Publicado el 6. octubre 2019 In Proyectos

Un día habitual de misión en el mes extraordinario de misión

PARAGUAY, Sady Fleitas •

Como todos los primeros sábados del mes, hoy nos tocaba la misión en el IPS (Hospital Central del Instituto de Previsión Social). Sólo éramos unos doce entre misioneros de la Campaña del Rosario y tres ministros de la Eucaristía, con lo cual sólo daba para ir de dos en dos (como máximo tres) y también contábamos con Peregrinas. —

La Misión IPS se realiza todos los primeros sábados en el Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS). Comienza con un envío por parte de un sacerdote y los ministros de la Comunión. Los misioneros de la Campaña del Rosario y varias personas que se involucraron en este apostolado, recorren los ocho pisos del edificio llevando la Eucaristía y visitando a los enfermos y a sus familiares con la Virgen Peregrina. Cuando participa el sacerdote se ofrecen también los sacramentos de la unción de los enfermos y la confesión. Culmina con el rezo del Santo Rosario en la capilla del primer piso.

Desde la oración de envío estuvo con nosotros la señora Jorgelina, misionera oriunda del interior del Paraguay, que tenía un pariente internado en el cuarto piso en traumatología.

Me tocó misionar en el tercer piso, en el área de pediatría con Paty Báez, quien había recibido hacía poco tiempo su Peregrina en la familia. Nos recibieron las licenciadas Zunilda y Luz para el permiso correspondiente. En la primera pieza se encontraban hermanos de otra iglesia. Si bien no pudimos pasar con la Virgencita pudimos saber que el enfermo se llamaba Oscar y su mami, Sandra. En la siguiente habitación conocimos a Emma y a su mamá, Patricia. Ella es un bebé milagro y se encontraba internada por una cardiopatía congénita. La mamá también nos dijo que pedía por Mateo, otro bebé que se encontraba en peor estado que su propia hija.

Los enfermitos eran varios entre ellos Analía, Ángel, Norma, Rossana, Jessica y Elías.

Al retirarnos del área de terapia infantil nos siguieron Patricia y Olga. La primera nos dijo: “Tomen esto para comprarles vela a la Virgencita”, miré y eran unos billetes de 6 mil guaraníes y le dije: “No, no, no. Guarda. Nosotros vamos a rezar por ustedes en el Rosario” y las abrazamos para despedirlas.

María y Jesús en el área de oncología pediátrica.

Área de oncología pediátrica es el que personalmente lo considero el más delicado y difícil de misionar. Es sensible y a su vez hermoso: un Cielo en la Tierra; pues a cada enfermo lo veo como un ángel que está aquí de paso; nos recibió la licenciada Lourdes quien nos decía que gracias a Dios no tenían ningún paciente que no podamos visitarlo. Allí encontramos a la familia de Gustavo Rodríguez. Él se encontraba durmiendo, ya era un nene grande y tenía mucha fiebre. Pude poner a la familia agua bendita y se emocionaron muchísimo al ver que María y Jesús los visitaban.

El bautismo de Lucas

La siguiente habitación era de una “sagrada familia”. Estaba un niño de 7 años con el ojito derecho tapado: padecía un tumor en su cabecita. Les pregunte si se bautizó y me dijeron que antes de su operación, cuando aún podía hablar, les preguntó a ellos por qué él no se bautizó aún. ¡Él tiene que ser un hijo de Dios! Y así fue, gracias a su insistencia lo bautizaron ya de grande, les pregunté cómo se llamaba. Lucas era su nombre; su abuelito antes de ir al cielo, le dijo a su mamá que si era un nene se llamaría Lucas y luego de saber que era un nene el que estaba esperando, así lo pusieron, en honor a su abuelito que ya falleció antes de conocerlo.

Lucas sentía mucho dolor de cabeza, no encontraban diagnóstico, hasta que luego de una visita al oculista detectaron el tumor detrás del ojo y fue a tiempo. Pudieron operarlo y estaba actualmente con una infección que lo hacía convulsionar algunas veces.

“…Dejad que los niños se acerquen a mí.”

Encontré a Mayra, una adolescente que ingresó el día anterior y ya había hecho su primera comunión. Se emocionó muchísimo, pues pudo comulgar.

Finalmente visitamos a Jhosias un pequeño de tres añitos. Padecía un tumor en la nuca, no decía una palabra pues pensó que era su doctora por mi vestimenta de ministra.

Cree en un Dios grande y verás a un Dios grande

En el área de traumatología de adultos me estaban esperando para recibir la Eucaristía las señoras Liliana, Pelusia y Bienvenida. Cuán grande es el amor de una abuela. La Sra. Pelusia tendida en la cama del hospital pedía que le tengamos en oración a su nietito Osvaldo que era un recién nacido que acababan de darle de alta.

Me quedaba una Eucaristía…

Saliendo del I.P.S. Central, me esperaba la señora Gladys. El martes 8 de octubre se someterá a una operación delicada. Me comentó que ella también es ministra de la Eucaristía. Aún va a visitar a algunos enfermos y que es un gran servicio. Anteriormente ella también iba al I.P.S. Central junto a los enfermos y me despidió diciendo: “acabas de escribir tu nombre en el cielo”. Y el servicio es realmente así como el Evangelio del día de hoy (Lucas 10, 17-24), cuando los apóstoles volvían de su recorrido y lo compartieron con nuestro Señor.

En todas las habitaciones les recordaba una frase de mi músico católico preferido, Martín Valverde: «Cree en un Dios grande, y verás a un Dios grande».

 

La Misión IPS, Paraguay: “Estuve enfermo y me visitaste”… (Mt 25, 36)

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