Publicado el 9. abril 2017 In Temas - Opiniones

Hay que formar una nueva generación de ciudadanos y dirigentes

PARAGUAY, Susana Oviedo de Ultima Hora/mf •

Este domingo 9 de abril el diario Ultima Hora publicó una entrevista con Mons. Francisco Pistilli, obispo de Encarnación, miembro del Instituto Secular de los Padres de Schoenstatt y del equipo de schoenstatt.org. La entrevista tiene como contexto la crisis política de Paraguay al raíz del proyecto de enmienda de la Constitución para habilitar la reelección presidencial. Con permiso de la autora de la entrevista, Susana Oviedo de la redacción de Ultima Hora, lo publicamos en schoenstatt.org.

Preocupado por la fractura moral y la desgastada confianza del pueblo, que no sabe a quién creer en estos momentos, Mons. Francisco Pistilli habla de formar una nueva generación de ciudadanos y dirigentes.

Monseñor Francisco Pistilli, obispo de Encarnación y miembro de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), analiza la polarizada situación política que una vez más sacude la endeble democracia paraguaya, alcanza peligrosos niveles de violencia, y pone al desnudo la fragilidad institucional y las mezquindades de los dirigentes políticos. Hay fracturas en la cúpula dirigencial y en el pueblo, apunta el obispo.

  • Tras las dos primeras reuniones, ¿todavía ve posible que pueda arrojar algún resultado la mesa de diálogo convocada por el Ejecutivo y en la que participa un representante de la Conferencia Episcopal Paraguay?

–Viendo la dimensión del conflicto y las posturas polarizadas, creo que ya es un paso que se haya dado al menos una reunión con la asistencia de representantes de ambas posturas, aunque no estuvieron presentes todos los exponentes. Son logros parciales dentro de un proceso. La lentitud y la convocatoria parcial desaniman, pero no hay que dejarse vencer por el desánimo. Se requiere tiempo para elaborar soluciones y vías alternativas. Aunque el tiempo urge, no podemos desistir del intento de que dialoguen todas las partes. En todo caso, esto fue nuestro compromiso desde el comienzo: que haya una posibilidad de solución política, y esta mesa es un medio. Si este medio no funciona, nuestro compromiso por la paz y el diálogo no termina; hay otros medios.

  • Además de la violencia y muerte que arrojó esta nueva crisis política desatada en el país, ¿qué aspectos preocupantes resaltaría de la dirigencia política?

–Yo observo que hay fracturas en diferentes niveles: cúpula de dirigentes y pueblo, desigualdad de oportunidades e inequidad en la distribución de los bienes, una fractura creciente entre las posiciones de izquierda y de derecha, una fractura interna en los partidos, donde no se observa cohesión. Pero me preocupan más la fractura moral y la desilusión que van aumentando el nivel de indignación de nuestra gente, con la sensación de inseguridad sumada al caos de opiniones. Hay un sentimiento de orfandad en nuestra sociedad. ¿A quién creer? La confianza del pueblo está desgastada. Algunos dicen que es ambiental, una sensación que no corresponde a los índices de desarrollo. Puede ser, pero quizás revela más de lo que parece. La misma Iglesia es cuestionada, y debemos reconocer nuestras fallas. Hemos crecido históricamente con caudillos mesiánicos que decían tener todas las soluciones. Nuestra cultura democrática es frágil. Hay que formar una nueva generación de ciudadanos y dirigentes.

  • ¿Por qué cree que el tratamiento de la enmienda constitucional en el Congreso Nacional no ha podido hacerse de una forma transparente y conforme a las reglas, tras amplio debate y votando libremente?

–Usted me hace la pregunta más difícil. Mi tentación sería esquivarla. Nos han tapado de explicaciones, con muchos argumentos. Si el reglamento permite lo que no permite, si la Constitución se interpreta así o no. No sé qué creer. Yo pienso que en todo proceso como este, hay que distinguir al menos dos niveles. El primero, la letra de la ley. Lo que dice el texto y su interpretación correcta. Hay instancias. Por qué no se aplican y si se aplicaron, ¿por qué no hay acuerdo? Esta discusión podría ser eterna.

El segundo nivel me parece más valioso, aunque no se puede separar del primero. Es el más profundo. El que da origen a la ley: su espíritu. Quiero pensar que la visión de los que redactaron la Constitución Nacional nació del anhelo de no revivir nunca más la falta de libertad de la dictadura y que intentó dibujar un proyecto magnánimo. El pacto social nace de los ideales y principios fundamentales de una sociedad, que se plasman en protocolos que hay que cumplir, evaluar, supervisar. Hemos crecido, pero seguimos con viejas costumbres.

  • ¿Qué sucede cuando las autoridades ignoran el hecho de que un tema de Estado, como el incorporar la reelección vía enmienda, genere tanto rechazo? Una diversidad de instituciones se pronunciaron y siguen pronunciando en contra.

