Publicado el 20. enero 2019 In Misiones

Aquí estoy porque me has llamado – Misiones en Balcarce

ARGENTINA, Facundo Gauto (via schoenstatt.org.ar) •

El 26 de diciembre, después de una misa de despedida en el colegio Carmen Arriola de Marín, salimos desde Buenos Aires 220 misioneros acompañados del P. Manuel López Naón, el P. Tomás Dell’ Oca, el seminarista Juan Molina y la Hna. Rafaela, con destino a la ciudad de Balcarce y sus alrededores.—

Un lema en nuestros corazones se volvía acción: “Aquí estoy porque me has llamado”.

Fuimos 7 comunidades en total, de las cuales tres se quedaron en Balcarce (se hospedaban en jardines, pero realizaban sus actividades en las capillas de San Cayetano, María Auxiliadora y María Luján) y el resto fueron para los pueblos de las afueras, visitando Los Pinos, San Agustín, Mechongué y el paraje del Capricho.

Casa por casa

Durante 10 días convivimos con las personas de la zona realizando visitas a las casas por la mañana, avisando de nuestra estadía y de nuestras actividades.

Mates y charlas profundas compartidas con personas que recién conocíamos, momentos de oración a la Virgen pidiendo por la salud y por sus familias, y agradecimientos que recibíamos por el simple hecho de nuestra presencia, son algunas de las vivencias que quedaron resonando de esas mañanas.

Las actividades de las cuales informábamos a la gente del pueblo consistían en dinámicas para niños, jóvenes y adultos que se realizaban en alguna plaza central del pueblo y transcurrían desde las 17 h hasta las 19:30 h, momento en el cual rezábamos un rosario con la gente del pueblo que quisiera participar. Ya para las 20 h una misa o celebración de la palabra en comunidad con el pueblo tomaba protagonismo, siempre llevada a cabo por el sacerdote, seminarista o religiosa que nos acompañara.

Un día, una pequeña peregrinación, con cantos y actuación de los distintos misterios del día, precedió a la misa de las 20 h.

A partir de las 21 h regresábamos a la escuela, casa parroquial, escuela o jardín en el que nos hospedábamos, para terminar de preparar la comida y cenar.

Nuestras noches finalizaban con oraciones, durante las que contemplábamos y agradecíamos el día vivido y las guitarras y la música terminaban de acompañar lo que las palabras de cansancio y alegría no decían.

Con Dios y la Mater como motor

La intención del detalle es para comentar cómo la espiritualidad estaba presente durante toda la misión, considerando a la Mater y a Dios como el motor de MTA.

Llegando al 31, varias familias de los misioneros empezaron a convivir con las distintas comunidades. Para ese entonces ya éramos 250 personas misionando en el día a día.

La misa del 31 se realizó justo a la noche, como para empezar Año Nuevo en medio de la celebración (una costumbre de las misas de MTA) y el día primero festejamos todas las comunidades de los misioneros en la parroquia San José en Balcarce, misa que fue llevada a cabo por Mons. Gabriel Mestre.

Para el 2 de enero, en los distintos pueblos y comunidades se realizó la llamada Noche Joven, que consistía en una noche en la que se busca celebrar con la gente de los pueblos y de a poco ir marcando nuestra despedida. Por más de que se llame Noche Joven, todas las personas de todas las edades estaban invitadas, y cualquier guitarrista, comediante o artista estaba invitado a pasar a un escenario armado por nosotros en algún lugar que el pueblo nos cedía. Todo concluía en risas y diversión entre nosotros y el pueblo, lo cual generaba una unión y ambiente de felicidad que solo puede detallar la experiencia.

Para el 4 de enero, nuestro último día, nos juntamos todos nuevamente en la parroquia de San José y despedimos a Balcarce no con un “adiós”, sino con un “hasta luego”.

Arde el corazón

Para concluir, compartimos un extracto del evangelio de los discípulos de Emaús, que puede retratar un poco el sentimiento de cada uno de los misioneros de MTA 2018/2019:

Lc 24,13-25

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»

 

Cuando Jesús nos habla, no siempre son palabras claras, no siempre es una imagen religiosa y no siempre es algo que nosotros comprendamos, pero si arde el corazón ante una experiencia es él quien sin duda está presente.

Solo me queda por decir que, tanto por la comunidad como por el pueblo, en esos días los corazones de 250 personas ardieron.

Y repito: No es un “adiós Balcarce, es un “hasta luego”.

Fuente: www.schoenstatt.org.ar

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