Himmelwärts

Publicado el 2022-10-21 In José Kentenich

Hacia el Padre: como escuchado por primera vez

ALEMANIA, Maria Fischer •

Sin aplausos. Silencio sobrecogedor, en el que ni siquiera se oye la famosa caída de una aguja. Martin Flesch pidió al comienzo que no se aplaudiera en las pausas y que se dejaran al final unos segundos. Para poder profundizar en la impresión personal. No hubiera sido necesario. Tanto los versos bien conocidos, tan a menudo rezados y amados del Hacia el Padre, así como los desconocidos e intensos, suenan como si se escuchasen por primera vez esta tarde. El diálogo entre las arrogantes y desesperadas voces contemporáneas y el herido y confiado José Kentenich no se queda en el momento histórico. De repente, Mariupol, Kabul y Teherán están en él y también la casa de refugiados en llamas en Solingen, abuso, cardenales y pandemia y en algún momento poco después de la mitad, yo, en este mi tiempo yendo hacia el Padre. —

“Cuando me pregunté en 2016 cómo las oraciones del  Hacia el Padre, escritas por el padre Kentenich en el campo de concentración de Dachau, podrían ser permeables y recuperar vigencia para el tiempo actual, rápidamente me quedó claro que las usaría sobre la base de un aura sonora en diálogo con las voces del tiempo», dice el autor y compositor el Dr. Martín Flesch.

Y este diálogo golpea, toca, conmueve. Histórico, biográfico, actual, personal, a la medida de cada uno, como dice Martin Flesch al principio. O cómo este diálogo en el escenario, en esta composición total, compuesta por música, palabras y gestos minimalistas, toca a todo aquel que se deja tocar. No se trata de un espectáculo con efectos de luz y color, sólo algunas imágenes, una vela y, por lo demás, sólo palabras y sonido: arpa, oboe, violonchelo, monocordio, percusión, guitarra, voz. Intenso, conmovedor, como nunca antes se había escuchado.

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Mientras, las voces del tiempo hablan sin cesar, acusan, dudan…

Mientras, las voces del tiempo hablan sin cesar: acusan, dudan, creen, relativizan, niegan y a veces quedan estancadas en el nihilismo. Los textos del Hacia el Padre defienden la seguridad existencial básica del hombre desde una fe sólida enraizada en la Divina Providencia, percibidendo la realidad inquebrantable de la trascendencia divina que irrumpe diariamente para apoyar, guiar, proteger, cobijar y – en última instancia – redimir, con todos los matices y tonos intermedios. Las voces del tiempo, basadas en los «Poemas del Gólgota» de Peter M. Behncke de 1985, no son sólo «el mundo perdido del mal»; allí resuenan la agresividad y la amargura, con las heridas, el desengaño y la ira, y con el anhelo, el amor, la esperanza, que, aplastada y hecha añicos, vuelve a encenderse. Y en la voz del padre Kentenich, a veces leve, a veces con signos de interrogación, resuenan las heridas y llagas que se han ido desvaneciendo desde hace mucho tiempo en la sombra: el nacimiento ilegítimo, la niñez sin padre, el orfanato, la soledad ineludible, las luchas religiosas dementes, los rechazos de sus superiores, sospechoso, traidor…. Esa es la historia de José Kentenich, esa es una historia con mil nombres que está fuera en el vestíbulo, en el destino de los migrantes, en los testimonios de víctimas de abuso espiritual, escrito en libros y en almas, esos son Haile, de Eritrea Mirko, de Kazajstán y Leandra, del hogar de niños de al lado.

Y la percusión golpea con fuerza.

Casi insoportable en esta intensidad. Pero antes de eso está esta canción sobre la dignidad del hombre.

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Hay dignidad en nosotros

Hay dignidad en nosotros,
que canta una canción en ti.
Descubierta sólo por tu anhelo,
que sólo el sonido despierta en ti.

Una canción, un leitmotiv, indescriptiblemente cantada en la sala por Susanne Scherer. Cuando la voz de Josef Kentenich dice en sus oraciones escritas en Dachau: «Hágase en cada instante lo que para nosotros tienes previsto…», esto sólo puede ser realizado de manera creíble por el sonido de este canto de dignidad en nosotros. “Las oraciones del Hacia el Padre son el resultado de una historia: la historia del hombre con Dios y la historia de José Kentenich con Dios Padre; por lo tanto, no son un fin en sí mismo, sino que están en un contexto que moldeó su propia vida, la vida de las personas en el campo de Dachau, pero también nuestra vida hoy.

La historia del origen de las oraciones del Hacia el Padre nos muestra que siempre existe la posibilidad de tomar decisiones que pueden cambiar profundamente nuestra vida, porque se relacionan concretamente con Jesucristo y contra el odio y la violencia de la guerra, pero también contra las mascaradas del tiempo actual.

En la decisión de José Kentenich se ve el espanto de Dachau. Él busca a Cristo y en el campo de concentración el rostro de la desesperación, la negación de la vida, la ironía, la burla y el desprecio, pero al final Cristo tiene la respiración más larga”, dice Martin Flesch.

