Publicado el 9. diciembre 2016 In Iglesia - Francisco - Movimientos, Santuario Original

La pequeña cruz del Papa Francisco

Maria Fischer •

«Auslaufen» es una palabra alemana que se resiste a la traducción por su doble sentido. Puede significar ‘ser obsoleto, dejar de ser producido o vendido’, y al mismo tiempo, significa ‘la salida de un barco al mar’. El título del libro «Auslaufmodell«‚ de Paul M. Zulehner, puede traducirse como ‘Modelo obsoleto’ y a la vez como  ‘Modelo en salida’.

Modelo obsoleto/Modelo en salida. El otro libro en la mesa se llama  ‘Mit Maria leben’ (original: Ella es mi mamá).

Ambos libros tratan sobre el Papa de los confines del mundo, del Papa sin doctorado y sin carrera en la curia, el que con audaz misericordia ha provocado un santo lío, un santo alboroto en la Iglesia, un alboroto que sabe a Pentecostés, a Espíritu Santo. Ambos libros y sus mensajes fueron el punto central en el encuentro de renovación espiritual para sacerdotes y diáconos al comienzo del Adviento, en la Casa de Sacerdotes en el Monte Moriah. También el foco estuvo puesto en una pequeña cruz que muestra al Buen Pastor, bajo el símbolo del Espíritu Santo; la cruz que Jorge Mario Bergoglio ya llevaba como Arzobispo de Buenos Aires mientras visitaba las villas, los barrios pobres de esa ciudad, y la que llevaba frente a los que gobernaban, la misma cruz que lleva en el Vaticano y en la Iglesia universal.

Auslaufmodell  y María como modelo de la revolución de la ternura

Auslaufmodell, modelo obsoleto: esto podría significar que la Iglesia de la Europa postcristiana estaría llegando a su fin. Un buen número de cifras parecen sugerirlo. El Papa Francisco representa otro tipo de Auslaufmodell, el modelo en salida: la nave de la Iglesia que deja el puerto del solipsismo y se acerca a las periferias de la vida y de la sociedad, hacia aquellos que están heridos por la vida. En la agenda no hay lugar para moralizar, sino para sanar. Éstas son las palabras de Paul M. Zulehner en la introducción de su libro. Iglesia en salida, la preocupación central del Papa Francisco, por lo general, traducido al alemán de manera demasiado formal e inofensiva como “Iglesia en movimiento”, aquí en un juego de palabras francamente ingenioso y con un lenguaje deliberadamente irritante.

El libro del Padre de Schoenstatt, Alexandre Awi, que apareció en septiembre en las librerías de Alemania, Austria y Suiza (en español ya en 2014), también ha causado perplejidad (o potencialmente provoca alboroto). Ya que, quien cree encontrar en ese libro sobre María y los encuentros del Papa Francisco con ella, algo piadoso, contemplativo y tranquilizador, es sorprendido por un Francisco, para quién María es un modelo de la teología popular, la pobre mujer del Magníficat y un llamado a la maternidad por parte de la Iglesia, que suena revolucionario y lo es: “La ternura es revolucionaria, la revolución de la ternura. Creo que le tenemos miedo a la ternura” (…). En vez de una actitud rigorista, obsesionada por el moralismo, Francisco, devoto de la Virgen de la Ternura, prefiere destacar la relación filial y paternal, el tierno vínculo de amor que existe en el llamado de un padre que ama y quiere la felicidad de su hijo, y la respuesta de un hijo que reconoce el amor de su padre y, por eso, sigue sus enseñanzas. (Awi, p. 237 en la edición de Patris Argentina).

Una Iglesia pobre, una Iglesia humilde y dinámica

Basado en la presentación del P. Franz Kraft, quien se vio impedido de participar, el Rector Egon M. Zillekens dio dos impulsos a los temas que Zulehner y Awi hacen de Francisco, dándole coraje a los sacerdotes: coraje por la Iglesia, coraje de “salir”, coraje por Francisco.

