carta de la juventud

Publicado el 17. octubre 2018 In Carta de la Juventud - Diálogo en Alianza

Carta de la Juventud de Chile: Decir las cosas y ser la renovación que Schoenstatt necesita

LA CARTA DE LA JUVENTUD DE CHILE, Sebastián Pineda Oyarzun con Maria Fischer •

“Nuestro objetivo con estas palabras es “sacar el carnet de adultos” en el movimiento, tal como nos invitó el Papa Francisco en su visita de enero pasado. Fue en ese mismo discurso en Maipú donde nos invitó a decir las cosas y ser la renovación que la Iglesia necesita. Asumimos el desafío, sus consecuencias y nos hacemos también cargo de lo que aquí expresamos – bueno y malo – responsabilizándonos de lo que en estas páginas decimos”. En vísperas de un nuevo 18 de octubre, los autores de la carta de la juventud de Chile, junto a la redacción de Schoenstatt.org, damos espacio público a esta carta redactada el 12 de septiembre, una carta que vemos como voz de renovación y de esperanza, a pocos días de los 50 años de la partida del P. Kentenich, de los 100 años del sacrificio de vida de José Engling para el florecimiento de Schoenstatt, y en un momento doloroso por los casos de abuso cometidos por schoenstattianos (no solo) en Chile. —

La carta de la juventud de Schoenstatt de Chile para todos, en Schoenstatt.org

“Como hemos estado hablando desde algún tiempo hasta esta parte, te envío la Carta de la juventud de Schoenstatt en Chile”, comenta Sebastián Pineda Oyarzun el 16 de octubre.  Sé que esta carta ya la tienes en tu poder pero para asegurarnos que es la última versión con firmas de personas que se adhieren y los puntos aclarados, la envío nuevamente.

Como hemos hablado por teléfono, creo que es importante la reflexión de nuestra Familia de Schoenstatt en torno a los puntos que la carta destaca. Si bien este documento surgió desde la juventud, creo que nadie es ajeno en cuanto a la situación de la iglesia a nivel mundial.

En Chile al menos, este tiempo ha sido bastante “especial”, como iglesia estamos viviendo una crisis que, desde que tengo memoria, no habíamos enfrentado con tal intensidad. Creo que estos momentos son los que deben inspirar purificación, unión y reforzar también un cuerpo herido, como lo estamos siendo en estos momentos. Para esto, la unión también toma fuerza y relevancia pues somos todos, laicos y consagrados quienes sufrimos día a día con las noticias y escándalos de nuevos abusos y renuncias de sacerdotes y obispos.

Sin embargo y pese a todo, este tiempo puede vivirse desde la esperanza y renacimiento, cambiar de lentes y ampliar la mirada a una nueva iglesia. En estos momentos, debemos encomendarnos al Espíritu Santo para que irrumpa, sople y nos ilumine dentro de la oscuridad que estamos viviendo, y así poder, de la mano, encontrar la luz de Cristo.

Bajo este contexto nace la carta. Como jóvenes se quiso hacer un llamado y reflexión respecto de algunos temas que vemos en nuestra Familia de Schoenstatt y creemos urgente proponer soluciones, abrir diálogos. Son denuncias que nacen a partir de lo que ocurre en Santiago de Chile, en un contexto particular y de una forma particular, pero hay temas que, tal vez, puedan tener validez más allá de las fronteras de nuestra ciudad o país.

La idea de esta Carta no es aprovecharse de la situación que se vive actualmente, “echar sal en la herida”, sino que son ideas que se vienen formando en la juventud desde hace varios años y que, gracias a la crisis, lograron consolidarse y plasmarse en un solo documento.

El proceso de redacción ha sido largo, complejo, lleno de tensiones, las cuales finalmente han sido muy creadoras. Creemos que es una buena carta, no perfecta, pero sí bien conversada y clara en sus planteamientos. Esperamos que pueda servir para que, en muchas partes, nuestro movimiento pueda vivir la renovación a la que siempre nos ha estado llamando el Papa y que nuestro padre fundador esperaba de Schoenstatt.

Imploramos el fuego del Espíritu Santo desde el Cenáculo de Bellavista.

La carta de la Juventud de Chile en Schoenstatt.org – ¿Y ahora qué?

Queremos, en un primer paso, ofrecer esta carta a todo Schoenstatt. Abierta a comentarios (a la juventud, a la redacción de Schoenstatt.org, a todo Schoenstatt).

En un segundo paso, queremos publicar párrafo por párrafo, inquietud por inquietud y abrir así un espacio de diálogo – diálogo “en torno a la mesa”, donde nadie “pontifica” y nadie recibe solo órdenes. Diálogo, tal como lo quiere el Concilio Vaticano II para toda la iglesia, y el Padre Kentenich, desde 1916, para todo Schoenstatt. Tenemos un modelo para este tipo de diálogo en su revista MTA. Todos aportan, todos escuchan, todos inspiran y se dejan inspirar. Diálogo en alianza. Así también llamaremos a la nueva categoría donde establecemos la plataforma del diálogo desde la carta de la juventud.

Carta de la Juventud de Schoenstatt a la Familia 

Ante cualquier duda, situación o diálogo que se quiera dar, sirve el correo:

[email protected]

[email protected]

 

O, lo mejor, via su comentario

Texto completo de la carta de la juventud

Santiago, 12 de Septiembre de 2018

Querida Familia del Movimiento de Schoenstatt en Chile: 

Después de un proceso de reflexión intenso y muy profundo, como Juventud Femenina y Masculina de Santiago, hemos sido capaces de llegar a la siguiente carta que quiere plantear algunos temas que, como movimiento, creemos fundamentales reflexionar, enfrentar y dialogar.

