Busse 31. Mai

Publicado el 2021-06-01 In José Kentenich, Temas - Opiniones

La viuda de Husum y el 31 de mayo de 1949

P. Elmar Busse, Alemania •

Husum se encuentra en la orilla de una bahía al borde del mar de Wadden de Schleswig-Holstein. Al noroeste se encuentra la península de Nordstrand. En Husum se cuenta la siguiente saga. —

“Era invierno y la bahía estaba congelada, tanto que los habitantes de Husum decidieron celebrar una fiesta en el hielo. Se levantaron tiendas de campaña. En el interior se ponía música y se festejaba; en el exterior la gente patinaba.

Sólo una anciana madre se había quedado sola en el pueblo. Estaba enferma y no se tenía en pie, pero como su casa estaba en el dique, podía mirar desde su cama el hielo y ver la alegría de la gente. Al acercarse el atardecer, vio, mirando hacia el mar, una pequeña nube blanca en el oeste, que acababa de levantarse en la orilla. Inmediatamente se apoderó de ella un miedo infinito; había estado en el mar con su marido en tiempos pasados y conocía bien el viento y el tiempo. Calculó: en una hora subirá la marea y cuando la tormenta se desate, todos estarán perdidos.

Entonces gritó y se lamentó tan fuerte como pudo, pero no había nadie en su casa, y los vecinos estaban todos en el hielo. Nadie la escuchó. Mientras tanto, la nube se hacía cada vez más grande, y gradualmente se volvía más negra; unos minutos más y la marea habría subido.

Entonces hizo acopio de todas sus fuerzas y se arrastró sobre manos y pies fuera de la cama hasta la estufa; felizmente encontró algo de fuego, arrojó a la paja de su colchón y salió lo más rápido que le era posible, para ponerse a salvo.

Entonces, la cabaña ardió al instante, y cuando el resplandor del fuego se vio desde el hielo, todos corrieron hacia la playa. El viento se levantó y barrió el polvo del hielo ante ellos; el cielo se oscureció, y pronto el hielo empezó a crujir y a balancearse; el viento se convirtió en una tormenta, y justo cuando el último puso el pie en la tierra firme, el hielo se rompió y la marea llegó a la playa. Así que la pobre mujer salvó a todo el pueblo, y le entregó sus bienes y enseres para salvarlos”.[1]

Me gustaría comparar la acción de la viuda con la carta que el P. Kentenich envió a Tréveris desde Santiago de Chile, en respuesta a la visita episcopal, el 31 de mayo de 1949. Era plenamente consciente del riesgo.

Husum

Husum

El 31 de mayo – no fue un error

En su discurso a las Hermanas, la tarde del 31 de mayo de 1949, en la capilla a medio terminar, les explicó de qué trataba su carta de respuesta al informe de la visitación. Si permitimos que el texto haga efecto en nosotros, entonces queda claro: el P. Kentenich no metió la pata de forma ingenua, sino que era plenamente consciente del riesgo que corría al dar ese paso.

Leamos el original: (Carta del 31 de mayo, párr. 16 al 20)

“La clara misión de Schoenstatt para Occidente, especialmente para nuestra patria, frente al colectivismo que avanza poderosamente y que destruye todo, se encuentra frente a un muro que sólo puede ser traspasado si se aleja y vence el mencionado germen…

Ustedes, a su manera, pueden ayudarme a llevar la responsabilidad y compartir la misión de la Familia. Pero tenemos que contar con que este trabajo hiera nobles corazones allá en la patria, que despierte una violenta indignación y haga que en respuesta se nos den fuertes y duros contragolpes.

No nos admiremos si se forma un frente común poderoso y unido de hombres influyentes en contra mia y de la Familia. Humanamente considerado, tenemos que contar por último con que nuestro intento fracase completamente. Y sin embargo, no podemos sentirnos dispensados de correr este riesgo.

Quien tiene una misión ha de cumplirla, aunque un salto mortal siga a otro. La misión de profeta trae siempre consigo suerte de profeta. Vemos como el Occidente camina a la ruina y creemos que estamos llamados desde aquí a realizar un trabajo de salvataje, de construcción y de edificación. Creemos que tenemos que ofrecernos como instrumentos para impulsar una contra-corriente que vuelva los países de los cuales también nosotros hemos sido abundantemente beneficiados…”.

