Publicado el 2020-05-23 In Alianza de Amor Solidaria en tiempos de Coronavirus, Temas - Opiniones

Modo de vida cristiana «cuerpo de Cristo»

Mons. Francisco Javier Pistilli Scorzara•

Todos los que compartimos el don de la fe y la gracia redentora del bautismo, estamos unidos en un solo cuerpo, el cuerpo místico de Cristo, como enseña san Pablo en su carta a los Corintios (1 Cor 12, 13). Si un miembro sufre, todos comparten su sufrimiento. Si un miembro está sano, todos se alegran. No se amputan los miembros heridos, se los asiste y ayuda para sanar.—

La pandemia de COVID-19 nos afecta a todos, aunque de distintas maneras. En ocasiones afecta la unidad de este cuerpo místico, cuando el miedo al contagio genera reacciones irracionales, agresiones verbales, físicas y sociales, y relega al prójimo en el olvido y la indiferencia.

Como si fueron una carga

¿Podemos los sanos desentendernos de los enfermos o despreciarlos llamándolos sucios? ¿Podemos prescindir del personal de salud, hostigarlos y agredirlos con palabras y con actos violentos, por servir en los hospitales y exponerse al contagio? ¿Podemos cerrar calles y barrios y dejar abandonados a su suerte a familias y niños que necesitan albergue? ¿Podemos sin más pedirles a los mayores de 65 años y a los que padecen de dolencias, que los predisponen a las formas más severas de COVID-19, que por favor no vengan a misa por ningún motivo y darles la espalda como si fueran una carga?

La actitud cristiana nunca se expresa en el modo: Si sufres es tu problema, no me molestes a mí. Mucho menos en el modo: no quiero saber nada de ti, mándate a mudar.

Vino especialmente para los enfermos

Aquellos que pertenecen al grupo vulnerable, que son los mayores de 65 años y los que padecen de alguna dolencia, que los predispone a las formas más severas de COVID-19, y a aquellos que están enfermos o son posibles portadores del coronavirus, son miembros del cuerpo de Cristo y les toca llevar sobre sí los padecimientos del Señor. ¿Podemos decirles que ellos no pueden comulgar con nosotros, participar de nuestro amor, saciarse de la gracia del Pan de Vida? ¿Vamos a reservar la gracia de la salud y la gracia salvífica solamente para los miembros, que decimos estar por ahora sanos?

Jesús nos dice que vino especialmente para los enfermos, que los sanos no necesitan de médico (cf. Mateo 9, 12). Sabemos que estos hermanos son los que con más ansia anhelan poder participar de la Eucaristía, sentirse sostenidos en la comunión. No debe estar en nuestro ánimo, privarlos de la gracia de compartir el Pan de Vida y negarles el amor que se merecen.

 

Seguir sosteniéndonos los unos a los otros

¿Qué hacer entonces? ¿qué es lo correcto? Para poder cuidar responsablemente de la salud personal de todos, necesitamos la comprensión y la colaboración de todos, para evitar la difusión de esta enfermedad y prevenir los casos más severos en la medida de lo posible. Esto plantea la exigencia de renunciar temporalmente a participar de forma presencial en las asambleas eucarísticas, de disponer formas de relacionarnos con respeto y con medidas razonables que todos podamos realizar, de seguir sosteniéndonos los unos a los otros.

Esto, que significa una renuncia y una carga anímica para todos, afecta más hondamente a ese grupo de hermanos y hermanas, afectados por la enfermedad, por su labor en la cercanía a los enfermos o por su condición vulnerable. Ellos son en el cuerpo místico de Cristo, los que de verdad padecen. Con fe, debemos animarlos a comprender este sufrimiento, uniendo sus padecimientos de una forma muy estrecha al Señor sufriente, que padeció como víctima inocente, como lo comprende la Iglesia desde sus primeros tiempos: “Porque, así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo”, 2 Corintios 1, 5. Nuestros padecimientos, ofrecidos en Cristo, son una forma de comunión muy honda y real, que trae verdadero consuelo a todos. Nada une más a los discípulos de Cristo que tener este privilegio humanamente indeseado, de participar de su cruz.

¿Te animas a despreciarlos y a darles la espalda? ¿Acaso no es en la cruz donde fuimos rescatados? ¿Te podrías llamar cristiano piadoso y devoto haciendo esto? Al alejarte del crucificado, lo que haces es separarte tú del cuerpo, en el que está la vida verdadera.

Los «sanos» no se salvan si rechazan a los enfermos

En la comunidad de los miembros de Cristo, los sanos deben comprometerse a acompañar a los enfermos como cireneos, con la oración, con la caridad, con la asistencia prudente requerida y posible, para hacer realidad aquella verdad que el apóstol Pablo nos transmite: “¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría” (1 Cor, 12, 26). Por encima de todo, deben mostrar una auténtica piedad, como María, que no solo sostiene el cuerpo herido y muerto de su propia carne, sino que abraza a aquel a quien ella le dio vida, dando su vida por ella.

Los «sanos» no se salvan si rechazan a estos enfermos, que padecen ofreciendo sus sufrimientos unidos a Cristo, completando en sus cuerpos el sacrificio del Señor. Estos supuestos miembros sanos, son los que el Señor separará de su comunión al final de los tiempos, porque dejaron de lado al que tuvo hambre, sed, estaba enfermo o abandonado, era extranjero o prisionero, al que murió sin cariño. Porque no tuvieron piedad.

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2 Responses

  1. Gracias, Monseñor Pistilli, por sus palabras. Describen exactamente lo mismo que yo he observado y experimentado en mi país (Argentina) desde que empezó el pánico al contagio. Y no digo más, porque no quiero exponerme a recibir insultos de mis compatriotas a través de las redes sociales, cosa que ya les ha sucedido en mi tierra a otros que han intentado distinguir entre la prudencia y la fobia, en un momento en que las injurias «on line» se han convertido en un verdadero «deporte nacional», ahora que no tenemos el fútbol.
    Nora Pflüger Totti, La Plata, Argentina

  2. Gracias, Monseñor.
    Yo pertenezco ya al grupo de riesgo y no me queda otra que obedecer. Soy consciente que para mi la enfermedad es mas grave que para un joven. También hemos sabido que, estando saturado nuestro sistema de salud, aquí en España, se dio orden de no tratar a las personas mayores. El miedo se apoderó de familiares y amigos de los abuelos. El objetivo: no ponerte enfermo si el sistema está saturado. Obedecer, para que no te descarten en el hospital. Ahora la cosa está más tranquila. Los sanitarios de momento ya no tienen que elegir a quien aplicar un medicamento que no da para todos.
    Gracias por recordar las Obras de Misericordia.

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