H3M

Publicado el 2021-06-11 In Vida en alianza

Y volvió para dar las gracias

H3M (Historias de tres minutos), Miguel Angel Rubio, España •

Una mañana como otra cualquiera. Estoy en mi puesto de trabajo, en una oficina bancaria atendiendo al público. La oficina está situada en una ciudad al sur de Madrid, en lo que podría definirse como la periferia en estado puro. —

Allí residen los inmigrantes de distintas partes del mundo que han venido a buscar un futuro mejor en Occidente. El 80% de la población es extranjera: marroquíes, subsaharianos, también gente del Este de Europa (polacos, rumanos, búlgaros, ucranianos…), de Sudamérica (Colombia, Ecuador, Perú…) y chinos, muchos chinos. Gran parte de ellos apenas sabe hablar el idioma. Se saben forasteros en un entorno que muchas veces es hostil y se sienten inseguros. Para ellos tener una cuenta bancaria es esencial; saben que sin ella no tienen acceso a un puesto de trabajo o a una ayuda oficial; incluso para tener su permiso de residencia como extranjeros.

Hay mucha gente esperando su turno en una fila que incluso sale a la calle. Lo hacen con paciencia, mejor o peor disimulada, y casi todos con cara de pocos amigos. Cada uno viene a resolver su problema.

¿Es posible solucionar este problema?

No sé cuanta gente ha pasado ya hoy por mi mesa. Uno, otro y otro… Siguiente turno: se acercan una mujer de cierta edad y un hombre más joven, de rasgos inequívocamente andinos. Muy humildes, se quedan de pie delante de mi mesa.

  • Buenos días ¿En qué puedo ayudarles?
  • Buenos días señor. Mire, a mi madre no le funciona la libreta de ahorros y no puede retirar dinero en los cajeros. ¿Es posible solucionar este problema?
  • Por supuesto. Tomen asiento. Por favor, señora ¿me permite su libreta? Ahora mismo les hago una nueva y queda resuelto todo.

Tomo una libreta nueva, la actualizo en la impresora y listo. Esto fue muy sencillo. Sin embargo, percibí que para ellos era una dificultad casi insalvable.

  • Muchas gracias señor – me dicen –. Nos atendió muy bien y le quedamos muy agradecidos.
  • Ha sido un placer y ha sido muy fácil. Cualquier problema, vienen y me dicen. Que tengan un buen día.

“Es la primera vez que alguien llama señora a mi madre”

Me despido de ellos, les doy la mano y espero al siguiente cliente mientras veo cómo se alejan hacia la puerta. De repente, observo que en el umbral se detienen, hablan entre ellos y el hijo le dice a su madre que espere allí. Lo veo que vuelve sobre sus pasos y se dirige de nuevo hacia mi mesa. ¿Qué se le habrá olvidado? ¿Por qué vuelve solo? Seguro que viene con algún problema mayor.

  • Disculpe, señor.
  • Dígame ¿Necesita alguna cosa más?
  • No, señor. Solamente quería agradecerle a usted.
  • ¿…?
  • Sí, señor. Usted no sólo nos solucionó el problema, sino que nos trató muy bien.
  • Muchas gracias, pero no hice nada especial.
  • Sí señor. Usted fue muy considerado. Es la primera vez que alguien llama señora a mi madre. Que Dios le bendiga, señor.

Y se fue. Su rostro reflejaba la alegría del que había recibido mucho más de lo esperado y no cuantificable de manera monetaria.

Dignidad

En casi cuarenta años de profesión, nadie se había vuelto para agradecerme tanto por tan poco. Aquella mujer y su hijo sintieron que habían recobrado su dignidad como personas, simplemente por haberla tratado como lo que era: una señora. Pero lo más sorprendente no fue el trato dispensado sino que volvieran para agradecer expresamente por ello. Aquel día recibí mucho más que mi salario.

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4 Responses

  1. M. Concepcion Rodriguez dice:

    Querido Miguel Ángel, de que forma tan bella ganaste el salario ese día.
    Devolviste la dignidad que se les roba tantas veces a muchas personas, por nuestras prisas y aceleración en la vida. Queremos resolver problemas, sin mirar al que está enfrente de nosotros y que se merece toda nuestra atención.

  2. Hacer de lo ordinario algo extraordinario…gracias por el estimando. Dios se puede hacer presente a través nuestro en los ambientes laborales también.
    Los invitamos a cononocer una comunidad de schoenstattianos que sentimos el llamado a esa misión. http://www.cieesinternacional.org

  3. Carlos Barrio dice:

    Excelente Miguel !! Qué bueno lo que escribiste !! Esos pequeños gestos hacen la diferencia para construir un mundo mejor.
    Con tu actitud le devolviste a esas personas un poco de su dignidad tan pisoteada.
    Te felicito !!
    Un fuerte abrazo

  4. Estimado Miguel Angel, muchas gracias por tu H3M. Sorprendente, importante, central y sencillo. Con razón, para nuestro padre, este punto de la dignidad, es el primero y el principal. Y, que sencillo de hacer, simplemente un segundo más en nuestro discurso “SEÑORA”. No dejemos nunca de partir nuestras cartas declarando nuestra estima: “ESTIMADO”

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