Publicado el 16. octubre 2019 In Santuario Original

Vivir y peregrinar al Schoenstatt original

SANTUARIO ORIGINAL, Roberto M. González •

Todos aquellos que hemos tenido la gracia de visitar el Schoenstatt original, con sus bosques, edificios y santuarios, nos hemos quedado enamorados del lugar, de su tranquilidad y belleza. Sin importar la época del año en que lo visitemos, nos sentimos como en casa, tanto por la familiaridad del acogimiento como por el lugar en sí. Es un sueño y una bendición estar en esa tierra cálida. —

Quedarse como peregrino un par de horas o días resulta para muchos una experiencia invaluable, ya que encontramos un lugar de descanso, donde podemos depositar todo lo que cargamos en el corazón y llenarlo de nuevo con las bendiciones del Santuario Original y del encuentro con nuestro padre fundador.

Todos esos sentimientos se ven multiplicados en quienes tuvieron y tienen la confianza de aceptar la invitación de la Mater a quedarse a la sombra del Santuario Original por el tiempo que sea, como voluntarios, por un tiempo de formación o por algún trabajo en especifico. Es una experiencia que te marca de manera tan profunda que no vuelves a ser el mismo al volver a tu país o a tu siguiente destino.

La “magia” de estar allí no puede ser descrita con palabras, sino que hay que vivirla. Suena como un “cliché”, pero es una afirmación que seguramente muchas personas comparten.

Desde mi experiencia de vivir aquí tres años y medio, al principio solo los fines de semana y luego de manera permanente, una cosa me ha quedado clara: que el anhelo de nuestro padre fundador y de los primeros congregantes se ha hecho realidad, no solo por la cantidad de santuarios filiales dispersados por el mundo; sino por la cantidad de personas y corazones que pasan a visitar a nuestra Mater por el Santuario Original, que llegan con una idea y se encuentran con otra realidad que muchas veces los deja atónitos por la abundancia de gracias que recorre todo el valle.

Ahora, después de volver a mi país y mirando hacia atrás, me quedo, sin embargo, con tres inquietudes que me llegaron con cada vez mas intensidad mientras que estaba en Schoenstatt, y que quiero poner a la reflexión de todos con la esperanza de entrar en un dialogo sincero y fecundo para solidarizarnos en el cuidado del peregrino del Santuario Original.

1 La soledad del peregrino (latino) cuando todo Schoenstatt se va a dormir

Una de las principales distracciones de mis rutinas diarias era bajar al Santuario Original y ver si había peregrinos deambulando y acompañarlos en sus ratos libres luego de las guías y ritos, para después, con mucha frecuencia, terminar en el bar de la Casa de la Juventud, el Ratskeller, para un compartir más distendido ya cuando todas las actividades oficiales iban terminando, pero la noche era aún muy joven, especialmente en verano.

Cuando se vive en Schoenstatt por más de unas semanas se han recorrido todos los santuarios, montes, senderos y casas, queda mucho tiempo libre, sobre todo cuando termina la bendición de la noche y todo Schoenstatt va a dormir, pero quedamos algunos con ganas de seguir compartiendo el tiempo y experiencias de vivir Schoenstatt. Es por ello que, abusando de mis posibilidades de “dueño de casa”, y con el apoyo de mi comunidad, abría sus puertas a las diferentes horas del día para los peregrinos que quisieran compartir más tiempo, aprovechando igualmente la arquitectura de la Casa de la Juventud, donde nos podíamos reunir sin molestar a nadie hasta altas horas de la noche, como nos gusta a los latinos.