“También nosotros, las personas del presente, que somos los primeros en dar forma a las voces del tiempo, tenemos todos los días la oportunidad de usar la espiritualidad del momento, de tomar a diario decisiones valientes. Nuestro tiempo también está repleto de situaciones de campo de concentración, adicciones, cinismo, guerra de trincheras dualista e inhumanidad; estamos experimentando una era de narcisismo”.

Pero hay una dignidad en nosotros… el canto del verdadero ser, del núcleo divino trabajando en todos nosotros, indestructible. Hay una dignidad en nosotros… una dignidad que traspasa la soledad en este canto que cierra el «prólogo», que tantos en la escuela del padre Kentenich tal vez rezan a diario: cuanto llevo conmigo, lo que soporto… te lo entrego como un regalo de amor…

¿Hemos rezado esto alguna vez acompañados de arpa, violonchelo y oboe?

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Tú nunca me dejas solo

Irrupción, contradicción, avance: el oratorio se mueve casi sin aliento en estas tres partes a través de la historia y la biografía, no sólo, de José Kentenich. Donde el hombre declaró el cielo en la tierra y la convirtió en un infierno – me regalas luz y me das fuerza… me conformas según tu imagen…

Y tu santuario, dice la canción, es nuestro Nazaret, donde se manifiesta con claridad el sol de Cristo. Esto suena tan maravilloso. Y exigiendo: Madre, haz que Cristo brille en nosotros con mayor claridad… no para nosotros, para este mundo en penumbra.

Esta voz del “Hacia el Padre” no sólo es suave y encantadora. En el «silencio, en el que nada sucede», la «palabra de Dios» golpea como un «martillo que rompe», como una «espada». Y como respuesta a los «golpes leves que sólo duelen después de años» no se trata de reposo, sino de «llevémoslo», la palabra de Dios, «con alegría hacia los pueblos».

Casi inquietante a esta misma hora, en el contexto del bombardeo de objetivos civiles en Ucrania, es la «voz del tiempo» de la paloma blanca de la paz, posándose en el techo del siglo XXI… donde no hay paz. “En grandes pesares y amargos dolores…escuchaste mi oración…; a todos los míos, que a ti se estrechan los cuidaste…Y lleno de confianza…Él me guiará a través de tinieblas…” Incluso en medio del temor del hombre frente al hombre, capaz de caminar sobre cadáveres, por el poder y las posesiones… En medio de las heridas del alma y de la fe. “Queremos servir a tu obra desinteresadamente…”. Ahora, ahora mismo.

¿Aparece la expresión “hacia el cielo” en el Hacia el Padre?

¿Aparece la expresión “hacia el cielo” en el Hacia el Padre? Sí. Pero nunca he oído nada parecido a la de esta tarde en el epílogo pascual del oratorio.

«Por todos los medios queremos arrebatar el mundo y los corazones hacia el cielo, hacia el Padre…”

Y el tiempo se detiene. Repite las palabras del Hacia el Padre, con vacilación, en silencio, con firmeza. Cristo tiene la respiración más larga. «Por todos los medios queremos arrebatar el mundo y los corazones hacia el cielo, hacia el Padre…” Arrebatar realmente.

Pasan más de los pocos segundos que Martin Flesch pidió al principio, antes de que comiencen los aplausos.

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Rosas

Al final hay rosas para los músicos, la cantante, los rapsodas, los técnicos, los patrocinadores y relaciones públicas. El Prof. Söder, del Instituto José Kentenich, agradece la composición de este oratorio con motivo del 50 aniversario de la institución.

Resuenan unas palabras de la introducción que hizo Martin Flesch: “En todas partes escuchamos hoy la pregunta: ¿Cómo debería ser el futuro de la Iglesia?

¿No deberíamos más bien estar discutiendo la cuestión de cómo debería ser realmente la persona del futuro que da forma a la Iglesia y busca un hogar en ella?

¿Más bien sumisa, sacrificada hasta la abnegación, endurecida y luchando por un ideal inalcanzable, pero inestable, vacía y depresiva, o más bien introspectiva, responsable, empática, compasiva y vulnerable, pero llena de esperanza? Las voces del tiempo muestran fácilmente lo difícil que es seguir el camino de Jesús con todas sus consecuencias”.

Pesado. Brutalmente pesado, como los golpes duros de la percusión. Pero en él suenan los tonos del arpa, del oboe, del monocordio, de la guitarra y del violonchelo y el canto del verdadero yo. Hay dignidad en nosotros…

«Por todos los medios queremos arrebatar el mundo y los corazones hacia el cielo, hacia el Padre…”

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Original: alemán, 18.10.2022. Traducción: Paz Leiva, Madrid, España

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1 Responses

  1. Tu escrito es una Poesia Maria ,felicitaciones … , «el Hacia el Padre..» de eso se trata es una Poesia de Amor ,que se antepone a la barbarie de ese tiempo que le toco vivir a él y del que nos toca vivir hoy a nosotros ,celebro tus palabras Maria ..es el camino como tu dices preocupémonos del Hombre Nuevo ,el que nos llevará a la Iglesia de las Nuevas Playas .,pero insisto «ya esta el proyecto»…..solo hay que ver en clave de solfa y ayudar a construir la partitura final ,se que tanto Pallotti como kentenich tuvieron la visión, y nos regalaron esta obra…no la desperdiciemos por favor!

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