tercera edad

Publicado el 2021-07-23 In Vida en alianza

“Schoenstatt no es para una etapa de la vida, sino para toda la vida”

CHILE, Denise Ganderats •

En torno al año 2010, entre varios matrimonios mayores de la Rama de Familias de Schoenstatt en Santiago (Chile), surgió la inquietud por tener encuentros entre ellos. ¿Qué los motivó? El hecho de que habían llegado a la tercera edad y, por lo tanto, los temas formativos ofrecidos por la Rama de Familias –temas dirigidos principalmente a matrimonios jóvenes y de mediana edad– carecían de vigencia para ellos. Su realidad de vida era otra: todos abuelos, varios con dificultad de salud que limitaba su asistencia a reuniones frecuentes y a jornadas largas, algunos viudos o viudas, o con el cónyuge limitado en lo físico o mental, y también algunos con su grupo de vida disuelto. —

Sin embargo, su amor a Schoenstatt y su anhelo de cultivar los vínculos personales que tenían cuando estaban más activos los llevaron a la idea de tener encuentros formativos y a la vez comunitarios. Así nació esta comunidad a la cual ellos mismos le colocaron el nombre: “Schoenstatt para siempre”. Es decir, Schoenstatt no es para una etapa de la vida, sino para toda la vida.

Se fundó en 2012 y pueden pertenecer todos los mayores de 60, que idealmente hayan pertenecido a Schoenstatt anteriormente. Tienen un Directorio y un padre asesor. La función de este Directorio es ofrecer impulsos formativos para el cultivo del espíritu con la espiritualidad de Schoenstatt y promover un buen encuentro comunitario. Esto en nada quiere excluir la formación que algunos participantes reciben por su participación en sus ramas y comunidades, es un complemento. Hasta fines de junio de 2021, han participado cerca de 160 personas y activos son cerca de 100. Actualmente coordinan este grupo Eduardo Undurraga y M. Elena Riesco, junto a otros cinco matrimonios y los asesora el P. Lucho Ramírez.

Este grupo se junta cuatro veces al año, en el santuario de Providencia. La primera reunión es fundamentalmente de reencuentro y convivencia social, saber cómo están, conversar qué les preocupa, qué temas les interesa trabajar durante el año, etc. Los siguientes tres encuentros formativos y comunitarios son los sábados en la mañana y consisten en un momento de oración inicial, una breve exposición del tema (el expositor puede ser un integrante del grupo o alguien que conozca mejor el tema a tratar), un trabajo en pequeños grupos con base en preguntas entregadas por el expositor y un plenario con las principales conclusiones de los grupos. Para terminar, tienen un momento de oración en el santuario. La vida ha ido demostrando que el trabajo en grupo es el más importante, porque allí se intercambian opiniones, se comparten las experiencias de vida y se responde a las inquietudes existentes a la luz de la mirada de Schoenstatt.

Desde los inicios de esta comunidad, es el Directorio quien escoge los temas para el año, tratando de que sean de interés para todos y con un criterio providencialista, como nos enseñó el P. Kentenich: Dios de la vida y en la vida. Por esto es tan importante escuchar la voz de Dios en las inquietudes propias de las personas participantes y en lo que está sucediendo de manera palpable en el país, en la sociedad, en la Iglesia, en la Familia de Schoenstatt. Con base en esas voces se hace el discernimiento para la línea del año.

¿Cómo han vivido este tiempo de pandemia?

Le preguntamos a M. Elena y Eduardo cómo ha sido este tiempo para esta comunidad, cómo se han organizado y cuáles han sido los mayores problemas o inquietudes este tiempo. Ellos nos cuentan que del 2019 al 2021 han cambiado muchas cosas… por supuesto que ya no tienen sus encuentros presenciales en el santuario y han tenido que reinventarse y adaptarse a la realidad que todos estamos viviendo. Hablar de la pandemia, en este grupo de la tercera edad, es hablar de un tiempo complicado, difícil y doloroso al no poder ver a sus hijos y nietos, donde se sienten limitados por no poder salir y con falta de comunicación porque no todos se manejan en lo tecnológico. Ha sido un tiempo en el que han perdido amigos y donde se hace más palpable el final de la vida y la soledad. Hay incertidumbre, sentimientos de fragilidad por la posibilidad de contraer la enfermedad y sienten también que se están perdiendo oportunidades de verse y abrazarse. Por otro lado, la pandemia hizo que socialmente fueran más visibles las personas de la tercera edad, se les cuida y da preferencias, la vacuna es para ellos un signo de esperanza… pero sin duda el grupo etario de la tercera edad ha sido el más golpeado con la pandemia, sobre todo porque “tenemos fecha de término”, los 70 u 80 años se viven con la conciencia de que “queda poco”.

En el último encuentro que tuvieron por Zoom a fines de junio de este año el tema fue “Desde la inseguridad a la esperanza”. Contentos porque fueron cerca de 100 participantes, Eduardo y M. Elena nos cuentan que pudieron compartir y conversar, entre otros temas, sobre la pandemia y la realidad nacional posterior a las elecciones. “La idea es que los temas sean entretenidos, interesantes, vigentes con la realidad y que nos ayuden a ampliar la ´mirada´ para no quedarnos solo en los achaques y enfermedades. Estos encuentros fortalecen los vínculos entre las personas de la misma edad. Podemos compartir intereses semejantes –no solamente schoenstattianos– sino que interpretar la vida con la pedagogía schoenstattiana y darle un sentido al último tiempo (desde el último encuentro), compartir los problemas propios de la edad y las inquietudes que tenemos, como, por ejemplo, cómo mantener la fe en las generaciones próximas o qué hacer con los hijos separados que empiezan a volver a la casa, etc.”. Hablan todo tipo de temas, desde los más espirituales como, por ejemplo, su vinculación con Dios, su sí al presente que viven, la reconciliación con su historia, etc. hasta temas de la vida misma como su rol de abuelos, sus temores, la posibilidad de ir a misa presencial en tiempos de pandemia, el encierro, etc.

