Maria mujer

Publicado el 2020-11-27 In Temas - Opiniones

María nos enseña a forjar una patria más justa, más solidaria y en paz

CHILE, Paulina Johnson •

En tiempos tan complejos como los que vivimos, podemos confiar que hay una Madre que vela por nuestra patria, por todos los hijos de esta tierra y que nos acompaña en nuestro incierto caminar: en alegrías, en dolores, en pandemias que dan miedo, en las violencias que, a diferentes niveles y de mil maneras, nos hacen tanto daño. Ella nos devuelve la esperanza en que el Señor es quien conduce la historia. Ella nos renueva en la fe, para que en toda cruz que nos salga al encuentro, podamos descubrir con Cristo el infinito amor del Padre y volvamos a creer en la resurrección y en la promesa, siempre vigente, del Espíritu Santo, para quienes quieran construir su Reino. —

María porque es Madre, es también Educadora – y si se lo pedimos – , no solo nos enseña, también nos ayuda a aprender. Ha sellado una Alianza de Amor con nosotros, para que seamos auténticos hijos y hermanos y así hagamos de esta tierra un hogar, una patria que sea familia, donde todos sean acogidos, donde todos podamos ser amados y aprender a amar.

Una mujer que vivía inmersa en la historia

En el Chile de hoy, es bueno recordar que María, junto con estar muy unida a Dios, vivía inmersa en la historia de su pueblo y esperaba anhelante la venida del Mesías. Ella tiene su propio “proyecto de vida virginal”, se sorprende ante el saludo del ángel y acepta que Dios cambie sus planes. Con gran lucidez ante el anuncio de su maternidad, pregunta al ángel con total libertad, cómo sería esto si ella no conoce varón. Así nos muestra que tiene claridad sobre cómo vienen los niños al mundo, que su fé no anula su razón y que la abre al misterio de la encarnación de su divino hijo, Jesús. Se siente pequeña ante tan grande don y se dispone a dar su sí al Padre, para servir al Dios Trino con todo su ser y su vida.  Entonces tendrá que enfrentar con la valentía que nace de su confianza en Dios, el conflicto que se le avecina con José y con la sociedad. Es así que cada madre soltera puede encontrar en ella un refugio y compañía para dar un sí a la vida.

Una mujer que no se queda encerrada en sí misma

Advertida por el ángel del embarazo de su prima Isabel, no se queda encerrada en sí misma y muy pronto parte presurosa a servir. Ella nos enseña que servir a Dios está íntimamente ligado a servir a quien lo necesita y que en ese servicio se encuentra la alegría. Es en ese feliz encuentro de la Visitación en el que María proclama su Magnificat, donde nos enseña por vez primera, lo que más tarde será la base de la Doctrina Social de la Iglesia, la predilección de Dios por los pobres y los pequeños. Nuestro Padre Kentenich nos invita a descubrir y meditar lo que María expresa en su cántico y señala que Ella se nos revela allí como la gran revolucionaria del amor. Nuestro papa Francisco, en estos tiempos nos invita  a la revolución del amor y de la ternura, creemos que la vida de María es para ello el mejor manual.

En el hoy de nuestra patria, no podemos olvidar que su avanzado embarazo no es una excusa para no ponerse en camino junto a José, para cumplir con el deber cívico de participar en el censo. Es esta especial circunstancia la que decide que Jesús nazca en Belén, haciéndose el más pobre entre los pobres, en un pequeño establo, porque no encuentran una posada, un lugar digno para acoger al Dios que nace. María nos enseña que su docilidad al plan de amor del Padre no tiene límites y que Ella es la portadora de su hijo Jesús, quien con su presencia,  convierte hasta el lugar más humilde en digna morada.

Maria peregrina

La mujer de un Adviento no tranquilo

Se acerca por esta fecha el tiempo de Navidad, cuántas veces nos quejamos y quisiéramos un tiempo de Adviento tranquilo, sin ajetreos, sin preocupaciones y tareas de todo orden. Recordemos que María vivió su Adviento como peregrina junto a José, montada en el lomo de un burro y embarazada de 9 meses. Entonces aprenderemos a esperar y anhelar la venida de Jesús en medio de nuestra vida concreta, preparando en la familia y en el corazón, un pequeño Belén. Quizás así brotará también en nosotros la solidaridad con los más pobres, los más desvalidos, los más vulnerables y al mismo tiempo, el perdón con los que hoy no le dan cabida a Dios en sus vidas y no velan por sus hermanos.

Una familia de refugiados

Para María, nada de lo humano le es ajeno, vivió con José la huida a Egipto para proteger al Niño, ya que Herodes lo buscaba para darle muerte. Ellos conocieron el exilio y el destierro lejos de su tierra. Cómo no ver hoy en cada inmigrante a la familia de Jesús, María y José. Ella nos quiere enseñar a acoger, a proteger, a integrar a cada migrante con su actitud solícita y maternal, para que encuentren en Chile un refugio en su corazón a través del nuestro.

