Publicado el 8. noviembre 2016 In schoenstattianos

Peregrinar en el Año de la Misericordia, desde el Santuario Original hasta la Puerta de la Misericordia en Roma.

ALEMANIA, Klemens M. Holländer •

161104-pilgertour-hollaender-02En este Año Santo de la Misericordia y como Hermano de María de Schoenstatt, decidí ponerme en camino hacia Roma. ¿Pero qué fue lo que me impulsó a emprender este proyecto? Primero, el agradecimiento por todo lo logrado en la vida y mi salud recuperada. A esto se sumó un cambio en mi vida profesional. Éstas fueron las razones para iniciar esta peregrinación, siguiendo el llamado de nuestro Papa Francisco. A continuación, se sumaron también otros motivos, como el pedido de nuevas vocaciones para nuestra comunidad, por la Juventud Masculina de la ciudad de Espira y por una joven madre muy enferma.

Como yo no estaba en condiciones de realizar una peregrinación de esta longitud, la preparación física era muy importante. Entonces, comencé a caminar distancias cada vez más largas y a definir una ruta. En mayo llegó el gran día: inicié la primera etapa, cuyo destino final era la ciudad de Lausana en Suiza. Después de la bendición del peregrino en el Santuario Original, partí.

El camino, así como la vida, no es una competencia.

Nunca intentes sobrepasarte, tu cuerpo te pasará pronto la factura.

Observar, contemplar, detenerse y disfrutar.

Esto es lo que el camino quiere enseñarte.

Mi primera parada fue en el centro schoenstattiano de Marienpfalz, el lugar donde fui llamado a mi vocación. Después, continué por la Selva Negra a lo largo de la ruta occidental para peregrinos, atravesando Suiza hasta la ermita de Ranft, donde vivió San Nicolás de Flüe, y desde ahí por el Camino de Santiago hasta llegar a mi destino, la ciudad de Lausana. Debido a las temperaturas demasiado elevadas en verano, decidí hacer una pausa hasta septiembre.

Pero ya el 25 de agosto opté por dar inicio a la segunda etapa. Desde Lausana, partí por la Vía Francígena, pasando por el lago de Ginebra hasta el paso del “Gran San Bernardo” a 2400 m.s.n.m.; luego continué por la misma Vía Francígena hasta el Valle de Aosta, pasando por la Llanura Padana, luego sobre los Apeninos y a través de la hermosa Toscana, para llegar a Lacio. El 14 de octubre, por fin, llegué a la Ciudad Santa de Roma, después de haber caminado 2000 kilómetros. Concluí mi peregrinación con el paso por la Puerta Santa de la Misericordia en la Basílica de San Pedro. Durante los últimos kilómetros se me hizo muy difícil mantener mis emociones bajo control, estaba demasiado conmovido.

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Peregrinar implica un riesgo

161104-pilgertour-hollaender-05Ponerse en marcha por un camino tan largo implica naturalmente un riesgo. Me toca aceptar mis debilidades físicas, aceptar los muchos kilómetros diarios de recorrido con caminos empinados, pedregosos y asfaltados; además de las condiciones climáticas, sobre las cuales no tenemos influencia.  A menudo, tanta lluvia, sol, frío o calor en cantidades, ya no resultan tan saludables. ¿Será suficiente mi condición física? Tal vez todo aquello en lo que creí y experimenté será puesto en duda o tal vez incluso me inundará una inmensa alegría. ¿Podré siempre encontrar el camino correcto y un lugar adecuado para dormir? ¿Encontraré gente nueva, buenos lugares, nuevos pensamientos y sentimientos? Tal vez voy a vivir acontecimientos que me lleven más allá de lo que me había imaginado.

Y sí, ésta debe ser una peregrinación con todas estas preguntas, caminando con Dios y con la Mater. Durante este tiempo, me propuse analizar toda mi vida, con el fin de sacar conclusiones. Para esto serían necesarios: el largo camino, la soledad y el encuentro, la oración y la meta. Tenía la esperanza de un tiempo de reflexión y oración, que me acercaran al cielo y me brindaran nuevo valor para continuar otra vez con la vida diaria. Del mismo modo, deseé días de soledad y días de colectividad, que me enseñaran a aceptarme a mí mismo y a los demás tal y como son. También tenía unas enormes ganas de estar en contacto con la naturaleza. Por esto y mucho más, puedo decir que el viaje, a lo largo de este camino, se convierte en una profunda aventura religiosa.

Con profundo agradecimiento pude lograr todo esto y llevarlo a través de la Puerta Santa de la Misericordia en San Pedro y al Santuario Original.

En el camino sé siempre tú mismo, eso es todo.

No cuenta ni el rol que desempeñas en tu comunidad, ni tu dinero, ni tu pasado.

Tú estás “solo” pero “eres tú mismo» el que entra en contacto con los otros, así puedes dar y también recibir.

Es una hermosa experiencia en un mundo donde a menudo vivimos como prisioneros de un rol o de una imagen. 

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Original: Alemán. Traducción: Gilka Aranibar, Alemania

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