No tenemos la verdad absoluta en ninguna de estas temáticas, son nuestras apreciaciones que nacen de las vivencias que hemos tenido en todos estos años de participación en esta familia que tanto queremos. Lo decimos desde ya: son reflexiones desde Santiago de quienes firmamos con nuestras experiencias particulares, y por lo mismo, no necesariamente válidas ni iguales para todos quienes participan en Chile. Por lo mismo, es que invitamos a cada Santuario, Rama y apostolado a poder generar sus propios diálogos, propuestas y soluciones a fin de poder plantear nuevas estructuras e ideas que sean capaces de responder a los tiempos que vivimos como país.

Nuestro objetivo con estas palabras es “sacar el carnet de adultos” en el movimiento, tal como nos invitó el Papa Francisco en su visita de Enero. Fue en ese mismo discurso en Maipú donde nos invitó a decir las cosas y ser la renovación que la Iglesia necesita. Asumimos el desafío, sus consecuencias y nos hacemos también cargo de lo que aquí expresamos – bueno y malo – responsabilizándonos de lo que en estas páginas decimos.

Advertimos que la carta tiene varios pies de página que complementan o agregan datos a lo dicho, ayudan a entender mejor a lo que nos referimos, y por lo mismo, invitamos a que los puedan leer con igual interés que el resto de los párrafos.

  1. Schoenstatt, su renovación y las voces del mundo.

a. La distancia entre los ideales y la realidad.

Una situación que nos afecta como juventudes es la distancia que existe entre los ideales que nos guían y su bajada a la vida práctica, a nuestro día a día. Entendemos aquí por ideal toda formulación (frase, lema, cita) que invita e impulsa hacia una determinada actitud o estilo de vida, lo que fue tratado por el Padre Kentenich como “pedagogía de ideales”.

No es que ellos estén mal en sí mismos – son los que nos impulsan a lo alto, a las grandes acciones, las locuras y a la santidad –, pero lamentablemente, por culpa nuestra y ajena, no hemos sabido bajarlos a la realidad concreta y peor aún, nos hemos distanciado de ella.

Es culpa nuestra porque, como decíamos, no los hemos hecho vida; bajar las bonitas palabras a prácticas específicas.[1] Y también es culpa ajena porque, ha habido veces, en que nuestros ideales han sido, en parte, formulados desde abstracciones sobrenaturales, filosóficas o metafísicas[2], que son, en abstracto, buenas y santas, pero que no se adecúan a los procesos pedagógicos ni a la originalidad de cada Rama o Juventud.[3]

Relacionado con lo anterior, es que muchas veces se ha dado la situación de que confundimos un ideal particular con una proyección social del mismo. Por ejemplo, cuando en la Juventud Masculina hablamos de ser “hombres nuevos recios, libres y apostólicos” muchas veces pensamos en una personalidad específica, como puede ser un tipo sociable, con habilidades de líder, alegre, reflexivo, profundo, buen amigo y que toca guitarra. ¡El ideal tiene nombre y apellido! Lo mismo puede pasar en la Juventud Femenina. Por supuesto, esto no es problema de la formulación, sino – nuevamente – de su bajada práctica.

Por lo mismo, hay quienes se han sentido excluidos porque no representan el tipo de mujer u hombre que supuestamente debiesen ser, o se han sentido presionados interna o externamente a adaptarse a un molde que no capta su originalidad propia. Esto, evidentemente, está mal. Bajo esta visión, el ideal, más que ser una invitación a que se puedan desplegar al máximo las potencialidades de cada uno, pasa a ser un colador.

Creemos que lo esencial de un ideal es que es capaz de abarcar la múltiple diversidad, originalidad y milagro que el Espíritu Santo va suscitando en cada persona que participa de nuestro movimiento.[4] En este sentido es que podemos decir que cada persona “reinterpreta el ideal”, porque amplía la comprensión del mismo, abre a nuevas formas de expresarlo y descubre más ampliamente la vida que Dios nos quiere regalar.

De acuerdo a todo lo anterior es que entendemos que todos se deben sentir parte de Schoenstatt, abriendo las puertas y dejando entrar en nuestra Familia a la gran diversidad de personalidades, ideas, orientaciones políticas, sociales, sexuales y culturales, lo que fuera uno de los sueños del Padre Kentenich a través de la Confederación Apostólica Universal.

Por último, quisiéramos destacar un tema que, como juventudes nos inquieta y que hasta ahora no hemos sabido responder totalmente: ¿cómo se conjugan los ideales de nuestra Juventud con las realidades sexuales de nuestro tiempo? Por ejemplo, ¿cómo se relaciona el ser recio con el ser homosexual?[5], o ¿cómo se relaciona el ideal de pureza con la pérdida de la virginidad antes del matrimonio? [6] Son temas complejos y en los que urge resolución. Pedimos ayuda a toda la Familia, especialmente a nuestros asesores, para responder a través de una reflexión y conversación profunda.

b. Catolicismo “en las nubes” y catolicismo reaccionario.

