Publicado el 29. noviembre 2019 In Voces del tiempo

Un aporte a nuestra renovación

CHILE, Patricio Young •

En Chile, el padre Juan Pablo Rovegno, director del Movimiento, antes de la crisis social, envió un documento de gran relevancia para nuestra familia. Con mucha claridad y con citas muy sustanciales de nuestro padre, nos invitó a superar esta realidad atomizada y poco integrada de nuestra familia y la necesaria conducción solidaria y complementaria. Una situación que ha sido señalada por los jóvenes y por muchos otros documentos que se han escrito en este tiempo. En definitiva, debemos ser realmente familia. “Este acento familiar colaborativo, complementario y corresponsable entre todos los miembros, no sólo es conveniente, necesario y urgente; parece ser una voz de Dios que quiere tocar el alma de nuestra Familia para hacerla más fecunda”, señala el padre en su documento.

Patricio Young

Patricio Young

En definitiva, nos invita a asumir un “desafío de una conducción y animación más familiar” que, en mi opinión, se sustenta en una verdadera solidaridad de destinos.

La pregunta que surge es ¿por qué hemos transformado las ramas, los institutos y federaciones en verdaderos guetos? Situación que el padre ya cuestionó en su tiempo. ¿Por qué no vibramos ni nos comprometemos con la realidad de otras comunidades? ¿Por qué no tenemos un diálogo más claro y directo que nos haga ver nuestras fortalezas y debilidades propias de hermanos en la alianza? ¿Por qué no somos capaces de darle una sólida conducción a nuestra familia?

Sin duda alguna, pueden existir muchas respuestas válidas. Sin pretender abordar todas, me atrevo a señalar las dos que me parecen más relevantes:

PRIMERO: Hemos construido una cultura centrada en “La privatización de nuestra fe y salvación”.

Si hago capital de gracias, si soy fiel a mi Ideal personal, si mantengo un trabajo de autoformación y ascético, si hago vinculación al Santuario, estoy desarrollando mi fe y alcanzando mi salvación. La relación desarrollo personal y comunitario, se tiende a desdibujar.

Parece no existir consciencia de ello. Parece casi imperceptible. Nadie lo declara así tan fríamente, pero en las prédicas, en el trabajo formativo y en general en nuestra cultura, se deja entrever esta visión. Más aún, se refleja incluso en nuestra oración de consagración. “Oh Señora mía…”, la misma que oramos en primera persona tanto en privado como en grupo. “En tu poder y en tu bondad fundo mi vida…” y así otras.

El Papa Francisco nos señala “no hay salvación solamente para mí. Si yo entiendo la salvación así, me equivoco; me equivoco de camino. La privatización de la salvación es un camino equivocado… Él nos ha salvado de forma individual, pero en un pueblo. El Señor siempre salva en el pueblo. Desde el momento en el que llama a Abraham, les promete hacer un pueblo. Y el Señor nos salva en un pueblo”.

El Papa agrega: “Dios nos salva en un pueblo, no en las élites, que nosotros con nuestras filosofías o nuestra forma de entender la fe hemos hecho. Y éstas no son las gracias de Dios”. A este punto, el Santo Padre ha invitado a preguntarse: “¿Tengo la tendencia de privatizar la salvación para mí, para mi grupito, para mi élite?”.  (Santa Marta 29/01/2015) 

 

El Papa insiste mucho en el tema, e Incluso va más allá; “El kerygma tiene un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. El contenido del primer anuncio tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad…  El misterio mismo de la Trinidad nos recuerda que fuimos hechos a imagen de esa comunión divina, por lo cual no podemos realizarnos ni salvarnos solos”. (E.G.177-178) 

“El que quiera salvar su vida la perderá; y el que pierda su vida por causa mía la encontrará” Mt 16,25

La alianza es personal y también comunitaria

Esta visión está muy clara en los fundamentos de la obra para el fundador y también en nuestra espiritualidad, por algo se generan las comunidades formativas y las comunidades de vida. El ideal personal tiene sentido justo en responder como causa segunda a la voluntad querida por Dios para nuestra vida, pero en una red con y para los demás. Sin embargo, en el discurso, en la prédica y en la oración se confunde con una salvación más personal.

