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Publicado el 12. julio 2018 In Vida en alianza

Cuando Google nos ayuda a encontrar los caminos de Dios

PARAGUAY, Adriana Cardozo •

Hay veces que un acto fortuito, aparentemente trivial, como googlear “Ayuda a matrimonios en el Movimiento de Schoenstatt” nos conduce a los caminos que Dios tiene dispuestos para nosotros. Esa fue la manera en la que conocí a la Mater y empezó, aunque con tropiezos e interrupciones, la transformación de mi vida y la de mi familia. —

Llegamos al nivel Alianza de la Rama Familiar, pero viendo hacia atrás, me doy cuenta de que esto fue posible mediante muchas personas que conocí en el Movimiento. Hoy entiendo con claridad que fueron instrumentos de la Mater que obraron en nuestras vidas.

Con algunas de esas personas todavía estoy en contacto y con otras ya no. Por eso, este relato más que nada es una serie de agradecimientos: a nuestra Madre, que desde siempre ha estado con nosotros y a la persona que atendió mi mensaje, un sábado por la tarde en 2014, cuando googleando encontré “Ayuda a matrimonios en el Movimiento de Schoenstatt”.  Desde ese día Schoenstatt cambió mi vida. No lo había notado en ese momento, pero definitivamente todo se encaminó de la forma en que Dios quiso para que hoy podamos formar parte del Movimiento y más todavía luego del ¡Sí! que dimos el día de nuestro compromiso, el pasado sábado 4 de noviembre, en el Santuario Nacional de Tupãrenda.

Ese compromiso fue el fruto de reuniones, encuentros, charlas y aprendizaje. Siendo realistas, es un tiempo corto pero profundo dentro del Movimiento y aún nos queda mucho por recorrer, pero no es el tiempo el que mide la importancia, sino lo que hacemos en ese tiempo y espacio, cómo lo vivimos y entendemos. En definitiva, se mide por la entrega.

Salida y vuelta al Movimiento

Tras ese mensaje de 2014, Karen, quién fue la que me respondió, me contactó con los responsables de la diócesis de la ciudad de San Lorenzo. Ingresamos por primera vez a la Rama Familiar, acudimos a unas cuantas reuniones, pero al poco tiempo salimos del grupo y del Movimiento. Creo que yo aún no estaba preparada, no daba la talla para entregarlo todo. Me di cuenta de que Dios no quiere corazones tibios.

La Mater me dejó ir. Al menos eso pensé, pero en ese ínterin me envió a personas que me hablaban siempre de su amor, entre ellas mi esposo, cuya fe movió montañas. Esas personas me hicieron entender que mi lugar en el mundo era con ella. Me llevó año y medio entenderlo y caminar nuevamente dentro del Movimiento. La Mater no me había soltado en todo ese tiempo, sino que ella, como toda madre misericordiosa, siguió rogando por mí y los míos, para que en el 2016 volviera a sus brazos protectores, con la intención de ser una mujer nueva.

En el 2016, mientras estaba en mi trabajo, recibí un mensaje de mi esposo. Era una invitación para formar parte de la Rama Familiar. A pesar de sentir gran emoción en mi interior, solo atiné a responder: “Vamos”.

María había dejado una mecha encendida en mí y lo poco que la había conocido en el 2014 se había atesorado en mi corazón. Esa pequeña mecha hoy se ha convertido en un gran incendio dentro de mí. Ella supo darme ese alimento espiritual que aviva todo amor. Hoy la reconozco como mi educadora y formadora, me lleva de la mano y me enseña a entregarlo todo para la gloria de su hijo Jesucristo.

Todavía me sorprendo de forma increíble e inexplicable en la que Dios actúa. No me cabe duda de que sus propósitos y su voluntad no tienen error alguno.

Fuente: Revista “Tuparenda”, Paraguay. Adapción: Eduardo Shelley, Monterrey, México

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