Villarrica

Publicado el 17. agosto 2018 In Obras de la misericordia, Proyectos

“Cocinaremos para la cárcel del P. Pedro”

PARAGUAY, María Fischer •

“Cocinaremos para la cárcel del P. Pedro” – es una frase casi convertida en lema antes de la visita del P. Pedro Kuehlcke a Villarrica. “No es mi cárcel ni vine para visitarla, sino como asesor de Villarrica”, comentó él, aunque de vez en cuando el P. Kuehlcke visita esta cárcel de menores. A Villarrica a veces se trasladan jóvenes de la cárcel de menores de Itauguá, cerca del Santuario de Tuparenda, donde él es capellán y “Pa’i” y mucho más. El traslado es una forma de castigar a los jóvenes por infracciones cometidas. Quedan a cientos de kilómetros de sus familias, privados de los vínculos y de las esperanzas que la Pastoral Carcelaria “Visitación de María”, provee mediante el P. Pedro y un equipo fiel y comprometido. El P. Pedro busca a “sus” jóvenes también en Villarrica.—

Fue así como los misioneros de la Campaña del Rosario de Villarrica decidieron aportar algo, y con el P. Pedro, la Auxiliar, mucha comida y más amor se fueron al Centro Educativo “El Sembrador”, de Villarrica.

Y como no puede ser de otra manera, se dieron encuentros. Un joven, después de más de un año, se acuerda del P. Pedro, y se nota que el encuentro de hace tanto tiempo se le quedó grabado en el corazón como algo bueno, algo que da ánimo en medio de tanta miseria. “Tal vez la única buena memoria de su vida”, dijo el P. Pedro. De repente, aparecen dos jóvenes que él sí conoce, y bien: estaban en Itauguá, salieron, pero cayeron de nuevo en el círculo vicioso de hambre, abandono, robo y cárcel – solo que esta vez primero a una cárcel de mayores, después a la cárcel de menores en Villarrica.

“Yo era tu sacristán en Tupãrenda”.

Mientras, el P. Pedro me cuenta del reencuentro, de la alegría y desesperación a la vez de los dos, y de aquel otro joven que estuvo unos meses en la Casa Madre de Tupãrenda y que volvió a caer en las drogas y la criminalidad, y al que, al verlo, le dijo con alegría: “Yo era tu sacristán en Tupãrenda”, no puedo evitar pensar en el Buen Pastor que se va a las periferias reales, para buscar a los más abandonados, rechazados y olvidados.

“¿Cuándo vamos a celebrar las primeras Alianzas de Amor de estos jóvenes?”, le pregunté. “Cuando la Mater así lo disponga”, me respondió.

Si la Alianza de Amor es algo así como un gran abrazo, entonces ya tenemos cientos de alianzas y los misioneros de Villarrica crean una cultura real de alianza.

 

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