Publicado el 14. Julio 2016 In Campaña, Obras de la misericordia

Tras las huellas del Papa Francisco en la Villa 31

ARGENTINA, por María Fischer •

“Hoy cumplo 40 años”, dice con gran alegría una mujer que parece mucho más joven. Tiene en su falda a los dos hijos menores. Y antes de que todos pudiéramos cantarle “Cumpleaños feliz”, sorprende a todos con un anuncio: “Nos vamos a casar…” Desde la escalera, afuera, donde se quedó la mayoría de los hombres, se escucha un eco un poco menos fuerte: “Si, es verdad, nos vamos a casar”. Aplauso espontáneo y sincero. “Debes saber que él fue alcohólico”, me comenta Cristina, misionera de la Campaña que me invitó a este encuentro impactante, broche de oro de mi visita a la Argentina.

“Estamos juntos hace mas de veinte años”, relata ella, “pasamos por muchos momentos hermosos y otros tantos horribles, pero seguimos juntos. Él tomaba, tomaba mucho. Pero me dije: no me voy a rendir frente a una botella que ni puede hablar. Yo puedo hablar y le hablé, y me quede con él. Y lo superó, no toma más, ¡y desde hace mucho!” Mientras tanto él entró, se sentó en el suelo, y con una cara en la que brilla la felicidad, la mira a ella y dice: “No tomo más. Ganamos.”  Y se van a casar. Miro a la Virgen Peregrina en la sencilla mesa. Es el centro de esta reunión en el segundo piso de una vivienda en la Villa 31, y rezo: “Vos ganaste”.

Amoris Laetitia: aquí se entiende lo que ofrece el Papa Francisco  

“Nos cuesta dejar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor posible al Evangelio en medio de sus límites y pueden desarrollar su propio discernimiento ante situaciones donde se rompen todos los esquemas. Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas…” (AL 37). Cuanto amor, cuanto sacrificio, cuanta superación, cuanta fidelidad invertida en esta relación de esta pareja que ahora anhela el sacramento del matrimonio. Cuanta grandeza humana y cuanta apertura a la gracia.

“Con el enfoque de la pedagogía divina, la Iglesia mira con amor a quienes participan en su vida de modo imperfecto: pide para ellos la gracia de la conversión; les infunde valor para hacer el bien, para hacerse cargo con amor el uno del otro y para estar al servicio de la comunidad en la que viven y trabajan […] Cuando la unión alcanza una estabilidad notable mediante un vínculo público —y está connotada de afecto profundo, de responsabilidad por la prole, de capacidad de superar las pruebas— puede ser vista como una oportunidad para acompañar hacia el sacramento del matrimonio, allí donde sea posible” (AL 78).

Había leído estos párrafos de Amoris Laetitia hace un tiempo. Ahora los entiendo, aquí, en la Villa 31, donde el Cardenal Bergoglio es recordado como aquel que los escuchaba, los visitaba, y que ha bautizado, confirmado y casado a muchos de los que esta tarde fría están aquí, en torno a la Virgen Peregrina de Schoenstatt.

“Nosotros también”. Mientras estaba pensando en Amoris Laetitiae y admirando a esta pareja aun no casada pero quizás con una fidelidad más probada que muchos matrimonios “regulares”, casi me perdí el anuncio. “Nosotros también”. Son los anfitriones, los dueños de esta casa que ofrecieron generosamente para las reuniones de los schoenstattianos, pero que siempre se iban. Hace rato que se quedaron. “Nosotros también”. También quieren casarse… “Pero no en nuestra fecha”, insisten otros. “Pues nosotros también queremos casarnos aun en julio”.

“Me ganaron de mano”, me comenta Cristina más tarde. “Estuve pensando en hablarles en algún momento sobre el matrimonio, pero me ganaron de mano. Es la Virgen Peregrina… realmente obra milagros”. Somos testigos del anuncio cinco parejas que decidieron pedir el sacramento del matrimonio.

La Virgen Peregrina en la Villa 31

La Villa 31 es una villa ubicada en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Retiro, pegada a la estación central de ómnibus y cerca de las terminales ferroviarias más importantes. Tiene más de 40.000 habitantes, la mitad son argentinos, le siguen en número los paraguayos, bolivianos y peruanos.

La Virgen Peregrina llegó a la Villa con una misionera paraguaya que se fue a vivir y a trabajar en Buenos Aires. Conquistó más y más corazones.  Niños, jóvenes, hombres y mujeres han sellada su Alianza de Amor. Ahora están conquistando una ermita de la Virgen de Schoenstatt. La Villa 31 es de Ella…

Esta tarde Adela, concejal de la Villa 31 y coordinadora de los schoenstattianos, nos recibió en la entrada de la Villa. Cristina White la visita hace rato, con ella ya hicieron una peregrinación al Santuario de Confidentia, y el 18 de octubre quieren peregrinar al Santuario del Padre en Florencio Varela. Junto a ella caminamos por las callejuelas por las que tantas veces pasó el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, calles con olor a pobreza, violencia, desesperación y con miles de historias de luchas por una vida digna, una vida feliz, una vida de fe… Subimos a la habitación en un segundo piso, por la escalera más aventurosa de mi vida, donde nos esperan unas cuarenta personas, entre adultos y niños.

Cristina aprovecha la presencia de su amiga alemana para pedirles que cuenten sus historias con la Virgen Peregrina. Ya con la primera tengo la respuesta a la pregunta que me hice después de los anuncios de casamiento: “Virgen Peregrina, ¿como lo haces?”

“Esta niña estuvo a punto de morir”, cuenta una joven madre. Meningitis … “La llevamos al hospital y rezamos, todos rezamos….” Con lágrimas en los ojos cuenta como toda la comunidad rezó por intercesión de la Virgen Peregrina de Schoenstatt. Y la niña estaba allí, con una sonrisa contagiosa en su linda carita… Así “trabaja” la Virgen Peregrina. Simplemente les muestra que los ama. Y mucho. Simplemente obra milagros de gracia.

Sigue una historia tras la otra, durante más de una hora, entre mates, lágrimas y risas, historias de curaciones, de conversiones, de lograr una buena educación para los hijos, de mantener una relación, de poder escaparse de situaciones peligrosas, de bautismos, comuniones, confirmaciones, Alianzas de Amor, casamientos (al final de la noche hubo cinco anuncios de casamiento, junto con mi loco deseo de tener en ese momento allí al Papa Francisco y a todos los Padres sinodales, junto a todos los agentes de la pastoral familiar de todo el mundo…).

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Madre, haz que cada familia pueda sentir el paraíso del Reino de Dios en su hogar

Y llega el momento de rezar el rosario. Lo dirigen los niños y lo convierten en un momento de cielo. Niños de 6, 7, 8 años que rezan los Padrenuestros y las Avemarías con recogimiento, seriedad y alegría. Una niña de 11 años repite, después de cada misterio, una oración sencilla y fuerte: “Madre, haz que cada familia pueda sentir el paraíso del Reino de Dios en su hogar, que cada hogar sea unido y cobijado bajo tu manto protector”. Tocamos algo del misterio del obrar de la Virgen Peregrina en la Villa 31. Después del rosario, rezamos por el Papa Francisco. Estoy segura de que él también reza a menudo por su gente de la Villa 31…

Terminamos con una rica comida, preparada no se cuando ni como para tanta gente…

Es casi medianoche cuando volvemos en un auto conseguido por Adela por estas callejuelas de la Villa 31 con olor a Santuario.

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