Cuando el río suena, agua lleva

Publicado el 2024-02-10 In Reflexiones sobre Schoenstatt

“Cuando el río suena, agua lleva”

Bárbara de Franceschi, España •

No puedo dejar de mirar atrás en el tiempo y recordar cuál fue mi primer encuentro con Schoenstatt, de la misma manera que no puedo dejar de mirar atrás porque no debo olvidar esa primera experiencia de amor que tuve con Cristo y que me llevó a comprometerme con Él. Ese amor es el que debo transmitir a los que le anhelan. —

Me sitúo ahora en los años 82-83 (42 años atrás). Llevaba por aquel entonces a mis hijos al kínder de las Hermanas de María en Pozuelo, sabias maestras, que supieron sacar lo mejor de aquellos pequeños, abriéndoles a descubrir sus mejores capacidades y talentos que más tarde ayudarían a conformar sus personalidades.

Pozuelo, Madrid

Pozuelo, Madrid

Mirando 40 años atrás en gran gratitud

Paralelamente, topamos de frente, mi esposo y yo con las gracias del Santuario, sin apenas darnos cuenta. Una Madre y un lugar fueron los que nos impulsaron a adentrarnos en toda una pedagogía, espiritualidad e historia que entendimos a la perfección, quizás porque respondían a la vida. No solamente porque, en sus orígenes, la historia requería de una respuesta noble y heroica para aquellos primeros jóvenes congregantes, que la conducción del P. Kentenich y la Mater supieron proporcionarles en aquel infierno que supuso la guerra, sino porque esa historia, que nada tenía que ver con nosotros, respondía sin embargo y, salvando las distancias, a hitos de nuestra propia vida con situaciones de sufrimiento diferentes pero que requerían de soluciones y necesidades parecidas.

La Comunidad de los Padres de Schoenstatt jugó un gran papel en nuestras vidas. Supieron con su paternidad profunda y con su delicadeza mariana, ser unos asesores muy cercanos, en la formación (no me refiero aquí tanto al contenido como a la forma en que aprendíamos con ellos) y así también en la conducción espiritual. Todos ellos pertenecían a la primera generación de padres, y más tarde a la segunda. Muchos habían conocido personalmente al Fundador de Schoenstatt.

En los grupos de Liga, como en el primer Curso de Federación al que pertenecemos, nos dejaron tratar, investigar y procesar los temas relativos al matrimonio y a la educación de los hijos. Ellos estaban ahí, eso sí, para responder cuando hacía falta a preguntas concretas sobre el ministerio de la Iglesia o historia concreta de Schoenstatt. Supieron acompañarnos en la Alianza de Amor, el Poder en Blanco y la Inscriptio, delicadamente, sin imponer jamás sus ritmos, entendiendo que cada uno de nosotros es original. Pusieron en práctica esas leyes de la táctica pedagógica: “el arte de lograr la apertura al tú, el arte de saber escuchar y el arte de una correcta conducción”. También tuvieron sus equivocaciones, claro, pero no recuerdo que se equivocaran en cosas esenciales que nos dañaran como personas o familias. Sería una gran deslealtad por mi parte no reconocer todo ello.

De su mano fuimos matrimonios guía de varios grupos de Liga, jefes de misiones familiares, matrimonios acompañantes de matrimonios en crisis, participantes activos en la Comisión Pedagógica del colegio Monte Tabor. Nos fuimos formando fuera y dentro de Schoenstatt para dar respuestas a las necesidades del mundo, y cuidadosamente intentamos ayudar a nuestros hijos a que encontraran sus propios caminos, desplegando sus alas tras haber recibido raíces sólidas.

Cuando el río suena, agua lleva

“Cuando el río suena, agua lleva”

Los retiros del P. Kentenich ciertamente no giraron en torno a él

Pasaron los años; nuestros hijos crecieron. Cambiaron nuestras necesidades, sin duda. Empezamos a sentir que las celebraciones en el santuario eran una y otra vez siempre en torno a los hitos del fundador y su obra. Y eso nos pesaba. Echábamos de menos que no se trabajara con la Palabra de Dios y Cristo estuviera en el Centro. Se hablaba del Schoenstatt eterno, claro. Pero yo me he hecho cristiana fundamentalmente para seguir a Cristo. Cristo ha de estar en el centro, y María nos lleva a Él. Siempre me he imaginado, que el padre Kentenich, cuando recibía en sus retiros y seminarios a cientos de párrocos diocesanos en Schoenstatt, no lo hacía para predicar sobre sí mismo.

Su pedagogía novedosa frente a los desafíos de su tiempo, la fe práctica en la Divina Providencia, el hombre nuevo para la nueva comunidad, según el orden de ser querido por Dios, estaban seguramente presentes en sus retiros. Su misión fue, entre otras cosas, anunciar al mundo el misterio de María, como colaboradora permanente de Cristo.

Cuando el río suena, agua lleva

“Cuando el río suena, agua lleva”

Nos dolió sobre todo la falta de transparencia

Hace unos años se hicieron públicas unas denuncias de abuso contra el P. Kentenich. Todos nos hicimos muchas preguntas al respecto. ¿Qué hay de cierto en todo esto? ¿Por qué nunca se nos había informado de estas sombras que, por no ser esclarecidas a tiempo, pesaban sobre la figura de nuestro fundador? ¿Qué pasó realmente? Nos dolieron los hechos o las acusaciones, pero nos dolió sobre todo la falta de transparencia de los Institutos de Hermanas y Padres al respecto, y, por ende, la falta de confianza hacia todos nosotros. Hizo mella en la Familia. “En las familias disfuncionales, decir la verdad es traición, mientras que guardar secretos es lealtad” (Psico.Maxi). Por ahí no es. Porque un fundador puede tener sus defectos y sus heridas, y dejar heridas a personas concretas en su camino.

¿Pero por qué ocultar esas sospechas? ¿Por qué guardar tan celosamente los secretos “de familia”? Desgraciadamente empezaron a sonar campanas de abusos en otros países. ¿Cómo se atendieron estas dolorosas realidades? ¿Cómo se siguen atendiendo? ¿Qué heridas se dejan en el camino cuando la verdad no es nuestra guía, cuando se permite que las difamaciones hacia las víctimas de dichos abusos sirvan para cubrir el falso honor de los que las propagan?

Cuando el río suena, agua lleva

“Cuando el río suena, agua lleva”

Afrontar la verdad con humildad, transparencia y amor

Hay que decantar, como dice nuestro amigo Luis Enrique Zamarro; sí, decantar y también adecuar “el método” a los tiempos. Es importante que los laicos seamos autónomos y los Institutos cumplan con la misión que les corresponde. El padre Kentenich en “Desafíos de nuestro tiempo” cita al P. Ginach (CJ) que murió en fama de santidad y que decía: “Primero quiero ser como uno cualquiera de mis hermanos y no gozar de excepciones, de privilegios, quiero ser hermano de mis hermanos y lo menos posible superior… a mis ojos quiero ser el último de todos… aceptando consejos y escuchando de buena gana las advertencias que puedan hacerme sobre cualquier cosa…, quiero ser el servidor de todos, y me aplicaré de modo especial la frase del Salvador: No he venido a ser servido, sino a servir”. Desde luego.

Pero tan importante o más importante que eso, si queremos perdurar en años y siglos, es afrontar la verdad con humildad, transparencia y amor, porque sólo “la verdad nos hará libres”. Así es que me permito añadir a la lista de Luis Enrique lo siguiente:

  1. Para empezar a trabajar, cada comunidad tendrá que hacer una autocrítica constructiva, pedir perdón y restaurar la honra de los que por ella la han perdido.
  2. Tendremos que recuperar la humildad de ser servidores y no creernos superiores a tantos otros, que también con sus dificultades, sirven a la Iglesia desde sus carismas.
  3. Trabajemos la unidad entre comunidades. Me parece esencial: cada uno tiene su casa, pero la plaza del pueblo es común y en ella debemos encontrarnos y trabajar juntos.
  4. Estemos presentes en la Iglesia para entregar el carisma que nos es propio, sin temer tanto si lo que hacemos es adecuado, según la jerarquía del momento.
  5. ¡Importante! que atendamos a los menos favorecidos, como los llama el Papa Francisco: los descartados, y que no temamos acercarnos a ellos, porque en su rostro encontraremos a Cristo y en nuestra “capa” llevaremos el manto de María que les cubrirá con las tres gracias de nuestro santuario. Schoenstatt soy yo y eres tú, amigo.

Me quedo con la inmensa riqueza y apasionante aventura que es la vida con Cristo y con María. Merece la pena trabajar y renovarnos, sin miedo, porque el miedo que está ahí para alertarnos de las dificultades es el peor enemigo del hombre cuando no se le atiende con la verdad.

Cuando el río suena, agua lleva

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2 Responses

  1. luis enrique zamarro dice:

    Muchísimas gracias Bárbara por tu artículo. Es un gran regalo tenerte y recibir toda tu sabiduría, tu sensibilidad, y la clarividencia de tus análisis, comentarios y propuestas. Iluminas nuestros espíritus y nuestras mentes. Suscribo tus seis puntos completamente. Un enorme abrazo.

  2. Oliveros Juan dice:

    Bravo Barbara!!
    Me quedo con tus sabias palabras: “humildad, transparencia y amor”, no hay otro camino para llegar a un Schoenstatt en plenitud.
    Tanto Luis Enrique, como tú, habéis hecho un gran artículo sobre Schoenstatt y su futuro.
    Gracias

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