Publicado el 30. abril 2015 In Vida en alianza

En tus manos – el sueño de nuestro Padre

Por el P. Daniel Lozano y Maria Fischer •

En tus manos – el sueño de nuestro Padre: con este título aparece la carta del Rector P. Daniel Lozano, en el nuevo Boletín de Belmonte, que se envía una vez por mes. El Centro Internacional de Schoenstatt de Belmonte, en Roma, es un regalo del Movimiento de Schoenstatt internacional a su fundador y a la Iglesia. Es la concreción local de su amor a la Iglesia, tema tan central en el Padre José Kentenich, que pidió que sobre su tumba se grabara el epitafio Dilexit Ecclesiam (Amó a la Iglesia).

Belmonte representa como lugar, la imagen de una nueva Iglesia, una Iglesia fraterna, impregnada de espíritu, pobre, peregrina y misionera, aquella Iglesia que el Padre Kentenich quiso ayudar a construir por medio de Schoenstatt. Una Iglesia como la que el Papa Francisco plasma en sus palabras y gestos y cuyos contornos ya se van haciendo visibles.

«Gracias por permitirnos ser parte de este sueño», escriben Nora y Eduardo Erbetta, de la Federación de Familias en Argentina. «Es la Iglesia apoyada en nuestro Movimiento y nosotros siendo ¡¡Corazón de esa Iglesia!! Iglesia que sale al mundo para dignificarlo y así elevarlo al Padre.»

«Una tierra de María donde se pueda respirar anticipadamente lo que será al final, lo que no tiene fin»

En su carta de abril, el P. Daniel Lozano escribe:

005Querido hijo, hermano y amigo:

Abril comenzó con la Semana Mayor de todas las semanas del año. En Belmonte, se vivió el clima de la primavera y junto al Santísimo Sacramento, en el Santuario, brillaba la luz colocada en el símbolo, que llamamos Ver Sacrum, Primavera Sagrada: es el mundo que arde para iluminar el universo.

Quiero compartir un escrito que me mandó el P. Alberto Eronti, uno de los Padres de Schoenstatt en Argentina, en el que incluye un texto del Padre Kentenich dedicado a María: “Queremos ser tan divinizados y espiritualizados como la Inmaculada. También en nosotros existe el profundo anhelo de estar libres de todo movimiento desordenado de los instintos, y llenos de lo divino, a semejanza de la Inmaculada…”. Y continúa diciendo el P. Alberto, “En la resurrección ‘del último día’, en el día primero de nuestra Vida nueva, seremos divinizados, espiritualizados, seremos semejantes a María, el primer fruto de la Redención. Al contemplarla, Ella nos revela algo de ese instante sin final”.

Esto es lo que quiere ser Belmonte: una tierra de María donde se pueda respirar anticipadamente lo que será al final, lo que no tiene fin.[1]

Ese es el clima que hemos vivido en el Via Crucis que organizó el decanato de Roma-La Storta, en esta tierra de Belmonte. Una verdadera multitud que, entre cantos, oraciones y silencios, partió desde el Santuario y terminó en la Parroquia de Santa Gemma (que está frente al Santuario). Y esto también es lo que queremos que sea Belmonte: que esa atmósfera sobrenatural que vivimos, no quede aquí sino que salga al mundo, para que el mundo llegue a la Santísima Trinidad. El Viernes Santo, hubo otro Via Crucis; esta vez comenzó en la puerta de la Parroquia y terminó frente a la puerta del Santuario. Es el mundo que vuelve al Santuario para recargarse de fuerzas sobrenaturales y seguir transformando a la humanidad.

Es en este clima, que te invito a rezar para que Belmonte sea cada día más y más un lugar de transformación, en donde de UN HOMBRE NUEVO lleguemos a UNA NUEVA COMUNIDAD. También tú formas parte de este “Sueño del Padre” con tu “volar espiritualmente”. De mi parte, te digo que en la intención de la Santa Misa pido por todos los que, como tú, quieren participar en este sueño.

Feliz tiempo pascual,
P. Daniel Lozano

Un lugar de todos

«Estuvimos por allá el año pasado para el Jubileo con un grupo y el Padre Carmona, y yo estuve sola con un grupo de mujeres schoenstattianas en el 2008», recuerda Inés Gil De Oliden, de Buenos Aires, Argentina. «¡Qué lugar bello!»

Si, un lugar bello, un lugar de todos. Un lugar de todas las naciones y de todas las generaciones, como se pudo ver el pasado 26 de abril en un encuentro de 12 matrimonios italianos con sus neonatos. Los presentaron a la «Reina de la Familia» en el Santuario Matri Ecclesiae y después festejaron la vida con una buena comida en un restaurante cercano.

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Boletín 4/2015

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[1] Cfr. San Agustín, De ciuitate dei 22,30: «Entonces festejaremos y miraremos, miraremos y amaremos, amaremos y alabaremos. Mirad, esto será al final, interminable. Porque ¿qué otro fin habría para nosotros, como hogar en el Reino, que no conoce fin?”

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