Publicado el 13. noviembre 2019 In Alianza solidaria, Schoenstatt en salida

“…ha llegado la hora de tu amor”

ESPAÑA, Maria Paz Leiva •

El sábado, 9 de noviembre amaneció nublado, cosa no muy frecuente en Madrid, donde disfrutamos de muchos días de cielo azul intenso. Era el día de la Almudena, patrona de la ciudad. Una pequeña imagen de María, que muchos años antes de la caída del muro de Berlín, apareció un 9 de noviembre, al derrumbarse una parte de la muralla de la ciudad. Allí la escondieron los devotos madrileños, para evitar que los moros (que invadieron y estuvieron durante 700 años en la península ibérica), la profanaran. Dicen que apareció la imagen flanqueada por dos velas encendidas. —

Aún no habíamos hecho planes para celebrar la fiesta, cuando empezaron a llegar noticias de Chile: una Piedad mutilada, un Sagrado Corazón en manos de un encapuchado, un video con risas del que lo toma, al ver que sacan de la iglesia a la Virgen y detrás a san José…una imagen de la Virgen de Schoenstatt ardiendo y un muchacho destrozando una acera para sacar piedras.

Los recuerdos de lo que contaban mis padres, que siendo niños vivieron la guerra civil española, se amontonaban en mi mente. Me invadió la rabia, una rabia profunda. ¿Por qué lo hacen? ¿Qué mal les han hecho esas imágenes? Para ellos no son más que madera o escayola, estuco y pintura; otras, una simple lámina de papel enmarcado. ¿Por qué atacan a los cristianos?

El Evangelio nos dice que ante una bofetada, pongamos la otra mejilla. ¿Qué ponemos cuando sentimos que nos pisotean el alma? Pensé qué haría yo si tuviera cara a cara al muchacho de la maza y la piqueta, al destructor de aceras. Nada bueno vino a mi mente. Más bien mucho malo.

…  y decidí echarme a la calle

Recordé: “entonces mi alianza suscita todas mis fuerzas diciéndome…” (Hacia el Padre, estrofa 590) y decidí echarme a la calle. Decidí ir a la procesión que se celebraba por el centro. Hacía mucho frío y viento. La procesión iba muy lenta. Nuestro cardenal saluda y da la mano a todos los que se acercan, que son muchos. La procesión no avanza. Y yo, a pie firme, me estaba helando. Lo pasé fatal, pero me dio tiempo a dejar de pensar en los encapuchados y en el muchacho de la maza y la piqueta. Pensé en sus padres, quizá ajenos a la barbarie de sus hijos y preocupados por una existencia de precariedad y penuria y recé por ellos. Recé por esas familias.

Pensé en la imagen que iba en procesión y en los que la escondieron en la muralla. Agradecí por ellos.

Pensé en el muro de Berlín y en los muchos muros que existen. Pensé en una España rota que al día siguiente iría a las urnas y recé por nosotros. Recé por el futuro de España.

De nuevo recordé: “Ha llegado la hora de tu amor” (Hacia el Padre, estrofa 590). Es difícil amar a quien te hace daño, muy difícil. Pero según volvía a casa pensando qué suscita en mí mi alianza, imaginé que si me encontrara cara a cara con el destructor de aceras, hablaría con él. Intentaría “ponerme en el pellejo” de sus padres y le explicaría la cantidad de cosas hermosas que podría esculpir con esa destreza que demostraba usando la maza y la piqueta. Regresé a casa con el alma más serena y con la alegría de haber acompañado a la Santísima Virgen por Madrid aquella fría mañana.

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2 Responses

  1. Mil gracias, Paz, por este emocionante testimonio… Recordé que en 1955 hordas peronistas incendiaron los templos históricos del centro de Buenos Aires. Los recorrí junto a mi padre. Imágenes destrozadas, manteles desgarrados, bancos superpuestos, quemados… pequeños mosaicos dispersos por todos lados, olor a incendio… ¡Indignación, dolor, mucha impotencia ante ese vandalismo que no tuvo castigo alguno! Tu testimonio es sanador, la alianza debe potenciar el amor, el perdón, el anhelo de creer que Dios puede hacer todo de nuevo… sobre todo en nuestro país – Argentina – en vísperas de la asunción de un nuevo presidente del mismo signo político… ¡Recemos – y trabajemos – por un mundo nuevo! Gracias, Paz.

  2. La Virgen María une los hilos de la historia en los diversos tiempos y lugares: la muralla de Madrid, el tiempo de los moros, la Guerra Civil española, el muro de Berlín, Chile… y Ella siempre cerca de sus hijos. Muchas gracias, Paz, por este exquisito relato; pero sobre todo, muchas gracias por abrir tu corazón para compartir esta vivencia tan personal y tan comunitaria a la vez. Abrazo desde Buenos Aires, Argentina.

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