Gaudete et exsultate

Publicado el 9. julio 2018 In Iglesia - Francisco - Movimientos

Nos sentiremos en familia con las palabras que el Papa nos dice

Un comentario a la Exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, por Juan Enrique Coeymans, Chile •

La reciente Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate del Papa Francisco sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, tiene resonancias conocidas para los hijos de Schoenstatt, que por sabidas se callan y por calladas se olvidan, como dice el refrán tradicional.—

Gaudete et exsultate

Para desmentir los comentarios de periodistas que no están muy informados, que dicen que el Papa Benedicto era muy intelectual y que el Papa Francisco no tiene mucha formación teológica, lo primero que llama la atención, es precisamente la profundidad teológica, bíblica y patrística del texto que nos envía el Papa. Hay 125 citas bíblicas, de santos y de los Padres de la Iglesia en un texto de 40 páginas. Es un encaje de citas que enriquece el pensamiento del Papa, el cual jamás deja de aterrizar los contenidos teológicos, en su deseo, por cierto muy lógico, que las personas vean la aplicación a la vida de los textos entregados.

La reflexión que quisiera compartir, la haré de acuerdo a los 5 capítulos que comprende la Exhortación.

El llamado a la santidad y el Ideal Personal

El primer capítulo se denomina “El llamado a la Santidad”, que recuerda lo que quedó definitivamente claro después del Concilio Vaticano II, que todos los cristianos estamos llamados a la santidad. Lo interesante de este capítulo, es que el Papa Francisco insiste en varias partes, en la necesidad de que cada uno realice la santidad según el deseo de Dios, que es particular y especial para cada persona. Es todo el tema del Ideal Personal que nuestro Padre fundador José Kentenich desarrolló en nuestra ascética, y que a veces no le damos la importancia que merece en la Familia de Schoenstatt. Al respecto dice el Papa: “Esto debería entusiasmar y alentar a cada uno para darlo todo, para crecer hacia ese proyecto único e irrepetible que Dios ha querido para él desde toda eternidad: ‘Antes de formarte en el vientre te elegí: antes que salieras del seno materno te consagré´ (Jeremías 1, 5)”.

Es importante recalcar, que este Ideal Personal (el Papa no lo nombra así), debe comprender no solo un ideal de ser, sino un ideal de misión. Se está llamado a ser algo para una tarea concreta, para una misión. La santidad es ser para Dios y los otros, no para uno mismo. El Papa dice: “Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio”.

Los enemigos de la santidad y el mecanicismo

El segundo capítulo se refiere a “Dos sutiles enemigos de la Santidad”. Ellos son el gnosticismo y el pelagianismo. Respecto al gnosticismo (que no es lo que actualmente se denomina ser agnóstico, que son los que no niegan ni afirman la existencia de Dios) sino que es el soberbio intento de querer comprenderlo todo, y quitar de la doctrina el misterio, el Papa dice que lleva a una soberbia, que desencarna la fe, y al final prefieren “un Dios sin Cristo, un Cristo sin la Iglesia y una Iglesia sin Pueblo”. Es una hipervaloración de la intelectualidad, de reducir la fe a una doctrina. El agnosticismo por su propia naturaleza quiere domesticar el misterio, tanto el misterio de Dios y de su gracia, como el misterio de la vida de los demás.

El pelagianismo por su parte, es una vieja herejía que sostiene que no es el conocimiento lo que nos hace santos o mejores, sino la vida que llevamos, pero niega la existencia del pecado original y la necesidad de la gracia y cree que es posible salvarse con las obras, con los hechos y acciones que realicemos. Es la primacía de la voluntad, pero una voluntad sin humildad.

Detrás de estos peligros, en el fondo, está el peligro del mecanicismo, frente al cual nos alerta nuestro fundador: ni solo pensar, ni solo actuar, ni solo amar, todo debe integrarse, pero eso, por pura misericordia de Dios, y como don gratuito suyo y no mérito propio.

La transformación en Cristo

El tercer capítulo llamado “A la luz del Maestro”, plantea que la santidad es pensar, actuar y amar como Cristo. En nuestro vocabulario schoenstattiano es la transformación en Cristo, una de las tres gracias especiales de nuestros Santuarios.

