Publicado el 24. abril 2017 In Schoenstatt en salida

La Alianza solidaria se extiende más allá de los muros de Schoenstatt y de la Iglesia

SUDÁFRICA, Sarah-Leah Pimentel y Juventud Femenina/Liga de Mujeres •

Cuando contamos nuestras experiencias de alianza solidaria, principalmente hablamos de nuestros esfuerzos por vivir nuestra Alianza de Amor llegando a los demás, y yendo a las periferias de nuestra sociedad para compartir las gracias de nuestra vida de alianza.

Es bueno compartir estos relatos pues cada acto de alianza solidaria colabora con nuestra Madre y Reina tres Veces Admirable, “agregándole a Schoenstatt piedra tras piedra”, como rezamos en nuestra consagración nocturna. Estos relatos también entusiasman a otros a salir de sus zonas de confort, y agregar sus piedras a la creación de un mundo mejor.

Pero a veces la Mater nos recuerda la necesidad de ser humildes. Ella nos recuerda que aunque tengamos mucho para dar, somos pobres y tenemos limitaciones. Como el mendigo que está en la orilla pidiendo un trozo de pan, nos encontramos también al borde del camino, rogando para que por las gracias de esa alianza que compartimos con todo el pueblo de Dios, también podamos experimentar esa alianza solidaria que se extiende más allá de los muros de Schoenstatt y de la Iglesia.

Esta fue la vivencia de la Juventud Femenina y la Liga de Mujeres durante Semana Santa. Inspirado por las misiones realizadas por la juventud schoenstattiana en Sudamérica, un grupo de 23 jóvenes estudiantes y jóvenes profesionales salieron con la Hermana Ann Marie Nicholas al Santuario Madre de África en Cathcart. Viajaron 1000 kilómetros para vivir la Cuaresma –oración, ayuno y limosna- y profundizar los vínculos de amistad.

La solidaridad de la bienvenida

El primer signo de alianza solidaria fue la cálida acogida de la pequeña comunidad católica de Cathcart. El domingo en la mañana, las peregrinas se unieron a la procesión del Domingo de Ramos, desde el pie de la colina que protege las sencillas casas de la comunidad rural de habla Xhosa y subieron a la Iglesia. Al final de la hermosa y alegre celebración Eucarística de tres horas, se sentían parte de la familia. Algunas mamás llevaron a sus bebés para que las peregrinas los tomaran y jugaran. Todos querían tomarse fotos con el grupo. Jamie Lee lo describió como la “generosidad absoluta” del pueblo.

Después de esta primera bienvenida, la gente del pueblo se quedó a saludar y conversar con las jóvenes mientras caminaban en grupos pequeños por el centro de la ciudad, preguntando cómo iba la peregrinación. Otros miembros de la comunidad, incluida Jenny, una schoestattiana totalmente dedicada, se aseguraron de que no nos preocupásemos de comprar suministros para nuestras comidas ni de cocinar. Cada noche nos esperaba una cena deliciosa y sándwiches para el almuerzo del día siguiente.

La solidaridad de la unidad de los cristianos

Las actividades de difusión incluyeron la entrega de libros a la pobremente abastecida biblioteca y la distribución de juguetes a los niños que reciben alimentos de la comunidad. Craig, el conductor del autobús, que también es cristiano, se contagió con la “fiebre de dar”. Muy pronto se le conoció como el Flautista de Hamelín y los pequeños corrían hacia él cada vez que lo veían, sabiendo que llevaba dulces para ellos. Tal como lo hacía el Padre Kentenich cuando visitó Cathcart en 1948.

Sin embargo, la principal actividad de apostolado era un día festivo para los niños. El grupo había planeado juegos que fomentaran el trabajo en equipo, himnos infantiles, una introducción al santuario y el significado del Viernes Santo y la Pascua. El evento se realizaría en el campo cercano al santuario. ¡Pero cuando despertaron esa mañana comprobaron que estaba lloviendo! ¿Qué hacer ahora?

Jenny y la Hermana Ann Marie preguntaron si podían usar la sala del Ayuntamiento, pero ésta estaba ocupada. Sugirieron otro local, pero éste también estaba ocupado. Jenny acudió a otras iglesias para ver si alguien podía ayudar. Menos de una hora más tarde regresó: Los miembros de la Community Church habían accedido a prestar sus dependencias a Schoenstatt.

En un espacio cálido y seco, la juventud de Ciudad del Cabo y la juventud de Cathcart gozaron de su mutua compañía, enseñándose juegos y canciones. Justo terminaban una actividad cuando el hijo y la nuera de Jenny, que habían venido a visitar a sus padres en Pascua, entraron a saludar. Espontáneamente, lideraron una actividad sobre cómo nos pide Dios cuidar el mundo que nos rodea, y cada grupo tuvo que llegar con una actividad práctica de protección del medio ambiente.