Y no solo a ellos. Me comentaron amigos alemanes que ya hace 30 años o más, la obra familiar de la diócesis de Colonia cambiaba una canción popular de este tiempo y decía: “Lo que aun falta en Schoenstatt es el bar pequeño, este lugar a donde uno aún puede ir por la noche…”

Inclusive, han llegado peregrinos hasta las puestas de mi casa durante la madrugada buscando un lugar donde dormir, no porque no haya lugar en alguna de las otras casas, sino que se decidieron a visitar Schoenstatt a última hora y no habían hecho ninguna reserva previa, u otros que habiendo “terminado” su estadía oficial querían quedarse más tiempo, pero debido a la demanda de las casas en ese momento no podían continuar alojándolos.

Las casas de alojamiento en Schoenstatt no son un problema. Hay suficientes y algunas se encuentran vacías durante el año, excepto cuando hay peregrinaciones o algún jubileo y algunas se abren para recibir grupos en general y así cubrir los gastos mínimos y alguna que otra inversión en la casa misma.

Pero para peregrinos “de ultimo momento”, y muchas veces también para peregrinos que no saben alemán y nunca habían estado en Schoenstatt, es muy difícil encontrar la manera de buscar alojamiento ahí. Mientras que santuarios como el de Aparecida en Brasil, Fátima o Luján, están rodeados de un “cordón hotelero”, en Vallendar hay pocos hoteles y aunque hay casas de alojamiento cercanas al Santuario Original que están abiertas para peregrinos, ellos – si vienen a cuenta personal y no con grupos – no las encuentran, a pesar de que las casas tienen páginas web, muchas veces muy buenas, pero solo en alemán.

Hay información sobre el alojamiento en Schoenstatt diseminada en diferentes páginas (donde nadie espera encontrar esa información, en schoenstatt.org por ej.), pero no existe una infraestructura digital que dé al peregrino un punto de partida para buscar, reservar y alojarse.

Sumado a esto, el protocolo de reservas es muy lento muchas veces para el peregrino de última hora. Existe esto en forma de personas presentes al recibir a los peregrinos “en las puertas de Schoenstatt”, pero solo hasta entrada la noche, no hay algún numero de contacto para alojamientos de última hora, con una zona wifi a la que se puedan conectar y llamar.

Luego está la logística para que el peregrino llegue a las puertas de las casas. Unos se pierden, otros pierden tiempo y plata al alojarse en ciudades cercanas, y para muchos “una visita a Schoenstatt” parece algo reservado solo a ciertas personas que deben presentarse con sus conexiones schoenstattianas al buscar una cama y un desayuno a la sombra de la casa de todos nosotros, la de nuestra Madre.

Lo cierto es que Schoenstatt se encuentra en Alemania y, como tal, adopta las costumbres horarias y ritmos propios del lugar, pero si nos encontramos en un lugar de peregrinación importante como el Santuario Original, debemos estar atentos por sobre todas las cosas a los llegados sin reserva previa, facilitando de esta forma el alojamiento tanto a los administradores de las casas como a los peregrinos que buscan un lugar dónde pasar la noche.

2 – Una gran inversión para el mantenimiento de muchas construcciones e infraestructura

En Schoenstatt original hay muchas construcciones e infraestructura, que hoy ya no pueden sostenerse por sí mismas, especialmente solo con las personas que viven allí. Es más, tienen que competir con todos los otros centros del resto de Alemania para las distintas actividades. Todos somos muy celosos de todo lo que se construyó en el pasado por su valor histórico, lo cual no está mal, pero debemos preguntarnos ¿Es sostenible en el tiempo?

Teniendo en cuenta que mantener un centro de peregrinación no es lo mismo con relación a los costos, medidas de seguridad y confort en Alemania comparado con otros países, tampoco es la solución que desde el resto del mundo invirtamos dinero en el sostenimiento de toda una estructura edilicia que no tiene una visión que trabaje al servicio de toda nuestra familia de Schoenstatt, dejando en consecuencia sin ese aporte a nuestros proyectos pastorales a nivel nacional.

Como miembros de esta familia debemos ser responsables y conscientes de lo que implica sostener nuestros diferentes proyectos y centros tanto en nuestros países como en Schoenstatt original, y es allí donde nuestra federatividad institucional juega un rol importante. Cada país, diócesis y cada comunidad debe preocuparse de sus casas y del desarrollo de sus vidas.

