Manuel de la Barreda

Publicado el 2022-07-06 In Columna - Manuel de la Barreda, Temas - Opiniones

Un puñetazo encima de la mesa

COLUMNA DE OPINIÓN, Manuel de la Barreda, España • 

Schoenstatt es mi casa. Aquí llegué hace 22 años. Bueno, llegamos mi mujer y yo, y encontramos nuestro hogar espiritual, donde hemos podido crecer y madurar en la fe. Hemos ido profundizando nuestra relación con Cristo gracias al acompañamiento de la Mater. —

Gracias a las gracias del santuario, después de acogernos nos educó y transformó, regalándonos, mostrándonos, entregándonos a su Hijo. Hay dos imágenes que me gustan para mostrar este quehacer de la Mater. Una es del torero que cita al toro para ponerlo en suerte con el picador. En el momento del envite se quita de en medio para que delante del toro solo esté el caballo con el picador. Puede que no sea una imagen muy espiritual, por eso también me gusta esta segunda imagen, la suya, que a medida que te acercas a ella y la vas amando más y más, resulta que va transparentándose, desapareciendo, de tal manera que tú empiezas a ver lo que está detrás suyo, que es Cristo, su Hijo, el que verdaderamente importa.

La gracia del envío no es original de Schoenstatt

Gracias a este camino, a esta educación por su parte, podemos ser partícipes de la tercera gracia. El envío. Antes de nada, puntualizar una cosa, para que no haya apreciaciones incorrectas.

Esto del envío, gracia del santuario que todos conocemos, pero que no todos, creo, sabemos lo que implica, es recordar que esta gracia no es original de Schoenstatt. No es una novedad en la Iglesia. No es una gran inspiración del P. Kentenich, aunque si un gran y necesario recordatorio. Hubo un tipo, un gran tipo, Hijo de Nuestra Madre a la que tanto queremos, y que además resulta que era Dios, que fue encarnado, maltratado, ajusticiado, condenado y matado por nosotros y por nuestra salvación, que cuando resucitó venciendo a la muerte y al pecado, venciendo al diablo, príncipe del mundo y de la mentira, nos dio ese mandato, esa “orden” de envío a nosotros, a todos los bautizados (Mat 28:19-20 “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”. Mar 16:15-16 Y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado”. Hch 1:8 “en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra”.). Es decir, que quién haya recién descubierto esta gracia de envío, simplemente que sepa que lleva 2.000 años de retraso. Pero como digo, es simplemente una puntualización inicial.

Pero volvamos a la gracias del envío. Del ENVÍO. Intentando hacerla presente en nuestras vidas, y como miembros de la Liga de Familias, intentamos, mi mujer y yo, llevar a cabo nuestra misión acercándonos y ofreciéndonos a nuestra parroquia y a nuestro párroco. Y ahí empezamos, hace ya varios años, a ponernos a disposición, a ayudar, a servir.

Una Iglesia vibrante, dinámica

Durante este tiempo, el párroco nos envió a conocer una de las realidades que hoy por hoy son de las punteras en el mundo cristiano en cuanto a nueva evangelización para traerla a la parroquia. ALPHA, que, a través de sus talleres, sus cenas, desayunos, comidas o en distintos otros formatos se ha hecho presente en la vida de más de 28 millones de personas, desde que comenzó su andadura de la mano de un pastor anglicano allá por 1972. 28 millones de personas en 50 años. Eso sale una media de 560.000 personas al año. Personas que han recibido el anuncio del Kerigma, de la Buena Nueva anunciada por Cristo. Anuncio, que como he recordado anteriormente, resulta que es lo que nos mandó hacer.

La gran ventaja de conocer ALPHA, para mí, es que me ha acercado al resto de nuestros hermanos cristianos. Y lo ha hecho ensalzando aquello que nos une: Cristo. Cristo y la misión por Él encomendada antes de su ascensión a la derecha del Padre. Y he conocido una Iglesia vibrante, dinámica, que no se detiene ante clericalismos, ante límites inútiles, antes barreras artificiales, sino que, yendo al centro, al meollo de nuestra espiritualidad, de nuestra creencia, de nuestra fe, se lanza a la calle, a las prisiones, a los jóvenes, a los matrimonios, a los ateos, a los agnósticos, a los “cristianos de toda la vida” y les da, a través de la razón, del debate, del compartir vivencias y testimonios, un revolcón en sus vidas. Obviamente, ni todos salen convertidos, ni todos inflamados, ni todos perseveran.

Cristo en salida

Cristo resucitado, Cristo en salida. Foto: Capilla de la Universidad Católica, Asunción, Paraguay

¿Y qué hacemos después del primer anuncio?

Muchos en cambio, sí que salen con hambre. Hambre de Cristo, hambre de seguirle, hambre de formarse más, de aprender. Luego volveremos sobre estos.

Por otro lado, Dios nos ha ido llevando en la parroquia a conocer más y más al Espíritu Santo. Hemos tenido la gran suerte de poder recibir Seminarios de Vida en el Espíritu, espectaculares. Hemos sido testigos de cómo se derrama el Espíritu Santo en las personas inflamando corazones y repartiendo dones y carismas como hacía Cristo y la Iglesia primitiva, y resultando que, al final, la conclusión de tanto Espíritu Santo y carismas por Él regalados… ¡son para EVANGELIZAR! Son regalos que refuerzan el Anuncio. No son un fin en sí mismos. Son para utilizarlos como Jesús hacía y así nos lo cuenta el Evangelio. Jesús siempre anunciaba la Buena Nueva, curando enfermos y expulsando demonios.

En este camino y compartiendo con otros hermanos de Iglesia, de otras parroquias, de otros movimientos, vemos que hay una Iglesia de base vibrante, una Iglesia dinámica, cada vez más empujada por el Espíritu, dejándose mover por Él y abierta a todo lo que nos venga de Él. ¡Una Iglesia nueva y espectacular!… ¿Perdón? ¿Nueva y espectacular? Tal vez convendría de nuevo releer los Hechos de los Apóstoles o las Cartas de San Pablo para darnos cuenta de que esa Iglesia inflamada por el Espíritu Santo, con grandes carismas, con gran unción, con grandes ganas de “proclamar la Buena Nueva a toda la creación” a pesar de la persecución que ya existía hace 2.000 años.

Palabras y hechos: coherencia 

Entonces resulta que la gran comisión, el gran mandato de Cristo sigue vigente porque no se ha terminado aún. Aún no se ha anunciado el Evangelio a toda la creación. Seguimos, como bautizados, teniendo dicho mandato en nuestro “pendiente por hacer”. Cada día hay más y más gente a la que anunciar la Buena Nueva de Cristo pues su formación es cada vez más deficiente y no han oído hablar de ella, o porque el ejemplo que hemos dado los cristianos de toda la vida ha hecho que se alejen de nosotros, o porque el diablo nos está ganando la partida a través de nuestra apatía, pereza y egoísmo.

Pero no solo hemos de anunciar el Evangelio. Tenemos que ser coherentes y, además, acompañar a quienes conocen a Cristo por primera vez en su acercamiento y crecimiento en la fe.

¿Y a mí como schoenstattiano qué?

Vale. Muy bonito lo escrito hasta ahora. Puede ser más o menos exacto, pero… ¿Y a mí como schoenstattiano qué?

Gran pregunta, sí. Y la respuesta que me sale es ¿cómo que qué? ¿no te has sentido aludido en lo dicho hasta ahora? ¿es que como he hablado de otras realidades de la Iglesia no has sentido que estaba dirigido a ti también?

He hablado de nuestra misión como bautizado, y eso precede al ser schoenstattiano, porque el Hombre Nuevo del que habla el P. Kentenich, es un hombre nuevo cristiano, es decir bautizado.