Este es un problema que, lamentablemente, vivimos como Iglesia chilena, y que como movimiento que es parte de ella, compartimos. Es una situación que atraviesa diversos carismas, grupos de fe, parroquias, capillas; personas consagradas, laicos, jóvenes y adultos. No es que se replique por igual en todos lados, sino que es una actitud que aparece en algunos lugares y personas con más fuerza que en otros. Creemos que en ciertos grupos de las ramas de Familia y de los Institutos se ha dado con una cierta intensidad que no podemos ignorar.

Estas dos deformaciones se relacionan con el diálogo que nuestra fe tiene con la realidad. Así, un catolicismo “en las nubes” es aquél que simplemente la ignora, pues se vive exclusivamente aferrado a lo propio, a “verdades inamovibles” y por lo tanto, no acepta la posibilidad de cambiar ni de ser confrontado con nuevas y diversas voces.

Mientras que un catolicismo reaccionario es aquél que ve al mundo como un enemigo perdido en la herejía y contra el cual se debe luchar por rescatar los valores de una “época dorada”. Bajo esta visión, es que se dan, por ejemplo, respuestas muy intensas cuando se debaten leyes sobre temas valóricos (y está muy bien que así sea), pero son pocos los que se sientan a conversar o buscar soluciones a la dolorosa situación que se esconde detrás de esas consignas – la exclusión, la soledad, la falta de sentido, el abandono, la marginalidad – y que gritan desesperadamente por una respuesta acogedora y propositiva de la Iglesia.

Ambas formas son tergiversaciones del verdadero espíritu cristiano y schoenstattiano[7]. De hecho, el Papa Francisco se pronuncia muy fuertemente en contra de ellas, pues llama a que seamos una Iglesia “de puertas abiertas”, “misericordiosa”, “acogedora”. Es decir, una Iglesia – y en nuestro caso, un movimiento de renovación – que no está para condenar al mundo, sino para acogerlo, bautizarlo y salvarlo como Cristo mismo hizo en su tiempo.

Es por todo lo anterior que como Familia, y nosotros como juventud especialmente, tenemos que trabajar por volver a cultivar un catolicismo sano, que dialogue con las inquietudes del mundo[8], y que, a la luz del Evangelio, busque responder a ellas. En esto seguimos el ejemplo de nuestro Padre Fundador, quien no fue a buscar un reino ideal, sino el que efectivamente existía, con todas las convulsiones, ideas y transformaciones de su época, y desde las cuales delineó muchas cuestiones de la Familia[9].

 

  1. Autoridad en Schoenstatt.

a. El rol de los asesores en la Juventud.

i. Abusos sexuales, de conciencia y de poder.

Un tema sensible en este tiempo tan afectado por los escándalos de abuso sexual, de conciencia y de poder, que hemos tenido el dolor de conocer también dentro de nuestro movimiento, es el rol que le corresponde a la autoridad dentro de la Iglesia, especialmente en la conducción de niños y jóvenes.[10] Por duro que sea decirlo, y aunque se han dado ciertos pasos para sanar las heridas, esto sigue siendo un tema tabú para nosotros: se omite hablar de los consagrados condenados o se hace “en secreto”, las investigaciones que hoy existen circulan como rumores y no se discuten abiertamente, se evita (para no abrir más las heridas) tocar el tema de los abusos de la Iglesia en varios Santuarios y Ramas de la Familia.

Como jóvenes esto nos duele especialmente. Hacemos un llamado a toda la Familia a ser más claros, enfáticos y transparentes respecto a las investigaciones y condenas que hoy afectan a nuestro Movimiento. Que las cosas se digan de frente, que la información no sean rumores. Ser capaces de generar protocolos en cada una de nuestras Ramas, Federaciones e Institutos11 de manera comunitaria, ¡son nuestros grupos las que se han visto afectados por esto!, ¿por qué sentimos que no somos parte de estos procesos? Nuestro llamado es a la valentía y la franqueza, aunque nos duela.

ii. Una errada concepción del ser asesor

Creemos que lo anterior, en parte, es consecuencia de que el rol del asesor o asesora de juventud – Frau, Hermana o Padre – se ha desperfilado o mal interpretado en el último tiempo, llevando a una errada concepción de lo que significa trabajar con nuestros grupos, instancias apostólicas y sociales: los acompañantes se han tendido a poner a ellos o a ciertas ideas propias en el centro, antes que la vida que Cristo va despertando en cada uno de nosotros. Se invierten los roles: la Rama es la que debe adaptarse al asesor y no el asesor el que debe ponerse al servicio de ella.

Esto ha llevado a que, varias veces, las decisiones pastorales y espirituales se hayan centrado en su persona más que en quienes tenían a su cargo[11], lo que ha generado medidas discutibles o derechamente malas[12] que sólo eran corregidas, a veces, con la llegada del siguiente asesor. Lo que en el caso de los más chicos – desde los 7 a los 18 años – es aún más complejo, pues cuando la relación con el consagrado a cargo se ve afectada, en la práctica se torna muy difícil la permanencia en el grupo, ya que no se sabe a quién acudir.

