Publicado el 2016-10-23 In Vida en alianza

Una mañana diferente

PARAGUAY, Sandra Lezcano •

El pasado martes 18 fue un día diferente a otros, no estaba saliendo apresurada por llegar a la oficina sino estaba ansiosa por llegar a tiempo a Tupãrenda, a saludar a la que hace y deshace en mi vida, la Mater.

El amanecer de ese día ya se sentía cálido, no había duda que tendríamos una jornada calurosa como es costumbre en Paraguay. Sin embargo durante esa mañana se pudo experimentar una brisa como pocas, porque aunque el sol quemaba la brisa era fresca, y es que una madre siempre está pendiente del bienestar de sus hijos.

Llegué al lugar unos treinta minutos antes de que iniciara la primera misa del día, los senderos que conducían del estacionamiento al Santuario estaban aún silenciosos y al llegar hasta el predio uno podía divisar el césped como una inmensa alfombra verde iluminada por un sol que brillaba con todo su esplendor sobre Tupãrenda.

Me dirigí entonces hacia el Santuario para poder saludar a la Reina de la casa y me puse en la fila que aún era corta para entrar, sabía que esto era un privilegio pues en unas pocas horas esa fila sería inmensa. Al ingresar pude encontrarme con peregrinos que estaban de rodillas saludando a la Mater, entregando seguramente al igual que yo las alegrías, los anhelos y también todo aquello que inquieta al corazón.

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María es el puente que nos conduce hacia el Padre de Misericordia

Al salir del Santuario  me encontré con la procesión  de los celebrantes rumbo al altar donde se celebraría la Santa Misa. Fui caminando tras ellos  y me ubiqué en el centro mismo, sobre el césped que hacía de alfombra a la Mater y bajo el ardiente sol que cobijaba ese día.

La misa fue presidida por el Obispo Joaquín Robledo de la diócesis de San Lorenzo. Quien en su homilía nos habló de la misericordia del Padre, y como María es la que nos conduce hasta Él.

“Cada vez que llegamos a Tuparenda experimentamos este doble abrazo de misericordia donde recibimos la primera gracia de María, un abrazo que cobija, que nos da hogar. Ella nos transforma, no salimos iguales que cuando llegamos, salimos de Tuparenda con el corazón transformado”

Se refirió a que esto mismo nos pasa cuando recibimos la visita de una imagen Peregrina en nuestro hogar, Ella nos hace sentir cobijados, transformados.

El Monseñor Robledo culminaba su homilía diciendo que verdaderamente María nos ha acercado al Padre. A ese Padre que nos ama extraordinariamente y que nos ofrece continuamente su misericordia y su perdón.

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Una familia al servicio de los peregrinos

Como todos los años uno puede observar a toda la familia de Schoenstatt Paraguay trabajando al servicio de los peregrinos que vienen hasta Tuparenda a saludar a la Mater.

Una sensación de orgullo y la necesidad de dar uno también su pequeño aporte para que todos se sientan acogidos en nuestro Santuario es la que nos invade ese día a todos los schoenstattianos.

Uno podía observar servidores de todas las edades, todos con una gran sonrisa realizando su labor, dirigiendo el tránsito, sirviendo agua a los peregrinos, transportando a los enfermos, la gente encargada de liturgia, los que movilizaban a aquellos que necesitaran de una silla de ruedas, las personas que realizaban el censo de las peregrinas, las distintas carpas que uno encontraba en el sendero camino al Santuario ofreciendo información, momentos de oración, tantas otras tareas y detalles que fueron atendidos ese día, uno encontraba servidores de la Mater por todos lados.

Regalos de la Mater

Esa mañana al terminar la misa estaba feliz de poder estar en Tuparenda , de haber iniciado el día saludando a la Mater, pero mi felicidad no estaba completa porque no logré confesarme, entonces le pedi a la Mater me permita acceder al sacramento de la reconciliación. Fui entonces hasta donde estaban confesando, había varios sacerdotes escuchando confesión bajo los árboles, al aire libre, había servidores que organizaban el orden, te ofrecían un examen de conciencia que lo podías realizar mientras aguardabas en la fila, no tardé ni treinta minutos a que llegara mi turno y cuando el sacerdote me dio la absolución me dijo algo que me llegó al corazón: Dios está feliz contigo porque buscaste reconciliarte con Él y te da la oportunidad de empezar de nuevo. Esas palabras me hicieron brillar los ojos y me llenaron el alma. Fue un regalo de la Mater que me condujo hacia los brazos misericordiosos del Padre como lo había dicho el Obispo en su homilía.

Antes de regresar a casa, pues a la tarde ya tenía que retomar el trabajo, fui hasta la santería y compré un cuadro de la Mater, dentro de poco me mudo a un departamento y pensé que no podría ser mejor fecha y lugar para buscar la Mater que ocupará el centro de mi Santuario Hogar, encontré lo que buscaba y yo estaba feliz con la conquista del cuadro, como ya no me quedaba mucho tiempo, era ya cerca del medio día y la alfombra verde ya no se veía pues el campo estaba lleno de peregrinos que llegaban de todos lados para saludar a la Mater, pensé y decidí que lo mejor era mandar bendecir el cuadro en otro momento , en el Santuario Joven que es donde voy siempre, pero la Mater me tenía un último regalo ese día y es que al dirigirme hacia el estacionamiento me encuentro con una mesa alargada, detrás de ella un sacerdote con un recipiente de agua y un ramito de hojas verdes con el que bendecía todos los objetos de piedad que iban acercando los peregrinos. Me acerque yo también y fue así que la Mater  de mi Santuario Hogar fue bendecida un 18 de octubre en Tuparenda.

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1 Responses

  1. Querida Sandra: una querida amiga chilena: Kiki Tagle y colaboradora fiel de este sitio maravilloso que es schoenstatt.org, me «contagió» con su idea de tener una lectura espiritual los domingos, leyendo los artículos de esta preciosa página. Tu relato de la celebración del 18 de octubre en Tuparenda me llegó a sacar lágrimas. Es tan impresionante cómo la Matercita es mamá, preocupada de los mínimos detalles para el bienestar de sus hijitos. Qué regalo haber tenido la presencia de un obispo para ese día y me conmovió muchísimo lo que cuentas de todos los colaboradores schoenstattianos que hicieron todo lo posible para ser buenos dueños de casa a los que llegaron al santuario. Y qué hermoso es tener una «hermana paraguaya» que pueda relatar con tanta belleza ésta, tu experiencia de Alianza de Amor.
    Muchas gracias por compartir y por encender de nuevo mi corazón!
    Un gran abrazo desde Viena
    Tita Ravera de Andras

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