“El hombre nuevo es la personalidad autónoma de una gran interioridad, con una voluntad y disposición permanente de decisión, responsable ante su propia conciencia e interiormente libre, que se aleja tanto de una rígida esclavitud a las formas como de una arbitrariedad que no conoce normas. Por eso no reconoce una autonomía absoluta, sino que depende de Dios. Se adecua en todas las etapas de su desarrollo a las leyes del ser de la misma Santísima Trinidad. Al orientarse según el ideal de la Santísima Trinidad. (Mi filosofía de la educación).

El fundamento bíblico del hombre nuevo está en el discurso de san Pablo de cómo llegamos a ser una nueva creatura en Cristo (ver Rom 6, 6-17; 1Cor 15, 22; 2 Cor 5, 17; Gál 6, 15; Ef 2, 15; 4, 24)
 

Las claves de Schoenstatt para esta transformación total en Cristo son: la alianza de amor con María como una poderosa escuela para ser como Cristo … la fe práctica en la Divina Providencia como un diálogo con Dios sobre los constantes cambios y desafíos de la vida moderna, y el compromiso en un apostolado para la «renovación religioso-moral del mundo». En especial este último punto indica cómo el hombre nuevo tiene un alto interés y capacidad para la misión de la Iglesia, echando los fundamentos de un amplio apostolado laical y de un movimiento como Schoenstatt con un «carácter apostólico universal». (http://www.redschoenstatt.org/el-hombre-nuevo/lexico/2014-11-06/232854.html).

¿Qué hemos hecho de este hombre nuevo?

Con esta definición del hombre nuevo del P. Kentenich, la pregunta entonces es ¿qué hemos hecho de este hombre nuevo? La teoría es magnífica, pero ¿dónde está nuestra práctica? ¿Estamos en la vanguardia de ese movimiento de “carácter apostólico universal” o resulta que como nos dijo S. Juan Pablo II y también el Papa Francisco, estamos encantados de habernos conocido y “peinamos ovejas”?

¡No hombre! Que ya hemos marcado muchas veces como lema nuestro “Schoenstatt en salida” … ¿Y? ¿Qué hemos hecho? Porque sí, hemos aprendido a poner unos lemas muy bonitos, pero… ¿y la práctica?

Como siempre, hay excepciones. Si hablamos de persona a persona, en todo el mundo, en toda la cristiandad, en todo Schoenstatt, hay personas extraordinarias que dan su vida por Cristo allá donde se les mande. Pero lo mismo que la impresión general es que la Iglesia de hoy en día necesita un impulso desde dentro, desde la base para recuperar su vitalidad, esa vitalidad en Cristo y el Espíritu Santo, en Schoenstatt como movimiento, nos pasa lo mismo. Hoy en día somos percibidos en general como un movimiento “carca”. Ya no transmitimos esa alegría que antes nos caracterizaba, esas ganas de hacer, de transmitir. Se nos ha trasnochado el mensaje, o más bien, nos hemos trasnochado nosotros. Parece que, con los acontecimientos de los últimos años, nos hemos acorchado.

Estamos más atentos a no molestar a otros miembros de la Familia que a defender lo que verdaderamente somos. ¿Somos especialistas en matrimonios, en trabajar con familias? Pues parece que no hemos aprendido nada. Una familia no se construye en el simple respeto para que el otro no se moleste. Eso puede favorecer la convivencia, pero destroza la unión, la comunión y la fuerza. Empobrece a las personas ya que se corta de raíz la corrección fraterna que nos hace cambiar, crecer y madurar. Si en una familia alguien se atribuye la posesión de la verdad, sin contar con la aprobación del resto y sin diálogo (Diálogo, no imposición porque “si no, me enfado y rompo la baraja”) entonces la relación se empobrece. Ya no son 1 + 1 el matrimonio + los hijos, sino 1 y los demás callados. Desaparece la sinergia, el hacer que 1 + 1 sea más que 2.