–Uno se siente al margen de los intereses en disputa, y se indigna porque se han olvidado de atender temas más importantes, porque la pelea se concentra en ganar poder por mayoría. Dejamos de lado principios más coherentes, como el bien común, la dignidad de todos, el orden institucional. Se puede especular de todo; por ejemplo, que son los medios los que generan rechazo, que hay un grupo grande a favor, y así y asá… Yo creo que la democracia, que se ha desarrollado como un aporte auténtico en países de fuerte arraigo cristiano, no se reduce al juego de poder de mayorías y minorías. La autoridad no se reduce a la cantidad de votos, el poder puede que sí, la legalidad hasta cierto punto. Pero el rechazo no debería devenir en desborde y en anarquía. Es necesario respetar el orden institucional, y seguir el protocolo de convivencia. Normalmente, no deberíamos estar enfrentados sobre la interpretación de un artículo de la Constitución. Esperemos que se pronuncie también la Corte Suprema.

  • La Iglesia Católica sintoniza con los sectores que piden se retire el proyecto de enmienda impulsado y aprobado por los 25 senadores que responden al oficialismo. ¿Qué elementos tomaron en cuenta los obispos para asumir igual postura?

–Sintonizar no es la palabra que yo usaría, porque las motivaciones no son las mismas. En el comunicado de marzo, con aprobación de todos los obispos, hicimos sentir nuestra preocupación, al ver que la discusión sobre la legalidad de los procedimientos, puso al descubierto la vulnerabilidad de nuestras instituciones y la reacción crispada de la gente. Llamamos a la prudencia.

Prudencia es la sabiduría práctica, el entendimiento, la razón en su aplicación, en su oportunidad, en su consecuencia. A nosotros nos orienta la paz y la convivencia social. No podemos admitir la violencia y la muerte de un compatriota. No queremos anarquía. Tampoco dictadura, ni manipulación de la verdad. Queremos consenso, que solamente se logra cuando uno es respetuoso en la interpretación de la ley, en el diálogo y en los procedimientos. No interpretamos la Constitución. Solo vemos que la prudencia nos indica que no es un buen momento, ni la mejor manera.

  • Los argumentos sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad de la enmienda para la reelección están polarizados y varían según la coyuntura. ¿Por qué en el país se da esta tendencia de adecuar las normas a los intereses particulares o grupales?

–Esta pregunta debemos hacernos todos los que vivimos en este país. Creo que hay un problema cultural de fondo. Llevará algunas generaciones y mucho esfuerzo superarlo.

En un lugar se unen dos parientes para trabajar juntos y uno de ellos resulta estafado por su propia sangre. Hay que observar el fenómeno. Un grupo de estudiantes hacen un trabajo juntos y no es raro que uno se aproveche del resto. Pero no quiero entrar a ponerle títulos a esto.

Algunos responderían así: “El paraguayo es nomás luego así”. Las generalizaciones sobre nosotros no son útiles, menos si solo denotan los vicios como virtudes de supervivencia. No se trata de clichés o estereotipos de la idiosincrasia, sino de un proceso de maduración y educación moral que debemos impulsar.

  • ¿Qué opina de la actuación del ex presidente Fernando Lugo en toda esta situación en la que aparece prescindente, mientras los senadores de su partido defienden férreamente la reelección vía enmienda?

–Otra pregunta difícil. ¿Quién soy yo para señalar con el dedo a alguien? Por otro lado, podría decir que hay cosas que no comprendo, que no me cierran. Como católico y como obispo este tema todavía no lo tengo cerrado, me duelen algunas cosas. Me surgen preguntas también cuando observo qué fácil es criticar y qué fácil es verse de un día para el otro envuelto en las mismas prácticas políticas que uno antes denunciaba. Miro todas las figuras que están en el centro de este conflicto y más bien me surge la pregunta: ¿Con qué autoridad responden? La legalidad del empoderamiento no siempre condice con la autoridad o con la competencia. Personalmente anhelo que haya menos caudillos en el país y que las nuevas generaciones, que saben y valoran trabajar como equipo, ejerciendo la autoridad de otra manera, aporten a una nueva etapa.

  • En esta nueva crisis política se evidencia otra vez la fragilidad de las instituciones y el desapego a las reglas en el Paraguay. En 27 años la democracia en el país padece de serios déficits. ¿Qué se puede hacer para fortalecerla?

