Libro Alexandra von Teuffenbach

Publicado el 2021-04-11 In José Kentenich

Sobre el libro “El Padre puede hacerlo” de Alexandra von Teuffenbach

Por Patricio Ventura-Juncá, Chile •

La lectura de la reciente columna de Pedro Rosso: “Una reflexión sobre los antecedentes relativos a la integridad moral y concepto de autoridad espiritual del fundador de Schoenstatt”, me llevó a leer el libro y hacer un aporte para su comprensión.—

IConsideraciones previas

Estas reflexiones las hago desde mi experiencia como profesor de Bioética y, en los últimos años, miembro de un comité ético-científico universitario.

  1. El objetivo del libro

Libro: El padre puede hacerlo

Libro: El padre puede hacerlo

Para comprender cualquier estudio lo primero que hay que hacer es preguntarse por el objetivo que tiene, lo que a veces se expresa como pregunta. Von Teuffenbach facilita la tarea pues en la pág. 3 lo formula: “¿Cómo se puede promover un proceso de beatificación para alguien de quien se sabe que hizo a las mujeres dependientes, las humillaba, abusaba de ellas y nunca depuso esta actitud, al contrario, la defendió hasta el final? ¿Cómo se puede presentar a este hombre, este sacerdote, a los cristianos del mundo como un ejemplo, como un modelo después de lo que hizo y dijo?[1] Esta es la clave para comprender la finalidad de su libro. Se trata de detener el proceso de beatificación por medio de la publicación de testimonios escogidos sobre el padre José Kentenich, que mostrarían que él fue un sacerdote que abusó psicológica, espiritual y también, en algunos casos, sexualmente, de algunas hermanas de María. Esto lo habría realizado haciendo un mal uso de su autoridad, abusando de la confianza y cariño en él depositados. Por esta razón, no se trata solamente como ella dice en la introducción en pág. 9: “La presente publicación es una documentación. Sólo hay ladrillos para la construcción de una biografía de la Hna. Georgina Wagner”.

Confirmando lo expuesto, von Teuffenbach dijo en el mismo sentido que: “si se quiere continuar en Tréveris con la causa de beatificación, solo puedo confiar en que la Congregación para la causa de los Santos tendrá en cuenta la verdad histórica”[2] (aquí se refiere a carta del Cardenal Ratzinger de 1982 que, posteriormente, él mismo complementó en 1983).

Es necesario señalar que Alexandra von Teuffenbach quedó muy conmovida con el testimonio de la ex hermana Georgia y de otras hermanas, lo que sin duda estuvo en el principio de su involucración en este tema.

  1. El uso de información confidencial.

"El padre puede hacerlo"

«El padre puede hacerlo»

Aquella a la que sólo puede acceder un pequeño conjunto de personas, dada la naturaleza, delicada o privada de los datos contenidos en ella. En este caso se utilizaron fuentes (testimonios) no accesibles a la mayoría de las personas. Los documentos provistos (testimonios) en el libro provienen fundamentalmente de dos sitios.

El primero son archivos del Archivo Apostólico Vaticano, disponibles desde principios de 2020, en que se desclasificaron los documentos que cubren el pontificado de Pío XII y que son accesibles para  científicos, investigadores e historiadores que solicitan la admisión en las salas de estudio del Archivo Vaticano.

La segunda fuente, son copias de testimonios jurados en el proceso de beatificación del padre José Kentenich, que son la mayoría de los testimonios del libro. Estos los obtuvo la autora de los archivos de la Provincia de los Palotinos en Limburgo a los que el padre Manfred Probst SAC le dio amplio acceso.  Así lo expresa ella:  El P. Probst no sólo me abrió la puerta de los Archivos Provinciales de los Palotinos en Limburgo, sino que también me apoyó con mucha información y con su expreso interés en mi trabajo.  De estos archivos obtuvo copias de los testimonios jurados de algunas ex hermanas y sacerdotes palotinos en contra el padre José Kentenich realizados en el proceso de beatificación hasta el año 1986. Entre estos destacan principalmente los de la Hermana Georgia. También hay de otras hermanas y de los padres Ferdinand Schmidt y Heinrich Köster, y Heinrich Schulte, todos de similar tenor.

Es una antigua conducta que los testimonios dados en los procesos de beatificación se mantengan bajo secreto, confidenciales para que los testigos puedan hablar con libertad y poder exponer aspectos delicados que pueden ser vergonzosos. Una segunda razón es evitar que se publiquen los testimonios en los medios de forma de influir en el proceso de beatificación. Puede que la publicación de los testimonios seleccionados por von Teuffenbach no transgredan la letra de algún texto canónico, pero en mi opinión, sí el espíritu.

Respecto al tema de la confidencialidad me viene a la memoria el encuentro que tuvimos el año 1994 en Tréveris con monseñor Nacken, encargado del proceso de beatificación del padre José Kentenich por el obispado de Tréveris. El Dr. Nacken conocía todos los testimonios aquí expuestos que, con seguridad, ya habían sido analizados en el proceso. Éramos 6 matrimonios de 4 países de Latinoamérica, todos fundadores de la Federación de Familias en sus respectivos países. Nuestro objetivo era consultar sobre el desarrollo del proceso de beatificación y qué podíamos hacer para acelerarlo. El Dr. Nacken nos dio una cálida acogida, pudimos tener una larga conversación sobre varios temas. En cuanto a la beatificación nos explicó bastante de como seguía el proceso, que después de Tréveris debía pasar a Roma y el rol del llamado “abogado del Diablo” el cual debía presentar todas las objeciones respecto al candidato. Respecto a los detalles del desarrollo de éste, dijo que no podía hablar pues estaba bajo secreto. Con mucho interés nos dijo que por supuesto podíamos enviarle como laicos testimonios (milagros) de conversión pero que ahora lo más importante para acelerar el proceso era que el padre José Kentenich obrara un milagro físico.

Lo expuesto en los puntos 1 y 2 es importante tenerlos presente porque conllevan una dimensión científica y ética.

¿Es mi intención centrarme en el proceso de beatificación? No, para eso hay personas competentes, la Iglesia hablará cuando corresponda. Por eso, la siguiente cita del padre José Kentenich: “De este mismo tenor fue también el comentario que ya antes me hiciera el P. Tromp: si ahora se me deponía de mis cargos, podía contar entonces con ser canonizado en el futuro. Que así les pasó a muchos otros que se encontraban en una situación similar. Mi respuesta es la misma: Lo que me interesa es la canonización de la verdad. Todo lo demás es para mí, en un primer momento, cosa secundaria. (Esto ocurrió en abril/mayo de 1951).» (Apología pro vita mea, 108)

Archivo Apostólico Vaticano

Archivo Apostólico Vaticano

IIEl contenido

Independiente de lo señalado, hay que decir que los testimonios están ahí.  Y deben manejarse con el debido respeto.

La percepción e interpretación de actitudes y dichos del padre Kentenich por esas hermanas son impactantes y aterradoras. Éstas se refieren a ciertas costumbres, principalmente al llamado “Examen del niño”, y a posturas corporales específicamente a la llamada “Postura del Monte de los Olivos”.  A esto ya me referí en mi testimonio publicado en julio del 2020 en este mismo portal.  Lo nuevo es el detalle escrito de los testimonios relacionados a la interpretación de los dos aspectos mencionados.  Es importante para quien quiera conocer el sentido auténtico de estas costumbres, referirse a los escritos del fundador y a los muchos testimonios de otras Hermanas de María respecto a ellos. El padre José Kentenich fue forjando su personalidad a lo largo de su vida, fue un ser humano como todos nosotros que seguramente cometió errores y se equivocó. En mi experiencia me encontré con un hombre muy humano y religioso, sencillo, de una gran humildad, profundamente respetuoso que transmitía paz y alegría de vivir.

Una clarificación desde la ética que puede ayudar, referente a estas dos costumbres es la distinción entre un acto físico, como puede ser postrarse en el suelo. Lo que le da el valor moral es la intención con que se hace o se solicita hacerlo. En la tradición de la Iglesia pretende expresar la completa entrega a Dios. Pero en otras situaciones puede significar un castigo para un delincuente. Es la intención la que da la valoración de bondad o maldad al acto físico. Esto vale para evaluar las tres costumbres de la Hermanas de María que se han mencionado, las que pueden haber sido interpretadas fuera de su sentido original.

El libro incluye, además, testimonios negativos de sacerdotes que fueron en un tiempo cercanos al padre Kentenich, como los padres H. Schulte, H. Köster y F. Schmidt que se refieren principalmente a lo mismo que las hermanas, agregando otros aspectos negativos de su personalidad como desobediencia, tozudez, abandono a personas que le fueron cercanas. Un buen resumen es el testimonio del padre Köster al final del libro. Éste compila gran parte de todo lo dicho en páginas anteriores. Sabemos que estos tres sacerdotes fueron grandes opositores en el tiempo de la visitación, en la comunidad de los palotinos y en el proceso de beatificación. Ellos según relato del fundador, propagaron hechos y rumores falsos sobre integridad moral del padre Kentenich especialmente entre los palotinos.

III ¿Cómo avanzar respecto a esta difícil situación?

Sin duda que estos testimonios producirán preguntas y dudas en personas del movimiento de Schoenstatt, porque se contraponen de forma impresionante a lo que fue la vida del padre José Kentenich, su pensamiento, su forma de actuar y de amar a lo largo de toda la historia de Schoenstatt y también al testimonio de innumerables personas a quienes ayudó a emprender su camino hacia Dios. Se trata de hombres y mujeres, sanos y enfermos, jóvenes, adultos y ancianos, testimonios que, con seguridad, existen también en los documentos del proceso de beatificación. Por eso lo primero, en mi opinión, es profundizar en la vida y escritos del padre José Kentenich y en el testimonio de quienes lo conocieron personalmente. También están disponibles numerosas biografías del padre José Kentenich, incluyendo una escrita por alguien que no es schoenstattiano (REBELDE DE DIOS, Christian Feldmann, Ed Patris 2011).

Considero que no es posible pretender evaluar o refutar los contenidos de los testimonios pues no somos los indicados ni está disponible la información requerida. En mi opinión, tal evaluación llevaría a un intercambio público de opiniones sobre solo algunos testimonios del proceso de beatificación, que no despejarían las preguntas que de ellos surgen. La confidencialidad del proceso de beatificación, como señalé antes, tiene como una de sus finalidades evitar que den lugar a una discusión en “la plaza pública sobre la validez del proceso”.

Hoy se abre un nuevo camino para abordar este tema de forma seria y abarcadora. Si bien estos testimonios ya han sido procesados por la comisión histórica del proceso diocesano de beatificación, el obispo Ackerman, de Tréveris, ha convocado a una comisión independiente de expertos que incluye académicos, historiadores (en un primer momento) y luego a psicólogos y educadores, de forma que: “Los peritos volverán a examinar el material documental existente, pero agregando otra documentación que hasta hace poco no había sido accesible, con miras a obtener un panorama abarcador y serio de las cuestiones que se han planteado, atinentes tanto a la integridad moral como a la concepción de autoridad espiritual del fundador de Schoenstatt”.  En mi opinión es lo que corresponde desde una perspectiva, científica, ética y religiosa.  Con esto doy por terminado mi comentario sobre el libro.

Independientemente de lo dicho, sin duda es tarea de cada comunidad de nuestra Familia de Schoenstatt reflexionar sobre la forma de cómo procesar esta nueva información, escuchar y discernir lo que la Providencia inspira a este respecto.

IVUn comentario a las reflexiones de Pedro Rosso

Pedro Rosso mencionó en sus reflexiones algunos aspectos que le llaman la atención. Sobre éstos hemos tenido un fraterno y respetuoso intercambio por correo en que no hemos estado de acuerdo. Debo decir que con respecto a lo que me refiero a continuación, Pedro me expresó que eran solo elucubraciones personales que no consideraba importantes. Como éstas ya han sido publicadas considero necesario escribir algo de lo que le manifesté privadamente.

Estas reflexiones se refieren a hechos que sugerirían en el padre José Kentenich una personalidad narcisista:

a) Una tendencia a referirse a sí mismo en tercera persona: En psicología se comenta que esto es frecuente en personas narcisistas, pero advierten que son hipótesis ya que cada caso en particular requiere su propio análisis. Que esto corresponda a un rasgo narcisista en el padre José Kentenich me parece muy alejado de la experiencia de quienes hablamos con él. Yo, al revés, creo que el padre lo hacía para evitar aparecer el yo en primer lugar y destacar su actitud paternal. Lo creo, porque lo experimenté en mis numerosas conversaciones con él.

b) la incapacidad para reconocer los dolores provocados en otros por sus dichos y acciones Aquí se recoge una parte del testimonio del padre Köster en el proceso de beatificación. Esta afirmación puede ser fácilmente refutada por numerosos ejemplos y testimonios que no es del caso citar.

c) “alentar el culto a su personalidad”: Es una interpretación posible fuera de contexto. El lugar del padre José Kentenich en la Familia de Schoenstatt, no solo como Fundador, sino también como padre especialmente se desarrolló en Dachau y posteriormente. Antes el padre José Kentenich no permitía que le tomaran fotos ni otras cosas, él se dio cuenta que aquí había una voz de Dios para el tiempo. Sin duda puede haber interpretaciones erradas, yo conversé de esto con él. El tema de fondo es la importancia de las causas segundas y de la paternidad en la cultura de hoy. Por eso pienso que es una visión profética del padre José Kentenich si miramos el panorama actual de la Iglesia y del mundo. Tema muy actual que han destacado los papas Benedicto y Francisco señalando que la crisis de la paternidad es hoy uno de los grandes males en la Iglesia y el mundo. Nada tiene que ver esto con una concepción patriarcal de la paternidad como lo señaló tanto el padre José Kentenich como ambos papas. Basta leer el evangelio y las oraciones de la liturgia para darse cuenta de la centralidad de la paternidad. El padre José Kentenich repetidamente acentuó la importancia que tienen las experiencias primarias de paternidad en la familia y después en las comunidades, para reconocer vitalmente la verdadera imagen de Dios que nos trae Jesucristo.

d) “la exageración de sus logros (“A la sombra de este santuario se codecidirán los destinos de la Iglesia y del mundo por siglos”): Es una la interpretación entendible si se toma en forma aislada, pero equivocada si se considera el contexto de la historia. Primero, hay que decir que el padre José Kentenich nunca consideró el Santuario ni la obra de Schoenstatt como un logro personal, esto sería no entender nada de la historia de Schoenstatt. Siempre buscó señales para poder llegar al convencimiento de que Schoenstatt era una obra especialísima de Dios para responder a las necesidades del tiempo. Respecto a la influencia que Schoenstatt tendrá sobre la Iglesia por siglos, la historia lo dirá. Sin duda que hasta ahora no se ha dado con la intensidad de esa frase. Lo que para mí es claro, es que el carisma de Schoenstatt, especialmente después del Concilio Vaticano II va apareciendo en distintas formas en la vida de la Iglesia y de diversas comunidades, por acción del Espíritu Santo. Ejemplo de esto es: la valoración de todo lo humano y su relación con lo sobrenatural, la importancia de la libertad en la educación y la necesidad de educar a la totalidad de la persona, no solo el intelecto y voluntad, el rol de los laicos y su autonomía, entre otras materias. El Espíritu Santo sopla donde quiere.

e) “la exageración de sus talentos, como el considerarse profético y hablar con total convicción de su ‘misión de profeta’ y otras situaciones que llevan a pensar en una expectativa constante de elogios y admiración. Un trastorno de personalidad de esa u otra naturaleza, sin duda, puede inducir conductas anómalas”. Sin duda que el padre José Kentenich estaba convencido que tenía una misión profética. Esto es opinable, como lo fue el caso de todos los grandes fundadores que dieron respuesta a su época. Yo, y la mayoría de los schoenstattianos, creemos que su carisma ha sido profético para nuestro tiempo. Con más distancia se podrá apreciar esto, la historia debe hablar. Ahora que en esto influyera un deseo de buscar elogios, nada más distante de sus actitudes, escritos y de mi propia experiencia personal con el padre José Kentenich.

VOtra pregunta que ha circulado en la familia de Schoenstatt a raíz de este libro: ¿Cuál fue la causa de su envío al exilio y por qué esto se mantuvo en secreto?

En relación con la causa de su separación de la Obra y el envío al exilio quedan interrogantes. Sabemos que la carta del 31 de Mayo (epístola perlonga) enviada al Visitador diocesano, el obispo Stein, en respuesta a sus observaciones, fue muy mal recibida por él y por los obispos alemanes. Tampoco fue bien recibida por el Visitador del Santo Oficio, el padre Sebastián Tromp, el cual ordenó que ésta se eliminara. ¿Qué peso tuvo esto en la decisión de enviarlo al exilio? No lo sabemos. Pero, sin duda, influyeron también otras cosas. De lo que hasta ahora sabemos, al Visitador le parecieron muy mal las relaciones del padre José Kentenich con las hermanas de María. Específicamente el tema de las posturas corporales y del examen del niño. Todo esto lo prohibió y mandó a eliminar las conferencias de Quarten de 1950 que explican el auténtico sentido de estas costumbres. Hay menciones, en escritos del fundador y de personas cercanas a él, de que la principal objeción del Visitador habría sido una interpretación de estas costumbres a la luz del psicoanálisis de Freud en su visión pansexualista. Este es un tema que debe ser estudiado y documentado con más detalle del que hasta ahora conocemos. El padre José Kentenich quedó convencido de que esta fue la principal causa de su alejamiento de la Obra. De esta acusación no supo hasta los finales de su exilio.  No hay documentos sobre acusaciones que pongan en duda su integridad moral. Tanto es así que ni el Visitador ni las hermanas que lo acusaban la pusieron en duda. De esto da testimonio una carta del padre Turowski al Santo Padre también citada por Teuffenbach que dice: Más importante me parece la observación que me hizo al respecto el visitador, en presencia del P. Wilhelm Möhler, S.A.C., después del interrogatorio de esta hermana (yo mismo hice posible que tuviera lugar el interrogatorio): «Pero debo decir esto: todas las hermanas, que han testificado alguna vez contra el padre Kentenich, defienden al unísono la integridad del padre Kentenich.[2]

Mientras no se tenga información, quedará la duda de cuánto influyeron en la decisión del Visitador las acusaciones de las hermanas.

En relación con lo recién expuesto, está la pregunta de por qué se habrían mantenido en secreto algunos de estos hechos. Aquí lo importante es escuchar a la gente que tiene esta opinión, precisando mejor qué es lo que se cree que se ocultó. Para aclarar esto, ayuda referirse a lo que acabamos de exponer en cuanto a las causas del exilio.  Puedo decir que, en mis testimonios sobre el padre José Kentenich, a menudo me referí a estas acusaciones e interpretaciones del padre Tromp respecto al psicoanálisis y pansexualismo delante de laicos de distintas ramas del movimiento. Pero el hecho, es que, en general, no hubo mayor interés en ahondar el tema. Pienso que se debió a que el Santo Oficio y el Papa habían liberado al padre José Kentenich de todo, en diciembre de 1965 y no tenía sentido darle más vueltas al asunto.  Lamentablemente como al padre José Kentenich no se le hizo un juicio como él quería, queda como tema pendiente a documentar.

¿Qué ocurrió en la reunión del Santo Oficio en diciembre del 1965? Lo que se sabe es que el Santo Oficio traspasó la causa del padre José Kentenich a la Congregación para los religiosos, con lo cual los decretos quedaban sin efecto. Se puede pensar que, por la forma de actuar del Santo Oficio, éste se desdijera explícitamente y tuviera que disculparse por no haber actuado bien.  Más información se tendrá cuando los documentos de esa época sean desclasificados. El hecho cierto es que el padre Kentenich pudo volver a Roma, a Schoenstatt y asumir todas sus funciones en el movimiento, en las Hermanas de María y ser recibido en audiencia por el Papa Pablo VI.  Todo esto es muy conocido.

Para finalizar estas reflexiones vale consignar lo que el padre José Kentenich escribió sobre el proceder del Santo Oficio referente a las acusaciones: “Es de temer que todo el caso – cuando sea conocido en su desnuda realidad en el ambiente eclesial – ocasione múltiples daños a la Santa Sede. Sobre todo, podría servir para incrementar el descontento frente al Santo Oficio, que en todo caso no es menor, porque el acusado nunca fue informado sobre la acusación, ni mucho menos escuchado, sino simplemente y sin más, condenado”.

Es posible que esto haya tenido influencia en el valiente y famoso discurso que, pronunciara en sesión de noviembre de 1963 en el Concilio Vaticano II, el cardenal Frings, quien conocía el caso del padre José Kentenich. Refiriéndose al Santo Oficio dijo: “su modo de proceder no se corresponde en muchos aspectos a nuestra época y que, además de perjudicar a la Iglesia, escandaliza a numerosas personas”. Y que es indispensable “que tampoco en esta congregación nadie sea acusado, juzgado o condenado… sin que el interesado conozca previamente los argumentos que se aducen contra él o de su libro”[3]  Esperemos que esto no se repita en la Iglesia.

 

VIConclusión

Hoy pienso que el desafío es asumir el servicio a la Iglesia, tal como se lo prometiera el padre José Kentenich a Pablo VI, ahí en los lugares donde la Providencia nos ha puesto, redoblando nuestro compromiso con mucha más generosidad y acción que hasta ahora. “Amó a la Iglesia”, reza el epitafio de la tumba del P. Kentenich. Fue para esto que Dios inspiró la fundación de Schoenstatt.

Nuestra convicción es que todo Schoenstatt nació de la Alianza de Amor, todo es obra de María, la Madre del Señor, para responder a las necesidades del tiempo. A Ella que es la fundadora le repetimos: “Nada sin Ti, nada sin nosotros”, es tu misión, ¡Clarifícate!

 

[1] Carta a Sandro Magister, Agosto 2020
[2] El padre puede hacerlo. Pág. 97
[3] N. Trippen, Josef Kardinal Frings (cf. supra, nota 4)

Patricio Ventura Juncá

Patricio Ventura Juncá

Patricio Ventura Juncá, médico, especializado en Pedriatría y Neonatología, y Licenciado en Filosofía. Profesor y miembro honorario de la Facultad de Medicina de Universidad Católica de Chile. Ex Jefe del Departamento de Pediatría y ex Director del Departamento de Bioética UC.  Miembro Ordinario de la Academia Para la Vida, nombrado por el Papa Juan Pablo II y miembro del Consejo Directivo durante cinco años.

Miembro del Movimiento Apostólico de Schoenstatt desde 1954. Conoció al P. Kentenich en 1963, en Milwaukee. Miembro de la la Federación Apostólica de Familias desde 1972 hasta la actualidad junto a María Domínguez Covarrubias.

 

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14 Responses

  1. Eduardo Arnouil dice:

    Me parece importante ir a schoenstatt.cl para encontrar en español «informaciones, comunicados, textos y reflexiones acerca del cuestionamiento en torno a la persona del P. Kentenich» y a schoenstatt.org para hacer precisiones que Patricio no hace.
    Patricio afirma: «Pienso que se debió a que el Santo Oficio y el Papa habían liberado al P. Kentenich de todo, en diciembre de 1965 y no tenía sentido darle más vueltas al asunto…» (interpretaciones del P. Tromp respecto al psicoanálisis y pansexualismo).
    A raíz de la decisión del P. Kentenich de dejar la SAC (tomada el 17 de setiembre, 1965 – el día en que llegó a Roma) y buscar un obispo benévolo para incardinarse como sacerdote diocesano, el Santo Oficio transfirió la causa Kentenich a la Congregación para los religiosos el 22 de octubre, 1965, fecha que entendemos como el cuarto hito en la historia de la Alianza de Amor.

    Otro ejemplo: «Qué ocurrió en la reunión del Santo Oficio en diciembre de 1965.
    Lo que se sabe es que el Santo Oficio transfirió la causa del P. Kentenich a la Congregación para los religiosos, con lo cual los decretos quedaban sin efecto.»
    En relación a la rehabilitación del P. Kentenich está la visita del P. Francisco Javier Errázuriz al cardenal Ratzinger, prefecto del Santo Oficio y el intercambio posterior de cartas (1983). También, el intercambio del P. Kentenich con el obispo auxiliar Tenhumber. (Diario, 1962-1965). Solo existe una rehabilitación tácita.

  2. Miguel González dice:

    Fe de erratas: debe decir «el trato dado a las hermanas», no a «los autores».

  3. Miguel González dice:

    Fe de errata: quise decir «el trato dado a las hermanas», no a «los autores».

  4. Juan Enrique Coeymans Avaria dice:

    a) Muy sólido el análisis del Dr Patricio Ventura.- Juncá. Es siempre importante encontrar el objetivo de un libro, un paper o un comentario. En este caso la investigadora lo declaró, así que no hay nada que presumir.

    b) Hay un hecho que nadie ha recordado: el Padre Tromp fue encargado por el Santo Oficio de averiguar muchas cosas en Schoenstatt. El deber del padre Tromp es haber entregado todas las conclusiones de su investigación al Santo Oficio, y no escribirlas en documentos que pasaran a ser secretos del archivo Vaticano. Sus Informes no eran para un archivo, sino para los que le encargaron a eriguar.
    Los miembros del Santo Oficio accedieron con seguridad (lo otro sería un comportamiento raro del Padre Tromp) a lo que investigó el Padre Tromp, de manera que al menos para los miembros del Santo Oficio en esa época, como para los actuales, la investigadora, no descubrió nada nuevo que no hubiera estado en conocimiento de quienes debían saberlo.

    c) Finalmente me parece raro que en el proceso diocesano de beatificación, no hubieran accedido
    a lo que el Santo Oficio conocía., más aun cuando el Santo Oficio dio el Nihil Obstat ( hasta donde sabemos) para iniciar el proceso diocesano

    • Eduardo Arnouil dice:

      Como resultado de los informes del P. Tromp – como visitador apostólico de Schoenstatt (1951-1953) – entregados al Santo Oficio, se promulgaron los decretos y se dictaron las disposiciones que conocemos.
      Los archivos del Vaticano en relación al gobierno del Papa Pío XII se sellaron a su muerte (1958).
      Sin embargo, la SAC y las Hermanas de María tuvieron acceso a la documentación dirigida al P. Kentenich a través del Superior General de la SAC, primero el P. Turowski y después el P. Möhler.
      Por esta razón estos archivos son accesibles en la casa general de la SAC en Roma y en las casas provinciales en Limburgo y en Milwaukee.

    • Algunos comentarios:
      -Sobre el punto «b»: Los mecanismos de archivos en todo lo vinculado a la Santa Sede tiene procesos complejos de secreto que es en sí para una investigación sociohistórica como han operado. Y más complejo aún en la época preconciliar. Por tanto no podemos asegurar con certeza que la vía usada por Tromp fue la señalada.
      Las «muchas cosas» que el Santo Oficio buscaba investigar, de igual forma, aún se debe investigar más aún sobre su sentido y las causales que aún no tenemos claridad.

      -Sobre el punto «c»: Ante la consulta al Santo Oficio, éste habría indicado que podría iniciarse el proceso porque no habría antecedentes disponibles en ese momento para la apertura diocesana de la causa de Kentenich. Es posible que algunos (o muchos documentos) estaban en la parte secreta del pontificado de Pío XII que recién ahora están disponibles por mandato de Francisco (y son los investigados por la dra. Von Teuffenbach). Además debe recordarse que el inicio diocesano de un proceso es solamente que se parte la investigación sobre la vida y posible santidad de un fiel cristiano con fama de ejemplaridad, no implica de modo alguno que se asegure la heroicidad de sus virtudes, la que es competencia del Romano Pontífice, ya pasada y superadas 2 fases: la local diocesana primero y luego la romana en la Congregación de la Causa de los Santos. Recién ahí se inicia formalmente la investigación de curaciones extraordinarias que podrían ser consideradas milagrosas por Roma, base para la beatificación y luego para la canonización. Hay múltiples causas que no han avanzado, otras que se han olvidado por falta de devoción o de interés de las partes interesadas, otras que se paralizaron un tiempo para ahondar más en la vida (como la de Mons. Romero, hoy ya Santo) y otras que han sido cerradas definitivamente (algunas escandalosas medianamente recientes como la de «Mamá Maurita», madre de M.Maciel que fue una causa forzada y otras peores como la de Germán Doig de los Sodalicios en que su fase diocesana se descubrió abusos a niños y jóvenes).
      Para sumar complejidad: un último caso particular, y creo único, es la del Venerable Mons. F.Sheen de EE.UU. en que todas las fases se cumplieron, el Papa Francisco firma el decreto del milagro y a semanas de la ceremonia solemne de beatificación en 2019, ésta es suspendida por Roma y se aplaza aún sin fechas para investigar posibles encubrimientos de éste de abusos. Caso que sigue abierto.

  5. Lena Castro Valente dice:

    Todos pensamos, meditamos, elaboramos razonamientos, formamos nuestras opiniones basándonos en el «archivo» de conocimientos y experiencias que hemos «almacenado» a lo largo de nuestra vida. Por lo tanto, cualquier opinión que expresemos es SUBJETIVA cuando nos referimos a temas fuera de nuestro campo específico de conocimiento o cuando carecemos de los datos esenciales, proporcionados por el pleno conocimiento del hecho y su contradicción.

    • Estimada Lena: 2 comentarios:

      -Uno racional científico: Caer en un subjetivismo es en extremo peligroso porque el rol de las metodologías de las Ciencias Sociales es tratar de disminuirlo a través de diversos instrumentos (trabajo en el área, en docencia universitaria e investigación social) por lo que no es fácil resumir. Si tenemos una concepción subjetivista podemos hasta justificar las brutalidades nazis o de las dictaduras militares: científicamente los hechos son indesmentibles, comprobables y aberrantes; una concepción ética jamás podría avalarlos. Igualmente las fuentes secundarias son claves para todos estos análisis de hechos pasados. Si no fuese así no podrían existir las Ciencias Sociales en general y la Historia en particular, la que existe como licenciatura , magister y doctorado en gran parte de las universidades del mundo.

      -Desde la fe: hay actos intrínsecamente malos (como los mencionados crímenes de regímenes dictatoriales) que aunque puedan y deben ser contextualizados culturalmente nunca podrán tener justificación por su gravedad. Así lo pecaminoso deja de ser sólo individual y pasa a ser lo que Juan Pablo II llama «pecados sociales». A su vez el considerar todo subjetivo (que es valioso pero su límite es la dignidad de las personas, los Derechos Humanos fundamentales, que hoy son parte de la Doctrina Social de la Iglesia) se podría caer caer en lo que J.Ratzinger, el gran Benedicto XVI, llamaba «la dictadura del relativismo» en que en sus palabras: «(…) Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos.» (Homilía como Cardenal del 18 Abril 2005 en Misa «Pro elegindo Pontifice» disponible en la web vaticana: http://www.vatican.va/gpII/documents/homily-pro-eligendo-pontifice_20050418_sp.html ).

      • Lena Castro Valente dice:

        Estimado Alejandro le pido qué vuelva a leer mi comentario. Al final hablo de 2 excepciones.
        No hay subjetivismo cuando se habla del holocausto, de la hambruna en muchas partes del mundo, de la pederastia de los curas en Chile, de las violaciones en la India, de las primeras y segundas guerras mundiales, por poner algunos ejemplos.

        Sin embargo, hay subjetivismo cuando hablamos de cosas que no conocemos, de las que no hemos sido testigos y de las que sólo conocemos una versión. Hablar de temas conflictivos se ha puesto de moda para desestabilizar la sociedad y ganar dinero sin aportar ninguna solución al asunto. Gracias por su comentario. Le deseo lo mejor.

  6. Un artículo interesante, al que deseo sumar algunos comentarios, desde mi propia experiencia y de mi formación en Ciencias Sociales (soy sociólogo e investigador social):

    – Al citar que la Dra. Von Teuffenbach en su investigación habría violado el «espíritu del texto canónico»: ¿De qué forma? ¿Cómo? ¿Hay trabajo formal y recto y otro informal y torcido vinculado a este «espíritu»?

    -Se indica que en 1994 al dialogar en Tréveris con monseñor Nacken se menciona explícitamente al «abogado del diablo» en el proceso de Kentenich: En primer lugar este es un apelativo popular y nunca fue un nombre formal en proceso de beatificación alguno. Además desde la reforma de 1983 (es decir una década después del 94) de estos procesos, por Juan Pablo II, ya no existe como tal sino como «Promotor de justicia» con otras funciones . Para esto ver arts. 56-58 sobre «Promotore de giustizia» de la Instrucción «Sanctorum Mater» de la Congregación de la Causa de los Santos en su web vaticana , disponible hoy sólo en lengua italiana, en: http://www.causesanti.va/it/documenti/sanctorum-mater-italiano.html .

    -Es innegable que muchas personas conocieron a un J.Kentenich cercano, amable y con muchos rasgos vinculado a la santidad cristiana, como se indica en la personal experiencia del autor de este artículo. Esta experiencia es altamente probable que sea sincera y franca, pero es una percepción subjetiva (valiosa para la persona y su círculo) pero no puede ni debe universalizable. Para eso están los mecanismos eclesiales de investigación para ver al posible santo en todas sus esferas y analizar si objetivamente vivió las virtudes cristianas en grado heroico permanentemente y no parcialmente o con algunas personas sí y con otras no, como es muy posible sea éste el caso, no por subjetivismos emotivos sino por la prueba sólida de la investigadora italiana. Dejemos que Trier avance y lo clarifique. Y que Schoenstatt tenga la altura y madurez para asumir todo en la humildad, la verdad… y la reparación.

    -Podrían mencionarse, con fuentes verificables, los testimonios citados a favor de la inocencia de Kentenich. Lo que implicaría que Von Teuffenbach estaría cometiendo una falta gravísima a la verdad y a la caridad: la calumnia, agravada con publicaciones hoy de alcance mundial. ¿Es esto así? Que existan múltiples testimonios de la (supuesta) santidad de Kentenich, no invalida ni niega las acusaciones graves de esta autora. Hasta ahora no hay publicación alguna seria que invalide lo que ella indica, incluso aunque uno solo de esos hechos sea cierto es motivo para el cierre de la causa de beatificación por parte de la Iglesia y una revisión honda de toda la estructura de Schoenstatt.
    No olvidemos el caso reciente de EE.UU, sin relación alguna con las investigaciones de V. Teuffenbach.

    -Se menciona la necesidad de una curación (inexplicable para los criterios médicos actuales, instantánea, duradera y sin intervención clínica o de existir ésta incompatible con la cura por la gravedad del caso, hablamos de situaciones graves, no de curas espirituales… ni de resfríos comunes) para poder ser investigada como posible milagro de la intercesión de Kentenich. Hasta lo que sabemos ésta no ha ocurrido en ningún lugar aún: En esto en mi percepción personalísima hasta habría un signo : sin esta curación, que es la confirmación divina de la santidad de un Siervo de Dios, no es posible la beatificación por tanto en este caso tampoco sería santo.

    -Por último aunque lo relatado es valioso es un testimonio subjetivo y emotivo, pero carece de solidez argumental, como sí la del Dr. Rosso (aunque discrepaba en la conclusión como indicaba en mi opinión de su artículo).

    Sólo con esto deseo no debatir sino expresarme libre, fundada y cristianamente. Y muchas veces la Verdad (que para los creyentes no es sólo una idea, sino es Cristo mismo) incomoda.

    Saludos cordiales.

    • Miguel González dice:

      Agradezco a Patricio Ventura su reflexión serena y respetuosa. Sin embargo, el está suponiendo implícitamente que los testimonios de las hermanas no corresponden a la realidad. Y ese es precisamente el punto en discusión. Nadie niega que José Kentenich fue «transparente de Dios» para muchos; sin embargo, de eso tampoco se sigue que los testimonios de la hermanas sean falsos. En resumen: comparto lo dicho por Pedro Rosso, principalmente porque él sí se da cuenta de la seriedad y credibilidad de los testimonios recopilados con la Dra. Von Teoffenbach; así también, en las mismas biografías que cita Patricio Ventura, especialmente en la del P. Alessandri, es posible encontrar indicios del narcisismo del que habla Rosso; particularmente importante en relación a este punto es el desafortunado texto Apologia pro vita mea, en la cual Kentenich no solo justifica el trato a todas luces abusivo dado a los autores, sino que se declara teólogo, filósofo, psicólogo e interprete de las «leyes del ser». Tamaño ego solo lo he encontrado en Hegel y en Nietzsche.

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