La Iglesia tiene mucho más que ofrecer a Schoenstatt que nosotros a ella

Schoenstatt, como el resto de los movimientos y carismas de la Iglesia, tiene mucho ofrecer. Pero nosotros somos solo uno más de los movimientos de la Iglesia ¿O es que a estas alturas alguien sigue pensando que sin nosotros la Iglesia no se sostiene? La Iglesia tiene mucho más que ofrecer a Schoenstatt que nosotros a ella. Al igual que nos tienen mucho que ofrecer otros movimientos, cada cual con su originalidad y frescura. Somos una parte y ella es el todo. Y tenemos que aprender a caminar juntos, en alianza aportando cada uno lo que mejor sabemos hacer.

La libertad ha sido siempre uno de los buques insignia de Schoenstatt

Tenemos para ofrecer y acoger a los nuevos catecúmenos que vienen de las iniciativas de nueva evangelización que están de punta de lanza en el mundo. Pero hemos de adaptarnos, de renovarnos. Podemos seguir siendo fieles a nuestro carisma schoenstattiano yendo de la mano sin complejos de nuevas realidades de la Iglesia, en alianza, enriqueciéndonos unos a otros como he dicho antes. Abriendo puertas y no cerrando. Al final, como Iglesia, nosotros y cualquier otro movimiento, tenemos, o debiéramos tener un solo carisma en común a todos, que es Cristo Jesús que nos lleva al Padre con el amor del Espíritu Santo.

Claro que lo natural es nuestro día a día, donde nos desenvolvemos más habitualmente, pero sin que ello quiera decir que, si el Espíritu Santo me regala un carisma y empiezo a profetizar, a tener palabras de conocimiento, a sanar, a liberar o a orar en lenguas, me tenga “que esconder” si soy de Schoenstatt “porque eso no es nuestro carisma”. Dejemos de buscarnos cadenas a más de las que el mundo nos quiere imponer. La libertad ha sido siempre uno de los buques insignia de Schoenstatt. Libertad de los hijos de Dios, no de los hijos del mundo. ¡Utilicémosla correctamente!

Libertad

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2 Responses

  1. Luis Enrique Zamarro dice:

    Estimado Manuel. He leído con atención tu artículo y ha quedado muy claro tu entusiasmo por compartir la experiencia sinodal de una iglesia diversa y el trabajo con otros carismas y servicios. Es un ejemplo paradigmático de envío apostólico.

    Sin embargo, hay dos cuestiones que dejas excesivamente abiertas a la interpretación del lector y en las que creo que en necesario que profundices:
    – Cuando dices que parece que estamos más preocupados de no molestar a otros miembros de la familia ¿a qué te estás refiriendo exactamente?
    – Tu referencia a la libertad, y el contexto completo del artículo, induce a pensar que existe una motivación que no queda aclarada. ¿qué lo motiva? ¿sientes que no existe libertad dentro del Movimiento para que sus miembros puedan enfocar su actividad apostólica o su apertura a otras espiritualidades?

    Gracias.

    • Manuel de la Barreda Mingot dice:

      Querido Luis Enrique. Gracias por tu comentario.

      Paso a responderte, aunque se que no lo haré de la manera que desearías.

      Lo de no molestar a otros… Digo el pecado pero no el pecador. He sido testigo de ello, pero lo que más me interesa, no es que se acuse a quién lo ha hecho, sino que todos los Schoenstattianos seamos críticos con nuestras posiciones y comentarios, con nosotros mismos y con otros a los que podamos hacer ver que esa posición no es la adecuada para defender la verdad y el crecimiento del Movimiento.

      Y en cuanto a lo de la libertad. También he sido testigo. A mi no me ha pasado, pero no es bien visto en el Movimiento, o no ha sido bien visto en el Movimiento, carismas extraordinarios que regala el Espíritu Santo.

      Espero que las cosas vayan evolucionando hacia aquello que nos enriquezca en la misión que tenemos, y no en quedarnos encajonados en posiciones que nos empobrecen.

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