Por lo mismo, todos necesitamos trabajar para poder sanar estas situaciones que hoy nos duelen y que no sólo afectan a Schoenstatt sino que a toda la Iglesia. Primero nosotros, tomando el protagonismo que el padre Kentenich y el Papa nos llaman a tener como laicos, no dejando que todo sea resuelto por los consagrados, sino asumiendo un rol activo, maduro y propositivo. Y segundo, hacemos un llamado también a los asesores junto con los matrimonios – Rama, Federación e Instituto –[13], para que puedan ser capaces de complementarse y ayudarse en la conducción de nuestras comunidades. De esta manera, al existir más adultos con sus diversas visiones y carismas, podamos lograr un sano equilibrio que evite decisiones unilaterales que se puedan lamentar posteriormente.[14]

A fin de cuentas, el compromiso tiene que ser con generar, cada día más, ambientes sanos, protegidos y en los que se pueda desplegar del mejor modo la originalidad y libertad de cada uno.

b. Una familia con muros.

En este punto se hace muy patente lo que decíamos en la introducción: las experiencias son muy diversas dependiendo de cada Santuario, escribimos desde una realidad que se reitera en varios Santuarios de Santiago y algunas cosas que para nuestra ciudad son válidas en otros lugares tal vez no tengan aplicación. Por lo mismo es que reiteramos el llamado a que cada instancia y zona pueda tener su propio espacio de reflexión.

Lo que aquí queremos denunciar se relaciona bastante con el hecho de que Schoenstatt sea federado, lo que ha llevado – a nuestro parecer – a que actualmente estemos viviendo una situación de “familia con muros”. Ya que, para evitar problemas, tensiones y situaciones complejas, levantamos paredes o separamos espacios[15], para así no interferir (e incluso no pronunciarnos) en los temas del otro. 

No estamos de acuerdo con esta visión, de hecho, creemos que hemos pecado gravemente de omisión por no hablar, no denunciar o no atrevernos a enfrentar lo que no nos parecía correcto de nuestros hermanos en la Alianza. Hay que reconocerlo: nos ha faltado valentía, tan necesaria en estos días. Si realmente somos Familia, debemos tener la capacidad de decirnos las cosas que pensamos a la cara, sean buenas o no, pero con la confianza que siempre proviene desde el amor. Corregirnos, porque el cariño por Schoenstatt nos mueve a la acción. Por supuesto, siempre habrá que respetar las legítimas prácticas y decisiones dentro de cada organización interna, pero no por eso podemos caer en el miedo, la cobardía o la indiferencia respecto de los temas que nos afectan a todos.[16]

Especialmente delicado es aquí el tema de los Institutos consagrados donde se arrastran tensiones, conflictos y problemas no resueltos desde hace ya muchos años y que, como Familia, nos están haciendo daño. Hacemos énfasis específicamente en la situación que se vive entre las Frauen y las Hermanas que afecta a la Juventud Femenina, excluyendo a algunas de las actividades de las otras, produciendo conflictos y problemas que la mayoría de las veces no nacen de las jóvenes, dejando a algunas sin la posibilidad de una asesoría plena y fecunda. [17] Hacemos una invitación a dejar de lado las soluciones a medias para que se dé un diálogo efectivo, sincero, sanador y comprometido.

Es por estas razones que creemos que nos falta crecer para poder ser verdaderamente Familia, cuyos caminos se cruzan muchas veces con tensiones e incluso peleas acaloradas, pero cuyo objetivo es siempre trabajar la apertura del corazón, el acogimiento, el diálogo, la escucha y comprensión. ¡Somos Familia!, sería raro que no discutiéramos o tuviéramos fricciones como cualquier familia natural.

c. Nuestra relación con el Padre Kentenich.

Todo lo anterior tiene también profunda raíz en nuestra visión del Padre Kentenich. Lamentablemente, por una serie de factores que no sabríamos explicar, en algunos sectores de la Familia se ha tendido a una relación algo infantil con él: se idealiza excesivamente su persona, a veces al punto de volverlo un ser prácticamente perfecto, o se toma su palabra – dicha para contextos determinados y momentos específicos – como una verdad que resuelve cualquiera de nuestros problemas cotidianos.[18]

No es que queramos poner en duda al Fundador, su mensaje o las bases del Movimiento, ¡para nada! Estamos agradecidos de vivir en un carisma de Alianza, del Santuario, la Mater, federado, de fe práctica en la Divina Providencia y apostólico. ¡No podemos renunciar a él, porque sería renunciar al carisma! Es por su mismo ejemplo heroico que estamos llamados a tratar de imitarlo, no quedarnos conformes con las cosas como están, y ser capaces de responder a los problemas y urgencias que hoy el mundo nos pone en frente. Por eso, más que estar en una adoración constante del Padre Kentenich, su figura e historia, debemos tender cada día más, a ser “padres kentenichs” en medio del mundo, que, conociéndolo profundamente, son capaces de encarnar su modo de vivir y de actuar.[19]

Esto último que acabamos de decir tiene varias consecuencias que nos llaman a tomar varias acciones: (a) conocer más profundamente al Padre, ya no sólo como una idealización estática, sino como persona, en su pensamiento – social, cultural, espiritual, sicológico, pedagógico, religioso – para ser capaces de responder a los problemas de hoy como él lo hizo en su tiempo; (b) abandonar una actitud infantil con el Padre a fin de poder crecer y tener con él una relación más madura; (c) ser capaces de responder libre y responsablemente a ciertas cosas que el Padre no pudo prever o no delineó de nuestro movimiento, reinterpretando su pensamiento de acuerdo a la realidad del mundo actual[20]; (d) reflexionar en torno a cómo estamos transmitiendo la figura y pedagogía del padre Kentenich hoy.

 

  1. Nuestra relación con la Iglesia.

a. Schoenstatt es Iglesia.

