Galilea

Publicado el 2021-08-15 In Misiones, Obras de la misericordia

Galilea: el lugar del primer amor

ARGENTINA, Joaquín Morosi •

Convocado por los Padres de Schoenstatt, un grupo de chicos de la Juventud Masculina (JM) de distintos puntos del país se dio cita en la localidad de Florencio Varela para participar de la misión Galilea, un espacio de profunda espiritualidad y servicio al prójimo. —

“Jesús les dijo: «No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán».” (Mt 28, 10). Esa invitación personal de Jesús resucitado a los discípulos es la misma que recibimos en lo profundo del corazón 16 jóvenes de la Juventud Masculina nacional para volver a su encuentro en dos dimensiones: en la oración y en los otros.

Florencio Varela fue el lugar elegido para testimoniar ese encuentro durante 14 días (desde el 18 de julio hasta el 1 de agosto). Es una ciudad del sur del Gran Buenos Aires, donde se encuentran el santuario nacional (Nuevo Schoenstatt) y el santuario Sión del Padre y la casa regional de los Padres de Schoenstatt en Argentina, desde donde se realizó la misión.

Galiela

Apoyo escolar en Casa del Niño

Un barrio de gran vulnerabilidad

Los barrios linderos al predio en los que trabajamos, presentan gran vulnerabilidad social, que se acentuó con la pandemia. El nivel educativo, por ejemplo, se ha visto deteriorado ante la ausencia de clases por más de un año, a causa de la pandemia. Al entrar en contacto con la comunidad pudimos observar como los flagelos producidos por la marginalidad golpean a un montón de familias.

Ante esta realidad, el llamado a la acción tenía cara de voluntariado-misión, como definición concreta, pero cargada de significados si indagamos más allá del título. A medida que los días transcurrían, la interpretación etimológica de esa convocatoria tomaba un cauce propio e intransferible para cada uno de nosotros.

Galilea

Cocinando en la olla popular de la Parroquia San Pantaleón

Un encuentro con realidades duras

En las jornadas extensas de trabajo se producía el encuentro con Jesús a través de las personas y sus historias. Los puntos que aglutinaron el paso a la acción fueron: la Casa del Niño “Padre José Kentenich”, un hogar de día donde se contiene, acompaña y motiva a chicos y chicas de 3 a 13 años; el centro de desarrollo humano La Nazarena”, forjado por las Hermanas de María para responder a las necesidades de educación, salud y trabajo de jóvenes y adultos; el Club Social y Deportivo Juan Pablo II; la parroquia San Pantaleón y las ollas populares que funcionan en distintos sectores del barrio según el día de la semana.

Además, las visitas a las casas y el camino por las calles de Varela configuraron un aspecto vital de esta experiencia, en un reflejo claro de realidades duras afrontadas con una enorme fortaleza. Así se desprende de muchos testimonios que recibimos al golpear las puertas de las casas, donde ese llamado se redirigió hacia el interior de nuestro corazón.

El apoyo escolar y la estimulación a los chicos a través de juegos, las manos puestas al servicio, la vinculación con los jóvenes, la catequesis para niños y adultos, el trabajo en la huerta, el fútbol, el vóley, o el hockey, las charlas y el compartir cada momento, son los medios que, en cada espacio transitado, dotaron de vida la Galilea en la que Jesús quería hacerse presente.

El impulso y el sostén de cada día estaba propiciado por la dimensión orante de esta experiencia. El laudes al despertar, las meditaciones y la adoración antes de emprender una nueva jornada de trabajo, el envío previo a las actividades de la tarde y la puesta en común al final del día, sumado a un nuevo cara a cara con Jesús sacramentado, constituían los momentos de encuentro en la oración.

La vivencia fue intensa en sus ritmos y emociones, al vivirla a la luz de la valoración y contemplación de lo cotidiano. El Padre Kentenich entendía que: “Lo más importante es encontrar nuevamente a Dios en la vida cotidiana, y relacionar con Él todas las pequeñeces del día”. Allí es donde se manifiesta permanentemente Jesús, donde nos desafía a no perder la capacidad de asombro y donde nos interpela a ver, conmovernos, acercarnos, curar y cuidar, siguiendo el ejemplo del buen samaritano.

Galilea

Trabajo de reciclado en La Nazarena

¿Cómo hacer para permanecer en Galilea?

Los ecos de Galilea siguen resonando en misioneros, misionados y organizadores. Entre tantos pensamientos que dan vueltas por el corazón, disímiles según cada persona, hay uno que inquieta y moviliza a todos por igual: ¿cómo hacer para permanecer en Galilea? El 27 de abril de 1952, durante su estadía en el país, el padre Kentenich ensayaba la siguiente formulación: “¿Qué es la fidelidad? Es mantener puro, vigoroso y para siempre el primer amor.” Si concebimos a Galilea como un estilo de vida y reconocemos que es el lugar donde empezó todo, podremos tomar el mensaje del padre fundador en clave para perdurar en ese primer amor.