Citando a Paul Zulehner, dice a los sacerdotes:

Miremos al Papa Francisco, el que sale y toma velocidad junto a la Iglesia, como una nave que se introduce en el agua, y quien dice: ‘Si la Iglesia no se abre, no se pone en salida y sólo se preocupa de sí misma, se vuelve vieja. Si tengo la posibilidad de elegir entre una Iglesia que al salir a la calle recibe heridas y una Iglesia enferma por estar ocupada de sí misma, entonces no tengo ninguna duda: yo elegiría la primera opción.’ (Zulehner, pág. 9).

Se refirió al ‘Pacto de las Catacumbas’, aquel pacto que se firmó el 16 de noviembre de 1965 – el día del ochentavo cumpleaños del Padre Kentenich (!), durante el Concilio Vaticano II, en las catacumbas de Domitila en Roma, por un grupo de obispos en el que se comprometían a tener un estilo de vida simple y al servicio de los pobres. Pocas semanas antes del final del Concilio, 40 Padres conciliares de todo el mundo celebraron la Eucaristía y al final de la Santa Misa se concertaron en torno al pacto con el nombre del lugar de los hechos. Entre los primeros firmantes se encontraban dos alemanes: Julius Angerhausen (1911-1990), Arzobispo de Essen, y Hugo Aufderbeck (1909-1981), Arzobispo de Erfurt. Más tarde, otros 500 obispos de todo el mundo se unieron a este pacto. Los principales iniciadores de este grupo fueron Hélder Câmara, el Obispo Guy-Marie-Joseph Riobé, de Orléans y el Cardenal Giacomo Lercaro. Más de 50 años después, un Papa es el que retoma los anhelos del Pacto de las catacumbas. Y todo esto, así lo dijo el Rector Zillekens, recuerda la charla del Padre Kentenich sobre ‘La misión post conciliar de la Iglesia y su anticipación por parte de Schoenstatt’, dada a sacerdotes el 17/2/1968:

  • La Iglesia fraterna
  • La Iglesia pobre
  • La Iglesia penetrada por lo divino
  • La Iglesia dinámica
  • La Iglesia humilde
  • La Iglesia penetrada por el mundo

Muy parecida a la imagen de Iglesia que él presentó el 8 de diciembre de 1965, durante la colocación simbólica de la piedra fundamental del Santuario en Roma, la que deja comprometida con Schoenstatt.

Simpatía por Francisco

La renovación espiritual, junto con la celebración de la Eucaristía, el tiempo de adoración eucarística, el tiempo personal y los dos impulsos espirituales, les regaló a los sacerdotes y diáconos la posibilidad de renovación y de nueva orientación.

“Durante ambos impulsos, frente a mí estaba presente la pequeña cruz del Papa”, así lo relató el Rector Egon M. Zillekens. “Cada uno de los presentes la tuvo en la mano. Yo les dije que en Schoenstatt existe un círculo de solidaridad en torno a Francisco y que, quien a él pertenece, posee esta cruz. Eso ha provocado un efecto fuerte. Francisco se encontró en el centro”.

El círculo solidario en torno al Papa tiene su origen en el «Dreamteam» de schoenstatt.org, el que selló una “alianza solidaria” con Francisco el 31 de mayo del 2013. Simplemente, es escuchar su voz, entender sus gestos, cumplir sus deseos en forma misionera y misericordiosa como él. O parafrasear un término del Padre Kentenich (simpatía por Dios): simpatía por Francisco. Interiormente estar siempre al lado de Francisco.

Esto tiene que ver entonces con lo que habla Zulehner en forma tan clara: «Calentar el corazón y sanar las heridas». Entonces no causan irritaciones las cartas abiertas de cardenales, que antes eran conocidos por exigir rigurosamente una implacable fidelidad al Papa.

Uno es santo en la medida en que se esfuerza por ser misericordioso. No son palabras de Francisco, sino de José Kentenich.

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Original: Alemán. Traducción: Tita Andras, Viena, Austria/mf/ce

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