Una distinción que a veces se hace en algunos lugares es entre Schoenstatt e Iglesia como dos mundos separados[21], refiriéndonos con el primero a lo que pasa dentro del Movimiento y el segundo a la Iglesia diocesana y los otros carismas. Esta separación mental nos está haciendo mucho daño, nos hacer huir del mundo y olvidarnos de la verdadera Iglesia. Schoenstatt es la Iglesia, lo que le pasa a la Iglesia le pasa a Schoenstatt y viceversa. [22]

¿No es la crisis actual el mejor ejemplo de eso? Por lo mismo, se hace urgente renovar nuestra comprensión y nuestro rol dentro de Ella. La pregunta fundamental es: ¿se agota la tarea del movimiento en sus organizaciones internas (Ramas, Federaciones e Institutos)?[23]

Nos parece que especialmente hoy, tenemos el deber de salir a cuidar y a renovar nuestra Iglesia dañada, sabemos que el equilibrio entre lo interno y lo externo puede ser difícil de lograr, pero el atrincheramiento y el encierro nos han estado atrofiando la capacidad creativa, activa y apostólica.

b. Schoenstatt no es un movimiento exclusivo.

Hemos escuchado varias veces que Schoenstatt es un movimiento formador de líderes. Es verdad y estamos orgullosos de nuestras escuelas de jefes, militancias y grupos de formación; de que en nuestros Santuarios se forjen personalidades al servicio del movimiento y la Iglesia. Pero eso, en ningún caso, nos da el derecho a ser un movimiento elitista o de élite, un movimiento exclusivo.[24]

Estamos llamados a dar respuesta al mundo y a la sociedad, y eso significa – en gran medida – salir de nuestros muros, levantarnos del sofá y abrir las puertas de las casas de formación para compartir este maravilloso carisma. El Papa no se equivocó cuando el 2014 en la Audiencia en el Aula Pablo VI nos decía que no podíamos ser un movimiento “peinador de ovejas” ni de “peluqueros espirituales”. Hoy, a pesar de los esfuerzos que muchos hacen, el concepto de Schoenstatt en Salida es más una declaración de principios que una realidad efectiva.[25]

La mejor manera de medir esta realidad son los peregrinos que participan de nuestro Movimiento. Por circunstancias históricas y culturales, Schoenstatt en Chile ha acentuado más la formación y profundización espiritual de grandes jefes que la piedad popular o la pastoral de peregrinos. No juzgamos esta situación. Pero si esos liderazgos – ¡nosotros mismos! – no están para ser una respuesta a la sociedad, luces que muestren nuevos caminos a muchos que lo necesitan ¿de qué nos sirven?[26] El padre Kentenich entendía nuestros Santuarios como “lugares de gracia en donde puedan llegar miles de peregrinos a compartir con Cristo y nuestra santísima Madre”. ¿Podemos decir que hoy lo son?[27]

Se hace necesaria una profunda reflexión y confrontación personal en torno a este tema.

c. “Una iglesia pobre y para los pobres”

No podemos negar que Schoenstatt tiene vocación social. Son muchos los proyectos, acciones y misiones que han nacido y siguen naciendo desde nuestros Santuarios con el fin de ayudar al mundo de la pobreza, los marginados o excluidos. Tenemos que estar orgullosos de ellos. A pesar de esto, en general, no nos “desvelamos” por estos temas, no se nos queman las manos por salir a ayudar y acompañar al que sufre. Ayudamos, sí, pero varias veces sin comprometernos mucho, cómodamente y de acuerdo a nuestros propios tiempos. ¿De verdad estamos viendo a Cristo en el que sufre? Creemos que no hemos sabido ser una “Iglesia para los pobres” como nos invitaba el padre Kentenich.

Y tampoco hemos sabido ser una “Iglesia pobre”. En algunos lugares de nuestro movimiento en Chile se han hecho en los últimos años gastos y construcciones, a veces, desproporcionados y que causan escándalo para algunos de nuestros hermanos en la Alianza29. No es que estemos en contra del gasto en sí mismo, entendemos que toda familia o Instituto pueda tener un lugar acogedor, digno y que sientan como propio para sus reuniones. Sin embargo, rechazamos el espíritu de comodidad y encierro, falta de solidaridad y división que muchas veces está detrás de estas situaciones.

Espíritu de comodidad y encierro son sólo dos caras de una misma moneda: por no salir, no estar en búsqueda de resolver los problemas del mundo, no “quemarnos” con las inquietudes sociales y del alma, terminamos como “peluqueros espirituales” cuyo único objetivo se vuelve una vida plácida y calmada, una vida chata.

Y espíritu de falta de solidaridad es expresión de una división: pensamos que somos feudos, islas aisladas unas de las otras, cuando en realidad estamos íntimamente ligados los unos con los otros. Lo que pasa en Maipú si le afecta a Campanario, lo mismo vale para el Valle de María y Nuevo Belén. Estamos juntos en esto. Por lo mismo, no podemos quedarnos en una aparente tranquilidad porque ya están resueltas nuestras inquietudes materiales, en una mirada ombliguista y aislada de la realidad. No, somos responsables los unos de los otros, y por lo mismo, debemos velar por el resto no sólo espiritualmente, sino también materialmente.

