Publicado el 2019-05-29 In José Kentenich

Una bofetada: El 31 de mayo de 1949 desde una perspectiva alemana

P. Elmar Busse, Alemania •

El tercer hito de Schoenstatt data del 31 de mayo de 1949 y ocurrió en Bellavista, Chile. Es el único hito en la historia de Schoenstatt que tuvo lugar fuera de Europa, pero creo que tiene mucho que ver con Europa y con Alemania, así que me atrevo a darle una mirada desde la perspectiva alemana a los acontecimientos y al mensaje, que pronto cumplirán setenta años.—

Los primeros dos hitos fueron en Vallendar (18 de octubre de 1914) y Coblenza (20 de enero de 1942) en Alemania, respectivamente, y el cuarto en Roma (22 de octubre de 1965), en el Vaticano. Los schoenstattianos en Chile y en toda América Latina se sienten, y con razón, comprometidos con la misión del tercer hito, esa acción enormemente arriesgada del fundador, que se jugó el todo por el todo para ofrecer a la Iglesia lo nuevo, lo salvador del carisma de Schoenstatt que derriba las rutinas y estructuras habituales y queridas de esa Iglesia y la obliga a confrontarse para su propia salvación y su misión. Todo esto sucedió mucho antes del Concilio Vaticano II y, a corto plazo, todo salió profundamente mal. No todo el mundo responde con entusiasmo a una bofetada, aunque no sea con ánimo de ofender, sino para despertar a los inconscientes y expresar la confirmación con el sello del Espíritu Santo.

La bofetada en el Parlamento de Bonn

La bofetada que le asestó Beate Klarsfeld al entonces canciller federal Kurt Georg Kiesinger en el Parlamento de Bonn, el 7 de noviembre de 1968, fue un acto audaz. Beate Klarsfeld se casó en 1963 con el abogado e historiador francés Serge Klarsfeld, cuyo padre había sido víctima de la persecución de los judíos en Auschwitz. Según Beate Klarsfeld, su marido le ayudó a convertirse en “una alemana con conciencia». Con su bofetada en 1968 inició una confrontación más intensa con el pasado nazi de muchas celebridades en Alemania.

Solo los peores crímenes fueron castigados por las fuerzas de ocupación. Una vez enterré a un exnazi que pertenecía a la parroquia de Berchtesgaden. Los parientes sabían de su pasado y se avergonzaban de él. Por lo tanto, el funeral debía hacerse discretamente. En Alemania hubo muchos casos de este tipo, ya que el tema era de alguna manera tabú. Fue solo después de la bofetada que la discusión desencadenó muchos juicios contra los seguidores que también habían sido perpetradores, a 30 años de que se hubieran cometido los crímenes.

La carta del 31 de mayo del P. Kentenich: una bofetada con la intención de despertar

Quisiera comparar la bofetada de Beate Klarsfeld con la carta que el P. Kentenich envió al obispo de Tréveris desde Santiago de Chile el 31 de mayo de 1949. Quería provocar. No estaba interesado en tratar crímenes tabúes del pasado, sino en señalar un problema que había sido ignorado por los responsables de la Iglesia o, peor aún, que todavía ni siquiera había sido visto como un problema. Quería una discusión profunda sobre lo que él llamó el “pensamiento mecanicista». Para el P. Kentenich estaba claro que la Iglesia en Alemania y en todo el mundo no podía simplemente continuar siendo la misma de siempre después de la Segunda Guerra Mundial, ya que se había visto obligada a detenerse en 1933.

La experiencia de Dachau: Lo que ha sido eficaz bajo condiciones extremas, es apto para lo cotidiano

El P. Kentenich experimentó, como prisionero en el campo de concentración de Dachau, que sus compañeros de prisión podían manejar mejor las condiciones inhumanas del campo aplicando la espiritualidad de Schoenstatt. Podían protegerse mejor mentalmente y se inmunizaban contra las humillaciones y los acosos sin quebrarse frente a el sufrimiento vivido. El P. Kentenich concluyó acertadamente: lo que ha sido eficaz en condiciones tan extremas es también apto para lo cotidiano, para hacer frente y modelar la vida normal desde el poder de la fe. Así, al terminar la guerra visitó a muchos obispos alemanes para presentarles y explicarles más profundamente la espiritualidad de Schoenstatt. En el fondo de su corazón esperaba que los obispos alemanes apoyaran al santuario de Schoenstatt y la espiritualidad que allí había crecido, en forma similar a lo que los obispos portugueses habían hecho con Fátima, aunque en Schoenstatt no hubieran ocurrido milagros tan extraordinarios como en Fátima.

