Publicado el 23. diciembre 2016 In Vida en alianza

Decidimos, en familia, decir siempre SÍ…

Paraguay, Mónica Martínez, Cristhian Díaz y Bruno Díaz Martínez   •

Hay una fecha tan importante para todos los schoenstattianos; una fecha, Madre, que hiciste que fuera para mi familia la más importante de todas, porque nos enviaste el regalo más hermoso que la Madre del cielo puede confiar: ¡un hijo! No es casualidad que estemos dentro de este Movimiento, no es casualidad que nos hayas enviado a nuestro pequeño Bruno un 18 de octubre de 2013, cuando en realidad lo esperábamos para un 7 de noviembre. No es casualidad…

Desde chiquitita me encargué de la Imagen Peregrina que le dieron a mi mamá. Tenía 8 años y la hacía misionar como una tarea súper especial que me había confiado mi abuela. Hasta que un día crecí y me alejé, sin saber porqué, pero sé que mi peregrina sigue misionando hasta hoy con una familia que se encarga de esta hermosa tarea.

Me estaba pidiendo que volviera a Ella

Un día entendí que con un tirón de orejas, la MTA me pedía contribuciones al Capital de Gracias. El nacimiento de mi hijo, en una fecha tan especial, era una señal, y de por vida voy a decir “mi hijo nació el día de la Virgen de Schoenstatt”. Entendí que no quiso sólo eso para nosotros, sino que con ese acontecimiento tan importante, me estaba pidiendo que volviera a Ella, que volviera al Santuario de Tupãrendá, a ese lugar que cuando era niña recorría y conocía cada rincón de ese pedazo de cielo. Su imagen para mí era mi niñez, su imagen para mí era mi hogar, era mi familia. La veía en mi casa, la veía en la casa de mi abuela y de mis tías, crecí con su mirada siempre atenta y fuerte. Cómo dejarla y cómo alejarme, si Ella sólo estaba preparando un camino hermoso para mí. Como buena Mamá del cielo pensó en todo, y me hizo volver pero no sola, sino acompañada de mi familia, mi esposo y mi hijo.

Nos entregamos por completo a sus pedidos y a todo lo que tenga que ver con el Movimiento. Decidimos en familia decir siempre SÍ a sus llamados, y este año pudimos tener la primera experiencia de amor más hermosa de todas.

Un sueño, un viaje y la compañía cercana de la Mater

Hace 8 años que conocí a mi marido y su historia de vida me conmovió siempre porque su mamá vive en los EE.UU., se fue cuando él tenía solo 14 años, y a su papá lo conoció cuando tenía 18 años de edad. Toda la evolución de nuestra relación, nuestro casamiento, el nacimiento de mi hijo, mi suegra lo siguió paso a paso gracias a la tecnología actual. Ella seguía cada avance y aprendizaje de Bruno, no se perdía de nada. Se cumplen 16 años de la ida de mi suegra a los EE.UU. y desde que conocí a mi marido, soñamos con poder viajar y poder verla no sólo a ella sino a su hija menor de 10 años, la hermana que mi marido no conoce porque ya nació en los EE.UU.

Surgió la posibilidad de este viaje, cuando mi cuñado (esposo de mi hermana menor) encontró una promoción relativamente alcanzable para nosotros. Lo malo de la promoción era que terminaba ese mismo día a las 12 hs.,  y nosotros no disponíamos de ese dinero en tan poco tiempo. No sé qué le habrá pasado a mi cuñado (seguramente Ella le estaba tocando su corazón), que sin dudar, dijo “Yo les compro los pasajes, y después vean como lo devuelven”. Fue así tal cual. Nos arriesgamos y, sin tener la visa norteamericana, compramos los pasajes. Fue desde ese mismo momento que le entregamos a Ella este viaje, y le pedimos con el corazón en la mano que nos ayudara a conseguir la visa. Una imagen que nunca voy a olvidar es la de mi marido rezando arrodillado en el Santuario Joven, de Asunción, durante mucho tiempo (se había operado la rodilla tres meses atrás), y yo sabía que era un esfuerzo muy grande para él.

Teníamos mucho miedo porque mi suegra, a pesar de que haber pasado tanto tiempo, seguía sin conseguir los documentos para la ciudadanía. El riesgo era grande. El día de nuestra entrevista, una tía schoenstattiana me dice que no vaya sola, que vayamos acompañados de la Mater, que se lo entreguemos a ella, que si Ella lo quería, ese viaje se iba a realizar. Llevé una estampa en el bolsillo y entramos. Es difícil explicar pero nos conmovió ver cosas predispuestas como solo una mamá del cielo puede hacer por sus hijos, tuvimos una ayuda divina, que solo podía venir de Ella.

Un abrazo de 16 años de amor guardado

A partir de entonces, todo fue emocionante hasta que llegó el día en que mi suegra y mi marido se volvieron a abrazar después de 16 largos años. Toda nuestra familia, amigos y nuestra familia de Schoenstatt vivieron expectantes ese encuentro. Claro, no era un viaje de vacaciones cualquiera, eran 16 años de amor guardado, de besos ahorrados, de abrazos no dados… 16 años de lágrimas derramadas y de decir siempre «algún día nos volveremos a abrazar».

Y fue así que lo quiso Ella. Prometimos ir a un Santuario de Schoenstatt de EE.UU., fuimos al Santuario ubicado en Staten Island, en New York y pudimos sentir eso que cuentan siempre los que ya tuvieron el privilegio de visitar otro santuario. Ella nos esperaba con los brazos abiertos, y como toda mamá exigente nos hizo peregrinar hasta ahí pero no nos hizo nada fácil encontrarla. Pero estaba ahí, hermosa, esperándonos. Mi marido ahí se entregó por completo a Ella, fue una imagen que quedará para siempre en mi corazón y en mi mente; arrodillado llorando, agradeciendo a su Mamá del cielo por haber obrado para que él pudiera volver a abrazar a su madre en la tierra.

Fuente: revista Tuparenda 11/12 2016

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