San José

Publicado el 2021-03-31 In Año de San José

San José y nuestro aporte masculino dentro del medio en que nos movemos

Por C. Fernando Giménez S., Paraguay, Federación de Hombres •

La carta apostólica «Patris Corde» del Santo Padre Francisco, con motivo del centésimo quincuagésimo aniversario de la resolución en que san José es declarado Patrono de la Iglesia Universal, contiene un variado recuento de atributos asociados con la personalidad y acciones del padre de Jesús. El contenido de la carta nos mueve a la reflexión, para proyectarlo a nuestra existencia y nos sirva de guía en el diario vivir. —

Esta reflexión desea transitar, partiendo de la realidad masculina en nuestro entorno local, pasando por el ejemplo de José, y llegando a nuestro aporte masculino dentro del medio en que nos movemos.

1 La presencia del varón en el mundo de hoy

Sin pretender reflexionar en un contexto global, quiero fijar la mirada en algunas características del ser masculino en las sociedades latinas, típicas del Cono Sur de las Américas.

Nuestras sociedades, a pesar de la sostenida incorporación de las mujeres, aún presentan virtudes y defectos con tintes masculinos. Superar el machismo en sus diversas formas sigue siendo una tarea ardua para el colectivo masculino y sus efectos pueden sentirse en varios aspectos de la realidad circundante. Por ejemplo, se ven en la gran cantidad de homicidios y agresiones a las mujeres, en las intensas luchas por el poder político y económico, los escasos resultados para resolver problemas sociales y sanitarios. Notablemente, muchas de las instituciones que pueden aportar soluciones a los problemas acuciantes tienen en puestos gerenciales a varones, en su mayoría declarados cristianos. En la Iglesia católica, la disminución de las vocaciones masculinas se ha tornado preocupante, mientras que la participación de los varones en las parroquias es mínima. En el Movimiento, ya es tradicional la escasa participación de los hombres adultos. En la Campaña de la Virgen de Schoenstatt, que fue fundada por un hombre, se da por sentado que sólo se habla de misioneras.

Al mirar los acuciantes problemas en la sociedad actual, podríamos pensar que estamos en el apocalipsis … sin la segunda venida de Jesús.

El mundo parece estar a merced de las fuertes, poderosas y destructivas corrientes imperantes hoy día. Sin embargo, frente a todo esto, el Evangelio nos brinda un mensaje claro y fuerte: Dios siempre encuentra un camino para cumplir su plan de salvación «contra toda esperanza», Rm 4,18. Esta realidad se traslada a nuestra vida, en ocasiones desorientada. La promesa del Señor tiene el poder de transformarnos y, en consecuencia, convertirnos, de la mano de nuestro Padre, en fuentes de transformación para el mundo temporal circundante y más allá.

No podemos dejar de reconocer que existen sociedades, grupos e individuos que están esforzándose de la mejor manera para marcar la diferencia, y construir un mundo mejor. Sin embargo, estos esfuerzos necesitan mayor acompañamiento, compromiso y entrega para lograr mejores resultados.

Dentro de la compleja realidad social, en la línea de esta reflexión, quiero acentuar tres aspectos que me resultan interesantes. Primero, aunque la participación e influencia femenina está aumentando, los círculos de poder y decisión aún están fuertemente dominados por los varones; segundo, nuestras sociedades son mayoritariamente cristianas, incluso con predominancia de católicos apostólicos romanos; finalmente, salvo casos puntuales, la proporción de varones comparado con el de mujeres participando activamente en la Iglesia católica es muy escasa.

2 El varón creyente

En consideración del párrafo anterior, es evidente que la capacidad de transformación de los varones es insuficiente para conducir al mundo a una realidad mejor. Tenemos muchos ejemplos que nos pueden ayudar.

Ciertamente, Jesús es el ejemplo más grande pues, «no hay otro nombre dado a los hombres para salvarnos» Hc 4,12; es «camino, verdad y vida. Nadie va al Padre sino por Él», cf. Jn 14,6. Sin embargo, Dios Padre, infinitamente misericordioso y sabio, también nos proporciona otros ejemplos como, personas, grupos, etc., que nos motivan y facilitan el camino hacia Jesús y su mensaje.

De los miles que podríamos citar, existe uno que es particularmente relevante para el varón moderno. Su vida y acciones han contribuido a crear una contracultura, tan poderosa que ya lleva más de dos mil años vigente, y seguirá hasta el final de los tiempos; sin embargo, su personalidad sigue siendo muy poco conocida. Nos referimos a José de Nazaret, el padre adoptivo de Jesús, quien encarna de manera tan radical el ser «puer et pater» hasta el punto de que los frutos de sus actos permanecen hasta hoy día, mientras que su persona se mantiene delicadamente oculta, cf. Jn 3,30.

3 José y su ejemplo

En la carta apostólica que estamos comentando, el Papa Francisco menciona siete cualidades que definen a san José como padre. Haré referencia a dos, «José es padre en la acogida» y «José es padre en la valentía creativa».

Encarnar el ideal del varón es una cuestión complicada en un mundo que nos invita a lo opuesto. Ser varón religioso es muchas veces visto como un signo de debilidad difícil de superar; compaginar el estado civil, el trabajo, los amigos, etc. con la vida de fe se convierte en una tarea que puede alcanzar logros inimaginables si el ejemplo de José llega a encarnarse en nosotros.

Padre en la acogida

José recibe respetuosa y delicadamente a María, sin poner condiciones previas. La Providencia lo pone en una situación humanamente imposible; pero decide actuar por la dignidad de ella, cf. Patris Corde.

