cárcel de menores

Publicado el 2022-06-20 In Alianza solidaria, Obras de la misericordia, Pastoral carcelaria, Proyectos, Schoenstatt en salida

Y mientras come, la multitud se da cuenta de que Jesús se encarga de todo

PARAGUAY, Maria Fischer •

“Jesús cuida de la gran multitud que lo ha seguido para escuchar su palabra y ser liberada de varios males”, dijo el papa Francisco este domingo 19 de junio, solemnidad de Corpus Christi en Italia y en muchos países, en el Ángelus. “El milagro de los panes y de los peces no sucede de forma espectacular, sino casi de forma reservada, como en las bodas de Caná: el pan aumenta pasando de mano en mano. Y mientras come, la multitud se da cuenta de que Jesús se encarga de todo”. Se me vienen a la mente los “panes” repartidos, sábado a sábado, en la cárcel de menores en Itauguá, Paraguay, y en aquella visita a esta cárcel que viví hace casi dos meses, junto a Cristy, el P. Pedro y todo el equipo de la Pastoral Carcelaria, matrimonios de San Lorenzo y jóvenes de las MUC (Misiones Universitarias Católicas). —

“Tienes ojos claros”. Primeras palabras después de cuatro años sin poder visitar la cárcel de menores en Itauguá. “Nadie aquí tiene ojos claros…”. Hay gente con ojos claros en Paraguay, incluso entre los del equipo que esta tarde calurosa está visitando a los jóvenes detrás de rejas. Pero entre los jóvenes privados de la libertad, solo se ven ojos oscuros. “Cuando era niña siempre quise tener ojos oscuros, me parecían más lindos”, le contesto a los dos jóvenes de ojos oscuros que están sentados al lado de la puerta. Esta frase es “mía”, la que después digo no sé de dónde viene: “Pues Jesús también tuvo ojos oscuros”. Y en ese momento lo veo, veo a Jesús en los ojos de estos dos jóvenes, cuyas historias de vida solo puedo adivinar. Con ellos avanzo hacia el interior y siento que finalmente volví… y cuánto extrañé esta visita, a estos jóvenes. “¿Te robaron el corazón?”, me pregunta Cristy, y es más un comentario que una pregunta. “A mí también”.

Mis tres amigos

Mis tres amigos

Escuchar, hablar, compartir

Como en el relato de la multiplicación de panes, la comida va al final en estas visitas a la cárcel de menores. Son tres lugares donde nos reunimos con ellos: en el atrio de los pabellones de los menores, en el nuevo pabellón de aquellos que han alcanzado la mayoría de edad durante su período de encarcelamiento y ahora pueden quedarse aquí. Antes, tuvieron que ir a la cárcel de mayores, Tacumbú, la mayor cárcel del país, que actualmente cuenta con 2.954 internos cuando solo tiene capacidad para albergar a 1.560 hombres. Un infierno. Especialmente para jóvenes de apenas 18 años con historias de abuso, violencia, abandono… El último lugar que visitamos es “La Esperanza”, prisión semiabierta para jóvenes con buen pronóstico.

Como en aquel momento en Betsaida, primero escuchamos a los jóvenes y hablamos con ellos. El P. Pedro sabe presentar a los matrimonios de San Lorenzo (que hace unos meses se comprometieron de regalar empanadas y gaseosas para estos jóvenes y que también quieren participar en las visitas), a los jóvenes que misionaron en Semana Santa en la cárcel, al equipo de la Pastoral Carcelaria y a esta señora alemana, que vino de ese mismo país, Alemania. “Quiero ir a Alemania”, grita Alexis, uno de los tres chicos que ya se hicieron mis amigos. Ahh, comenta el P. Pedro, entonces deben ahorrar muuuucho para el pasaje… y aprender alemán. Ohhh….

Los jóvenes que se están preparando para recibir los sacramentos, se van para una catequesis breve, los que quieren “hablar” con el Pa‘i se van con él… y los demás quedan conmigo. Son muy jóvenes, muchos de ellos recién hacen dos, tres semanas que están en la cárcel. Tienen miedo, tienen sueños, tienen historias… Cuando se dan cuenta que no entiendo guaraní – varios de ellos no saben hablar en castellano -, terminamos con clases de guaraní para mí (a pesar del esfuerzo de mis tres amigos y otros más, un fracaso total de mi parte) y alemán para ellos – con algo más de éxito, pues de repente se escucha por todo el lugar un fuerte: “Tschüss, Pater Peter!” Tanta alegría en estas caras…

Carcel de menores

¿Por quién rezamos?

“El milagro de los panes y de los peces no sucede de forma espectacular, sino casi de forma reservada, como en las bodas de Caná…”, dice el Papa Francisco. Estamos en este nuevo pabellón, el de los mayores, recién construido. Después de la catequesis, los intercambios, los abrazos viene el gran momento de los “panes y peces”. Pero antes, este momento inolvidable de oración. ¿Por quién rezamos?, pregunta el P. Pedro, y las respuestas vienen con ansiedad, sin pensar, sin pausar: por mi mamá, por mi abuela, por mi novia… si, cierto, así se reza. “Por esta mujer que asalté…”, por la gente que sufrió por mis robos, por la gente a quienes hice mal, por los que nos visitan, por la tía Cristy y la tía Maria…

Bajo este sol inclemente, con este olor a cárcel, a hambre y a soledad, el agua se convierte en vino… y rezo una de mis oraciones más intensas y más puras por la gente a quienes hice mal, por los jóvenes que conocí hoy y en las visitas previas, por los bienhechores, por amigos que en este momento están solos, enfermos…

Cárcel de menores

Oración

En torno a la mesa

Cuando llegamos, ya al atardecer, a “La Esperanza”, no hay nadie… Minutos después, los jóvenes vuelven. Estaban jugando fuera… por primera vez después los dos años interminables de la pandemia.

En “La Esperanza”, como en todas las entidades de la cárcel, las visitas se llevan a cabo al aire libre, como protección frente al contagio del COVID. Aquí hay una mesa larga, y casi todos estamos sentados en torno a esta mesa, charlando, escuchando… El grupo de catequesis se va a un lugar algo distante, unos de los demás jóvenes van y vienen, y varios “hablan” con el P. Pedro, con absolución final los bautizados, con un abrazo todos…

Finalmente, la comida. Empanadas, gaseosa, algún caramelo… Y como en aquel momento de la multiplicación de panes, sobra comida al final. Con mucho cuidado, los matrimonios reparten lo que queda con grupos de dos o tres que deben compartir una empanada o una lata de gaseosa. Estamos en la cárcel…

Y mientras come, la multitud se da cuenta de que Jesús se encarga de todo.

Cárcel de menores

Para seguir con el programa de visitas a la cárcel de jóvenes, el equipo necesita oraciones (muchas), capital de gracias (mucho también) y donaciones (unas pocas no tan pocas):

Donaciones
Cuenta bancaria en Paraguay
Banco GNB
Cta Nro. 001-065259-003
Congregación Padres de Schoenstatt

Cuenta bancaria en Alemania
Nombre: Schönstatt-Patres International e. V.
IBAN: DE91 4006 0265 0003 1616 26
BIC/SWIFT: GENODEM1DKM
Uso previsto: P. Pedro Kühlcke, Pastoral carcelaria

Fotos: Cristy Santacruz, Maria Fischer

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1 Responses

  1. Paz Leiva dice:

    Gracias, María, hermoso artículo. El padre Pedro y su equipo merecen toda nuestra admiración . ¡ Qué difícil y qué necesaria la pastoral carcelaria!

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