Jesús explicó la forma de ser santos con sencillez a través de las Bienaventuranzas. Es el capítulo más extenso de la Exhortación, y está dedicado entero a una tranquila y muy aterrizada meditación de cada una de las Bienaventuranzas. Leerlas con calma, apacigua el corazón, y la Palabra de Dios penetra con emoción en el corazón cuando uno va leyendo las descripciones de ellas.

Remarca el Papa, la falsa creencia que sólo las obras nos conducen a vivir las bienaventuranzas, o que sólo la vinculación con Dios, necesaria por cierto, es lo único que importa. La oración, debe llevarnos a la acción, y la acción debe enriquecer nuestra relación íntima y personal con el Señor. Ni activistas, ni angelicistas, es el camino de la santidad cristiana.

Al cielo no llegaremos solos

El cuarto capítulo se denomina “Algunas notas de la Santidad en el mundo actual”. Del gran marco de las Bienaventuranzas, el Papa quiere detenerse en algunas expresiones espirituales que no deben faltar en nuestro tiempo para entender el estilo de vida al que el Señor nos llama en nuestro tiempo.

Entre ellas, destaca el estar firme y centrado en torno a Dios, que ama y que sostiene. Es la doctrina del péndulo de la cual hablaba nuestro Padre fundador, y que el P. Hernán Alessandri repetía frecuentemente. En segundo lugar, recomienda la alegría y el buen humor, propio por lo demás de tantos santos admirables como Tomás Moro, Vicente de Paul o Felipe Neri. Yo agregaría, sin adelantarme al juicio de la Iglesia, algo propio del P. Kentenich. Este último dijo una frase célebre que aproximadamente expresaba: “Yo para canonizar a un santo, vería solamente si fue heroico en la alegría durante su vida”. Es en el fondo la alegría, la más clara señal de una auténtica infancia espiritual.

Así mismo recomienda el Papa la audacia y fervor, haciéndose eco de las palabras del Señor: “Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos”. Él está con nosotros, no debemos temer enfrentar dificultades y emprender lo que Dios nos pida.

En cuarto lugar, nos remarca el vivir y crecer comunitariamente en la fe. Al cielo no llegaremos solos, aspecto que nuestro Padre fundador siempre nos recordaba. Finaliza con una quinta recomendación: la oración constante. No solo con palabras, también con pequeños momentos sencillos en medio de nuestros afanes cotidianos, dirigiéndonos al Señor con una jaculatoria, o con un sencillo pensamiento. Es lo propio de la santidad de la vida diaria.

Combate, vigilancia y discernimiento y la Fe práctica en la Divina Providencia

Finalmente, en el capítulo quinto denominado “Combate, vigilancia y discernimiento”, nos recuerda a todos, pero nos resuena con más fuerza a los hijos de nuestro fundador, la necesidad de la Fe práctica en la Divina Providencia: estar atentos a lo que el Señor nos sugiere en las circunstancias y en el corazón, y que debe ser siempre contrastado con el orden de ser. No hay santidad, sin discernimiento de la voluntad de Dios. Por eso, en la formación de nuestros miembros en Schoenstatt, la enseñanza de la Fe práctica en la Divina Providencia debería ocupar un lugar mucho más relevante del que tiene en la actualidad, para entender y vivir la Alianza con la Mater en la vida diaria. Sin Fe práctica, terminamos haciendo lo que queremos, y no lo que quiere Dios.

Todo hijo de Schoenstatt debería meditarla, gustarla, y apropiarse de ella

Creo que esta exhortación, es una de las cartas más hermosas que se han escrito en la Iglesia después del Concilio Vaticano II. Y todo hijo de Schoenstatt debería meditarla, gustarla, y apropiarse de ella, porque nuestro mundo –casi entero– de la santificación de la vida diaria, y de vivencia de la Alianza está descrito por el Papa. Nos sentiremos en familia con las palabras que el Papa nos dice, y podremos comprender que la tarea que tiene la Iglesia chilena y universal, es superar las crisis de nuestro tiempo con más santidad, con más amor y con más silencio. Crisis de santidad, crisis de amor, crisis de silencio y oración profunda es lo que nos atraviesa y esta exhortación viene a tocar nuestros corazones para responder a ellas.

Texto completa de la Exhortación apostólica Gaudete et Exsultate

Fuente: Revista Vínculo, Chile

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