Beziehungen - Busse - 31.Mai

Incapacidad de relacionarse – pobreza al relacionarse – miedo de relacionarse – “pensamiento mecanicista»

Sobre el germen de la enfermedad designado había dicho antes: (Carta del 31 de mayo, párr. 14)

“Si recuerdo cómo todo ha ido creciendo – todo es un regalo extraordinariamente grande que el Padre Fios me ha dado: la mentalidad orgánica opuesta a la manera de pensar mecanicista. Esta fue la lucha personal de mi juventud.

En ella pude vencer aquello que hoy conmueve a Occidente hasta en sus raíces más profundas. Dios me dio inteligencia clara. Por eso tuve que pasar durante años pruebas de fe.

Lo que guardó mi fe durante esos años fue un amor profundo y sencillo a María. El amor a María regala siempre de por sí esta manera de pensar orgánica. Las luchas terminaron cuando fui ordenado sacerdote y pude proyectar, formar y modelar en otros el mundo que llevaba en mi interior.

El constante especular encontró un saneamiento en la vida cotidiana. Este es además el motivo por el que conozco tan bien el alma moderna, aquello que causa tanto mal en Occidente. ¿A quién debo agradecer todo esto? Viene de arriba. Sin duda de la Santísima Virgen. Ella es el gran regalo. De este modo pude además de la enfermedad, experimentar también en mi propia persona, y muy abundantemente, la medicina…”

¿Equivocado en el tono? sí. ¿En el diagnóstico? menos

Lo que en realidad resultaba provocador, incluso hiriente, era que imputara este pensamiento mecanicista al obispo y al obispo auxiliar, además de a los numerosos intelectuales católicos de Alemania. Es cierto que Kentenich pidió al arzobispo Bornewasser en la carta adjunta que su respuesta al informe de la visitación se entendiera más como un estudio estratégico pastoral, y esperaba «que las diferencias científicas no llevaran a desacuerdos personales». Pero eso es exactamente lo que ocurrió, dañando, cortando hilos ya tensos, y por lo menos igual de grave: oscureciendo el diagnóstico. Tal vez una debilidad del P. Kentenich en la valoración de la crítica, tal vez un extremo en la separación de la persona de la cosa.

Si queremos nombrar la tentación con la que el P. Kentenich se vio confrontado por el informe de la visita de 1949, podríamos parafrasearla así: Podría haber desestimado las observaciones críticas del obispo auxiliar Stein como «cacahuetes», como trivialidades, y simplemente haberlas ignorado.

¿Sacrificar la originalidad de Schoenstatt en aras de la armonía?

Él pudo haber sacrificado la originalidad de Schoenstatt en aras de la armonía.

También dijo que si sólo se hubiera tratado de Schoenstatt, entonces podría haber aceptado el resultado, pero en las preguntas críticas del obispo auxiliar vio el problema del pensamiento mecanicista que amenazaba la vitalidad de la Iglesia. En 1949, las iglesias de Alemania seguían llenas y el suspiro de alivio tras la persecución de la Iglesia durante la época nazi era palpable en muchos lugares. Así, muchos pensaron que se podía continuar simplemente desde la época anterior a 1933 y poner el acento de la pastoral en la administración de los sacramentos y la labor educativa, así como en el trabajo asociativo.

Pero el P. Kentenich consideraba que debía haber un cambio de énfasis en la atención pastoral: Había que «organismar» las parroquias, es decir, formar muchos grupos pequeños en los que se debía cultivar un intercambio de experiencias abierto y sin tabúes.

Es el mismo proceso que ya había formulado como tarea importante en el Acta de Prefundación: (Acta de Prefundación , párr. 15 y 17)

“Que jamás nos acontezca saber varias lenguas extranjeras, como lo exige el programa escolar, y que seamos absolutamente ignorantes en el conocimiento y comprensión del lenguaje de nuestro propio corazón…El grado de nuestro avance en la ciencia debe corresponder al grado de nuestra profundización interior, de nuestro crecimiento espiritual… En primer lugar, debemos conocernos y acostumbrarnos a hablar libremente entre nosotros, según nuestro nivel de educación”.[1]

Paralelismos en la historia de la Iglesia

Como conocedor de la historia de la Iglesia, tenía claro que Roma no era precisamente aprensiva con los nuevos tipos de crecimiento. Y en esto también radica la tarea tutelar de la iglesia.

