismo de la Gestalt (1950, Europa, Maslow) y a lo Sistémico (1950, Europa, Minechin/ Bertalanffi) y a la Neurociencia que propone la unidad cuerpo-cerebro; biológica-vital (1990, Europa y USA, Maturana/ Varela/ Manes); tanto lo sistémico y lo unitario de la neurociencia lo habrían atraído por la coincidencia de sus teorías de lo orgánico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *