Publicado el 2020-05-13 In Alianza de Amor Solidaria en tiempos de Coronavirus, schoenstattianos

En estos tiempos necesitamos gente que nos preceda – Gertraud von Bullion

ALEMANIA, Bettina Betzner •

En medio del tumulto de la Primera Guerra Mundial en 1917, una joven experimentó un encuentro que cambió abruptamente su vida. Para el espectador, un encuentro insignificante y, sin embargo, un momento decisivo. Después de una oración en una pequeña habitación lateral del hospital militar, tuvo lugar una conversación entre dos personas que cambió sus vidas. A través del hermano Franz Salzhuber, la condesa Gertraud von Bullion se enteró de la existencia de la Federación Apostólica de Schoenstatt. Una agrupación de laicos comprometidos con el apostolado en todas las áreas posibles a través de la práctica de la fe católica en la vida diaria. Un campo de actividad en medio de la vida cotidiana; esto atrajo y tocó el corazón de Gertraud, la joven enfermera de la Cruz Roja.—

Después del final de la Primera Guerra Mundial, Gertraud von Bullion se puso en contacto con el fundador del Movimiento de Schoenstatt, el padre José Kentenich, con la petición de abrir la Federación Apostólica a las mujeres. Pero su deseo no se realizó inmediatamente. En esa federación, formada principalmente por teólogos, en aquel momento la admisión de mujeres era algo impensable. Pero Gertraud era una luchadora y sentía un gran anhelo en su corazón de luchar con pasión por su fe, de acercarse a este decisivo latido de su corazón. Dio sus primeros pasos y se puso en marcha.

¿Y nosotros hoy?

En tiempos de la pandemia del coronavirus y las celebraciones de la Santa Misa en la pantalla, sentimos un gran anhelo por el encuentro de Dios en la eucaristía. Buscamos la cercanía de Dios justamente ahora, en tiempos de restricciones de contacto.

¿Cómo podemos dar espacio al deseo de nuestro corazón?

¿Qué esfuerzos hacemos para acercarnos al Dios de nuestra vida y al anhelo de nuestro corazón?

En todos los corazones del universo

El 8 de diciembre de 1920, con determinación y disposición interior, Gertraud se consagró a la Virgen sellando su Alianza de Amor junto con otra mujer. A partir de ahora Gertraud y su prima Mariele Christmann pusieron sus vidas bajo la protección de María. Se dejaron llevar por el llamado de Dios para servir a Dios y a la humanidad. No lo hicieron por su propia voluntad, sino con profunda emoción y la determinación de unirse a la federación apostólica. Esta consagración de las dos primeras mujeres tuvo grandes implicaciones que llevaron a celebrar la primera Jornada de Mujeres en Schoenstatt en 1921. La hora de la consagración y la carta del día anterior muestran cuál es el mundo espiritual interno que vivió Gertraud. Todo su amor era para el Dios Trino, su gran amor por la Inmaculada y por las personas. A ellos quería servirles y lo hizo hasta el final de su vida.

“¡Jesús, mi Rey, te ofrezco todo mi corazón, reina en él completamente y para siempre, pero también quiero usar todas mis fuerzas, todo mi ser, como instrumento de tu Santa Madre, ¡para que tú también reines como Rey en todos los corazones del universo!

Gertraud von Bullion

¿Y nosotros hoy?

¿Cómo mostramos nuestro amor a Dios en tiempos de coronavirus? ¿Qué signos de amor en la fe ponemos en práctica? ¿Qué estamos dispuestos a arriesgar? ¿Nos estamos volviendo creativos para dar un signo de esta relación con Dios? Vivimos de nuestras pequeñas iglesias domésticas, de nuestros santuarios hogares y santuarios del corazón. Allí se encuentra nuestro centro de control, el latido del corazón en la vida diaria, que me acerca a Dios y al prójimo.

¿Tomamos en serio esta posibilidad y el lugar para actuar desde allí?

Quiero servir

Gertraud von Bullion era una personalidad que vivía según el lema de su familia de los condes von Bullion y que, por una profunda fidelidad, orientó su vida según ese lema: SERVIAM – ¡Quiero servir!

Su amor por el prójimo se reflejaba en su disposición diaria de servir al otro. En su servicial entrega se sentía completamente comprometida con quienes la rodeaban, ya sea en el barrio con los más necesitados, la gente sencilla y sus hijos, para quienes le gustaba hacer juguetes con las cosas cotidianas; en su trabajo en la casa de sus padres o con su gran y extendida familia; con los soldados en el hospital militar, allí trabajaba acompañando espiritualmente y entre las enfermeras de la Cruz Roja o con las jóvenes en la Congregación de mujeres. No se avergonzaba de nada y vivió su cristianismo hasta el final. No fue el título de nobleza su rótulo, sino la nobleza de su corazón y su profundo amor a Dios como su padre y a María como su madre.

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¡Solidaridad! NOSOTROS estamos aquí para ustedes. ¡Quédense en casa! Todo estará bien – ¡Me quedo en casa! ¡Manténganse sanos!