Por todo lo anterior es que creemos que tenemos que volvernos, en algunos lugares, un movimiento más sencillo, solidario y en salida: que gasta más por necesidad que por lujo, que tiene en vista no sólo sus propias preocupaciones sino también la de otros de la Familia y que los bienes los usa con generosidad para poder salir a regalar vida.

 

Palabras finales

Por último, más que las conclusiones de esta carta, lo relevante es el proceso de reflexión. Hacemos un llamado a todo el movimiento en Chile, y a quienes no participan de él y sueñan con una Iglesia nueva, a repensar nuestras estructuras, nuestros métodos pastorales, nuestras formas y prácticas a fin de que puedan ser una verdadera respuesta a los tiempos desafiantes que hoy vivimos. Esperamos que este proceso se inicie con las Jornadas Regionales propias de cada zona y pueda terminar con la Jornada Nacional de Dirigentes que tendremos en mayo del 2019 en las que podremos poner en común todas estas reflexiones. Esperamos que todos puedan alzar su voz, que se digan las cosas de frente y con cariño, a fin de destrabar temas y dolores que, a veces, llevan años buscando solución.

Confiamos en que la Mater implorará desde su Santuario el Espíritu Santo para que este sea un tiempo de fraternidad, valentía y compromiso.

Permanecemos fieles.

 

Se firma la siguiente carta como Ramas, donde la mayoría de ellas apoya su contenido. También se dio la posibilidad de que algunos firmen individualmente, ya sea porque sus ramas respectivas no apoyaron la carta o querían plasmar de forma más concreta su apoyo. 

 

Juventud Femenina Bellavista

Juventud Femenina Providencia

Juventud Femenina Ermita de Maipú

Juventud Femenina Monte Schoenstatt

Juventud Masculina Bellavista

Juventud Masculina Nuevo Belén

Juventud Masculina Providencia

Juventud Masculina Campanario

Carolina Brito (Campanario)

Macarena Hernández (Bellavista)

Francisca Cortés Novoa (Campanario)

María Jesús Garnham (Campanario)

Pilar Riadi (Campanario)

Christian Calderón (Nuevo Belén)

Jose Cordova Fredes (Nuevo Belén) Guillermo Rodríguez (Nuevo Belén)

Sofía Peró (Campanario)

Elisa Grez (Campanario)

Isidora Marambio (Campanario)

Francisca Villagra (Campanario)

Catalina Arriagada Ramos (Bellavista y

Tierra Escogida) 

Víctor Pérez Mac Clure (Campanario)

Diego Irarrázaval (Campanario)

Sofía Valenzuela (Campanario)

Santiago Arze (Campanario)

Matías Rodríguez (Campanario)

Juan Miguel de la Fuente (Campanario)

Nicolás Garnham Opazo (Campanario)

Maximiliano Garnham (Campanario)

Sofía Cuevas (Campanario) 

Sofía Joanne (Valle Hermoso del Niño

Jesús)

Teresita Jouanne (Valle Hermoso del Niño

Jesús)

Julio Fuentes (Nuevo Belén)

Rodrigo Leiva (Nuevo Belén)

Javiera Villalon (Bustos)

Elisa de la Fuente (Campanario)

Natalia Casassas (Valle Hermoso del Niño

Jesús)

María Paz Valdivia (Monte Schoenstatt)

Magdalena Latorre (Campanario)

Javiera Lorca (Bellavista)

Paula Castro (Bellavista)

Paloma Valdés (Bellavista)

Antonia Barahona (Bellavista)

Sabina Orellana (Bellavista)

Isidora Figueroa (Bellavista) 

Nicolás Parra Carrasco (Campanario) Tomás Prieto Castelblanco (Valle Hermoso del Niño Jesús)

Manuel Lorca (Campanario)

Benjamín Rodríguez Doren (Campanario)

Lucas Apparcel (Campanario)

María Jesús Tocornal (Providencia)

Vicente Jaramillo Errázuriz (Campanario)

Blanca de la Fuente (Campanario)

Catalina Saavedra (Bellavista)

Felipe Flores (Nuevo Belén)

 

El borrador de esta carta, conocido por muchos debido a una filtración no querida, había sido firmado por 43 personas.

 

Ante cualquier duda, situación o diálogo que se quiera dar dejamos el correo:

[email protected]

