Publicado el 18. agosto 2016 In Campaña

¡Un año más, Madre mía!

ARGENTINA, por Silvia Sibay •

Domingo inusualmente cálido en el mes de agosto tucumano. Es invierno en el hemisferio sur… A quienes se preparaban a llevar abrigos y bufandas para resguardarse del frío, los sorprendió un amanecer con un hermoso cielo despejado, con un sol brillante.

Desde el día anterior a ese esperado 14 de agosto, los misioneros se esmeraban en dejar el predio del Santuario engalanado para recibir a los que participarían en la gran fiesta.

¡Y llegó el día!

En la entrada al predio se iban reuniendo los que llegaban para iniciar la procesión recordando al iniciador de la Campaña del Rosario, Don João Luiz Pozzobon.

La presidían la cruz procesional, las imágenes auxiliares de las provincias vecinas y las de Tucumán, un cuadro del Padre Kentenich y otro de Don João Pozzobon, imágenes peregrinas, banderas y estandartes que identificaban a las distintas parroquias y localidades del interior de la provincia.

Se inició la caminata acompañada con violines, bombos y guitarras, rezando el Santo Rosario. A lo lejos, el Santuario esperaba acogedor.

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En el año de la Misericordia, la indulgencia plenaria para los peregrinos

En las escalinatas del Santuario, el P. Guillermo Cassone dio la bienvenida a todos los participantes y bendijo objetos religiosos, llaves de las viviendas y vehículos. También explicó las condiciones para recibir la indulgencia plenaria que el Obispo había concedido para ese día tan especial y con tanta concurrencia.

“Con flores a María”

¡Cómo no homenajear a la querida Mater al comenzar la jornada! Primero el P. Guillermo y luego las responsables diocesanas de la Campaña de cada provincia, entraron al Santuario a ofrecer rosas rojas sobre el altar, símbolo del amor incondicional a la Madre a quien ese día se entregaban por un año más como misioneras.

La peregrinación continuó hacia el salón de usos múltiples, donde se realizarían las actividades hasta la hora de la Santa Misa.

El salón se fue colmando de misioneros y peregrinos. Hermanos de Santiago del Estero, Catamarca y Salta dijeron ¡presente! Saludos, encuentros y vivir juntos otro día, para intercambiar experiencias y afectos.

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La alegría de la Campaña

El P. Cassone les recordó a los misioneros la misión recibida por Don João Pozzobon y la importancia de renovar el compromiso de continuarla si el corazón de cada uno así lo quisiera.

Luego comenzó el almuerzo, entre charlas, risas y el compartir de los alimentos y los saludos.

Los bombos, las guitarras y los cantores, anunciaron el comienzo del fogón. En una región en la que abundan los buenos músicos, se presentaron conjuntos folclóricos que amenizaron el encuentro con sus canciones y bailes. Y no faltó el ingenio de misioneros y peregrinos que acompañaron la danza.

Todo fue algarabía y una inmensa alegría compartida año tras año.

Al contemplar el enorme predio del Santuario, el corazón latía aceleradamente. Además del salón atestado de gente, a la sombra de los limoneros, cipreses y demás arboleda del lugar, cientos de personas compartían y contemplaban la belleza del paisaje.

Más de mil peregrinos se dieron cita ese domingo. Dios regaló un clima acogedor.

Las nuevas responsables de la Campaña del Rosario de Tucumán, junto a su equipo, trabajaron incansablemente para preparar todo y con gran emoción, vieron el fruto de su esfuerzo.

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¡Un año más, Madre mía!

Se acercaba la hora tan esperada: la Santa Misa y la renovación del compromiso misionero.

Con las imágenes peregrinas apretadas contra el corazón, los misioneros se fueron congregando alrededor del Santuario.

Luego de la oración de renovación, con las imágenes en alto, con gran emoción, se escuchó un grito unánime: “¡Ella es la Gran Misionera, Ella obrará milagros!”. Lágrimas, abrazos, testimoniaban lo que cada uno experimentaba en su interior.

Algunos testimonios

Varias personas que llegaron por primera vez al Santuario manifestaron sus experiencias.

Una señora de Catamarca, que venía por primera vez, dijo haber sentido algo especial en su interior, algo que nunca había experimentado al ingresar al predio del Santuario. Comprendió inmediatamente que estaba en tierra santa.

Otra señora, muy mariana, de Tucumán, llegó porque se enteró de la fiesta. No conocía el Santuario, no era misionera ni misionada, pero se sintió llamada y compartió el día completo. Manifestó sentirse, en ese momento, hija dilecta de María, pero de una manera muy especial, que le llenaba el corazón.

Muchas personas se acercaron averiguando cómo ser misioneros, cuándo se iniciaba la preparación, porque se habían sentido llamadas.

En el año de la Misericordia y luego de haber recibido la indulgencia, comprendiendo lo que significaba y el regalo que habían recibido, una multitud se acercó al sacramento de la reconciliación.

Misericordiosos como el Padre, salgamos al encuentro

Continúa el año de la Misericordia, pero para los misioneros y todos los bautizados, no debe ser sólo un año.

El perdón, la reconciliación, el ver a Cristo en el hermano, es una misión de por vida.

Muchas veces preguntan: ¿qué hace Schoenstatt por los demás? Es una tarea muchas veces silenciosa y anónima. Otras veces publicitada y felicitada.

El misionero se potenció en este año. Entendió que, además de su misión diaria, tiene que salir, como lo pide el Papa Francisco, a consolar, ayudar, en un mundo donde hay tanto sufrimiento y carencias.

Así lo entendió Don João Pozzobon:

El objetivo actual…es ser un reflejo de la justicia cristiana: uno por el otro, para una nueva conquista de la dignidad y respeto de la persona humana, con sus valores, encontrándonos con los más necesitados.”

“Sentir lo que el otro siente, y darle lo que no tiene. En lo espiritual y en lo material.”

IMG-20160815-WA0028¡Misioneros, salgamos al encuentro!

Colaboración: aat, Argentina

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