Publicado el 3. julio 2018 In Proyectos

Bitácora de viaje

ARGENTINA, Martín Mateu •

Gracias a uno de los participantes de la Cruzada de María de la Juventud Masculina de Latinoamérica, José Argüello, miembro de la redacción de Schoenstatt.org, nos ha llegado el siguiente relato. Lo escribió Martín Mateu, quien formó parte del equipo de organización logística de la Cruzada de María, en enero de 2018. Aún después de medio año del evento, que compartimos intensamente en Schoenstatt.org, vale oro este testimonio escrito en el momento de la vivencia. —

Día 6: Picheuta – Punta de Vacas. Anoche terminamos de cenar y la lluvia volvió a aparecer. Hoy arranqué a las 2:00 am. Estaba durmiendo en el carro cuando en medio de la noche veo una luz que me da directo en la cara, instintivamente trato de agarrarla con la mano pero no la alcanzo, lo codeo a Fran Verdaguer, pero duerme profundo y no reacciona. Segundos después tomo conciencia de tiempo y espacio; es un auto que se dirige hacia nosotros. –

Acá nos asaltan, pensé.  El auto para, baja la ventanilla una mujer, y pregunta: “Uds. son los que caminan a Chile?  Si, le respondí.   “¡Ah! yo soy la mamá de Mauro Costa; le traigo medicamentos.” ¡¡¡What!!! (Pensé). “OK, yo se los doy,” respondí.

Dos horas después, ¡a levantarse! El cielo está estrellado. Pienso que  hoy será un gran día. Nos esperan 32 km, montaña, sol. Los levanto a todos. Algunos han usurpado un corral para protegerse, otros durmieron bajo la lluvia. Hay un lesionado, Gilberto. Desayuno, oración, partida. Cargamos y salimos, (todo marcha bien. Millhouse, pensé). Les doy agua y sigo con dirección al 4° escuadrón de gendarmería de Punta de Vacas. Hace poco me confirmaron que nos darían alojamiento (todo por izquierda, obvio).

Llego y lo veo a Tincho sin descargar. “No nos dan lugar”, me dice. Voy, pregunto y confirmo que no nos dan lugar. Llamo al Padre De Majo, capellán de gendarmería, quien hizo el contacto. Hablo y viene hacia acá. Empezamos a hacer el almuerzo en la caseta de seguridad y a modo de protesta. Vuelvo a llevarles agua. Hay otro lesionado: Lucas Paternó.

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No hay lugar para dormir, por favor, reza

Nos recomiendan hablar con Daniel, el celador de la escuela. Preguntamos por él y finalmente  lo encontramos. Es un hombre sencillo;  nos dice que no tiene la llave y que la directora está de vacaciones. Vamos a hablar al correo, al parque Aconcagua, a los galpones abandonados de vialidad…no hay lugar. Vuelvo a llevar agua. Gilberto sigue en Picheuta con el resto de los bolsos. Son las 13:00 hs todavía no hay lugar para dormir. Llega el Padre De Majo, me culpa a mí por la situación e insulta a medio mundo;  dudo de su condición de sacerdote. “Tranquilo,  le digo, la Mater no abandona” Llama al obispo y al teniente Salinas. Nadie responde;  se va y nos deja.

Estoy muy tranquilo, seguro de que algo va a surgir. Voy a llevar agua por última vez. Lo busco al P. Tommy y le digo: “no hay lugar para dormir, por favor, reza”. Me mira y me transmite confianza. Vuelvo. Lucas ve que el alambrado trasero de la escuela está roto, nos mandamos y empezamos a descargar las cosas y a preparar el almuerzo. De repente sale una mujer de la escuela, nos mira y nos pregunta: “Qué hacen? ” Le comento quiénes somos y hacia  a donde vamos. Me dice que es la directora de la escuela.  Me la juego y le pido que nos dé lugar para dormir; accede y nos abre la escuela. Lo logramos. Gracias Mater.

Diez minutos después llegan los cruzados. Son las 15:30 hs. A recuperar a Gilberto (me preocupa que lo hayamos perdido para siempre) Vianda, siesta, misa. A cocinar las lentejas…hoy fue un día increíble. Mañana nos espera Puente del Inca.

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Fotos: Sebastián Valdes, Paraguay, equipo schoenstatt.org

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