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Publicado el 2021-08-15 In Campaña

Encontrar a la Mater al subir al taxi fue la respuesta que necesitaba

ARGENTINA, H3M, Claudia Echenique •

Esta historia de tres minutos surge de un audio enviado por Romina, la protagonista de esta historia, y cómo su fe se vio fortalecida y renovada cuando vio un sencillo cartel al subir a un taxi en la ciudad de Buenos Aires. —

Su esposo Diego llevaba varios días internado con una neumonía bilateral, había estado intubado y su estado seguía siendo delicado. Ese miércoles 14 de julio, Romina fue a la clínica y le informaron que le habían podido sacar el respirador. Lo pudo ver a través de un vidrio, en ese diálogo de miradas que dan fuerza y contención a quien está enfermo y a quien lo visita.

Desde que internaron a Diego, Romina y su hija Antonella rezaron mucho con varias estampitas de la Virgen de Fátima, de Lourdes pero Romina tenía en un lugar destacado la estampita de la Virgen de Schoenstatt. Era muy antigua, la había recibido cuando ella era niña y la Virgen Peregrina visitaba su hogar. Esa misma estampita la había acompañado cuando su hija nació en el Sanatorio Mater Dei, de las Hermanas de María de Schoenstatt.

Tres días y una señal

Los médicos fueron muy claros: los tres días siguientes serían muy importantes para la evolución de Diego. Antes de salir de la clínica, Romina le pidió especialmente a Nuestra Madre que, durante esos tres días, lo cuidara mucho a su esposo, por todo lo que él había puesto de sí para llegar hasta ese momento y salir de la intubación. “Le pedí que durante estos tres días lo abrazara a Diego para que los pasara con tranquilidad. También le pedí que me diera una señal de que me estaba acompañando, ya que a veces las fuerzas me flaquean y no quiero que me flaquee la fe”.

Al salir de la clínica, Romina buscó un taxi y al subirse, lo primero que vio dentro es un cartel que dice: “Usted está viajando con la Virgen Peregrina de Schoenstatt. Tenemos un cuaderno para que escriba sus intenciones y nosotros rezaremos por ellas”. En ese momento Romina sintió que la Virgen de Schoenstatt le estaba dando esa señal que ella pedía y se sintió muy acompañada. Se puso entonces a conversar con el taxista y, por supuesto, le pidió el cuaderno para escribir sus intenciones.

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Los oídos de Dios en el taxi

El taxista se llama León y es uno de los Taxistas Misioneros Católicos que llevan en sus autos la Virgen peregrina de Schoenstatt, en la Ciudad de Buenos Aires. Romina sintió que, durante el viaje hasta su casa, él la escuchó y la acompañó con mucho afecto en la conversación. Por ese sencillo gesto, quiere agradecer especialmente a todos los que están en esta misión de Schoenstatt porque ese día, gracias a León y a la Mater, recibió ese empujón de fe que necesitaba.

El Papa Francisco, cuando era cardenal en Buenos Aires, siempre estuvo muy cercano a estos misioneros y destacaba el «apostolado de la oreja» que cumplen los taxistas, cada día en la gran ciudad. «Ustedes son hombres y mujeres que escuchan –les decía-. ¡Cuántas veces han escuchado confesiones! ¡Cuántas veces ustedes han dado aliento, han hecho terapia desde el volante! ¡Cuántas veces han abierto puertas de esperanza! Su trabajo no es solamente conducir un auto; es dejar que el hermano se aproxime, y aproximar la escucha y el corazón de ese hombre o de esa mujer o de esa familia que ha subido. Ustedes hacen bien a la sociedad con ese diálogo con el pasajero, aunque no le hablen de Dios, pero se acercan al alma de un hermano o una hermana y le abren un horizonte de esperanza».

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Re-encuentro: Manuel Díaz entregando la bandera de los taxistas misioneros al Papa Francisco

Colaboración: Manuel Díaz

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5 Responses

  1. Paz Leiva dice:

    Gracias, Claudia, por compartir esta historia. Mi oración y mi capital de gracias por los taxistas misioneros de Buenos Aires y por todos aquellos que les cuenten sus historias.

  2. Elsa Cangiano dice:

    GRACIAS MATER AMADA!!! LLORE COMO UN NIÑO CON ESTE TESTIMONIO. TE AMO. AMEN!!!!

  3. Tita Ravera de Andras dice:

    Qué hermosa historia de vida! Así es: la Mater se manifiesta siempre, en tantos lugares, en los momentos en que más la necesitamos. La labor de estos apóstoles sentados detrás del volante del taxi es preciosa, ellos son los que llevan la esperanza en sus taxis. Gracias querida Claudia por compartir.
    Tita Ravera de Andras

  4. J Zaforas dice:

    Gracias Claudia por compartir esta bella historia en la que se puede leer como los pequeños detalles de cada día pueden hacer mucho bien. No es necesario abordar grandes proyectos apostólicos, que está muy bien, en lo pequeño y cotidiano podemos encontrar grandes cosas.

  5. Gabriela dice:

    Que hermosa historia, nuestra madre nos acompaña siempre y con sus detalles nos muestra su amor y compañía.

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