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Publicado el 2022-06-19 In Misiones

Salir a encontrar a los necesitados en sus casas, en los hospitales….en las calles

COSTA RICA, Laura Constela, Obra de Familias Oeste •

Tenía pendiente leer la carta que en noviembre pasado el Santo Padre había enviado para la V Jornada Mundial de los pobres. Como siempre, sus cartas y encíclicas son verdadera fuente de luz en el camino y en esta ocasión, no fue diferente. En la carta nos habla de muchas cosas, pero en entre ellas, “salir a encontrar a los necesitados en sus casas, en los hospitales…en las calles”. En ella se habla de darse, escuchar y entregarse. —

Un par de horas después, recibo un mensaje de Anita Vega de Schoenstatt-Guanacaste…contándome que el Párroco de la comunidad estaba necesitando ayuda para Semana Santa. Este sacerdote, el P. Gonzalo, tiene a su cargo 20 comunidades y solo él de sacerdote.

Quería misiones, ojalá familiares y de juventud. Las puertas se abrían de par en par para reactivarlas, después de un paréntesis de casi dos años por pandemia.

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Venciendo el miedo y poniéndose a caminar

Con las palabras de la carta del Papa Francisco aún resonando en el alma, nos dimos a la tarea entre muchos de poner en marcha las misiones de Semana Santa 2022 de la mano de un equipo maravilloso. Todo lo pusimos en manos de Dios y de la Mater, quienes definitivamente fueron quitando obstáculos, entre ellos el miedo a que nadie se apuntara. La respuesta fue clara, la Matercita y su Hijo querían llegar a los hogares y comunidades de esta zona de Guanacaste y sus instrumentos no tardaron en presentarse para cumplir la misión.

Tres señoras de la Rama Señoras, que fueron los angelitos de las misiones de Semana Santa, llevaban sus vírgenes peregrinas, preparaban meriendas deliciosas para compartir con la comunidad y acompañaban a las familias en los visiteos.

El miércoles llegó la Juventud a la Comunidad de 27 de Abril y más familias que incluían desde adolescentes hasta una bebé de 9 meses entre los misioneros. El pueblecito de San José de Pinilla fue la comunidad asignada para los visiteos. Nuestras guías fueron dos señoras de la comunidad que son misioneras de la Virgen Peregrina en la zona. Empezamos los días con oración, pidiéndole al Espíritu Santo su guía y a la Mater su intercesión. Entre cantos y una sobredosis de alegría, nos dispusimos a salir de nuestra zona de confort para encontrarnos de frente con ese Jesús que sufre. Ese Jesús lleno de necesidades de salud, no sólo física, sino también mental y espiritual. Ese Jesús derrotado por la vida y los problemas y que ha perdido la esperanza. Ese Jesús sediento de un abrazo, de una oración y de la alegría de una canción.

Entre caminos de tierra y polvo, bajo el fuerte sol guanacasteco en plena Semana Santa, íbamos de casa en casa compartiendo alegres con las otras familias misioneras y con quienes nos recibían en sus casas. Sin embargo, mientras caminábamos de una casa a la otra, también se prestaba para pensar en Jesús y las vivencias de sus últimos días; meditar acerca de su sufrimiento en el Huerto de los Olivos; pensar en el regalo más grande que nos dejó con la institución de la Eucaristía; acompañarlo en su pasión y muerte, y celebrarlo en su resurrección. Entre actividad y actividad daba tiempo para la reflexión personal, uno de los grandes regalos de la misión.

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Desde San José de Pinilla hasta Paso Hondo

Aparte del visiteo casa por casa, el párroco nos asignó tareas durante las tardes, tanto en San José de Pinilla como en Paso Hondo, una pequeña comunidad donde el sacerdote casi no puede llegar. El domingo de ramos y durante todo el triduo pascual, los misioneros fuimos enviados a ayudar en la liturgia, proclamando el Evangelio, llevando a Jesús Eucaristía, guiando el lavatorio de los pies y el viacrucis. Llevaban algún tiempo sin poder celebrar estas fiestas por falta de sacerdote y fue un verdadero regalo colaborar para hacerlo posible. Son momentos que marcan, que nos hacen ver la necesidad absoluta de rezar por vocaciones sacerdotales y de la importancia de nuestro compromiso como laicos con la Santa Iglesia.

¿Misioneros o misionados?

Fuimos a misionar y regresamos misionados. Misionados por el amor de las familias que nos recibieron. Misionados por la sonrisa y agradecimiento de quien nos dijo que va a comenzar a rezar el rosario después de muchos años de no hacerlo. Misionados por la señora cieguita que sin poder ver, sentía la presencia de la Matercita con Jesús en su casa. Misionados por la esperanza de la mamá con su hijo postrado en silla de ruedas. Misionados por el ejemplo de las propias familias que lo hicieron junto a nosotros por su entrega, alegría y amor. Misionados por las integrantes de la Rama de Señoras y su desprendimiento y calidez. ¡Misionados y orgullosos de nuestra Juventud, que montaron sus misiones juveniles con una devoción y entrega que nos llenaron de esperanza a todos!

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¿Qué nos llevamos de misiones este año?

Nos llevamos un corazón a reventar de vivencias únicas, de nuevos vínculos entre las familias misioneras y con la comunidad. Un corazón agradecido de formar parte de la Familia de Schoenstatt, unida y representada en la Misión por la Rama de Familias, la Rama de Señoras, la Comunidad Apostólica Militante, la Virgen Peregrina, la Juventud Femenina y Masculina, todos procurando seguir el llamado del Papa Francisco a ser ese verdadero Schoenstatt en salida.

Un corazón conmovido, porque tenemos la certeza de que Jesús y la Mater estaban ahí, caminando junto a nosotros, como lo hicieron tantas veces con sus discípulos en esas calles de polvo y piedra, encendiendo el fuego de su amor en nuestros corazones e impulsándonos a compartir su mensaje de fe, esperanza y amor.

¡Gracias por tanto Jesús y Matercita!

Fuente: www.schoenstattcostarica.org Con permiso.

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