En realidad, todo está bastante bien, excepto por algunas pequeñeces

El obispo auxiliar, el Dr. Bernhard Stein, realizó una visitación en nombre de la Conferencia Episcopal en febrero de 1949. El P. Kentenich, que estaba dando un retiro para sacerdotes en Argentina, le escribió cartas del 4 al 19 de marzo, ninguna de las cuales tenía menos de tres páginas, para responder a preguntas y malentendidos. El obispo auxiliar no le escribió las preguntas directamente al P. Kentenich, sino que el P. Menningen le informaba lo que estaba sucediendo. Hay que tener en cuenta que en ese momento una carta tardaba entre dos y tres semanas en llegar de Alemania a América Latina. El correo electrónico y el Whatsapp no existían todavía.

El 27 de febrero, el visitador dio una apreciativa y benévola última charla en Schoenstatt. Cuando el P. Kentenich recibió en Chile el 14 de mayo de 1949 el tan esperado informe final oficial del obispo auxiliar junto con una carta del arzobispo de Tréveris, el tono era muy diferente. Aunque la espiritualidad de Schoenstatt fue juzgada como católica desde el punto de vista dogmático y teológico, había mucho que objetar en el ámbito pedagógico.

Gran parte de la crítica -esto solo se pudo comprobar años más tarde- se basaba en calumnias de algunas Hermanas de María, incluida una superiora que había sido relevada de su cargo, críticas que fueron aceptadas sin haber sido comprobadas antes por el obispo auxiliar.

El riesgo

Si se hubiese tratado solo de Schoenstatt, el P. Kentenich podría haber tomado nota del informe e ignorado los puntos de crítica, pero como la crítica del obispo auxiliar mostraba una mentalidad y un modo de pensar que el P. Kentenich consideraba típicos de los intelectuales católicos de la época y que él consideraba como sepultureros de una fe vital, se sintió impulsado por el Espíritu Santo a escribir un estudio exhaustivo sobre la futura estrategia pastoral de la Iglesia en Alemania. Estaba consciente del riesgo que corría.

Cuando puso la primera parte de su estudio la noche del 31 de mayo en el inacabado santuario de Bellavista, sobre el altar que se encontraba en medio de la capilla, le dijo a las pocas hermanas presentes: “Debemos tener en cuenta que el trabajo va a herir profundamente en la patria a los corazones nobles, que despertará una gran indignación y provocará poderosos contraataques, y no debemos sorprendernos si se pone en escena un frente común fuertemente unido de hombres influyentes en mi contra y en contra de la familia. Humanamente hablando, debemos contar con que finalmente el intento será totalmente infructuoso. Y, sin embargo, no podemos permitirnos prescindir del riesgo. El que tiene una misión debe cumplirla, incluso si se adentra en el abismo más oscuro y profundo, incluso si se exige un salto mortal después de otro salto mortal. La misión de profeta trae siempre consigo suerte de profeta”.

El trato con inconformistas

¡Cuánta razón tuvo con sus temores! En los años siguientes tuvo que justificar ante grupos de schoenstattianos que no había emprendido esta iniciativa con ingenuidad desprevenida, sino con una clara conciencia de riesgo. Muchos palotinos, sacerdotes diocesanos de Schoenstatt, hermanas y laicos sintieron un fuerte viento en contra. La esperada discusión científica y pastoral estratégica sobre el futuro del estilo pastoral de la Iglesia en Alemania no llegó a realizarse.

El conflicto objetivo se trasladó al nivel de relaciones personales y luego se trató exclusivamente de poder e influencia. ¡Este “autodidacta genial» (así lo comentó el visitador), que ni siquiera ha estudiado psicología, con su psicología de religión nos coloca un caballo de Troya en la Iglesia! ¡Debe ser silenciado!

Ese era el estilo bastante usual con el que se trataba en la Iglesia de ese tiempo a los inconformistas. Basta recordar el destino del jesuita Teilhard de Chardin:

«Debido a sus opiniones teológicas poco ortodoxas, entró en conflicto con la Congregación para la Doctrina de la Fe. Ya había perdido su cátedra en el Institut catholique en 1926, y pasó los siguientes veinte años investigando, principalmente en China. No alcanzó a ver la publicación de su obra principal Le Phénomène Humain, terminada en 1940. Según la voluntad de la Orden, no debía publicar ninguna obra teológica o filosófica. Sin embargo, en 1950 fue nombrado miembro de la Academia Francesa de Ciencias. En 1951 fue “desterrado» de Francia como consecuencia de la encíclica Humani generis. También esta vez obedeció a la disciplina de la Orden. Pasó sus últimos años como investigador asociado en el estado norteamericano de Nueva York. Cuando murió, el Domingo de Pascua de 1955, pocas personas acompañaron al ataúd en el funeral. Solo después de su muerte pudieron imprimirse sus libros, que en poco tiempo alcanzaron millones de ejemplares, después de que sus conferencias y manuscritos reproducidos en forma extraoficial ya habían despertado gran interés»[1].

¿Qué pasaría si…?

Se necesitó el viento fresco del Concilio Vaticano II para que el P. Kentenich fuera rehabilitado y regresara a Schoenstatt (exactamente el 24 de diciembre de 1965). A la edad de 80 años pudo dedicarse a sus comunidades y murió el 15 de septiembre de 1968, sin poder experimentar el cambio de estrategia pastoral que había esperado y alentado.

En vista de las muchas preguntas preocupantes sobre cómo la Iglesia continuará en Alemania, me permito un pequeño experimento de pensamiento.

¿Cómo sería el panorama eclesiástico hoy, si el arzobispo de Tréveris hubiese tomado en cuenta las sugerencias del P. Kentenich en ese momento y, además de la transmisión de conocimiento de la fe, como fue y es habitual en Alemania,  del  trabajo de asociaciones y el ministerio sacramental, se hiciera hincapié en la transmisión de  experiencias vitales (porque estas hablan directamente al corazón), a la formación de pequeños grupos (en los que se podría haber desarrollado y cultivado la capacidad de relación atrofiada de muchos intelectuales) y la transferencia de las funciones básicas religiosas y litúrgicas (alabanza, acción de gracias, petición, catequesis, interpretación de la vida a la luz de la fe) a la familia?

1949 – 2019, es decir, hemos perdido 70 años de la posibilidad de reformar el ministerio pastoral, e incluso hoy en día hay muchas personas responsables que piensan que, si solo se proclamara más claramente la verdadera doctrina, entonces la vida vital de la fe se produciría automáticamente.

¿Dónde está la misión del 31 de mayo para Alemania? ¿Y para los demás?

El Movimiento de Schoenstatt en Alemania ha podido establecer muchos acentos a través de su acompañamiento en la Pastoral Familiar, con la Academia de Pedagogía Familiar, con las 7000 imágenes de la Virgen Peregrina que están visitando a más de 70.000 hogares, con la Pastoral de los Santuarios Hogares, con serios cursos de preparación al matrimonio, con la orientada experiencia de la Pastoral Juvenil, todo muy de acuerdo con el sentido pastoral del P. Kentenich. Pero frente a 23 millones de católicos, todo esto tiene todavía el carácter de proyectos piloto, que no siempre son percibidos y tomados en serio por los responsables de la Iglesia. Así, surge la impresión de que la provocación de 1949 fue un fármaco eficaz contra el cáncer que simplemente no se comercializó.

Hoy en día, en muchos países, Schoenstatt ha alcanzado una fuerza plasmadora para la pastoral y la sociedad que se acerca a la audaz esperanza que tenía el P. Kentenich en 1949. Pensemos en Paraguay, donde uno de cada tres habitantes está en contacto con Schoenstatt a través de la Virgen Peregrina y de los santuarios, y donde proyectos sociales como una editorial de libros de texto, la formación de maestros en las zonas rurales, la educación y el apoyo a las iniciativas de autogobierno, el equipamiento escolar y el apoyo temprano a los niños de entornos marginales son conocidos y reconocidos en todo el país. O proyectos pastorales como la Pastoral de Esperanza para separados en nueva unión, que son asumidos por la Conferencia Episcopal. Pensemos en Costa Rica, con una universidad donde se enseña pedagogía kentenijiana y los schoenstattianos en las parroquias llevan a cabo iniciativas pastorales, a menudo junto con otros movimientos. O Burundi, con un papel pionero en el proceso de paz y presencia en prácticamente todas las escuelas del país. O Brasil, con movimientos gigantescos como el Rosario de Hombres y la Virgen Peregrina, que llegan a millones y son parte integral de la pastoral de toda la Iglesia.

Pero en muchos países se refleja lo que le pasa a Alemania. ¿Y ahora qué?

Fotos: IStock Getty Images, licensed for schoenstatt.org

[1] http://www.kathpedia.com/index.php/Teilhard_de_Chardin

Original: Alemán, 26/05/2019. Traducción: Tita Andras/es, Viena, Austria

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