En tiempos inciertos, la gente necesita vivir a partir de los signos de solidaridad y de comunión de una comunidad, de una sociedad – el bien común es la esencia de una democracia que funciona bien, pero también de una sociedad humana – uno ayuda al otro – todos para uno y uno para todos. Solo así se pueden superar y soportar juntos los tiempos de necesidad. Esto es más evidente que nunca, ahora, hoy y en todo el mundo: debemos permanecer unidos para superar este desastre natural juntos. No es sólo el individuo lo que cuenta, sino también la unión de todos.

La enfermedad que nos puede vencer

Pero la guerra dejó su huella en Gertraud. Contrajo, como tantas otras, una enfermedad de guerra: tuberculosis pulmonar, de la cual nunca sanó. En muchos sanatorios y distintos tipos de cura, intentó vencer la enfermedad, y al final la enfermedad la venció.

Pero la última palabra no la tuvo la enfermedad o la muerte, que estaba inevitablemente ante sus ojos, sino Dios, el Padre misericordioso. Ella creyó en Él y experimentó al Dios de su vida a través de amorosos signos y gestos. Él estaba allí para ella y ella estaba allí para Él – ¡hasta el último aliento! Mantuvo su actitud positiva hacia la vida y se encaminó hacia el que ella amaba indescriptiblemente y quien la tenía en sus manos.

Miedo frente al coronavirus

El coronavirus nos mantiene en vilo y a veces se nos detiene la respiración cuando vemos el desarrollo de la crisis en nuestro propio país, en el mundo. Los efectos son devastadores. . . en la economía, la educación, la sociedad y nuestras familias. El sistema de salud está llegando a sus límites. Las personas están preocupadas y en pánico y anhelan la normalidad. Anhelan una mano que los sostenga, anhelan cuidado y ternura. A menudo no saben qué sucederá. El miedo a la enfermedad se está extendiendo, inquietando a muchos.

¿Qué me da paz? ¿Dónde tengo mi punto de estabilidad interior? ¿Dónde está mi fuente de energía? ¿Que está ahí cuando me siento solo y perdido? ¿Quién sostiene, si nada me sostiene?

Servir hasta el final

Gertraud von Bullion experimentó su estabilidad en Dios, en Jesucristo, en María, en su relación con ellos.

Estaba agradecida hasta el final y dispuesta a servir hasta su último aliento y su última gota de sangre por Él y por las personas, a la que dio todo su amor y cercanía.

Mi testimonio personal

Mi apoyo personal es mi Madre y Reina en mi Santuario Hogar, nuestro padre y fundador, mi comunidad de la Federación de Mujeres de Schoenstatt.

En el padre Kentenich, en su amor paternal hacia mí, en pequeños signos de atención a través de sus citas y textos. Mirar su imagen, donde experimento la correspondencia interna del estímulo. Son diálogos pequeños que provocan cambios en mi corazón. Son diálogos que tengo con la Santísima Virgen, con Jesucristo en mi pequeño santuario hogar.

Es un diálogo y una lucha con el Dios de mi vida que me envía para estar ahí para las personas.

Para una familia que necesita apoyo en las cosas cotidianas.

Para una compañera de trabajo que se encuentra muy ansiosa y preocupada, porque pertenece al grupo de riesgo. La acompañan el pánico y el miedo. En ese momento es importante mi estímulo: cuenta conmigo.

Mi pequeño oasis en casa me regala la fuerza para hablarle a otros con valentía, pero también con serenidad sobre la seguridad y mi apoyo en la fe.

Original: alemán 11/5/2020. Traducción: Tita Andras, Viena, Austria

 

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3 Responses

  1. Tuve la bendición de Dios, y la intercesión de la Mater, en mi deseo de conocer el Santuario original, en Vallendar, Alemania, donde finalmente fui en Julio de 2017. En esa oportunidad, conocí la historia de Gertraud von Buillon, cuando una de las servidoras (olvidé su nombre, pero siempre tengo presente su sonrisa, su serenidad, GRACIAS) me contó su historia y me atrapó. Cuánta decisión, el primer «no», no resultó una barrera ni un impedimento, todo lo contrario, le dió más fuerzas y con pura FE insistió hasta que logró abrir las puertas. Nos dejó un legado, un ejemplo de fe, de amor, «para Dios nada es imposible». Paz y bien. Que la Mater sea nuestro cobijo.-

  2. La Condesa Gertraud von Bullion, testimonio del amor total a Dios a través de su noble corazón inclinado enteramente hacia los más pequeños, hacia el que la necesitara. Gracias, Gertraudd, por tu enterez de carácter y tu decisión de llevar hasta el final la voluntad del Padre: Servir, como Jesús. Servir, como la Mater, servir, como el Padre José Kentenich. Gracias, porque sin tu amor y fidelidad, no tendríamos la cadena de Ramas e Institutos femeninos que dan a la Iglesia el aroma de la juventud, de la belleza interior y de la fortaleza de la Dolorosa.

  3. Gracias por este testimonio y por presentar a Gertraud von Buillon con tanta claridad. Le debemos mucho a ella todas las mujeres de Schoenstatt y no es «el título de nobleza…sino la nobleza de su corazón» lo que nos atrae de esta mujer extraordinaria a quien Dios utilizó para abrirnos en camino.

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