En este tiempo, lo más importante ha sido mantener vivos los vínculos. Cada 18 de mes, el P. Lucho hace una carta saludo de Alianza de Amor que se envía a todos los integrantes y reciben también quincenalmente las “Gineserías”, reflexiones cortas sobre la vida diaria y la contingencia que escribe Jesús Ginés, uno de sus integrantes, abordando temas como la esperanza, la sabiduría, los museos, etc. Son “luces” que ayudan a mantener la vitalidad del grupo, que a veces en este tiempo ha costado mucho.

Schoenstatt para siempre

El P. Lucho Ramírez nos cuenta…

“El origen de mi rol de asesor está en la invitación que me hicieran los matrimonios que formaron Schoenstatt para siempre, a fin de acompañarlos en el desarrollo de esta iniciativa. Este servicio al que me llamó el Señor y la Mater, consiste principalmente en colaborar como Padre de Schoenstatt en las reflexiones y decisiones del equipo directivo, participar y ayudar con algunas charlas en los encuentros presenciales –ahora virtuales debido a la pandemia– y estar a disposición de quienes soliciten una atención sacerdotal. Si bien pertenezco al equipo directivo, allí sólo colaboro, pero la conducción pertenece al matrimonio jefe.

Ha sido una gran alegría el reencuentro con matrimonios con quienes participamos en la Rama de Familias en sus tiempos mozos, en la década del 70 y 80. Alegría por constatar los vínculos personales que se forjaron en esos años, como así mismo por su fidelidad a Schoenstatt. De hecho, el origen del nombre de esta comunidad obedece a esa convicción del alma: Schoenstatt no es sólo para una etapa de la vida, sino para siempre.

Una alegría también, por verlos siempre activos en el cultivo de su vida interior, del dinamismo de la fe en esta etapa de la vida. La necesidad de seguir creciendo en su vínculo personal con el Señor y con la Mater. Su fidelidad al padre fundador, al camino espiritual que Dios nos regaló a través suyo, para esforzarnos por vivir con mayor plenitud el Evangelio de Jesucristo. Su inquietud por mantener viva la dimensión apostólica, ahora quizás con una actividad externa más limitada, pero con la riqueza de su testimonio de vida en sus familias y entre cercanos, con la oración y el ofrecimiento al capital de gracias que llega a tantos.

Me impresiona la manera como ellos no quieren estancarse como personas: vivir solo del recuerdo, quejarse de sus achaques, encerrarse en sí mismos. La fe providencialista los lleva a estar atentos al presente y a lo que viene, para aportar desde la sabiduría que da la experiencia. La caridad aliancista los lleva a seguir amando a los suyos y a otros que están necesitados. Las cruces sufridas en tantas situaciones de vida las han sanado en la cruz de Cristo y con Él y en Él, ofrecidas en el santuario para que la Mater las haga llegar a quienes necesitan la experiencia de Dios que los ama y los salva.

Schoenstatt para siempre ha sido un regalo de la delicadeza de la Mater para mí. He aprendido mucho de ellos. Cada encuentro es un momento del Espíritu Santo que nos renueva interiormente. (a estas alturas de años, ya hay poco que renovar exteriormente). Me ha ayudado a seguir experimentando la felicidad de ser sacerdote en Cristo, a tratar de amar y servir en todas las etapas de la vida. A hacerlo de la mano de la Mater –en Alianza con ella– y con el sello sacerdotal de nuestro padre fundador”.

¿Qué quiere Dios de nosotros? ¿Cuál es nuestro aporte a Schoenstatt?

Esta pregunta ha salido en algunos encuentros, así que Eduardo Undurraga y M. Elena Riesco nos dicen que el gran aporte que hace esta comunidad es su fidelidad y ser capital de gracias para toda la Familia de Schoenstatt: “cuando eres viejo no puedes dedicarte a hacer muchas cosas dentro del Movimiento, pero sí puedes ofrecer tus sufrimientos, tus limitaciones, tus cruces, tu sabiduría, tu oración, tu fidelidad, etc. como capital que sostiene… algo así como los conventos contemplativos; ese es nuestro aporte hoy”. También sienten que son todavía “útiles” y que es importante cultivar una actitud de servicio, porque les produce satisfacción y felicidad; por ejemplo, su rol de abuelos no solo es valioso a nivel familiar sino para toda la sociedad.

Al cumplirse 10 años de que nació Schoenstatt para siempre, han recogido y compilado todo lo trabajado en sus  encuentros y están armando un material que pueda servir a otros grupos que quieran formarse. Incluso les han pedido schoenstattianos de otros países –como Panamá, Portugal, Costa Rica– que les cuenten su experiencia y metodología para replicarlas.

Schoenstatt para siempre


Actualmente solo están funcionando en Santiago y quienes quieran participar o conocer más de Schoenstatt para siempre, pueden escribirle a Eduardo o a M. Elena a sus correos: [email protected] o [email protected]

 

Fuente: Vínculo. Julio 2021. Con permiso.

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1 Responses

  1. Juan Zaforas dice:

    Gran iniciativa y creo que muy necesaria. Ojalá se extienda a otros lugares de Chile y del resto del mundo.

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