Publicado el 22. marzo 2019 In Vida en alianza

Sion del Padre, ¡según pasan los años!…

ARGENTINA, P. Alberto Eronti •

Hace 25 años, el domingo 27 de febrero de 1994, Mons. Claudio Giménez Medina, en ese tiempo Obispo auxiliar de Asunción, Paraguay, bendijo solemnemente el Santuario de Sion del Padre, en Florencio Varela, Prov. de Buenos Aires. Tras años de preparación espiritual, la Región de los Padres de Schoenstatt decidió encarar la construcción del Santuario –esto es, de su fuente de gracia- junto a la Casa Regional. —

Estuvieron presentes entonces padres de Argentina, Alemania, Brasil, Chile, España y Paraguay. También la presencia fraterna de sacerdotes del Clero Diocesano. Tuvimos una fuerte presencia de los Institutos de la Familia: Hermanas de María, Nuestra Señora de Schoenstatt y de las Familias; de las Federaciones de Madres, de Familias y de Mujeres. Los numerosos representantes de las Familias Diocesanas del país, como también de Chile, Paraguay, Portugal y Uruguay, crearon un clima de fiesta aquel día. Fuimos muy acompañados y alentados.

P. Alberto Eronti

25 años después

El domingo 24 de febrero de este año, tras 25 años, nos volvimos a reunir para conmemorar lo vivido en torno a este lugar de gracias. El camino recorrido a lo largo de estos años no fue fácil. En aquel entonces tuvimos sueños y proyectos, tal vez algo utópicos, pero nada grande se hace sin utopías. El tiempo hizo su labor y mucho de aquello quedó en el camino. Sin embargo, esta alteración fue “conducida” por el Espíritu. No todo se dio como lo pensamos, pero todo se dio como Dios lo tenía planeado. Él no es un “improvisado”, sabe que las mejores obras llevan tiempo. Los tiempos de gestación y realización de un proyecto no dependen en primer lugar de los hombres, sino del Dios de la vida. En aquellos años le dijimos a la Virgen que queríamos construir con Ella, “el pueblo de María”. Parte de ese “pueblo” era la comunidad de los Padres, los Sacerdotes Diocesanos, la Obra de Familias, la Juventud Masculina, la Campaña de la Virgen Peregrina, las obras sociales…

Todo se dio distinto, pero todo lo que se dio fue y es hermoso.

A 25 años de aquel día, podemos decir: todo se dio distinto, pero todo lo que se dio, fue y es hermoso. Poco a poco, hemos ido percibiendo los caminos que la Providencia tenía en su amor para con nosotros. Poco a poco, en torno al Santuario, van surgiendo círculos concéntricos de acciones diversas:

La Parroquia San Pantaleón. La más pequeña en territorio dentro de la Diócesis, pero que ha ido logrando su identidad, su crecimiento, su capacidad de atracción evangélica.

El Club Juan Pablo II, fundado por el Padre Esteban J. Uriburu, para chicos y chicas. Con ellos llegan sus padres, abuelos, etc., así se va creando una familia.

La Casa del Niño Padre Kentenich, donde más de 300 niños reciben atención de refuerzo escolar, educación física, atención médica y alimentación.

Perdura la iniciativa de laicos del Movimiento que, en su momento, construyeron dos talleres de oficios, llamados “San José” I y II. Hoy ambos están dirigidos por ex-alumnos.

Todo esto va creciendo “a la sombra del Santuario” y en comunión con las iniciativas sociales de nuestras Hermanas de María, que desarrollan un centro modelo de atención social, a la sombra del Santuario Nacional.

Una zona con muchas necesidades espirituales y materiales

Por todo esto, y porque el futuro tiene un horizonte amplio, creemos que estos primero 25 años del Santuario Sion del Padre fueron inmensamente fecundos. Sin embargo, lo mejor está por venir. Los desafíos son grandes, se trata de una zona en la que hay muchas necesidades espirituales y carencias materiales. Pero, como dijera el P. Kentenich en estas tierras de Florencio Varela: “María quiere ser Madre de este pueblo”, nosotros queremos ayudarle siendo sus instrumentos. Por eso la celebración de los 25 años tuvo la presencia de gente sencilla, de una fe arraigada y anhelante.

Madre de este pueblo

El día terminó con un encuentro en torno al Santuario de Sion. Cuatro miembros de la Comunidad de los padres dieron diferentes testimonios. Dos hermanos jóvenes amenizaron con música y cantos. Finalmente, todo concluyó con un momento de adoración Eucarística y la bendición de Jesús sobre todos… Así llegó la hora de partir y agradecer con las palabras del Padre Fundador: “Madre, ¿qué hubiese sido de nosotros sin ti, sin tu cuidado solícito y maternal?”

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