Uno de los muchos ejemplos:

Mary Ward. Vivió en Inglaterra en la época de la persecución de los católicos (*1585 +1645). Sintió vocación a la vida religiosa. Como esto no era posible en Inglaterra, ingresó en un convento de clarisas en Flandes. Sin embargo, al poco tiempo intuyó que ese no era su camino. Volvió a Inglaterra y, a riesgo de su vida, organizó contactos ilegales entre católicos y sacerdotes de su fe. Por ello fue condenada a muerte en una ocasión, pero fue liberada.

Un grupo de chicas se unió a Mary Ward. Juntas volvieron a Flandes y tomaron como alumnas a chicas inglesas católicas. El «Instituto de Señoritas Inglesas» debía ser como la Orden de los Jesuitas, adoptando las reglas de San Ignacio de Loyola. La nueva forma de la orden -mujeres sin clausura en el servicio apostólico- suscitó molestias incluso entre los católicos, ya que sus miembros se comportaban en su instituto como monjas, pero al mismo tiempo se movían libremente por la ciudad.

Para confirmar sus reglas religiosas, Mary Ward fue a Roma, donde las hermanas también enseñaban a las niñas. Pero como se negaron a la clausura en aras del cuidado pastoral, tuvieron que abandonar Roma y se trasladaron a Alemania en la época de la Guerra de los Treinta Años.

En 1631 el Papa Urbano VIII disolvió el instituto; la propia Mary Ward fue encarcelada durante nueve semanas por hereje. El tribunal de la Inquisición romana terminó con su vindicación, pero su orden queda suspendida. En 1639 viajó por última vez a su Inglaterra natal, donde los católicos seguían siendo perseguidos. Murió en York en 1645.

El reconocimiento de la Orden de las Señoritas Inglesas por parte del Papa no se produjo hasta 1703, más de 50 años después de la muerte de su fundadora. En 1877 el Instituto de la Bienaventurada Virgen María (Institutum Beatae Mariae Virginis – IBMV) recibió el reconocimiento papal, y en 1909 el Papa Pío X concedió permiso para llamar a Mary Ward fundadora del instituto. Sólo en 1978 adoptó las Constituciones de Ignacio de Loyola, adaptadas a las necesidades de una orden femenina. Mary Ward había luchado por ello toda su vida.

Otro ejemplo es la abolición de la orden de los jesuitas.

Fue llevada a cabo en 1773 por el Papa Clemente XIV bajo la presión de los reyes de Francia, España y Portugal. Diversas teorías conspirativas desempeñaron un papel importante en los ataques a la orden de los jesuitas. Los pensadores de la Ilustración fueron fundamentales en la lucha contra los jesuitas. La abolición fue revocada en 1814 por el Papa Pío VII.

Ya durante la época nazi, el P.Kentenich se enfrentó a la posibilidad de que el Movimiento de Schoenstatt fuera aplastado por los nazis.

Recordando una reflexión de San Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas – que en la meditación del Sacrificio de San Isaac lucha a través de su sí a la posible destrucción de la Orden de los Jesuitas – Kentenich reza en el campo de concentración de Dachau:

“Dios omnipotente,/ ¿quieres quitarme este hijo,/ te alegra paralizar sus fuerzas,/ deseas verlo transformado en caricatura,/ en la cual sólo reste/ un pálido reflejo de vida?/ Por amor me regalaste el hijo,/ me diste energía/ para consagrarle toda mi existencia./ ¿Quieres ahora verlo muerto en mis brazos,/ o que vaya por la vida/ como un ser deforme?/ Entonces te pido:/ sé consecuente con tus planes;/ sólo hacia ti tiende mi profundo anhelo;/ sólo a ti, Padre, te busco,/ tu voluntad procuro,/y mi alegría es que cumplas tus deseos./Toma este hijo,/ al que tu diste la vida/ y al cual he ofrecido/todas las fuerzas de mi amor;/ lo devuelvo gozoso a tus manos/ y te entrego su destino y su felicidad./ Por tu gran bondad,/ si quieres conservarlo/ para mí y para el mundo,/y que pueda seguir abrazándolo con amor,/ si tu quieres tomar como precio de rescate/ mis ruegos y mi confianza heroicamente filial,/ ¿entonces odiaré toda mediocridad/ y toda pereza!/ Ni de día ni de noche quiero, innoblemente,/ dejar de pedir y suplicar lleno de confianza:/ ¡Apresúrate a manifestar/ tus maravillas a tu hijo! “[2]

