Publicado el 28. marzo 2019 In Proyectos

“No se olviden de visitar a la gente del barrio”

ARGENTINA, Carlos Daniel Barbagallo •

“No se olviden de visitar a la gente del barrio”. Casi como un legado, su voz tenue, débil, pero con la firmeza y el convencimiento de los que reciben el llamado de Jesús, resonó en los oídos de quienes la acompañaban. Ana Gamboa, con sus jóvenes 30 años, terminaba sus días en la tierra a consecuencia de un linfoma de Hopkins. Corría el año 1978.—

Ana pertenecía a la Juventud Femenina del Movimiento de Schoenstatt de La Plata. Ella se definía a sí misma como la oveja negra del Padre, porque era muy reacia a aceptar las imposiciones educativas, típicas de esa época. Estudiaba arquitectura, y en esos años frecuentaba el Hogar Isabel La Católica para jóvenes en conflicto con la ley penal.  Siempre muy cercana a las necesidades de los demás, le agregaba a esa cercanía el canto y la música con la alegría de los que tienen a Jesús en su corazón.

También frecuentaba el barrio de San Nicolás en Florencio Varela, donde realizaba su tarea de catequista.

El 30 de marzo de 1977, en plena dictadura militar, año jubilar del santuario de Florencio Varela, Ana fue secuestrada y llevada a uno de los tantos centros de detención que tenían los militares. Fue una época de oscuridad, una de las más difíciles de la historia de Argentina. Ana fue una luz en esa hora triste y tenebrosa.

“Yo creo que la Virgen me protegió. Nos tenían encapuchados y en esos momentos yo rezaba el rosario fuerte, muy fuerte. Trataba de cantar y de levantar el ánimo de los demás para que esos instantes de tortura y de dolor tuvieran sentido”, diría después. Fue liberada en el camino a Punta Lara, cercano a la ciudad de La Plata. Al poco tiempo contrajo la enfermedad que la llevaría a su deceso. Murió el 22 de octubre de 1978.

Una luz para los tiempos actuales

Cuarenta años después recogemos su luz. Hoy es otro el contexto, pero las oscuridades siguen. La oscuridad de la mala distribución del ingreso, la marginación, la falta de trabajo y de vivienda, la pobreza extrema, la vulneración y la falta de acceso de muchos derechos coartados, especialmente a las mujeres. Hoy Ana nos sigue hablando e interpelando.

Gracias al espacio que nos dio el arzobispo de La Plata, Víctor Manuel Fernández, dentro de las acciones de la Pastoral Social Diocesana, junto a personas de otros movimientos y gente de buena voluntad que se acercan a dar una mano, realizamos la bendición del espacio cultural Ana Gamboa en torno al Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia que conmemora el golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976. Este espacio está pensado especialmente para el acompañamiento de la mujer en riesgo. Mariel, hermana de Ana, nos decía “Creo que a Ana le hubiese encantado trabajar en este lugar”.

Con la fuerza del ideal personal

Nuestro pastor, al momento de la bendición del lugar, nos decía que el ideal personal de Ana tiene una enorme dimensión porque ella quería permanecer cerca de los compañeros alejados de la fe, asistir a gente carenciada en algún barrio periférico de la ciudad y despertar la conciencia de que el mundo religioso no enajena sino compromete, aunque pueda doler no pocas veces.

Creemos que su ideal tiene una gran actualidad para la Argentina de hoy. Nos interpela y nos compromete para abrir este espacio en donde se brindarán talleres, refugio, asesoramiento jurídico, pero por sobre todo se acompañará a las mujeres vulneradas en sus derechos, al tiempo que se trata de desnaturalizar al machismo, tan arraigado en nuestra sociedad.

En esta joven vemos un mensaje, una llave para miles de mujeres que tienen el rostro de Jesús sufriente.

Ana, hija del P. José Kentenich, tiene mucho qué decir. El espacio está abierto.

 

 

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Foto arriba: Catedral de Plata, Diego Coppola, iStockGettyImages 688502504, licensed for schoenstatt.org

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