Publicado el 2015-10-13 In Santuario Original

María, la Mujer en salida: el arzobispo emérito R. Zollitsch con el Coro de la Catedral de Friburgo en Schoenstatt

SANTUARIO ORIGINAL/ALEMANIA por María Fischer •

«Schoenstatt, Vallendar en el Rin, que celebró su centenario el año pasado, es el centro de un movimiento espiritual internacional. El núcleo central es una pequeña capillita (Santuario Original) en el valle, donde María es honrada como «Madre Tres Veces Admirable». La imagen de gracias, que llegó a Schoenstatt desde Friburgo hace cien años, es muy conocida en todo el mundo; como lo experimentaron los miembros del coro de la catedral el año pasado cuando visitaron América del Sur”. Estas fueron las palabras de la invitación dirigida a los miembros del coro de niños y jóvenes de la catedral de Friburgo y sus amigos anunciando una peregrinación. Durante el viaje anteriormente mencionado el coro de la catedral cantó, entre otros lugares, en las celebraciones del centenario del Movimiento de Schoenstatt en Buenos Aires en el Teatro Colón, el teatro más famoso de la ciudad – una experiencia que los conmovió y los llenó de entusiasmo. Espiritualmente acompañados por el arzobispo emérito Robert Zollitsch DD, el coro hizo una peregrinación el pasado fin de semana a Schoenstatt y Kevelaer.

El comunicado de prensa del departamento de música de la catedral de Friburgo – Escuela de la Catedral, Friburgo, el 1 de octubre de 2015, declaró: «La hospitalidad en la casa Marienau y la bienvenida del Rector, P. Egon M. Zillekens, crearon un cálido arribo al centro de Schoenstatt. El toque ingenioso: todas las cosas importantes aquí comienzan con K… determinó el posterior transcurso de la noche. La cocina ofreció una agradable cena, participamos en las oraciones de la noche en la capilla (Kapelle), no sin una pequeña contribución musical; y confortablemente instalados (Klause) la noche llegó a su fin, pero no demasiado rápido. El P. Zillekens se acercó a donde tan cómodos nos encontrábamos para ver si todo estaba en orden; luego de algunas vacilaciones se unió a nosotros. El nos compartió de un modo muy ameno y admirable testimonios de su vida como pastor».

El arzobispo emérito R. Zollitsch, en su homilía dada en la Iglesia de los Peregrinos en Schoenstatt, describe a María como la «Mujer que está en salida», una mujer que sale en el espíritu de la Evangelii Gaudium. «Como madre no es una observadora distante y un icono de gloria ajeno al mundo. Como madre se dedica y centra en cada uno de sus hijos con amor tierno y ardiente. Como en Caná, Ella es la amiga, como el Papa Francisco escribió, «que siempre se preocupa de que no falte el vino en nuestras vidas. Ella es la mujer cuyo corazón fue atravesado por una espada y que entiende todo nuestro dolor». (EG 286) Ella extiende su mano hacia nosotros y nos invita a tomar la suya, para que guiados por Ella y bajo su protección podamos peregrinar en el camino de nuestra fe, y también alcanzar el ideal que Dios nos ha prometido, y donde Ella nos espera para tomarnos en sus brazos».

Esto, según Zollitsch, ha sido la experiencia de los peregrinos que han venido a Schoenstatt durante más de cien años. «Esa es una característica especial de este lugar de peregrinación en Schoenstatt. María no solo es nuestro gran ejemplo y la madre comprensiva y protectora. Ella es, como el Papa Francisco nunca deja de insistir, la misionera, la mujer activa, que también sale y actúa – para la Iglesia y para cada persona en particular».


Texto completo de la Prédica del Arzobispo emérito Dr. Robert Zollitsch en la peregrinación del coro de la Catedral de Friburgo a Schoenstatt, el 26 de septiembre de 2015

María, la mujer que se pone en marcha

Lo primero que hace María, luego de saber que será la madre del Hijo de Dios – así lo acabamos de escuchar en el Evangelio – es ponerse en marcha. Se dirige a través de las montañas a visitar a su parienta Isabel, y llevar el Redentor a los hombres, aún antes de haberlo dado a luz.

I.

  1. Ella experimentó la irrupción de Dios en su vida, en su tranquila vida burguesa en Nazaret. A través del anuncio del ángel y a través del encargo de servir muy particularmente a Dios como su sierva, súbitamente su vida se transforma radicalmente. Y ella no vacila, sino que responde claramente: sí, “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Dios actúa; María pronuncia su sí. Y luego no espera a ver lo que sucede. No se queda en el idílico Nazaret. No, ella toma la iniciativa. Ha escuchado que su parienta Isabel, de avanzada edad, será madre y que ya se encuentra en su sexto mes. Entonces se pone en camino y se apresura a ir por las montañas hacia donde está Elisabeth. Porta en sí el gran misterio de Dios, un mensaje, que debe llegar a todas las personas.
    María es portadora de aquello nuevo, de aquello grandioso que ha comenzado en su seno, para quienes están a la espera. Y experimenta que Elisabeth y Juan reconocen eso nuevo: Juan salta de alegría en el seno de su madre y Elisabeth la ensalza llamándola bienaventurada.
  2. Cuando Dios irrumpe en nuestro mundo, en nuestra vida, esto tiene consecuencias. Así, la vida de María cambió súbitamente. Y ella se adapta a la nueva situación, se adapta completamente a lo nuevo, sin saber todo lo que esto significará para ella y para su vida. En adelante, solo su Hijo y su caminar con Él determinarán su vida. Él es la meta y el contenido de su caminar, Él determina todas las etapas y todos los pasos.
  3. Sí, el camino de María se convierte en un camino con su Hijo y para su Hijo. Así tenemos aquel camino desde Nazaret a Belén, con avanzado embarazo, para empadronarse, y el nacimiento de su Hijo en un pobre establo. Y aquel largo camino hacia Egipto, para huir de Herodes. Con su Hijo comparte el rechazo, el andar como fugitivo, el desarraigo, el ser extranjero. Experimenta el entusiasmo de la gente por su Hijo, debido a su poderosa apariencia y a los prodigios que hacía. Y también experimenta el rechazo y el odio que le golpea. Junto a sus parientes teme por su vida y se dispone a llevarlo a casa. Camina con su Hijo, aun cuando no lo comprende y cuando todo está oscuro. Está junto a Él bajo la cruz. Su camino es un camino con su Hijo, para su Hijo y para nosotros: Se pone en marcha en una dimensión totalmente nueva, en la cual es Dios quien conduce. Él y solo Él.

II.

  1. ¿Qué razón, qué garantía tiene María para recorrer este camino? Pues bien, está la palabra del ángel, la experiencia de Navidad, la vida con su Hijo – en todo caso, en la modestia y en el retiro de Nazaret. Y también está el incomprensible asunto del rechazo y la huida, la ansiosa búsqueda del hijo perdido, del niño de doce años y la poco amable respuesta a sus padres. Está la inmensa oscuridad del Gólgota, que aflige inmensamente. María es desafiada en su fe, en su fe en la promesa de Dios. Es la primera persona que escucha el mensaje sobre Jesucristo Redentor, la primera, cuya fe es desafiada. Ella es la primera que se pone en camino con Él, es la primera que lo sigue. Es la primera creyente de la Nueva Alianza, la primera discípula de su Hijo. Pionera de lo nuevo que se inicia, pionera del “nuevo camino”, del camino de la redención. Pionera de nuestra salvación, una mujer que permanentemente se pone en marcha.
  2. Para esto Dios llamó y eligió a esta joven mujer, a la pequeña sierva de Nazaret. Para esto la preparó. Teniendo en consideración esta tarea casi inconcebible, Dios la preservó, así lo afirma nuestra fe católica, de todo pecado y la mantuvo fuera de toda relación con el pecado de la humanidad. Así también, en cuerpo y alma la recibió en su gloria, a ella, la primera redimida y la primera creyente; como la primera plenamente redimida. Tan excelsamente actúa Dios en la madre de su Hijo. Tan excelsamente piensa Dios sobre el género humano.
  3. Si, así actúa Dios en su pequeña sierva, por amor a su Hijo, pero también por amor a nosotros. Pues Jesús nos dio a su madre como madre nuestra. “En la cruz” escribe el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”, “en ese crucial instante, antes de dar por consumada la obra que el Padre le había encargado, Jesús le dijo a María: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego le dijo al amigo amado: ‘ahí tienes a tu madre’ (Jn 19,26.27)… Jesús nos dejaba a su madre como madre nuestra. Solo después de hacer esto Jesús pudo sentir que ‘todo está cumplido’ (Jn 19,28). Al pie de la cruz, en la hora suprema de la nueva creación, Cristo nos lleva a María. Él nos lleva a ella, porque no quiere que caminemos sin una madre… María, que lo engendró con tanta fe, también acompaña al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús’ (Ap 12,17)” (EG 285).

III.

  1. Como madre, María no nos observa desde la distancia ni es un ícono de la gloria, desentendido del mundo. Como madre, ella se involucra y se dedica a cada uno de sus hijos con un amor tierno y vigoroso. Tal como en Caná, ella es la amiga, dice el Papa Francisco, “siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas. Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas”. (EG 286) Ella nos tiende su mano y nos invita a recorrer, de su mano y bajo su protección, el camino de peregrinación de nuestra fe, para llegar a la meta que Dios nos ha prometido, y donde ella nos espera para abrazarnos a nosotros, sus hijos.
  2. Así es la madre que Dios nos ha regalado. Está allí para nosotros, nos comprende y está siempre dispuesta a ayudarnos. Esta es sin duda la experiencia de innumerables peregrinos, que desde hace cien años llegan hasta aquí, para encontrarse con la Santísima Virgen María. Así como los discípulos, después de la Ascensión de Jesús, se congregaron en torno a María en el Cenáculo, así también estamos hoy junto a ella y ponemos nuestra confianza en ella, la Madre de la Iglesia. Nos sabemos animados y sostenidos por las múltiples experiencias que han tenido otros peregrinos que han llegado hasta acá, antes que nosotros, y nos dirigimos a ella con algunas de las invocaciones de las letanías lauretanas: “Consuelo de los afligidos” y “Auxilio de los cristianos”. Ella extiende su brazo hacia nosotros, como la “Virgen poderosa para ayudar” y está ante nosotros como “Torre fuerte”, en la cual encontramos protección. También está ante nosotros como “Puerta del cielo”, que constantemente nos invita a ir hacia Dios y nos conduce hacia Él.
  3. En su muy importante Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”, el Papa Francisco va un paso más allá. Desea una Iglesia que se ponga en marcha siguiendo el ejemplo de María y bajo su guía. Desea un nuevo dinamismo, un “dinamismo de salida” (EG 20), es decir, “a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años”. (EG 1) Desea una “nueva salida misionera” (EG 20), una Iglesia más y más misionera… Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora” dice el Papa. “Y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización”. (EG 284) “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. (Hch 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés”. (EG 284)

“Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia”, dice el Papa Francisco, “porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles, sino de los fuertes”. (EG 288)

Un camino mariano para la evangelización significa estar con las personas, saber lo que los mueve. Acogerlos en sus situaciones vitales y con sus preocupaciones, recorrer con ellos y en sus zapatos el camino de su fe y de sus luchas. Un camino mariano para la evangelización significa ser una Iglesia atractiva. Allí donde está y donde actúa María surge comunidad, surge Iglesia, una Iglesia materna que cobija y regala hogar. Una Iglesia fraterna, sostenida por el amor y la solidaridad. Una Iglesia mariana que se orienta día a día según Dios, para llevar a las personas a Cristo, y así puedan experimentar lo atractivo de su amor y su misericordia que perdona.

Y a lo especial del lugar de peregrinación de Schoenstatt pertenece el que María, no solo está ante nosotros como un gran modelo, y como una madre comprensiva y consoladora. Tal como el Papa Francisco no se cansa de destacar, ella es la mujer activa que también hoy se pone en marcha y actúa, para la Iglesia y en cada uno. De esta forma nos tiende su mano para formarnos a nosotros como discípulos de Cristo y para acompañarnos activamente en nuestro peregrinar. Ella desea ayudarnos a llenar de vida la alianza que Dios selló con cada una y con cada uno de nosotros en el bautismo. Y para ayudarnos, nos invita a regalarle nuestra confianza, a tomarnos de la mano que nos tiende y a entrar en una alianza con ella, mediante la Alianza de Amor; porque como madre que nos ama, solo desea unir más profundamente a sus hijos con Dios y conducirlos hacia Él.

Pero a ella no solo le interesa nuestro propio caminar hacia Dios y nuestro caminar con ella. Como Mujer misionera, María nos guía para dar testimonio del Evangelio, para hacer participar a otros de nuestra fe y así transmitir un mensaje de vida. Los miembros y amigos del coro de nuestra Catedral de Friburgo pudieron experimentar algo de esto en su viaje de conciertos por Sudamérica, en Argentina, Uruguay y Chile. Es curioso el hecho, y nos da que pensar, que una imagen de María, que un Profesor Huggle adquiriera hace cien años en un negocio de artículos religiosos de la Herrenstrasse en Friburgo, por 23 marcos y luego trajera hasta acá, a Schoenstatt, se haya convertido en una imagen de gracias. Y hoy, según Google, se cuenta entre las siete imágenes de María más conocidas en el mundo. Y más aún, que María, en esta imagen, se haya puesto en marcha para recorrer nuestro mundo.

El diácono João Luiz Pazzobon de Brasil tuvo la idea de llevar esta imagen de María a muchas personas. Durante 35 años la llevó en peregrinación sobre sus hombros, de lugar en lugar. Con ello generó una sorprendente e inesperada reacción en cadena. Hoy María, como Virgen Peregrina, se encuentra en camino hacia las personas en unas 200 000 imágenes, en casi cien países de todos los continentes.

Ella también nos tiende a nosotros su mano y nos invita a ir con ella. Nos anima a ponernos en camino como ella, a vivir nuestra vida de su mano, confiando en ella y llevando en nuestro corazón la petición del Papa Francisco: “Virgen y Madre María,… dame la santa audacia de buscar nuevos caminos”. (EG 288) Podemos confiar en que Ella nos precede. Amen

Original: alemán. Traducción del relato: Susana Llorente, Buenos Aires, Argentina. Traducción de la prédica: Ventura Torres, Santiago, Chile 

 

 

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