El P. Kentenich conoció la visión que San Benito tuvo poco antes de su muerte (+547), a saber, que su fundación, el monasterio de Monte Cassino, sería destruido. Esta predicción se cumplió en el año 580: los lombardos quemaron el monasterio de Monte Cassino, los monjes permanecieron vivos y pudieron escapar a Roma, al Laterano. ¿Por qué haría Dios algo así a un fundador? ¿No podría haber dejado el futuro en la oscuridad? Parece ser una de las pruebas de fe que Dios impone a los fundadores, que deben devolver a Dios su creación favorita, como hizo Abraham con Isaac, para que nada más creado pueda obstaculizar la inmediatez de Dios.

Prender fuego a la propia casa

Después de que el P. Kentenich se enfrentara a esta prueba durante la época nazi y luchara contra ella, se sintió lo suficientemente libre interiormente como para arriesgar la existencia de su Obra por el bien de la Iglesia. Volviendo a la leyenda citada al principio: Prendió fuego a su casa para advertir a las autoridades de la Iglesia.

Y en los años siguientes hubo intensos esfuerzos para hacer del Movimiento de Schoenstatt una tercera Orden de los Palotinos, en la que los Palotinos -por ser sacerdotes- hubieran tenido automáticamente la palabra.

La oración de consagración «Oh, Señora mía, oh, Madre mía…» también se les habría dejado, incluso si esto hubiera provocado la adhesión al Movimiento. Al fin y al cabo, tanto la oración como la incorporación a través de una consagración mariana era una antigua costumbre de la Congregación Mariana. El 19 de abril de 1914 habría sido transmitido como la fundación de Schoenstatt. Ese día se fundó la Congregación Mariana en la casa de estudios.

Pero todo lo innovador, la pedagogía religiosa de Kentenich y la sociología del movimiento laico habrían caído bajo la mesa.

“El amor en tiempos de libertad infinita”

Personalmente, me resulta incomprensible que el problema de la incapacidad de comprometerse o la falta de compromiso se discuta en la sociedad, pero no en la Iglesia. Allí se diagnostica el fin de la iglesia popular y la pluralidad de la sociedad, se lamentan los escándalos y la consiguiente pérdida de confianza, se espera una nueva primavera de los sacerdotes y sacerdotisas casados, y se lucha por la liberalización de la moral sexual oficial de la iglesia. Pero la incapacidad de formar un vínculo interpersonal, que luego lleva a la incapacidad de tener una relación viva con Dios, se aborda muy raramente.

El tema -sin el contexto eclesiástico- llegó a la portada de la revista ‘Stern’ en noviembre de 2013 bajo el titular «El amor en tiempos de libertad infinita».

«Según un estudio de la agencia Elitepartner, ningún tema de su página web recibe más clics que «la ansiedad por el compromiso». Los informes sobre este tema, publicados en línea por los psicólogos de la empresa, son leídos por unas 3.000 personas cada mes. Este comportamiento está en consonancia con las cifras con las que se encuestó a más de 25.000 internautas alemanes adultos (no miembros de Elitepartner): el 13% de los hombres y el 14% de las mujeres alemanas tienen dudas sobre si su pareja es la adecuada para ellos. El 15 por ciento de las parejas no casadas suelen tener dudas sobre si su pareja es realmente adecuada para ellos. Después del matrimonio, las dudas disminuyen: de los que están casados, sólo el doce por ciento sigue cuestionando su relación. Pero el matrimonio está muy lejos».

En noviembre de 2013, que convierte los problemas de compromiso de las parejas en el tema de portada de su nuevo número, la editora Nina Poelchau habló con personas que no consiguen que el matrimonio funcione en un primer momento. «Incluso ante la idea de irse a vivir juntos, ponen pies en polvorosa. Lo más llamativo es que ellos mismos no están contentos. No entienden qué reflejo les impulsa a que sus relaciones se desmoronen cada vez que su pareja quiere estar más cerca».[3]

La terapeuta de parejas Stefanie Stahl escribe un bestseller tras otro sobre este tema, pero todavía no he encontrado una publicación de educación religiosa fuera de Schoenstatt que reflexione sobre el impacto de este problema en las prácticas religiosas.