Testimonios de misioneros

En Galilea pude vivir plenamente el amor de Jesús y de María. Ahí, el centro del amor fue el servicio y la entrega hacia los demás. A grandes rasgos encontré la verdadera y pura felicidad dando, no recibiendo. Jesús se manifestó en la gente misionada, en los niños y adolescentes, a quienes dimos apoyo escolar, moral y espiritual.

Florencio Varela fue mi hogar durante dos semanas, las mejores dos semanas de mi vida. Viví momentos fuertes de espiritualidad y comunidad. Galilea para mí fue una escuela de oración y de entrega.

Pedro Marcón – JM de Córdoba

Galilea

Visitas a las Casas con la Virgen Peregrina

Llegué al voluntariado y a la misión sin tener claro a qué iba, ni qué sentido tenía Galilea para mí. Quizás, mediocremente buscaba salir de mi rutina y recargar fuerzas para la segunda mitad del año, o tal vez quería retirarme para pasar cosas por el corazón.

Durante los primeros días la realidad de Varela me pasó por arriba. Siempre y cuando elijamos una mirada creyente estará la oportunidad de hacer algo por el prójimo. Así, me di cuenta que la mirada de Jesús en el fondo es un cambio de perspectiva, es mirar desde otro lugar para entrar en comunión con aquellos que más lo necesitan. Pienso en Zaqueo, que buscaba a Jesús desde lo alto de un árbol, pero Él, con los pies literalmente en la tierra ya lo había encontrado y le pide que baje para hospedarlo en su casa. Ahí pude entrar en la Galilea de Jesús, un lugar cotidiano en el que suceden cosas extraordinarias. Muchas veces soy como Zaqueo, no sólo por ser de baja estatura, sino por buscar a Jesús en las alturas. También soy como Tomás, que hasta no ver las heridas en las manos y los huecos de los clavos no cree que tiene a Cristo resucitado cara a cara.

Galilea me invitó a cambiar de perspectiva. La pregunta deja de ser dónde puedo dar a conocer a Jesús y pasa a ser dónde ya está Jesús. En palabras del Papa Francisco: “¿Dónde me primerea Jesús?”. Todo eso es Galilea. Es vivir el evangelio en tu propia vida. Es experimentar que es Palabra de Dios y no es un cuento de niños. “El reino de Dios no está aquí ni allá sino que está en medio de ustedes” (Lc 17, 20-21). En este sentido Galilea no sólo expresa el lugar dónde cotidianamente estaba Jesús, sino que es una realidad en mi propia persona. Dando un paso más, es el lugar donde Jesús me encontró por primera vez, es mi primer amor, es aquél primer ardor que jamás se fue de mi corazón. Es el lugar donde Dios pone de manifiesto su misterio en lo cotidiano. A partir del primer encuentro, el desafío es ver tu historia y todo lo que pasó después en tu vida con los ojos del resucitado. Conscientes de que Dios nos llama permanente y gratuitamente, es decir no hacemos ningún mérito para semejante invitación, debemos cultivar un corazón agradecido.

Con un corazón agradecido me conecto con mi historia, gratuitamente entré a Schoenstatt, conocí a la JM, al santuario y a la Mater. Me doy cuenta que no hice ningún mérito para entrar en el camino de la fe. Seguramente y gracias a Dios, en la libertad del hombre está el avanzar en una u otra dirección. Los talentos hay que ponerlos a disposición y hay que jugársela por aquello que Dios te ha regalado. Creo que para permanecer en Galilea es clave no dar las cosas por evidentes, como decía el padre Kentenich: “Ser hijo de la Providencia significa estar convencido que cada situación, alegría, sufrimiento, desilusión… es una parte esencial del plan de la omnipotencia, de la sabiduría y el amor de Dios”.

Juan Manuel Ozcoidi – JM de Mendoza

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Misa en el barrio en la novena de preparación a la fiesta patronal de la parroquia San Pantaleón


Fuente: www.schoenstatt.org.ar – con permiso

Fotos: Gaby Sarquis


Para colaborar con La Casa del Niño Padre José Kentenich
Cuenta Bancaria en Argentina
Nombre: Casa del Nino Padre José Kentenich
Cuenta: 4002-500061/0 CBU: 01400021-01400202698121
Banco: Banco de la Provincia de Buenos Aires
Swift: PRBAARBA
[email protected] (para WiseTransfer etc.)

Cuenta Bancaria en Alemania (Zona SEPA)
Nombre: Schoenstatt-Patres International
IBAN: DE22 4006 0265 0003 1616 07
BIC: GENODEM1DKM
Concepto de la transferencia: Casa del Niño PJK

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1 Responses

  1. Paz Leiva dice:

    Gracias por compartir esta experiencia.
    Jesús siempre nos centra y nos «primerea» : «Galileos, ¿qué hacéis ahí parados mirando al cielo?» (Hechos 1, 11)

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