Publicado el 30. julio 2016 In Francisco - Mensaje, JMJ2016

Ante el mal, el sufrimiento y el pecado, la única respuesta posible para el discípulo de Jesús es el don de sí mismo

JMJ2016, por María Fischer y Sebastián Denis •

Luego de haber visitado los campos de exterminio de Auschwitz, y del encuentro con los pacientes del hospital pediátrico de Prokocim, Francisco se dirigió por segundo día consecutivo al Parque Blonia, para vivir un nuevo encuentro y recorrer las estaciones del viacrucis junto a los jóvenes que participan en la XXXI edición de la Jornada Mundial de la Juventud.

Con la participación de refugiados, sin techo, asociaciones que se encargan de realizar obras de misericordia y con los grupos de diversos países cargando la cruz de estación en estación, el viacrucis se desarrolló entre cantos, oraciones, coreografías y proyecciones de video.

Cada estación el Vía Crucis fue vinculada con una obra de misericordia corporal o espiritual.

El breve discurso del Santo Padre hace una propuesta tan audaz como evangélica: La respuesta a la pregunta «¿Dónde está Dios en todo este dolor?» es una respuesta muy concreta y la da Jesús: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25,35-36).

Dios está en los hombres que sufren. «Jesús mismo eligió identificarse con estos hermanos y hermanas que sufren por el dolor y la angustia, aceptando recorrer la vía dolorosa que lleva al calvario. Él, muriendo en la cruz, se entregó en las manos del Padre y, con amor de oblativo, cargó consigo las heridas físicas, morales y espirituales de toda la humanidad. Abrazando el madero de la cruz, Jesús abrazó la desnudez y el hambre, la sed y la soledad, el dolor y la muerte de los hombres y mujeres de todos los tiempos. En esta tarde, Jesús —y nosotros con él— abraza con especial amor a nuestros hermanos sirios, que huyeron de la guerra. Los saludamos y acogemos con amor fraternal y simpatía», dice Francisco. ¿Y nuestra respuesta a esta presencia de Jesús? Son las obras de misericordia, que nos permiten a tocar la carne de Cristo…

Nuestras obras de la misericordia

Las obras sociales de Schoenstatt surgen en diálogo con las voces del tiempo, destacamos en la presentación de los proyectos de Schoenstatt en los campos del apostolado descubiertos y definidos en la preparación al jubileo de la alianza de amor. En este momento del Vía Crucis de la JMJ2016 vuelven a brillar, especialmente aquéllas que son obras de la misericordia… La pastoral carcelaria «Visitación de María», la Casa Madre de Tupãrenda, las 100 casas solidarias de schoenstatt.org, Dequeni, las Casas de Niños, María Ayuda, María Arashafa, el Hogar de María, las visitas de los misioneros de la Campaña a los hospitales, a los ciegos, a los cárceles, a las favelas o villas, las iniciativas para los refugiados, las Misiones, el proyecto «Encuentro» para los sin techos  … Podríamos intentar hacer un Vía Crucis con las obras de misericordia reales y concretas de Schoenstatt. ¿Llegaremos? ¿Falta aún algo? ¿Cuál de las obras de la misericordia es más nuestra? ¿Más mía? Pues Schoenstatt somos los schoenstattianos.

«Hoy la humanidad necesita hombres y mujeres, y en especial jóvenes como vosotros, que no quieran vivir sus vidas «a medias», jóvenes dispuestos a entregar sus vidas para servir generosamente a los hermanos más pobres y débiles, a semejanza de Cristo, que se entregó completamente por nuestra salvación. Ante el mal, el sufrimiento, el pecado, la única respuesta posible para el discípulo de Jesús es el don de sí mismo, incluso de la vida, a imitación de Cristo; es la actitud de servicio. Si uno, que se dice cristiano, no vive para servir, no sirve para vivir. Con su vida reniega de Jesucristo», dice el Papa Francisco esta tarde a los jóvenes.

«En esta tarde, queridos jóvenes, el Señor os invita de nuevo a que seáis protagonistas de vuestro servicio; quiere hacer de vosotros una respuesta concreta a las necesidades y sufrimientos de la humanidad; quiere que seáis un signo de su amor misericordioso para nuestra época. Para cumplir esta misión, él os señala la vía del compromiso personal y del sacrificio de sí mismo: es la vía de la cruz. La vía de la cruz es la vía de la felicidad de seguir a Cristo hasta el final, en las circunstancias a menudo dramáticas de la vida cotidiana; es la vía que no teme el fracaso, el aislamiento o la soledad, porque colma el corazón del hombre de la plenitud de Cristo. La vía de la cruz es la vía de la vida y del estilo de Dios, que Jesús manda recorrer a través también de los senderos de una sociedad a veces dividida, injusta y corrupta».

1«Si uno, que se dice cristiano, no vive para servir, no sirve para vivir»

¿Cómo lo vivieron los jóvenes de la Juventud Masculina de Schoenstatt de Paraguay? Después de la Misa y la catequesis en la mañana, en la parroquia donde la ambientación esta entregada a la Juventud de Schoenstatt,  a las tres de la tarde salieron hacia el parque Blonia, donde llegaron muy temprano. Hubo mucha lluvia y tormenta al inicio, pero al fin salió el sol.

«El Vía Crucis me impresionó bastante, la estación que más me llamó la atención fue la décimo primera, que fue cuando clavaron a Jesús en la cruz. Lo que más me llamo la atención fue la representación que hicieron con las estaciones, la música que ejecutaban daba énfasis a las representaciones artísticas», comenta Sebastián Fernández.

«Otra cosa que me impresionó fue la cantidad de peregrinos que había, muchas banderas y gente que estaba ahí, viviendo su religión y saliendo al encuentro con Jesús. También me gustó que en cada estación decían cosas que le costaban más a los jóvenes. En conclusión, el encuentro de hoy fue una experiencia única y especial, así como todo lo que estamos viviendo hasta el día de hoy. ¡Ahora nos preparamos ansiosos para el momento más importante de la JMJ, la vigilia con el Papa para su misa de envío del domingo!».

Para Lucas Ortellado el momento más emocionante fue finalmente oír hablar al Santo Padre (fue el primer encuentro para el grupo), y «sentir la fuerza que nos da Cristo». «Fueron palabras directas refiriéndose a situaciones concretas.» También le gustó mucho la manera novedosa de hacer el Vía Crucis con actuaciones y referencias a situaciones concretas de la vida.

«No entendí todo, pero me quedó esta frase que el Papa Francisco ya dijo otras veces: Si uno, que se dice cristiano, no vive para servir, no sirve para vivir».

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Estuvimos unidos a Jesús sufriente, pero no sólo sufriente hace 2 mil años sino también sufriente hoy

«Hoy ha sido un día especial. Una jornada de dolor, el viernes en el que recordamos la muerte de Jesús y con los jóvenes hemos terminado la jornada con la oración del Vía Crucis. Hemos rezado el Vía Crucis. El dolor y la muerte de Jesús por todos nosotros», el Papa Francisco dijo más tarde, desde el balcón del arzobispado a los miles de personas que de nuevo le esperaron.

«Estuvimos unidos a Jesús sufriente, pero no solo sufriente hace 2 mil años sino también sufriente hoy, tanta gente que sufre: los enfermos, los que están en guerra, los sin techo, los que tienen hambre, los que tienen dudas en la vida, que no sienten la felicidad, o que se sienten con el peso del propio pecado.»

Fotos: Captura de pantalla, Sebastián Denis

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