–La claridad de las normas de convivencia y del funcionamiento institucional se perturba si su comprensión no es plena y si su aplicación está viciada por la arbitrariedad. Es decir, si para unos es ley y para otros puede ser o no. Algunos piensan que hay que endurecer el cumplimiento de la ley, son amantes de la dictadura, de izquierda y de derecha. La ley no es blanda, si es ley. La ley es por definición un marco de rigidez que debe ser interpretado, aplicado y cumplido. Si está en nuestro ADN es una pregunta metafórica, ya que el marco institucional y legal de la sociedad es un desarrollo de la cultura, de los valores éticos y de los principios sociales que la rigen. No es biología.

Ahora bien, todo conjunto de leyes no sirve, si no se hace de verdad parte de la cultura, si no se hace interior. No es un problema de que nuestras leyes sean deficitarias. No es necesariamente problema del “hardware” o del “software” jurídico. Es problema del usuario. Hay otra cultura de fondo, la que hace la vista al costado, la que busca el hueco, la que disfraza. Se puede educar, desde pequeños. Hay que favorecer la práctica cotidiana de la democracia en todos los ámbitos, principalmente en casa, en la escuela, en el trabajo y, sobre todo, en las asociaciones de carácter cívico.

En el compromiso con otros, se aprende a convivir, a administrar recursos y conflictos, a tener objetivos comunes, a mirar la sociedad buscando el servicio del bien común, etc. La educación cívica que necesitamos es la que nos ayudará a vivir esas experiencias con apertura entre nosotros y hacia la sociedad y el mundo entero. Lastimosamente, muchos limitan la práctica cívica a los periodos y las cuestiones electorales. Es mucho más amplio.

  • La pregunta del momento, monseñor: ¿Cómo superamos este episodio de crispación política, intolerancia y violencia en el que los intereses particulares se imponen a los intereses generales?

–Recemos y ayunemos, “porque este tipo de demonio solamente con mucha oración se puede expulsar” (cf. Mt. 17, 21). Es el demonio de la división, que solamente podemos vencerlo si en nuestro interior buscamos y hacemos lo que es correcto, ante Dios y en conciencia, renunciando a cualquier beneficio egoísta o particular. La cruz de la Patria nos afecta a todos. A los pies de la cruz debemos dejar de lado la mentira, el provecho personal, la agresión verbal, la violencia física, la manipulación de la verdad, la intimidación, el abuso de autoridad. Hay que parar la agresión y la violencia. No debe haber ganadores y perdedores, porque en ese plano todos perdemos. Y hay que detenerse, escucharnos, mirar más allá de lo que conflictúa, situarlo en el plano más amplio de un proyecto para una mejor convivencia. No son las elecciones las que van a cambiar el país, sino la voluntad de hacer grande nuestro país y la humildad de trabajar juntos. Yo creo que es posible. Que despierte en nuestros líderes y en nuestras autoridades una visión más magnánima. Y que nos devuelvan la capacidad de soñar y de hacer posible el sueño.

Fuente: Última Hora, 9.4.2017 –  http://www.ultimahora.com/la-democracia-no-se-reduce-al-juego-poder-mayorias-y-minorias-n1076894.html

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN POR LA FRATERNIDAD Y LA PAZ EN PARAGUAY

Santísima Virgen María, Madre Dolorosa,

que conoces el dolor y la tristeza, porque has sufrido con entereza al lado de tu Hijo, nuestro Redentor y Señor Jesucristo, hoy te pedimos, que nos acompañes con tu amor, tu fortaleza y tu dignidad, a los pies de la cruz de nuestra patria.
Da fortaleza a los pacíficos y limpios de corazón, apacigua a los violentos y malintencionados sana los corazones heridos e indignados, libera de toda maldad los corazones confundidos o manipulados.

Recibe nuestros ruegos por la paz, convierte nuestros corazones al amor y al diálogo, libéranos de todo rencor, maldad y egoísmo, abre nuestras mentes y nuestro espíritu a la certeza de que solamente en comunión de hermanos, podemos construir el Reino de Dios y conducir nuestra Patria a la libertad, la verdad y la justicia.

Implora para todos los líderes del Paraguay, hombres y mujeres, el valor de persistir en el diálogo y la altura moral para buscar soluciones consensuadas y legítimas, con respeto a la Ley y a las instituciones democráticas de nuestro país, protegiendo al pueblo, la paz y el bien de todos, y asumiendo el disenso con nobleza y humildad.

Madre Santa, Virgen de la Paz, reina en nuestros corazones y haz que el evangelio de Cristo, vencedor sobre el pecado y la muerte, ilumine y marque el camino de una patria más sabia, más justa y más fraterna.

Únenos como hermanos al Hijo, condúcenos como hijos al Padre, por la fuerza sanadora del Espíritu Santo y por tu intercesión humilde y maternal.

Amen

+Francisco Javier Pistilli Scorzara, P.Sch.
Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN POR LA FRATERNIDAD Y LA PAZ EN NUESTRO PARAGUAY

Bendición de Ramos y Santa Misa en la Catedral de Encarnación

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