Publicado el 5. junio 2018 In schoenstattianos

El desafío de ser un abogado schoenstattiano

Flávio M. Santos (OAB/SP 315.713), Brasil •

Flávio M. Santos es abogado y forma parte de la Liga de Familias. Actualmente es el presidente del consejo del Santuario Sion de Jaraguá. —

Mi desafío es ser un abogado schoenstattiano. ¿Qué significa eso?

¡Quien conozca un chiste de abogados, que levante la mano! ¡Ah! ¡Todos levantaron la mano!

Una cosa es hurtar un vehículo, por ejemplo, y otra cosa es robar un paquete de arroz para alimentar a un hijo hambriento.
En el mundo existen innumerables chistes de abogados. Todos muestran a un profesional egoísta, aprovechado, que quiere sacar ventaja (¡mucha ventaja!) de todo, modificando hechos, creando situaciones que le favorecen. Yo que soy abogado, y me honro de esa profesión, recibo un chistecito de esos todas las semanas. No me importa, hasta me gusta. ¡Pero elijan bien, por favor, pues recibo muchos repetidos!

No se trata aquí de ser un abogado que utilice de su conocimiento para aprovecharse de la ignorancia de alguien o, peor aún, que intente modificar los hechos para con ello ganar un derecho que no es suyo o de su cliente.

Me explico: El trabajo del abogado es el de demostrar los hechos, valorarlos e indicar al juicio el derecho de su cliente. Los técnicos en el área le llaman “aplicar la teoría tridimensional del Derecho”, formulada por uno de los mayores juristas que nuestro país ha producido, el Dr. Miguel Reale, conocido mundialmente por su teoría que revolucionó el mundo jurídico en 1968, cuando fue difundida.

Sin querer dar lección de Derecho, pues esa no es la finalidad de este pequeño artículo, antes de esa teoría se buscaba únicamente ajustar el hecho jurídico a las normas existentes. Hoy, en buena parte del mundo, aunque en unos países más que en otros, se busca la valoración del hecho (he aquí la novedad introducida) para la norma. Por ejemplo: Hurtar es un crimen, según el artículo 155 del Código Penal – y conlleva una pena de reclusión de uno a cuatro años. Por lo tanto, si alguien hurta cualquier cosa, ¿esa debería ser el castigo? La respuesta es no: una cosa es hurtar un vehículo, por ejemplo, y otra cosa es robar un paquete de arroz para alimentar a un hijo hambriento.

¿Percibieron el valor en el hecho de “hurto”? Uno era para enriquecerse y el otro para calmar el hambre de su familia.

He querido hacer esta larga introducción para decir que, como abogado schoenstattiano, no puedo alterar el hecho de que un crimen de enriquecimiento se convierta en un crimen de hambre para disminuir o incluso excluir la pena de mi cliente. Tal vez por eso yo no trabaje en el ámbito criminal, pero dije todo esto para que usted, amigo lector, pueda entender mejor lo que significa ser un abogado schoenstattiano.

En una disputa jurídica siempre existen al menos dos partes y cada una de ellas cree que tiene todo el derecho sobre la otra.

Ética, verdad y acogida de Schoenstatt en el Derecho

Por eso utilizo como norma ética la de nunca mentir, nunca intentar modificar los hechos para que el Derecho contemple a mi cliente en lo que no es de su derecho.
Como abogado, recibo personas que me cuentan casos de sus vidas de todo tipo. Necesito iluminar a esas personas a la luz que emite nuestro Padre Fundador, acoger a esas personas como las acogería María. No es fácil.

Por eso utilizo como norma ética la de nunca mentir, nunca intentar modificar los hechos para que el Derecho contemple a mi cliente en lo que no es de su derecho.

Entonces, cuando se le explica al cliente que él, eventualmente, no tiene derecho en su disputa, es evidente que no se sentirá feliz.

Aprendí que no se deben juzgar los actos de nadie. No seré yo quien condene (como tampoco lo hizo Jesús con la adúltera), pero a mí me toca relatar al juicio los hechos y el valor, apuntando al Derecho. Solo eso.

Tampoco se espera del juez el mismo comportamiento de Dios. El Juez no es Dios, nadie lo es, y sería una injusticia tremenda creer que un juez puede juzgar con justicia como Dios lo juzga.

Dios juzga con la ley y la misericordia. Pero Dios sabe exactamente en qué punto y medida la ley debe prevalecer y en qué punto y medida lo hará la misericordia. Esto es imposible de hacer para un humano.

De esta forma, un buen juez es aquel que logra ver el hecho valorando la ley, y aplica todo lo que eso implica a quien lo deba.

Justamente por eso es que nuestro llorado San Juan Pablo II dio el perdón al verdugo que lo había intentado asesinar, pero no pidió que disminuyeran la pena en un solo día.

Los hombres deben someterse a las leyes de los hombres cuando esas leyes son justas y correctas, es decir, aplicadas de conformidad con los principios del Derecho, con el fin de crear una sociedad justa e igualitaria, en un estado democrático y de Derecho.

Desafíos y Misión

Me gusta y deseo mucho que la Stma. Virgen me utilice como instrumento para que pueda ser sal de la tierra y luz para el mundo, y que así la justicia prevalezca.

Como perciben, yo jamás podría, por ejemplo, pedir a un juez que abortara el feto de una madre, aunque la justicia así lo permita en muchas situaciones, pero esa ley, a mi entender, no debe ser aplicada, pues contraría el principio de propósito en la construcción de una sociedad justa e igualitaria. Ciertamente, yo intentaría de todas las maneras aconsejar, orientar e indicar buenos profesionales que pudieran atender a esa mi cliente sin que se hiciera ese aborto, acto abominable para nosotros cristianos, o simplemente abandonaría el caso, porque la petición es incompatible con mi ética personal y profesional.

Utilizando los principios en un país como el nuestro, donde se aplica sin contemplaciones la famosa “ley de Gerson” [1], en la que se quiere tomar ventaja en todo, he aquí el gran desafío de un profesional abogado de Schoenstatt que ha propuesto llevar en alto a nuestra Madre Tres Veces Admirable en su profesión.

 

[1] En la cultura popular brasileña, la ley de Gerson es un principio en el que una persona o empresa obtiene beneficios de manera indiscriminada, sin tener en cuenta las cuestiones éticas o morales.

Original: Portugués, 02/06/18 Traducción: Kikito Vazquez, Asunción, Paraguay/es

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