Soñando: ¿qué pasaría si…?

Desde la perspectiva actual, podemos apreciar bien la tragedia del Padre Kentenich en 1949. Su mensaje no fue recibido. Él mismo fue separado de su Obra.

El Movimiento de Schoenstatt no recibió su independencia legal de los palotinos hasta el 18 de octubre de 1964; esto puso fin a todos los esfuerzos de nivelación.

¿Cómo estaría hoy la Iglesia en Alemania si los responsables de entonces hubieran asumido los cambios de énfasis recomendados urgentemente en la atención pastoral.

¿Lo ha hecho siempre Schoenstatt? ¿O es que a veces al apagar el fuego ha hecho demasiado bien, para salir en la foto?

¿Y hemos sido capaces de hablar de ello de forma que se entienda? Ignacio Quintanilla, entre otros, se hace esta pregunta en su contribución al 31 de mayo.

¿Hemos sido capaces de vivirlo de tal manera, también y especialmente en nuestro trato con los demás y con los que pensamos y actuamos de forma diferente, que ya no necesitamos hablar de ello? Esto es lo que se pregunta el Dr. Martin Flesch en su ensayo, que también encaja con este peculiar 31 de mayo de 2021.

Beziehung Freude Glaube Kirche

Foto: JMJ Panamá Centro de Prensa


[1] Schoenstatt. Acta de Prefundación y Carta del 31 de mayo.
[2] J.Kentenich, Hacia el Padre, oraciones desde el campo de concentración, estrofas 433 – 438.
[3] https://www.stern.de/familie/beziehung/bindungsangst-liebe-in-zeiten-unendlicher-freiheit-3306906.html
[1] Karl Viktor Müllenhoff, “La muchach brava”, en Frank Trende (Hg), salvó toda la ciudad, adaptación literaria de una saga del Mar del Norte, Ed. Boyens, Heide 2016, pag.11f.

 

Original: alemán, 30.5.2021. Traducción: Paz Leiva, Madrid, España

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2 Responses

  1. Eduardo Arnouil dice:

    Hemos celebrado un nuevo aniversario del tercer hito y también hemos perdido la oportunidad para decirnos la verdad que nos explica el exilio del fundador a Milwaukee.
    Y no nos hemos referido al meollo de la Plática del fundador, del 31 de mayo, 1949 en el santuario filial de Bellavista.

    Le hemos sacado la vuelta a referirnos a los hechos históricos – que no son toda la explicación – pero constituyen hechos claves que no podemos ignorar.
    Sencillamente, no se puede explicar el tercer hito del 31 de mayo, 1949 sin referencia al decreto aprobado por el Santo Padre Pío XII y por los doce cardenales del Santo Oficio el 31 de julio, 1951. Y sin referirnos a los otros decretos y disposiciones.
    Lo que hacemos, para no decirnos la verdad y continuar en la modalidad de negación (in denial) es inaceptable.
    Y también lo es seguir fomentando una actitud intransigente y antagónica frente a la autoridad legítima de la Iglesia.

    El sacerdote alemán, palotino, José Kentenich es el fundador de Schoenstatt.
    El y los congregantes, miembros de la Congregación Mariana (fundada el 19 de abril, 1914), sellaron una Alianza de Amor con la Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt, en el santuario, el 18 de octubre, 1914.

    La autoridad legítima de la Iglesia lo sancionó, después de dos visitaciones (1949 y 1951-53), con el exilio.
    Solamente pudo regresar a Schoenstatt después de dejar la SAC, la comunidad religiosa a la que pertenecía, y de incardinarse como sacerdote diocesano en Münster (16 de noviembre, 1965).
    Una vez que hemos afirmado la verdad, podemos hablar de Schoenstatt todo lo que queramos, aceptando la autoridad de la Iglesia.
    Y referirnos al contenido de la Plática del 31 de mayo…

  2. Nora Pflüger Totti dice:

    Un artículo muy profundo, que da hilo para rato.
    A mí me dejó pensando que los schönstattianos nos hemos quejado siempre de que la Iglesia no entendió el planteo del Fundador, cuando tendríamos que preguntarnos primero si nosotros mismos lo entendemos.
    Nora Pflüger Totti, La Plata, Argentina

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