Las personas desde todos los ámbitos de la vida se unieron para ayudar a preparar un día que los niños de Cathcart no olvidarán jamás. Las peregrinas tampoco olvidarán ese día. Lizzy dijo que lo que a ella más le tocó fue “cómo los niños recibían los juguetes que les dimos”, y Jaden agregó que se alegró ver las “caritas felices”. Jamie-Lee declaró que “la entrega de los juguetes a los niños y ver su emoción” es un recuerdo que permanecería en ella. Michaela expresó que establecer lazos entre personas de la misma edad que viven en circunstancias muy diferentes le enseñó a “no necesitar cosas para ser feliz”.

The solidarity of the Cross

Las peregrinas tuvieron también la oportunidad de caminar con Jesús al Gólgota, siguiendo las Estaciones del Vía Crucis en una pequeña colina. La experiencia de oración tocó profundamente a las jóvenes. Jessica dijo que el Vía Crucis la hizo «sentir caminando con Jesús». Janine dijo que la subida a la colina fue “absolutamente indescriptible” porque sintió que era “tan real” como si caminara con Jesús.

Hubo algunas otras pequeñas cruces que las jóvenes tuvieron que cargar durante la semana, tales como compartir baños, la falta de algunas comidas favoritas, y –para las mayores- sobreponerse al dolor y el cansancio para quedarse con las adolescentes y compartir sus animadas conversaciones, juegos y cantos.

Unidas en una Familia de Alianza

Estas contribuciones al Capital de gracias valieron la pena: durante esta Semana Santa, dos de las jóvenes decidieron sellar su Alianza de Amor en el primer Santuario de África. Cuatro niñas recibieron sus coronas de la RTA (Regina ter Admirabilis, Reina tres veces admirable) y prometieron convertirse en “coronas vivas”. Simone dijo que participar en la peregrinación había sido la mejor decisión que había tomado porque “sellar la Alianza de Amor me hizo sentir que iba en el camino correcto trayendo a la Mater a mi vida”.

Evadne comentó sobre el compromiso de las jóvenes diciendo que “no se puede evitar estar orgullosa de presenciar el progreso de estas niñas al equiparse como mejores cristianas encendidas en su Alianza de Amor con nuestra MTA”. Agregó que “es una brisa fresca de esperanza para el futuro de nuestro país y la Familia internacional de Schoenstatt.

MPHC

A lo largo de toda la semana, las peregrinas sintieron que la Mater se preocupó de cada detalle de la jornada. Pero fue camino a casa cuando ellas fueron capaces de decir Mater Perfectam Habebit Curam (la Madre cuidará perfectamente) — MPHC.

Tras tres horas de camino, el conductor notó que el bus estaba perdiendo combustible. Como se detuvo a un costado del camino frente un lugar de juegos justo antes de almuerzo, las peregrinas no se dieron cuenta que hasta bien caída la tarde estarían esperando a un costado del camino que la compañía aseguradora enviara un vehículo de reemplazo.

Los adultos comenzaron a preocuparse de que no fuera tan seguro quedarse en el camino después de anochecer, dado el alto índice de crímenes en Sudáfrica. El grupo había terminado recién de rezar el rosario, cuando los propietarios del local regresaron y aceptaron que esperaran el reemplazo en su interior.

Llegó la ayuda. Su nombre era Witness. Nos condujo a una ciudad en las cercanías donde estaba el hermano de una de las peregrinas que, al enterarse de que el grupo había quedado varado, preparó una gran cena para todos. Al saber que la compañía de seguros llevaría al grupo sólo hasta la mitad del camino, Witness anunció que nos llevaría a Ciudad del Cabo, si su propia compañía lo autorizaba. Eso le significaba volver tarde el Viernes Santo a casa y perderse el comienzo del fin de semana de Pascua con su propia familia.

Tomó varias horas más, más rosarios y la oración de los dos conductores cristianos para obtener la autorización para llevarnos a Ciudad del Cabo. Todos nos perdimos el inicio del Triduo Pascual en las parroquias, pero llegamos a casa antes del fin de semana largo.

Sí. La Mater realmente se preocupó de nosotros. Maxine comentaba que todas las cosas «que ‘salieron mal’ nos forzaron a poner nuestra fe en el Señor, y fue en esos momentos que experimentamos el poder del Rosario… a través de esto, nuestra fe fue inspirada y fortalecida”.

La única pregunta que quedó en el aire es… ¿Cuándo vamos otra vez?

Original: Inglés. Traducción: Carmen María Rogers, Santiago Chile

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