Publicado el 6. agosto 2018 In Misiones

Como las estrellas del cielo

MÉXICO, Brenda López Garza •

Comenzó con un sí. Y antes de eso, con un llamado. Ella nos llamó porque quería trabajar con nuestra virtudes, pero también con nuestros defectos. Nos eligió a cada uno para complementarnos y ser sus manos para el proyecto que tenía en mente este año: quedarse en una pequeña comunidad en Arramberri, Nuevo León, llamada “La Chona”.—

Dos años y la ayuda de muchas personas prepararon el camino; el corazón estaba alegre, pero también expectante. Conocíamos el pueblo; no sabíamos lo que pasaría en esta ocasión, pero estábamos seguros de que todo se llevaría de acuerdo al plan de Dios.

El día llegó. Los 48 misioneros nos subimos al camión dispuestos y esperanzados. Nos encontramos la misma “Chona” de siempre: fresca, limpia, con un hermoso cielo azul, con rostros ya conocidos, y con una sensación de regresar a un lugar de felicidad. Pedimos a la Mater desde el fondo de nuestro corazón que nos permitiera asemejarnos a Ella y nos regalara su fuerza, sencillez, bondad, amor, paz y alegría. Cada día, en cada misa, en cada hora santa, en cada oración… le pedíamos que nos hiciera sus instrumentos en esta misión.

Nuestra misión

Después de presentarnos al pueblo, recibimos una hermosa invitación: que saliéramos a sanar y sin saber cómo, lo hicimos de muchas maneras: regalamos esperanza, hicimos comunidad, rehicimos lazos, creamos encuentros, compartimos nuestra alegría, fuimos familia, escuchamos y dimos testimonio.

No lo hicimos solos. La Mater y su Hijo nos guiaron en el camino, nos abrieron las puertas, nos pusieron las palabras, nos dieron fuerzas, nos levantaron, nos inspiraron; pero sobretodo, nos regalaron la fortuna de la compañía, guía y consejo de nuestro sacerdote asesor, el padre Stefano y del Padre Chuy, el párroco que nos abrió las puertas de su comunidad con una confianza total.

Nuestra misión: dejarla en el pueblo. Y así lo hicimos, con nuestro capital de gracias, al que se sumó el capital del pueblo, fuimos conquistándola día a día. A la par de la conquista espiritual, las manos de niños, jóvenes y adultos fueron dándole forma a la ermita donde ella permanecería para recordar a los habitantes de “La Chona” que Ella es la gran misionera.

Familia de familias. Eso son nuestras Misiones Familiares de Schoenstatt; un sacerdote, siete familias, jóvenes y niños: iglesias domésticas que fueron a Ser Iglesia y a compartir la alegría del amor de Dios.

De esta manera transcurrió una semana en la que dimos mucho, pero en la que nos llevamos muchísimo más, pues así de incontables como las estrellas del hermoso cielo estrellado que observamos cada noche, son las bendiciones que recibimos al haber dicho “SÍ”.

Las Misiones Familiares de Schoenstatt Monterrey se llevaron a cabo del 14 al 22 de julio en la comunidad de La Asención en Aramberri, Nuevo León.

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