Publicado el 16. enero 2013 In José Kentenich

“Ahora comprendo que las que no desearon ser víctimas de Dios, sino alegres disfrutantes de la vida que Él nos dio, están en Schoenstatt”

CHILE, Carmen M. Rogers. Hace un tiempo preparé con una amiga y compañera de colegio un anuario con los recuerdos y biografías de cada una de las egresadas allá por 1962. Fue una hermosa oportunidad de conocer y querer más a cada una con sus muchas grandezas y debilidades. Llamó la atención de mi amiga –una conocida periodista y escritora- el hecho de que muchas pertenecieran al Movimiento de Schoenstatt, completamente desconocido para la mayoría en los años 60. Entonces le regalé el libro “Rebelde de Dios” de Christian Feldmann, con la esperanza de que algún día lo leyera…

Esta es su carta, un testimonio sobre nuestro Fundador y un tributo a su paternidad que pocos schoenstattianos habrían escrito con tal claridad y admiración.

“Hoy leí en la playa entre las 12 y las 20 hs. el libro que me regalaste. Gracias, ahora sé más de ti, de la Manena, de Patito, sus papás, sus hermanos, su viuda, mis nietos, etc.

Te marco frases, «estaba tan orientado hacia las ideas y tareas que no podía permitir que mi corazón perteneciese a alguien….”, parece pureza virginal pero no es, es amor impersonal, culto a las ideas ajeno a la vida …

Me llamó la atención que ya a principios del siglo XX se diera cuenta de que, tal como él lo padeció, fuera el siglo de los hijos sin padre.

Fíjate que habla de que hay que hablar en primera persona: “yo quiero” y no hablar de “se quiere”, y eso lo hace 50 años antes de que Fernando Flores descubriera la teoría del lenguaje; porque es muy distinto decir “yo pienso” a “se piensa” o “uno piensa”. Hasta el “uno” le quita posesión y responsabilidad.

Como no existen las casualidades, sino las coincidencias que te ayudan a saber si vas por buen camino, en la página 88 se reproduce una carta que le escribe a un moribundo, en que le habla de la muerte. Ayer, cuando te escribí el mail sobre la página que me mandaste, había ido a ver a Gonzalo, con un derrame cerebral que lo tiene hace seis meses con los ojos abiertos que no parece que miran, hemipléjico, con traqueotomía, sonda para alimentarse. No se sabe si escucha; es sólo la segunda vez que voy a verlo. Me quedé un tiempo más largo, le tomé la mano y conversé entre comillas. Podría pensar que a veces me apretaba la mano pero después su prima me dijo que apretaba y soltaba la mano sin que se pudiera saber a ciencia cierta si escucha.

Bueno, siempre uno duda de si lo que hizo para mejor está bien o no, y hoy tu profeta me enseña que así debe ser.

Voy a tomar para mí eso de la Biblia: “en principio existía la palabra”; de Goethe: “en principio existía la acción”; y de Kentenich: “en principio existía el corazón”.

En vez de averiguar en qué pequé, averiguar qué conseguí. Yo la había inventado más básica: en qué no fui feliz pudiendo serlo.

Gracias, querida, ahora comprendo que las que no desearon ser víctimas de Dios, sino alegres disfrutantes de la vida que Él nos dio, están en Schoenstatt”.

Publicado el In José Kentenich

“Ahora comprendo que las que no desearon ser víctimas de Dios, sino alegres disfrutantes de la vida que Él nos dio, están en Schoenstatt”

CHILE, Carmen M. Rogers. Hace un tiempo preparé con una amiga y compañera de colegio un anuario con los recuerdos y biografías de cada una de las egresadas allá por 1962. Fue una hermosa oportunidad de conocer y querer más a cada una con sus muchas grandezas y debilidades. Llamó la atención de mi amiga –una conocida periodista y escritora- el hecho de que muchas pertenecieran al Movimiento de Schoenstatt, completamente desconocido para la mayoría en los años 60. Entonces le regalé el libro “Rebelde de Dios” de Christian Feldmann, con la esperanza de que algún día lo leyera…

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