[1] O como lo hicieron nuestros héroes de Schoenstatt, como Mario Hiriart, quien con su fe vivida de manera heroica fue efectivamente un “Cáliz vivo para la Iglesia”.
[2] Las cuales, lamentablemente, a veces ni siquiera se cimientan sobre la experiencia personal que cada uno tiene con Jesucristo sino con valores morales, actitudes de vida, etc. Por lo mismo, “construimos sobre arena”.
[3] Un ejemplo muy relevante en esta materia son los ideales de la Juventud Femenina relativos a la pureza, los cuales a veces suelen ser confundidos y reducidos casi exclusivamente a “ser vírgenes hasta antes del matrimonio”, cuestión que, en varios lugares, no se relaciona con la práctica ni las expectativas sociales de las jóvenes. Por supuesto, no llamamos a abandonar el ideal, sino a hacerlo vida en toda la extensión de lo que significa ser “puro”, que no se agota en la mera sexualidad.
Destacamos y celebramos, eso sí, que desde hace algunos meses la Juventud Femenina junto con sus asesoras ya ha empezado a trabajar estos temas a nivel nacional, esperamos que este proceso siga profundizándose y complementándose.
[4] Hay que decir que esto es una vivencia particular del movimiento en Chile y no se relaciona con lo esencial de Schoenstatt, donde carismas tan diversos como, por ejemplo, Max Brunner y José Engling supieron encarnar, a su modo, el espíritu de la primera generación.
[5] Sólo como dato de muestra, en una encuesta hecha por la Federación de Familias a sus propios hijos el 40% de los encuestados se consideró “muy de acuerdo” frente al ítem relativo a que el matrimonio homosexual es igualmente válido que el heterosexual.
[6] En esta misma encuesta, sólo el 25% de la muestra se mostró “muy de acuerdo” en el ítem relativo a que la virginidad antes del matrimonio era un valor.
[7] Especialmente si consideramos que el padre Kentenich hablaba de las “voces del mundo” como una de las tres formas en las que Dios se nos manifiesta e interpela.
[8] Como por ejemplo el feminismo, la homosexualidad, transexualidad, divorcio, eutanasia, causales de aborto, violencia, migración, exclusión demográfica, entre cientos de temas con los cuales nos vemos enfrentados, y confrontados todos los días.
[9] Sólo baste con recordar que el Padre Kentenich tomó elementos del nazismo y el comunismo para la creación de los símbolos del movimiento, así como parte de la teoría de Freud, un materialista ateo, en las bases psicológicas del movimiento.
[10] Por ejemplo, en la encuesta mencionada anteriormente de la Federación de Familias, sólo el 25% de los jóvenes declaraba conversar temas difíciles o contingentes con profesores, sacerdotes o religiosas.  11 De acuerdo a la situación actual y el llamado del Papa, todas las instancias deberían generar protocolos de abuso más allá de si han existido casos hasta ahora o no. Tenemos la duda si esto está ocurriendo efectivamente en toda la Familia.
[11] Preocupa por ejemplo, que a veces se entienda a la Juventud Masculina como una extensión del
Instituto de los Padres y a la Juventud Femenina como una extensión del Instituto de las Hermanas o las Señoras. En esto, hace falta reconocer la autonomía e independencia temática, espiritual y de estado que le corresponde a la juventud.
[12] Para evitar el particularismo no bajamos a casos concretos, pero se conocen casos de asesores que se han negado a aceptar jóvenes en una rama, imposiciones algo forzadas de temáticas para retiros, rechazo a ideales o formulaciones que los jóvenes elaboraban, entre otras.
[13] Para esto, no basta con el entusiasmo, también se necesita preparación de parte de estos matrimonios para que puedan dar un acompañamiento sano y constructivo.
[14] Esto significa una apertura de parte de las Hermanas, Frau y Padres a que sus ramas puedan ser coasesoradas o ayudadas por otros Institutos, y no retenerlas como “feudos de su propiedad”. Al final, lo que debe primar tiene que ser aquello que ayude a una mejor conducción y desarrollo de la juventud a su cargo.
[15] O Santuarios, zonas de la ciudad o lugares de acuerdo a clases sociales.
[16] Existen también ejemplos en este tema, como denuncias que se enviaron a la Secretaría General del Movimiento en las que se respondió que no se podía hacer nada al respecto o el silencio u omisión de la familia respecto de algunos conflictos que se dan entre sectores de Schoenstatt.
[17] Nuevamente, sin entrar en particularismos, se conocen casos de jóvenes a las que no se les ha permitido tener reuniones en un santuario pues “vienen de la otra juventud”, se les ha negado la permanencia en una Rama al solicitar ayuda del otro Instituto o no se les ha permitido tener de asesora espiritual a alguien del otro instituto, entre algunos ejemplos.
[18] Como ejemplo a lo primero las críticas que se hacen de las actitudes del Padre en el campo de concentración de Dachau o en la Epístola per longa, se suelen ignorar. En la segunda situación, se han rechazado proyectos apostólicos e iniciativas laicales por interpretaciones que se le dan a palabras del Padre.
[19] Esto no es una idea nuestra, sino que es una de las recomendaciones que la Congregación Jesuita diera a Schoenstatt con motivo de los 100 años el 2014, donde nos decían que dentro de las experiencias que nos tocaría vivir dentro de estos próximos cien años era la distancia cada vez más grande con quienes conocieron al Fundador personalmente, por lo que se hacía necesario renovar y encarnar su mensaje adecuándose a la nueva época.
[20] Solo a modo de ejemplo podemos referirnos a cuestiones como la vida y el movimiento en las mega- ciudades, la inmigración económica, la homosexualidad, el feminismo político, el abuso tecnológico, la globalización, el cambio climático, la relación con los pueblos originarios en la cultura, la búsqueda de identidad latinoamericana, etc. (puede subir)
[21] Por supuesto, esto no es algo que nace de la esencia del Movimiento, sino que es una situación social y cultural que se ha dado en nuestro país. Baste con citar al Padre Kentenich que creía en un “Todo para Schoenstatt y Schoenstatt para la Iglesia”.
[22] Hacemos especial énfasis a vivir el muchas veces olvidado tercer fin de Schoenstatt: la Confederación Apostólica Universal, que según el padre Kentenich, era aquella que buscaba promover la unión y coordinación de todas las fuerzas apostólicas – a nivel diocesano, nacional e internacional –, en todos los campos de la vida diaria.
[23] En esto, ponemos como ejemplo a seguir las experiencias que se viven en Maipú y Nuevo Belén, donde la vinculación con una parroquia o el Santuario Nacional aportan muy decisivamente a la diversidad, apertura y vitalización de estas juventudes.
[24] Relacionado con esto es el hecho de ser, a veces, un movimiento de “clases sociales”, donde unos son más relevantes que otros por su antigüedad, o donde los Santuarios pasan a ser feudos divididos por el ingreso económico y cultural.
[25] Somos conscientes de las muchas obras apostólicas que se realizan por personas del movimiento, pero, en parte, debido a la concepción de Iglesia y Schoenstatt como mundos separados no se suele entregar el propio carisma en ellas, sino que se guarda para los apostolados “institucionales”.
[26] Un gran ejemplo en esta materia es el P. Hernán Alessandri, que desde Schoenstatt fue capaz de ver las grandes carencias de su época, y con un espíritu popular y apostólico, fue capaz de crear varias de las organizaciones que hoy nos vinculan con los excluidos.
[27] Por poner algunas situaciones: existen Santuarios en los que ni siquiera hay carteles fuera que indiquen que son un lugar de oración, Santuarios en que en los alrededores se les llama “el parque”, Santuarios a los que sólo se puede entrar si se piden las llaves en la casa del encargado o encargada del lugar.  29 Como por ejemplo puede ser la construcción de casas de materiales muy costosos y con los mejores equipos, la falta de ahorro en nuestros Santuarios, etc.

