Publicado el 15. octubre 2016 In 100 casas, Alianza solidaria, Obras de la misericordia

“Quiero concretizar esta casa por el frío que hace…” – Las “100 casas solidarias” ya son 175

PARAGUAY, por Maria Fischer y Ani Souberlich •

“¿Tenemos donaciones para una casa más?”, me preguntaba Ani Souberlich hace unas semanas. “Ya pedí el material, es para una de nuestras familias, a la que le prometí un techo, y con la lluvia de la semana pasada tuvieron una desgracia y están casi bajo un árbol. Quisiera auxiliarlos ahora… y quiero concretizar esta casa por el frío que hace. ¡Luego te cuento más!”. Dos o tres días antes, había llegado la primera donación de Italia para una casa entera, y junto a otras pequeñas donaciones desde Suiza, España y Alemania, el siguiente envío se ha transformado en “dos casas solidarias” antes de que llegara el frio… Y ahora en octubre, en la primavera paraguaya, dos casas más para dos familias, que así reciben tanto más que un techo; que reciben futuro, esperanza, y experimentan vínculos solidarios.

Flashback, 3 de mayo  de 2016. “La primera visita a tres de las ‘100 casas’, en 2015, me cambió la vida. Siempre fui solidaria, siempre este proyecto loco lo sentí mío, siempre me comprometí y siempre me fascinó que estuviéramos creando algo, que quedaría  del jubileo de los 100 años de la Alianza de Amor. Es una expresión real y permanente de la Alianza Solidaria con Francisco, una obra digna de un Schoenstatt en salida, un Schoenstatt del segundo siglo”, le comento a Ani, mientras avanzamos con su auto blanco y valiente por los senderos del Asentamiento Esperanza, donde hace más de tres años comenzó toda la locura de las 100 casas solidarias.

“Pero es algo muy distinto estar, ver, sentir que ese otro, ese ‘pobre’ es como yo y vive en un basural bajo cuatro palos y una bolsa”, me contesta ella, y tiene toda la razón.

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Construcción de la casa donada desde Italia

Volver a ver a nuestros amigos

Había pasado más de un año desde esta primera visita a las 100 casas solidarias, pero cuando volvimos a dirigirnos hacia la casa donde vive Porfirio con su madre y sus tres hermanos discapacitados y postrados en cama, todo ese año parece desaparecer. Más aún cuando después de llegar a su casa y de esperar un rato con la madre, recién vuelta de un tiempo en el hospital y con una vecina que le ayuda un poco, aparece Porfirio en su nueva moto y nos abrazamos como amigos, como hermanos de siempre. Lo primero que me dice después del largo y fuerte abrazo es: “Por favor, María, dígale miles de gracias a la Doña Susana que nos ha regalado la heladera y el lavarropas. Dígale que siempre rezo por ella”.

Charlamos con Porfirio sobre su trabajo y su creatividad de generar más ingresos al administrar unos lotes a la venta. Este joven, de algo más de 20 años, se hace responsable de mantener a toda su familia, y esto con una sencillez y alegría de servicio impactante. ¿Fuimos a darle algo? Cierto, ropa, comida, y nuestro tiempo… Pero lo que recibimos es tanto más. Es como un retiro espiritual de apenas 45 minutos en el banco frente a su humilde casa, una de las 100 casas solidarias, bajo el sol de otoño y con una choza de palos y plástico a la vista…

Tenemos todo un día esta vez para las visitas, pero igual tenemos que despedirnos… Las distancias son grandes y los caminos, una aventura.

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En el jardín de Porfirio y su familia

Un cuaderno, un lápiz, un abrazo… un techo

Dejamos un mensaje de whatsapp a una familia, en cuya casa no encontramos a nadie, avisamos que volveremos más tarde y nos dirigimos al Asentamiento Esperanza. Mientras que las primeras 100 casas fueron construidas en terrenos, uno por uno pedido y recibido para las familias, las casas nuevas ahora se construyen para familias que recibieron un terreno en uno de los asentamientos, por parte del Estado, pero nada más… Cuando salimos del auto, en pocos segundos quedamos rodeados por al menos 30 niños. Niños con caras radiantes de alegría, con sonrisas y ojos que brillan… Repartimos unos cuadernos y lápices y un caramelo a cada uno, y bailan de alegría, nos abrazan, gritan de felicitad. “Siempre aviso con unos días de anticipación que iré”, comenta Ani, “pero no les doy una fecha exacta. Quiero ver cómo están las casas, cómo las cuidan”.

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Es todo un sistema, todo un mundo de vínculos, de educación, de motivación que ha hecho Ani Souberlich en el transcurso de estos tres años que estamos construyendo casas solidarias para los más pobres. Cada familia recibe su visita una vez al menos, a veces dos o tres veces el año. Ani les lleva ropa, comida, cuadernos y juguetes para los niños, pregunta por la salud, la escuela, el trabajo, y de paso echa un mirada al orden y la limpieza en la casa. En el caso de Isabela, descubrimos un caos tremendo dentro de la casa. Unas palabras serias, una sonrisa, un aliento, un abrazo, una foto con todos los niños y la amiga de Alemania, y “Nos vemos pronto, Isabela, y cuida tu casita”. Vamos a saludar a la dueña de la casa vecina. Ella y su marido la han construido con sus propias fuerzas, están en mejores condiciones. El marido estudia arquitectura en Asunción y trabaja en la noche, ella tiene un puesto de ventas. Tienen planes, esperanza, futuro… Tomamos un mate, charlamos, dejamos algo de comida…

Al volver a la casa donde no había nadie unas horas antes, ahora nos esperan Yasmin y su hija. Se nota su alegría con su casa y cómo la cuidan, incluso con plantas frente a la puerta.

cimg9534La pequeña familia de Luz

Termina el giro con una visita a mi pequeña amiga Luz, esta niña tímida, con sus dificultades en sus brazos y piernas, y tantas cirugías y fisioterapia, todo logrado con tanta solidaridad… Esta niña de una sonrisa que vale oro. Con orgullo nos muestra su perro, recién nacido, al cual cuida con delicadeza y cariño. “¿Cómo anda el tema de escuela?”, Ani le pregunta. “Bien, me encanta”. “Avanza bien”, comenta su mamá, que está embarazada. “Vamos a tener pronto un bebé”, me dice Luz. Su cara es pura alegría. Ani le regala ropa, de color rosa, como parece que les gusta a todas las niñas del mundo. ¡Qué felicidad!

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Le agradezco a la pequeña Luz la linda flor, hecha de goma tipo esponja, que me hizo llegar a través de Ani, y su cartita con su saludo. “La tengo en mi casa y cada día la veo y pienso en vos”, le digo. Una gran sonrisa es la respuesta.

Sacamos la última foto del día, esta pequeña familia de tres, pronto cuatro, frente a su casa solidaria tan lindamente pintada.

hombre-trabajando-1Mientras tanto fueron construidas varias casas más. Nuestra obra de misericordia tiene nombres y caras concretas. En agosto, Ani me envió una foto que habla de todo lo que anhelamos. Un hombre, que con felicitad, está construyendo la pared de su futura casa o de la casa de su futuro…
100 casas 2016

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La donación necesaria para una casa es 200 € / 250 US$

 

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Ana Esperanza Souberlich Martinez
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Paraguay

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Maria Fischer
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Uso previsto: 100 casas

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