Maria refugiado

Una mujer que hace lo ordinario con amor

Al regresar a Nazareth, la Sagrada Familia comparte la vida cotidiana, el trabajo, el servicio mutuo y los profundos vínculos de amor entre ellos y con su entorno. Allí María nos enseña que valora y comparte la vida con José, asumiendo juntos la crianza y educación de Jesús. Nos muestra que en el día a día, se puede hacer de la casa un hogar, de todos los trabajos y quehaceres, un servicio de amor a Dios y a la vida de quienes Él nos confía. Ella nos enseña que la santidad consiste en unir lo natural con lo sobrenatural, en descubrir a Dios presente en nuestra vida y en el rostro de cada uno de sus hijos, haciendo lo ordinario, lo cotidiano, con extraordinario amor.

Una madre que se preocupa

Cuando Jesús se pierde en el templo, María y José preocupados y angustiados buscan a su hijo y al encontrarlo, María lo reprende pero finalmente nos enseña a aceptar la libertad de los hijos para cumplir el plan de Amor del Padre y no el nuestro. Ella guarda y medita todo en su corazón, abriéndolo a todo lo que vendrá.

En las bodas de Caná la vemos con Jesús compartiendo la fiesta pero atenta a las necesidades, pendiente de que no falte la alegría. Allí nos enseña a recurrir a Jesús con la confianza puesta en que Él actuará. María nos señala el camino: “Haced lo que Él os diga”, su poder intercesor supone y está ligado a nuestro actuar.

La tarea de hacer brillar en cada hijo  el rostro de Cristo

Junto a la Cruz de Jesús, vemos a María como la fiel y fidelísima Compañera y Colaboradora de Cristo en toda la obra de la Redención. Allí nos enseña que el amor crucificado es victorioso y también que no hay victoria sin cruz y nos señala que todas nuestras cruces, unidas a esa Cruz de la Unidad, tan querida para nosotros, pueden ser fuentes de Redención y dar frutos de Resurrección, que es la victoria del amor y de la vida nueva.

En aquél triste Sábado Santo, con su silencio, nos enseña su fe inquebrantable, que sabe esperar contra toda esperanza, la alegría de la Resurrección.

Es desde la Cruz, en esa hora de amor y de dolor extremos en la que Jesús nos la regala como Madre. Es entonces, en esa dolorosa maternidad, en la que Ella nos acepta a todos como sus hijos. Allí se confirma nuestra vocación de hijos y hermanos y nuestra misión de ser iglesia familia de Dios.

Allí nos muestra que Ella asume la tarea de hacer brillar en cada hijo  el rostro de Cristo y nos invita a descubrirlo en cada rostro del Cristo que sufre hoy, a estar como Ella junto a la cruz de cada hermano, a ser aliados de su maternidad universal para dar a luz a un hombre nuevo en una comunidad nueva, en el hoy de nuestra sociedad.

En el Cenáculo de Pentecostés, Ella es la que reúne a los desvalidos apóstoles y les comunica su anhelo y su fe en la promesa del envío del Espíritu Santo.

Desde los santuarios

En nuestro Schoenstatt chileno, ella está presente en nuestros santuarios como la Madre del Cenáculo. Allí nos acoge con todas nuestras debilidades y nos enseña a no confiar sólo en nuestras propias fuerzas, sino en el poder de su amor. Nos enseña que ella espera nuestra colaboración con su tarea de Madre y Educadora en la transformación de nuestro corazón según su corazón y el corazón de Cristo. Y no sólo eso, nos enseña que ella nos necesita como sus instrumentos para enviarnos hoy como apóstoles, para la construcción del Reino Mariano del Padre en esta tierra, haciendo vida la misión de nuestro Padre Fundador, el gran Profeta de María.

Sí, querida Mater, en este tiempo en el que nos toca vivir queremos dejarnos educar por ti, pedirte que nos ayudes a aprender y con nuestro padre Kentenich, queremos decirte que nos enseñes, cada día, a caminar por la vida tal como tú lo hiciste…

Mirando tu caminar podremos descubrir algunas pistas para seguir tus huellas en nuestro peregrinar cotidiano. Para asumir como hijos y aliados tuyos el desafío de la elaboración de una Nueva Constitución, para que sea ésta la oportunidad de construir una patria más justa, más solidaria y en paz, una patria que sea hogar y mesa para todos.

Desde tus santuarios y desde Maipú, Tierra de Encuentro, querida Madre y Reina de Chile escucha nuestra oración, acógenos, transformanos y envíanos desde el Cenáculo, para forjar contigo una patria que sea tu gran familia, unida por el amor.

Fuente: Revista Vínculo, Chile, con permiso de los editores

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