3 – ¿De quién es el Santuario Original?

¿Esta pregunta se extiende al Santuario Original? O sea, ¿de quien es el Santuario Original? ¿De todos? Sin concretizar esto “de todos”, queda de nadie.

Es algo que deberíamos preguntarnos, pero por el lado del sostenimiento es mucho menor que cualquiera de las casas que se encuentran en Schoenstatt y como lugar de peregrinación es el corazón y centro de toda la vida. Pienso que debe ser cuidado, no para nosotros, sino para los peregrinos de todo el mundo.

El sostenimiento económico es solo un aspecto. Otro es: ¿Cómo hacemos que nuestro Santuario Original sea realmente un lugar de peregrinación, la meta por la que ofreció su vida José Engling y muchos más como él? ¿Un lugar de peregrinación abierto a todos, donde el peregrino encuentra la posibilidad de rezar, de confesarse, de atender a la misa en su idioma, y a la hora de estar en este lugar santo?

 

Esta reflexión surge de lo que siempre me han preguntado los peregrinos con quienes me he encontrado y también de ver el funcionamiento interno de las casas y todo lo que implica el mantenimiento en relación con el dinero, personal y mejoras, sino en el desgaste emocional y espiritual de mantener todo en orden para el peregrino.

Por ello mi pregunta final es, ¿somos un movimiento de renovación espiritual para la Iglesia o un movimiento del que mantenemos centros de formación para peregrinos?

Cualquiera de las dos respuestas es válida, pero ¿es lo que quería nuestro padre fundador?

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4 Responses

  1. Buenas tardes, escribo desde Sevilla y me gustaría visitar el Santuario con mi esposa y mi hijo de 5 años. Les pido ayuda para planificar el viaje de 3/4 días; si hubiera con quién contactar para saber opciones de alojamiento, precios, viaje desde Sevilla. Muchas gracias

  2. Todas mis visitas al Santuario original fueron en peregrinación desde mi país, Argentina. Siempre me sentí cobijada desde el primer momento y con gran emoción por alojarnos cada vez en una casa distinta.
    Ciertamente, en la casa de la juventud es posible compartir hasta tarde, cosa a lo que estamos acostumbrados. Algunas noches que caminábamos hasta algún bar típico alemán de Vallendar, nos esperaba al regreso una mesa con termos de café y dulces.
    Lamenté no poder alojarnos en algunas de las casas en el 2014. Y creo que son imprescindibles y el oasis que necesitamos para vivir profundamente el espíritu de Schoenstatt.
    Verdaderamente, es llegar a nuestra casa, a nuestro terruño de Schoenstatt.

  3. Coincido con muchas de tus apreciaciones ya que las he experimentado sobradamente. Con muchas otras no porque «soy muy joven pero,…con muuuucha experiencia….» y las vivencias fueron diferentes aunque igual de enriquecedoras. Hablando en serio, cuando visité por primera vez el Santuario, ni bien llegamos con mi esposa, lo primero que hicimos fue ir a él ya que queríamos sentirlo. Todos nos decían que a esa hora estaba cerrado…¡Pues estaba sin llave y eran como las 21,00 hs!. ¡La Mater nos estaba esperando sin dudas!.
    En otras visitas, hemos conocido gente EXCEPCIONAL, con la que hoy mantengo muy frecuentes contactos y que allí nos han hecho sentir como en casa. ¡Qué calidez humana!.
    Horas en la Tumba del Padre (si allí no hay un santo, no se explica uno el paso de las horas rezando sin darse cuenta…) en el Santuario Original, sellado en esa Tumba de nuestra Alianza Filial con dos testigos muy pero muy queridos…
    ¡Es nuestro Terruño!. ¡Es la SANTA TIERRA de Schoenstatt!. Gracias Mater por tenerla para el mundo!!!.

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