Etiquetas: , , , , , , ,

7 Responses

  1. Queridos Jóvenes de Chile
    Soy portuguesa, co-fundadora de la Família de Lisboa y de la Rama de las Madres. Llegué a Schoenstatt hace 40 anos ( se han cumplido este mês de ouctubre). La Familia de Lisboa casi se puede decir es una replica de la de Bellavista…seria muy largo de comentar acá … Pero os digo qué nuestro Santuario es Cenaculo de la Familia del Padre y el Ideal de la Rama de las Madres es Ser Corazón de la Familia del Padre…yo escribi hace 9 anos un libro sobre la historia de Schoenstatt en Portugal….hice mucha pesquisa… Sé de lo qué hablo…os puedo decir que vuestra carta ha sido um balsamo para mi corazón…desde hace muchos anos qué vivo y siento todo lo qué habeis escribido menos lo de los abusos ( hasta la fecha jamás se “escuchó” algo de eso)… Gracias, muchas gracias por vuestra valentía, por vuestro amor a Schoenstatt, solo quién ama se dispone a “dar la vida” por el objecto de su amor.. Cuando se hace algo así se sufre…Dicha de profeta…Creo qué habeis puesto la refundación de Schoenstatt en marcha… Qué nada os detenga, nos detenga a todos… Nuestro Padre y nuestra Mater nos necesitan a todos.
    Cruzada de Maria.. EN MARCHA

  2. Gracias, Jóvenes de Chile!!! La carta es impresionante. Me llenó el alma. Tengan la plena seguridad de que los temas que plantean allí superan las fronteras chilenas. Me devuelve la esperanza en muchos aspectos para este segundo siglo de Schoenstatt. Imagino la sonrisa del Padre Fundador al verlos a ustedes. Creo que es el mejor comienzo para empezar a celebrar los 100 años de Hoerde en el 2019.

  3. Gracias por vuestra valentía al escribir esta carta que debe hacernos reflexionar a toda la Familia de Schoenstatt de Chile y del resto del mundo. La mayor parte de vuestro análisis se puede extrapolar a cualquier rincón de Schoenstatt.
    Tenemos delante una gran oportunidad y está en nuestra mano el saber y querer aprovecharla. Gracias
    A todos aquellos a los que os haya tocado esta carta en cualquier dirección, ahora es el momento de reflexionar, sacar conclusiones y actuar. Hacer nuestro el carisma del P. Kentenich y llevarlo a la Iglesia. Esa es nuestra misión. Seamos audaces como él lo fue.

  4. Coincido plenamente con la Carta de los jóvenes, sobre todo en esto de DECIR LAS COSAS. Aprendamos a AMAR LA VERDAD y posiblemente la Mater nos regale, a partir de allí, la renovación de Schönstatt.
    Nora Pflüger Totti, La Plata, Argentina

  5. Querida JF y JM de Santiago: un millón de gracias por esta carta que refleja un pensamiento maduro, audaz, franco, generoso que sin duda ha sido elaborada por ustedes con mucha seriedad frente a la dura crisis que vive la Iglesia y también nuestro movimiento de Schoenstatt en Chile. Que orgullosa me siento de ustedes: generación del segundo siglo de Schoenstatt! Con toda seguridad que nuestro Padre Fundador los bendice y los acompaña en estos tiempos tan desafiantes. Yo también fui parte de la JF hace muchos años atrás…Schoenstatt me regaló una basis maravillosa sobre la cual he fundado mi vida.
    Un cariñoso y agradecido saludo desde Viena, Austria
    Tita Ravera de Andras

  6. Valientes!!!!. Schoenstatt fue fundado por Jovenes. Hoy los escuchamos y aprendemos. Habra que ser capaces de refundar nuestro movimiento como respuesta a la actualidad de la Iglesia, a partir de la fe practica en la Divina Providencia.

  7. Una audaz y sincera realidad del Schoenstatt no tan sólo chileno, sino que sirve para reflexionar sobre nuestra misión para lis próximos 100 años, en el Movimiento en general.
    Gracias, jóvenes, por la valentía de plantear el pensamiento de muchísimos schoenstattianos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *