Publicado el 11. abril 2019 In Abusos

“Como Familia, vamos juntos hacia la otra orilla”

CHILE, P. Juan Pablo Rovegno, director nacional •

Tal vez nunca como antes, Schoenstatt está sufriendo -dentro de la Iglesia Universal, con ella y como ella-, una de sus crisis mas graves con los abusos sexuales, de poder y conciencia. La Iglesia como el Movimiento de Chile son losmás afectados, con altos representantes condenados por el Papa Francisco mismo y por la justicia. Publicamos un texto del director del Movimiento que llama a una interpretación y conversión profunda. —

 

“Como Familia, vamos juntos hacia la otra orilla”. Este es el lema con que queremos inspirar nuestra Jornada Nacional de Dirigentes 2019. Una comisión con representantes de toda nuestra Familia está trabajando para darle forma y contenido. Acompañemos este trabajo con la imploración al Espíritu Santo.

El hacernos a la mar en medio de la tempestad surge como una necesidad, ante un tiempo que nos urge a hacernos parte activa del proceso eclesial que vivimos. Nuestras propias heridas serán el impulso para no ceder a la tentación de la inmovilidad o la indiferencia, peor aún: de la defensa estéril o del encierro en nuestras cosas.

El Papa Francisco se ha reunido con representantes de la Iglesia Universal para hacerse cargo del drama de los abusos, de profundizar en esta herida, no sólo en virtud del “nunca más” (asumiendo esta dolorosa realidad, fijando criterios de verdad, justicia y reparación), sino también para dejarnos iluminar por una nueva forma de ser Iglesia, de comprendernos a nosotros mismos, de acercarnos a Jesús y a los demás.

Hay un cambio de paradigma fundamental en la percepción de la realidad: así como en la Cruz las heridas de Jesús nos permitieron comprender la hondura del amor de Dios, hoy las heridas de las víctimas nos permiten volver al sentido más auténtico de la vida de Jesús y la misión de la Iglesia: la identificación con el que sufre. En el que sufre vive el rostro de Jesús, en el que sufre se refleja un Dios que no es poder ni forma, juicio o perfección, sino vida, humildad, servicio y salvación.

Al unir nuestro proceso hacia el acontecimiento del 31 de mayo con el proceso eclesial que vivimos, percibimos en el horizonte de la otra orilla una nueva forma de ser Iglesia y Familia, de entender nuestro ser y misión, de captar más hondamente el carisma a la manera de María: ser instrumentos para configurar a Cristo en medio del mundo, en medio del tiempo, en medio de las heridas de la humanidad. La otra orilla tiene mucho del Jesús de las Bienaventuranzas; alguien para quien el sufrimiento humano despierta toda su capacidad de amar.

Que el dolor de tantos y por tanto tiempo no nos deje de conmover, para comprender y compartir con una nueva hondura el amor de Dios por todos.

Esta crisis nos está llevando a una nueva conversión: volver a Jesús quien, en medio de la tempestad, nos confronta e interpela: “Vamos Juntos hacia la otra orilla”, la orilla de un renovado amor a Diosya la humanidad, a la manera de Jesús.

 

Fuente: Vinculo, marzo  de 2019

Foto: Peter Llewellyn, iStockGettyImages ID 941014542

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