Esto se ve también asociado a un trabajo para formar personas buenas. Poco se dice que no nos salvamos por ser “buenos”, sino por los actos de misericordia, con otros y para otros. Así se va reafirmando el desarrollo individual, pero perdiendo la relación social comunitaria.

Jesús nos enseña a rezar: “Padre nuestro”, no Padre mío. El Ave María dice “ruega por nosotros”, no ruega por mí.

La alianza es personal, pero a la vez comunitaria. No la hago solo para mí sino en y para la comunidad. En tal situación, si estoy solo está bien que oremos personalmente, pero si estamos en grupo debe orarse en tercera persona (Oh Señora nuestra…), así estamos invocando esta corresponsabilidad de nuestra alianza. Lo mismo con otras oraciones.

Para algunos, esto puede ser de poca importancia, pero “las palabras, en ese caso la oración, generan realidades” y en nuestro caso, una cultura.

Alimentando con ello la cultura individualista que impera en nuestra sociedad, se torna muy complejo construir familia de verdad. Por lo tanto, implica una clara revisión de fondo para generar cambios en nuestra cultura.

Hay mucho más que comentar y analizar con ejemplos que muestran mejor esta realidad, pero en atención del espacio de una columna, lo dejamos hasta aquí.

 

SEGUNDO: La forma como entendemos la federatividad.

Este tema ha sido muy analizado en el último tiempo, cuando se ha manifestado que hay una falta de conducción. Sin duda que responde a una visión fundamental del pensamiento del fundador. Es por ello por lo que es defendida por todas las instancias.

Sin embargo, en mi opinión, esta forma de organización no ha sido aplicada correctamente.

En efecto, la federatividad no se entiende por si misma sin la Confederatividad. Mientras la primera cuida la autonomía, la participación y la vida, la segunda genera una mayor coordinación, conducción y dirección. Diversidad y unidad. Democracia y autoridad.

Esta idea organizacional del fundador está contenida en el llamado Informe Menningen, pedido a la muerte del padre en 1977 y 1979, que él elabora a petición del Presidium General. Este se refiere particularmente a la Federación Apostólica, pero que sirve para el Movimiento que de allí surgió. En esta informe señala: “La suma de todas las palabras del Fundador acerca de la esencia de la Federación Apostólica, creo que debe resumirse según su contenido y expresión en el concepto de “Confederación”. LA FEDERACIÓN APOSTÓLICA ES, SEGÚN SU ESENCIA, UNA CONFEDERACIÓN.”

Somos una Confederación de Federaciones

¿Qué significa que esta esencia organizacional sea confederativa? Significa una organización formada por unidades autónomas que delegan derechos y atribuciones, de común acuerdo, en una instancia de coordinación y conducción superior.

Esto significa que somos una Confederación de Federaciones, pero ello implica que parte de los derechos y atribuciones propias de cada federación se ponen a disposición de una instancia superior que es la confederación. No significa una mera instancia de coordinación, como se tiene actualmente en los Consejos Diocesanos y de Familia, sino que implica que se establecen normas claras en la cual las federaciones establecen que renuncian a ciertos derechos que le son propios en pro de la instancia confederativa. Así la Confederación es capaz de organizar y conducir la unidad en la diversidad.

En definitiva, sin una confederación es casi imposible generar una organización dinámica, activa, que oriente y conduzca la vida, que dirima los naturales conflictos entre federaciones, que en definitiva le dé solidez y proyección a la familia.

Algunos dirán, pero bueno esto no ocurre en las Federaciones. No tengo un conocimiento cabal de todas, pero al menos en la Federación de Familias, instancia a la que pertenezco, no ha funcionado así. En mi parecer y así lo he hecho presente, ha existido una interpretación equivocada y por momento antojadiza del documento Menningen y que al final, ha afectado fuertemente la unidad y conducción a nuestra Federación.

Solidaridad de destinos

Concluyendo, podemos entonces señalar que hay una polaridad que resolver; lo personal y lo estructural.

Ambas instancias son importantes porque están influyendo poderosamente en nuestra cultura actual. Necesitamos generar una nueva cultura sostenida en una verdadera “Solidaridad de destinos”. Lo que de seguro redundará en una familia más colaborativa, complementaria y corresponsable entre todos los miembros.

Fotos: Mauricio Ramírez (Jornada Nacional de Dirigentes, 2019), via Secretaria Nacional del Movimiento de Chile

Etiquetas: , , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *