migrantes Iquique

Publicado el 2021-10-17 In Obras de la misericordia, Schoenstatt en salida

Caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande

CHILE, Rolando Orellana y Monchi Pisani •

“Fue una imagen desoladora y que dio vueltas al mundo. Colchones, frazadas, ropa, juguetes infantiles e incluso pañales pertenecientes a un grupo de venezolanos ardieron mientras una turba de manifestantes gritaba consignas contra los extranjeros…”, se pudo leer a fines de septiembre, justo en torno a la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, en el portal de BBC Mundo. La xenofobia, el odio contra migrantes, la violencia contra ellos y el desinterés por sus vidas, las razones de su emigrar, las secuelas en cuerpo y alma en ellos, especialmente en los niños: una preocupación del papa Francisco y de mucha gente de buena voluntad, mirando a lo que pasa a migrantes en Europa, en África, en Medio Oriente, en Estados Unidos, y también en Chile. Concretamente en Iquique, donde un matrimonio del Movimiento Apostólico de Schoenstatt toma en serio la cultura de alianza. —

Ayer seguramente vieron las noticias de desalojo de inmigrantes en Iquique y hoy vieron las noticias de una marcha en contra de la inmigración.

Quisiera compartir con ustedes nuestra relación, o mejor dicho de Monchi, con esa pobreza sin esperanza, sin baños, sin intimidad, sin comida, sin trabajo, sin nada. No lo sabíamos, ni la conocíamos.

Iquique - migrantes | Fuente: Cooperativa Iquique

Estamos todos en el mismo barco y estamos llamados a comprometernos para que no haya más muros que nos separen (Papa Francisco)

Sí sabemos, o creemos saber, que en nuestro Chile hay muchos hermanos en pobreza, pero no son mirados en menos por sus pares. Ellos tienen dónde hacer sus necesidades, aunque no sea un baño con azulejos. Tienen la posibilidad de ser atendidos con retraso en un hospital, pero esto es distinto, es el mundo de los sirios, de los palestinos, de los judíos en la Alemania nazi, es triste.

Monchi en la última semana ha podido ayudar a varios. Esencialmente ha sido dar dignidad y empatía, entre ellos a tres familias jóvenes, con hijos por nacer, dejados en una residencia del Hogar de Cristo para salir de la carpa en la playa por un par de semanas.

También hemos ayudado a dos jóvenes a encontrar trabajo, hemos compartido colaciones, comprado a lo menos 2 coches de guagua, 4 carpas y varios sacos de dormir. Hay una tremenda necesidad.

Hoy vimos por televisión la marcha en contra de los inmigrantes y sentimos vergüenza, tristeza, rabia, angustia… esperamos no estar nunca en una situación así, con gente alrededor satisfecha y que nos rechaza.

Hemos tenido un fin de semana muy diferente. Hemos experimentado el dolor de mucha gente inmigrante. En la playa están viviendo cientos de venezolanos, familias con niños, guagüitas, todos refugiados en la playa… se hace difícil mirar hacia abajo sin fijarse en ellos.

migrantes | Fuente: Cooperativa Iquique

La periodista venezolana

Hace un mes atrás íbamos camino a almorzar a un lugar bonito cerca de la playa y nos encontramos con muchas familias durmiendo en el Paseo que antes era un lugar habitual de todas las personas aquí en la ciudad, ahora estaba ocupado. Íbamos camino a un restaurante a almorzar y, lo que pudo haber sido un paseo especialmente relajado, fue el instante de contacto con la realidad que hace rato estábamos observando: una mamá muy joven con dos pequeñas, una de 2 años y otra en brazos de 3 meses y la mamá hizo el gesto de tirarle la orejita a la pequeña y ella se puso a llorar sin entender por qué. En mi mente se hizo concreta la situación extremadamente difícil que están viviendo todos ellos, la tristeza, la incertidumbre, el cansancio, la falta de futuro, el hambre, el frío, además del abandono social y humano ¡Todo! Todo hacía que ella actuara así con su pequeñita ¡Tuve el impulso de ir a hablar con ella, más bien de escucharla y abrazarla y en mi interior a pedirle perdón!

El papá me dio un billete para que le pasara (es lo que hemos estado haciendo en realidad con muchas familias con las que nos hemos encontrado, también he llevado comestibles y cosas a las familias que vemos desde nuestra ventana, pero no había sentido la tremenda conexión que sentí con ella). Y, al pasárselo, sus lágrimas salieron con una pena enorme. Me explicó, sin que yo le dijera nada, que su pequeña se le arrancaba y ella estaba sola, su marido había ido a buscar algo que le habían ofrecido, recién en la mañana habían salido del albergue y cumplido cuarentena y ahora no sabían que hacer.

Ella era periodista y le habían robado sus documentos. Les hice cariño y nos fuimos con el firme propósito de volver. Nos fuimos al restaurante y entrar ahí fue distinto, no era lo mismo que si nada hubiera pasado. Mi corazón estaba apretado, agradeciendo estar con mi esposo, no tenía deseos de comer y lo ofrecí a Dios.

Lo conversamos mucho y decidimos comprarles una carpa. Volvimos a pasar para preguntarles si habían conseguido una y me encontré con que habían unos chicos del Hogar de Cristo que les habían llevado sándwiches y colaciones, además se habían conseguido una carpa. Les dejé más plata para que comprara un chip para su teléfono y yo pudiera llamarla, quedamos en eso y yo iría hoy. Hice galletas para ellos, además de llevarles sopa, ropa y útiles de aseo… pero no los encontré. La busqué mucho y me dijeron que se habían ido.

Llenas de esperanza en que les iba a ir bien aquí

Conocí a dos chicas, con una guagüita de 10 meses, venían llegando y aún no hacían cuarentena, porque ellas habían pagado para que las trajeran desde Bolivia hasta acá, entonces no hicieron el trámite en Colchane. Súper lindas y con un optimismo tremendo, no conocían a nadie, por supuesto, así es que le pasé todas las cosas a ellas, también el coche. Estaban súper contentas, llenas de esperanza en que les iba a ir bien aquí.

Es como trágico, porque era mucha mi angustia de no encontrarlas y, cuando me acerqué a estas chicas y me contaron que venían recién llegando, las vi con la guagüita en los brazos y les ofrecí las cosas. Al despedirme las abracé y me puse a llorar, era extraño, ¡porque ellas me consolaban a mí!

Hoy un amigo nos recordó lo siguiente: la Sagrada Familia fueron unos inmigrantes, estuvieron en una tierra ajena, nadie los recibía, todos le cerraron las puertas. ¡Nadie los recibía para recibir la llegada de Cristo!


Para eventual ayuda económica que quieran canalizar a través de Monchi para ayudar a los inmigrantes, favor hacerlo a su cuenta: Banco Estado / Cuenta RUT: 7395857 / RUT: 7395857-1 / [email protected]

Fuente: Vinculo, Octubre de 2021. Con permiso

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