Frente a lo irracional del acontecimiento, José supera su justo impulso y se hace cargo de su propia historia, asume lo que ocurre y actúa en consecuencia. Está claro que no pudo haber sido consecuencia de un proceso racional. La razón, para un hombre de su época, habrá sido de muy poca ayuda para comprender lo que estaba ocurriendo. Su reacción inicial hubiera sido natural e incluso obligatoria de acuerdo con las leyes imperantes. En la ley mosaica, repudiar a María era una opción válida para José. Dios le revela su deseo por medio del ángel y reacciona conforme a lo que capta en su corazón sobre el misterio que se le presenta; acepta generosamente la voluntad del Altísimo para recibir como suyo al Hijo de Dios encarnado.

Nuestra existencia está llena de eventos racionalmente inexplicables; algunos habrán sido fuente de mucha alegría, otros de mucho dolor. A la luz del plan de Dios, ellos pueden constituirse en acontecimientos que iluminan toda nuestra vida y la vida de quienes interactúan con nosotros; para ello es necesario hacerlos propios, tomar posesión de lo vivido en actitud de fe, reconociendo que detrás de los acontecimientos está la voluntad del Padre que es amor perfecto.

José no se detiene a rumiar lo que le sucede en una actitud pasiva, estoica o fatalista, ni se queda paralizado por un acontecimiento que está muy lejos de comprender cabalmente; todo lo contrario, «emprende», se pone en camino para «llegar a la meta», cf. 2 Tim 4,7 con la confianza de que no está solo, Mt 1,20.

El hombre que descubre su ser y misión puede enfrentar la vida con valentía, pues reconoce que en su accionar está la voluntad de un Dios que nunca le abandona. José tuvo sus dudas, pero supo reconocer cuando el Padre se le muestra, y con esto se puso enteramente al servicio de Jesús y de María, o más coloquialmente, como nos decía en la rama masculina el hoy Mons. (emérito) Claudio Giménez, «debemos encontrar nuestro lugar en la cancha…»; y quien reconoce su puesto querido por Dios, sabrá cómo jugar el mejor partido de su vida.

Padre en la valentía creativa

La trascendencia del legado de José se fundamenta en su profunda convicción de estar cumpliendo la voluntad del Padre. En los cuatro sueños, Mt 1,20; 2,13.19.22, donde Dios le expresa sus deseos, sin cavilaciones se pone en marcha para realizarlos; en los momentos de dificultad, hasta en «sueños» debemos estar atentos pues en todo momento el Espíritu Santo nos habla.

Al reconocer el mensaje de lo alto, José no duda, «se levanta y cumple lo que el ángel le pide …»; frente a los problemas toma una acción inmediata, que rompe sus esquemas, y por tanto es valiente, pues desafía lo establecido. La concepción de Jesús lo habrá anonadado. A pesar de todo, con valentía lo asume como hijo obediente, y acogiendo al hijo recién concebido se inicia el proceso de nuestra salvación por Jesús. Como este evento y los otros relatados en la Biblia, seguramente José tuvo que enfrentar variadas situaciones de dificultad: durante el trayecto a Egipto, la vida lejos de su tierra, mientras regresaba hacia Galilea y durante toda su vida en Nazareth al lado de María y su hijo. Sin duda hubo momentos en que se requirió de una respuesta valiente por parte de José.

La valentía del padre adoptivo de Jesús no queda tan solo como una leyenda antigua, sino que tiene consecuencias reales hasta el final de los tiempos. El Papa Francisco lo expresa como valentía creativa; la Iglesia con el tiempo considera a José como el padre de la valentía creativa. Esta actitud se manifiesta usualmente en situaciones comprometidas, en las que el hombre es exigido a mostrar sus «talentos» para ponerlos al servicio de Dios. Es creativa no solamente porque es original, posiblemente distinta a otras; más bien, porque interpelan lo establecido, lo transforman para originar corrientes de vida que promueven la adhesión de otras personas al plan querido por Dios. En el caso de José, estas corrientes de vida, vistas a la luz de la fe, tienen como último objetivo la protección de María y de Jesús.

4 Conclusión

El Papa Francisco describe a san José como un hombre que pasa desapercibido, hombre de la presencia diaria, discreta y oculta; es para todos, en tiempos de dificultad, un intercesor, un apoyo y guía.

Para el varón latino, de los que yo veo por estas latitudes, la descripción anterior no resulta muy atractiva. La mentalidad machista aún es fuerte, y la sociedad en muchos casos la fomenta; sin embargo, el ejemplo de José propone un estilo radicalmente diferente, original en su planteamiento, y que da resultados.

Para el schoenstattiano, en particular para el varón, la combinación de «padre de la acogida» y «padre de la valentía creativa» le debe resultar muy familiar. Escribiendo en clave de pedagogía de José Kentenich, lo que san José ha demostrado con su vida es que, asumiendo la realidad personal e interpretándola a la luz de la fe, el hombre toma conciencia de su ser y de su misión. Aceptar lo que soy para llevar a cabo la tarea, requiere de una valentía fundada en Dios, pues en muchos casos, las circunstancias superarán nuestro entendimiento. Vivir este ideal, poniéndolo en práctica, tiene el potencial de crear vida en abundancia, tal como ha ocurrido con la vida de José.

Si bien san José no habla y se habla muy poco del él en la Biblia, y aunque su existencia haya transcurrido durante la vida temprana de Jesús, sus actos han dado lugar al supremo regalo para nosotros: Jesús que nos redime y salva.

Para finalizar, el padre adoptivo de Jesús nos muestra que aquellos «ocultos» o en «segunda línea» también tienen un protagonismo sin igual en la historia de salvación. Es necesario descubrir, asumir y llevar a cabo con valentía el plan que la Providencia nos deparó; con estos presupuestos, con seguridad nuestra vida no será un simple pasar por el mundo, sino un canto de amor a nuestro Padre creador.

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